Ernesto: del tatami a la roca. La historia de un karateka que convirtió la enfermedad en su mayor ascenso.

Oct 15, 2025

Ernesto y yo compartimos muchas cosas en común: el amor por el karate, la pasión por la escalada y, también, algo mucho menos visible pero que marca profundamente la vida de quienes lo padecen: una enfermedad inflamatoria intestinal. En mi caso es Crohn, en el suyo Colitis Ulcerosa. A muchos estos nombres os sonarán a chino, pero son realidades que condicionan la vida de quienes las sufrimos.

En el caso de Ernesto, lejos de pararle, esa condición le ha empujado a reinventarse. Aunque sigue vinculado al mundo del karate, se ha volcado en la escalada, uno de los deportes más duros que existen, pero también de los que más satisfacciones regalan: esfuerzo puro convertido en adrenalina y endorfinas.

Quienes convivimos con este tipo de enfermedades sabemos bien lo que implican, y quizás por eso admiramos todavía más lo que Ernesto hace cada día. Porque él no solo se mide con la roca: inspira. Y eso lo convierte en un HÉROE, en mayúsculas.

Hoy hablamos con él de karate, escalada, su enfermedad y de cómo se ha convertido en un ejemplo a seguir para muchos de nosotros.

1. Ernesto, llevas 25 años vinculado al karate y llegaste a ser subcampeón de España junior, bronce en ligas nacionales y hasta preselección mundial. ¿Cómo recuerdas esa etapa competitiva y qué aprendizajes arrastras todavía hoy?
Como tú bien sabrás, los momentos de pódium, títulos y medallas son muy dulces, pero en la competición, como en la vida, también hay altibajos que hay que aprender a gestionar y saber encajar. La competición es muy bonita, pero también desgasta. A día de hoy agradezco haber podido competir y hacerlo a ese nivel, ya que considero que parte de la persona que soy hoy en día es gracias a la competición y al karate. En cuanto a los aprendizajes, han sido tantos… Sobre todo aprendí a no rendirme: aplicado en ese momento a la competición y, en general, a la vida cuando todo son palos y malas noticias.

2. El brote fuerte y la cirugía marcaron un antes y un después en tu vida. ¿Cómo viviste el momento en el que la ostomía entró en escena y cómo cambió tu manera de ver el deporte?
He de decir que no fue fácil el hecho de apartarme de la competición y tener que dejar de practicar karate. Para mí ha sido mi vida y no concebía el hecho de entrenar y no poder volver a competir. Fue algo duro, pero también bonito. Ahora enfoco el deporte desde el punto de vista del disfrute y para buscar mi límite tanto físico como mental, pero quitándome de presiones innecesarias.

3. ¿Crees que todo lo aprendido durante tu etapa como karateka —la disciplina, la constancia, la capacidad de sacrificio— te ha servido para afrontar las dificultades relacionadas con tu salud y la ostomía?
Por supuesto. Los valores del karate han sido indispensables para afrontar este proceso y para mi vida en general. Aprendes a relativizar los problemas y a resolverlos de una mejor manera, así como a gestionar mejor tus emociones.

4. Muchas personas con enfermedades inflamatorias intestinales sienten un gran miedo cuando escuchan la palabra “ostomía”. ¿Qué mensaje les darías a quienes lo ven como lo peor de la enfermedad?
Creo que mucha gente lo asimila como lo peor por el hecho de que es una amputación, algo en muchos casos irreversible y muy agresivo. Pero les diría que si han soportado el dolor, el sangrado constante, las esperas y la desesperación de probar multitud de tratamientos con la esperanza de que funcionen, con la ostomía lo tendrán mucho más fácil después de la aceptación y el postoperatorio. La vida es más tranquila, sin dolores, sin incertidumbres, y para nada es el final: más bien es el principio de una nueva y mejor vida.

5. A pesar de cerrar la etapa de competición, sigues vinculado al karate como coach, árbitro y organizador. ¿Qué significa para ti seguir conectado al tatami desde otros roles?
El karate ha significado mi vida y ha hecho de mi persona la persona que soy hoy en día. Le debo tanto que, ni aunque quisiera, podría desvincularme. Me continúa apasionando y emocionando, y me encanta poder seguir aportando a futuras generaciones los conocimientos que he podido adquirir de mis entrenadores y compañeros durante todos estos años.

6. ¿Cómo descubriste la escalada y qué te llevó a iniciarte en un mundo que, aunque a primera vista parece muy distante al karate, comparte muchos de sus valores y filosofía?
Desde pequeño he trepado árboles, paredes y algún que otro edificio. Quizás, de alguna manera, era el deporte por el que mi cuerpo se sentía atraído. Siempre he visto a escaladores en alguna ruta de senderismo que he hecho y me he dicho: “algún día estaré ahí”. Creo que era algo que tenía innato y solo hacía falta que pasara algo así para hacerlo posible.

7. Dentro de la escalada hay diferentes modalidades (deportiva, bloque, clásica…). ¿Cuál practicas tú y cuál es la que más disfrutas?
Empecé haciendo bloque, ya que en rocódromo es la modalidad que más se practica. Me empezó a llamar mucho la atención la escalada deportiva (con cuerda y en paredes más altas), que generalmente se realiza en la montaña. Puede que esta última sea con la que más cómodo me siento, ya que además de escalar entran en juego la altura y el riesgo, otras dos variantes con las que me encanta estar en contacto. Así que ahora estoy centrado en eso y en sentirme poco a poco lo más cómodo posible.

8. ¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre el karate y la escalada a la hora de enfrentarte a un reto?
En deportes de alto rendimiento, el trabajo duro, el sacrificio y la preparación tanto física como mental se comparten. Quizás en la escalada, al menos en la deportiva, la preparación psicológica tiene mayor peso y es determinante a la hora de poder encadenar vías más largas o de mayor grado, por el factor del pánico o miedo a la altura o a confiar en apoyos muy pequeños tanto de manos como de pies. Diría que es uno de los mayores problemas a la hora de subir de grado en la escalada. Por otro lado, el karate tiene un factor bastante determinante que no depende de nosotros mismos —el arbitraje y el adversario al que nos enfrentamos—, mientras que en la escalada todo depende de nosotros mismos, algo que me atrae mucho más de este deporte.

9. Has fijado un objetivo muy claro: convertirte en la primera persona ostomizada del mundo en encadenar un 8a en escalada deportiva. ¿De dónde nace esa ambición y cómo estás estructurando el camino para llegar ahí?
Empecé en la escalada como cuando empiezo en cualquier deporte: por lo atractivo del propio deporte, sin dejar de disfrutar, pero también para poder superarme a mí mismo y encontrar mi límite. Un límite que poco a poco me he dado cuenta de que está mucho más allá de lo que creía. Sé que soy capaz. Me estoy esforzando mucho y, si las lesiones y circunstancias me respetan, lo conseguiré encadenar. No tengo prisa: es un objetivo a largo plazo, ya que es un grado muy duro y bastante complicado de alcanzar para cualquier escalador. Así que ahora simplemente estoy escalando más y mejor cada día, intentando absorber todo lo que puedo de mis compañeros más experimentados y esforzándome día a día, llevando mi cuerpo a ese límite.

10. Ahora mismo estás en proyectos de 7b/7b+, con la mirada puesta más arriba. ¿Cómo entrenas y gestionas los días buenos y los días malos, física y mentalmente?
Evidentemente mi realidad es totalmente distinta a la de una persona sana al 100%. Hay días en los que simplemente levantarme de la cama se hace un mundo. El cansancio extremo, mi cabeza luchando contra mi cuerpo para poder continuar… pero se hace complicado. Esos días simplemente los dejo pasar, no lucho contra ello. Hay que descansar y aceptarlo. Hay días en la montaña de frustración, pero rápidamente lo redirijo hacia algo constructivo: en vez de una derrota, es un aprendizaje. Aprendizaje para estructurar mis entrenamientos de otra manera o saber dónde está mi límite físico. Al fin y al cabo, de todo se aprende y se mejora. Si ese día no se puede, mañana será mejor. Lo único que tengo claro es que no voy a abandonar.


11. Has mencionado que no quieres perder el componente de diversión. Después de tantos años de competir, ¿cómo equilibras esa búsqueda del límite con disfrutar del proceso?
Simplemente mantengo constantemente esa idea en mi cabeza: es momento de no machacarse y de divertirse, pero no solo en la roca, sino también en la vida.

12. A nivel personal, ¿qué te está enseñando esta etapa de tu vida que no te enseñó la alta competición?
Que hay que disfrutar de cada día como si fuese el último, porque literalmente puede serlo. Que hay que preocuparse menos por ciertos “problemas” que en realidad no lo son y que debemos intentar quitarnos presión de encima, porque sin esa presión muchas veces actuamos o competimos mucho mejor.

13. Muchos karatekas y deportistas pasan por lesiones, operaciones o momentos duros donde piensan en dejarlo. ¿Qué mensaje les darías tú desde tu experiencia?
Simplemente que hay veces que tenemos unos planes, pero que la vida tiene otros distintos para nosotros y hay que aceptarlos. Hay que enfocarlo todo desde otra perspectiva para poder recuperarnos y continuar, sin pensar en por qué ha pasado o qué nos ha podido quitar.

14. Para terminar, ¿cómo te imaginas en unos años? ¿Más calmado, como dices, o sigues viéndote persiguiendo nuevos objetivos?
No tengo idea de calmarme en cuanto a mis aventuras, jajaja, pero sí quizás en cuanto al nivel de exigencia. De momento me encuentro muy bien, muy fuerte, motivado y con muchísimas ganas de comerme la vida, que creo que es de lo que se trata.

Escuchar a Ernesto es recordar por qué el karate no termina en el tatami. Su historia no habla solo de medallas, ni siquiera de escalada o de ostomías: habla de vida, de resistencia y de esa serenidad que solo se alcanza cuando uno ha pasado por la tormenta y ha decidido seguir.

Lo que en muchos sería un punto final, para él fue un punto y seguido. Transformó el dolor en impulso, la renuncia en reinvención, y la enfermedad en una forma distinta de medir la fuerza: no por los kilos que levantas ni por el grado que encadenas, sino por la capacidad de seguir avanzando, aunque el cuerpo y la mente digan basta.

Quizá por eso su historia inspira tanto. Porque mientras algunos ven límites, Ernesto ve un nuevo comienzo. Porque, como en la escalada, cada agarre —por pequeño que sea— es una oportunidad para subir un poco más alto.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Artículos relacionados