Por Sergio Ortiz Correy
Hace 21 años, fui a ver una competición de karate en la que participaba mi hermana. Aquel día, con solo 6 años, tuve clara una cosa: yo también quería estar ahí. Fue entonces cuando comenzó mi camino en el karate, una etapa que se prolongó durante nueve años. Fueron nueve años de aprendizaje, entrenamientos, experiencias, campeonatos, pero, sobre todo, de momentos inolvidables junto a mis hermanos, mi club y mis compañeros. Sin embargo, tras esos nueve años, y aunque hoy no recuerdo con exactitud el motivo, quizá los estudios, el desgaste o una mezcla de ambas cosas, dejé el karate de forma repentina, siendo cinturón marrón. En ese momento no era consciente, pero estaba cerrando una etapa que había marcado gran parte de mi vida.
No soy una persona a la que le guste contar su vida por redes sociales, ni suelo buscar la aprobación de nadie a través de Internet. Pero esto es algo que sí me apetece compartir, con el objetivo de transmitir algo que puede ayudar a mucha gente o, al menos, esa es la intención de este artículo: NUNCA ES TARDE.
Hace unos días, después de 11 años fuera del karate, aprobé mi examen de Primer Dan. Y aunque pueda parecer un logro más, para mí tiene un significado mucho más profundo por todo lo que hay detrás. Volviendo al momento en el que con 15 años, decido dejar el karate, a partir de ahí los años fueron pasando y el karate iba quedando cada vez más lejos de mi día a día. Estudios, trabajo, rutina… Y aunque mi vida seguía adelante, había algo que nunca se fue del todo: una sensación de haber dejado algo importante a medias. En el fondo, siempre estaba esa idea: volver al Dojo. Una idea que rondaba mi cabeza pero que, por falta de tiempo y, sobre todo, por creer equivocadamente que ya era demasiado tarde, fui dejando pasar.
Pero hace dos años, en 2024, decidí dar el paso, de forma muy tímida y con muchísimas dudas. Con un objetivo claro en la cabeza: sacarme el Primer Dan. Volver no era solo entrenar otra vez; era enfrentarme a muchas cosas: la dificultad de recuperar conocimientos que llevaba años sin practicar, las dudas, el miedo a no estar al nivel y esa voz que te dice que quizá tu momento ya pasó. Pero justo cuando empecé de nuevo los entrenamientos, una lesión importante en las cervicales lo paró todo. Tuve que dejar de trabajar, rehacer mi vida y, por supuesto, apartar el karate otra vez. Fue una etapa dura. De incertidumbre, de silencio y de replantearme muchas cosas. Tuve que tomar decisiones difíciles. Decidí cerrar una etapa, dejar mi trabajo definitivamente y empezar de nuevo. Después de un tiempo encontré mi sitio en algo que realmente me apasiona. Y era el momento de retomar lo que había dejado atrás. Pero esta vez era diferente. Esta vez no quería volver a fallar. Desde el pasado mes de septiembre, mi vida ha sido trabajar, entrenar y preparar este momento. En silencio y con trabajo, tanto en el gimnasio como en el dojo. Con días buenos, días muy malos y momentos de duda. Pero también con la certeza y la tranquilidad de que simplemente estar ahí otra vez ya era una pequeña victoria.
Después de tanto tiempo, volver no va solo de cinturones ni de grados. Va de superar las dudas, el miedo y esa voz que te frena. Y ese es el mensaje que pretendo transmitir con estas palabras. Nunca es tarde para retomar el camino del Karate-Do o de cualquier otra disciplina. Nunca es tarde para nada en esta vida si tienes ilusión, ganas y dejas las excusas a un lado. Hoy, todo ese camino ha tenido sentido.
Abandoné el karate durante 11 años, por lo que no busco ser ejemplo ni dar lecciones de nada. Solo aportar mi experiencia personal por si puede servirle de ayuda a alguien,tanto a quienes también se equivocaron dejándolo como sobretodo a esa gente joven que está pensando en abandonar, les animo a que no cometan ese mismo error. Siempre se puede seguir, con más o menos intensidad. Cuando nos hacemos mayores las responsabilidades nos comen, pero siempre se puede —y se debe— dejar un espacio para nuestro desarrollo personal. Porque el Karate es mucho más que un arte marcial, el karate te convierte en una mejor persona. Ahora se trata de seguir. Porque, si no, todo este texto dejaría de tener sentido.
Gracias a todas las personas que han formado parte de este camino. A quienes confiaron en mí, a los senseis que me enseñaron desde pequeño y, especialmente, a mi hermana y sensei, así como a todo el club, por ayudarme a retomar el camino del Karate-Do y acompañarme en la preparación de este examen.
¡Nunca te rindas!
Os.

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