Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Superó un cáncer, volvió al tatami, compite al máximo nivel andaluz y nacional, y habla del karate como algo más que un deporte: una familia, una vía de escape y una forma de seguir adelante.

Antonio López Mateos transmite algo que va más allá de los resultados. Quien lo conoce habla de su positividad, de su forma de afrontar las cosas y de una energía especial que deja huella. Esa manera de ser cobra todavía más valor cuando se conoce todo lo que ha tenido que superar en los últimos años. A pesar de haber pasado por una enfermedad muy dura, Antonio ha seguido adelante con una fortaleza admirable, construyendo al mismo tiempo una trayectoria deportiva de enorme mérito.

Antes de conocer su historia completa, Antonio ya me había llamado la atención en competición. No fue solo por su forma de pelear, sino por todo lo que se movía alrededor de él. Recuerdo verlo en el tatami y escuchar desde fuera una escena muy de familia, muy de club: “¿Quién quieres que esté contigo? ¿Me pongo yo o se pone mamá?”. En ese momento pensé que allí había algo especial. No era solo un competidor. Había un entorno, una familia y un club sosteniendo desde abajo.

Después supe mucho más. Su madre, Leticia Mateos, seleccionadora de kata de Almería, me habló de su historia, de su enfermedad, de su regreso al karate y de todo lo que había significado para él volver a entrenar y competir. Y entonces aquella primera impresión cobró mucho más sentido.

Pero esta no es solo una entrevista sobre enfermedad. Ni siquiera solo sobre superación. Es también la historia de un competidor joven, ambicioso, que entrena fuerte, que quiere seguir creciendo y que se define a sí mismo como un luchador. Un karateka que ha convertido el club, el entrenamiento y la competición en una parte esencial de su vida.

En dojodigital hablamos con él sobre el hospital, el regreso al dojo, sus compañeros, su entrenador, sus objetivos deportivos y la mentalidad con la que afronta cada combate.


Para quien todavía no te conozca bien, ¿quién es Antonio López Mateos fuera del tatami?

Tengo 19 años, vivo en Granada y siempre he estado muy ligado al mundo del deporte. Me apasiona desde pequeño y, de hecho, mis estudios van por ahí: hice un grado medio y ahora estoy con el superior de deporte.

Siempre he tenido claro que quiero dedicarme a esto y que el deporte forma parte de mi vida.


¿Cómo te definirías como persona? ¿Qué crees que te caracteriza más?

Me considero una persona humilde y trabajadora. Soy alguien que tiene sueños y que lucha por conseguirlos.

También me considero una persona amigable, con muchos amigos, y que intenta cuidar a la gente que tiene alrededor. Me gusta estar bien con los demás y que ellos estén bien conmigo. En general, pienso que soy una buena persona.


¿Qué lugar ocupa el karate en tu vida a día de hoy?

Ahora mismo el karate es mi vida. Paso más tiempo en el gimnasio que en mi casa, entreno muchas horas al día.

Sin el karate no sería quien soy. No tendría los amigos que tengo ni la vida que llevo ahora. Para mí ya no es solo un deporte, es una familia. Lo considero algo que forma parte de mí.


Antonio habla del karate como quien habla de una casa. No solo de un lugar donde se entrena, sino de un espacio al que se pertenece. Esa idea aparece muchas veces en sus respuestas: el club, el grupo, los compañeros, el entrenador. En su historia, el karate no es únicamente competición. Es identidad.


Has pasado por una etapa muy dura en los últimos años. Mirándolo hoy con perspectiva, ¿cómo recuerdas todo aquel proceso?

La verdad es que lo llevé mejor de lo que mucha gente puede pensar. Apenas lloré, dos o tres veces como mucho.

Ahora lo veo casi como una anécdota, aunque también pienso que debería tenerlo más presente para valorar más todo lo que tengo y lo que estoy consiguiendo. A veces no lo pienso tanto como debería.

Pienso que quizá debería decirme más veces: “He pasado por esto y mira dónde estoy, mira lo que estoy haciendo, mira lo que estoy logrando”. Creo que tenerlo más presente también me ayudaría a valorar más las cosas.


En los momentos más difíciles, ¿qué fue lo que más te ayudó a mantenerte fuerte y seguir adelante?

Lo más duro no fue solo la enfermedad, sino todo lo que me quitó. No podía entrenar, no podía salir con mis amigos… además era época COVID, así que tampoco podía ver a casi nadie. Me quitaron mi vida normal.

Lo que más me ayudó fue mi madre y mi familia. También mis amigos, aunque no pudiera verlos como antes. Sabía que había gente que lo estaba pasando mal por cómo lo estaba pasando yo.

Recuerdo especialmente a un amigo, Andrés Morata, que venía todos los días a verme. Y hubo un día que no se me va a olvidar nunca: cuando vinieron todos los del gimnasio a verme desde abajo del hospital. Yo estaba en la ventana y ellos abajo. Eso me dio muchísima fuerza.

También el equipo médico se portó muy bien conmigo. Recuerdo especialmente a Juanfran, mi oncólogo, que me ayudó mucho durante todo el proceso. Pero de quien más me acuerdo es de mi madre. Y también tengo que decir que en algunos momentos no la traté como debería. Ahora me arrepiento. Creo que me equivoqué en ese aspecto.


La imagen es poderosa: Antonio en una habitación de hospital, en plena época de restricciones, viendo a sus compañeros desde una ventana. Ellos abajo, él arriba. Sin poder abrazarse, sin poder entrar, pero conectados. A veces un club no se mide por las medallas que gana, sino por lo que hace cuando uno de los suyos no puede entrenar.

La historia de Antonio también habla de lo que puede llegar a ser un club de karate cuando funciona de verdad. No solo un sitio donde se entrena, se compite y se corrigen técnicas. Un club puede ser una red, una segunda casa, un lugar donde un niño o un adolescente aprende disciplina, pero también pertenencia. En el caso del club de Wenceslao Angulo, esa idea aparece una y otra vez en el relato de Antonio: compañeros que preguntan, familias pendientes, un entrenador que busca la forma de mantenerlo conectado al karate incluso en los momentos más difíciles.


En un momento en el que la enfermedad y el COVID te habían apartado de tu vida normal, ¿qué significó sentir que el club seguía pendiente de ti?

Significó mucho. Aunque no pudiera entrenar ni estar con ellos como antes, sentía que seguía formando parte del club. Estaban pendientes de mí, preguntaban a mi madre, intentaban saber cómo iba y algunas madres que trabajaban en el hospital incluso venían a verme.

Eso me hacía sentir que no estaba fuera del grupo. Seguía siendo parte de la familia del club.


¿Qué papel tuvo tu entrenador en todo ese proceso?

Tuvo una parte muy importante durante todo ese tiempo, sobre todo cuando volví después del cáncer, pero también mientras estaba en mitad del proceso.

Wenceslao fue fundamental. Yo quería seguir haciendo karate, y él consiguió que me mandasen vídeos desde la Federación Española. También consiguió una camiseta de Laura Palacio, que en ese momento estaba en la selección española. Todo eso me ayudó mucho.


Cuando volviste a entrenar, ¿cómo te recibió el club?

Cuando volví a entrenar era como si nada hubiera pasado. Todo el mundo me acogió igual, todo el mundo me esperaba. Me seguían tratando como si fuera de la familia.

No fue como algo raro, como si después de mucho tiempo volviera alguien nuevo. Todo lo contrario. Fue como si nunca me hubiera ido.


Esa frase resume muy bien una parte esencial de la historia: “fue como si nunca me hubiera ido”. Para alguien que había sentido que la enfermedad y el COVID le habían quitado su vida normal, volver al dojo no era solo volver a entrenar. Era recuperar una parte de sí mismo.

Eso dice mucho del club. Porque un deportista que se aparta durante meses por una enfermedad puede sentir que todo ha seguido sin él. Que el grupo ha avanzado, que la rutina ha cambiado, que hay una distancia difícil de salvar. Antonio, sin embargo, cuenta lo contrario: volvió y encontró su sitio intacto. Esa es quizá una de las mejores definiciones de lo que debería ser un dojo.


Tu vuelta a la competición llegó bastante pronto. ¿Cómo viviste ese primer campeonato después de todo lo que habías pasado?

La verdad es que fue pronto. No sé exactamente cuánto tiempo había pasado, pero fue pronto.

Sentía un poco de miedo, porque todavía competía con el reservorio puesto, que era donde me ponían la medicación. Mi abuela me preparó una camiseta interior con un parche de gomaespuma en la zona del reservorio, para protegerme mejor por si recibía algún golpe, pero al final no me la puse.

Iba con ese miedo de pensar: “¿Y si me dan un golpe ahí?”. No por los golpes normales del combate, sino por si me daban justo en el aparato. Pero en general fui sin miedo y volví bien.


Según recuerda su entorno, Antonio volvió a entrenar apenas unos meses después de terminar el tratamiento. Y seis meses después decidió competir, todavía con el reservorio puesto y animado por su oncólogo. Aquel regreso no fue simbólico: volvió para competir. Y terminó subcampeón de Andalucía.


¿Te esperabas volver con buenos resultados tan pronto?

No, la verdad. Cuando volví a competir no me esperaba los resultados que tuve.

Estaba flojo, había perdido mucho peso, pero mi condición física seguía ahí. Entrenando la fui recuperando rápido.


¿Tuviste miedo a recibir golpes o a cómo iba a responder tu cuerpo?

A los golpes normales, no. En la cara no he tenido miedo nunca, la verdad.

Lo único era lo que decía antes: el reservorio. Tenía miedo a que me golpearan ahí, en esa zona. Pero en general no competí con miedo.


¿Hubo algún momento en el que dijeras: “vale, ya estoy de vuelta de verdad”?

Desde el momento en que empecé a entrenar otra vez en el club, ya dije: “estoy de vuelta”.

Pero cuando de verdad sentí que volvía a mi nivel fue más adelante. Recuerdo una Liga Nacional en la que perdí un bronce, pero ese resultado me clasificó para la gran final en Pontevedra. En esa final quedé primero en el ranking, creo que fue mi primer año de sub-21.

Ahí sí pensé que estaba de vuelta, que volvía a ser el que quería ser, que podía volver a ser campeón otra vez.

También me ha pasado en algunos combates después de todo aquello. Ganar ciertos combates me hacía decir: “ya estoy de vuelta”.


La vuelta de Antonio no fue un gesto romántico ni una escena de película. Fue más larga, más real y más deportiva: recuperar peso, volver a entrenar, competir otra vez, medir el cuerpo, volver a sentirse fuerte, ganar combates, clasificarse, pelear rondas importantes. La vida no siempre vuelve de golpe. A veces vuelve por asaltos.


A nivel deportivo, ¿cómo te definirías como competidor?

Me considero un luchador. Pienso que nunca me rindo, salvo que haya una diferencia muy grande, pero siempre intento dar lo máximo de mí.

Soy un competidor que casi nunca deja de atacar. Siempre intento tirar hacia adelante y marcar muchos puntos.


¿Cuáles crees que son tus puntos fuertes en competición?

Mi punto fuerte es que marco muchos puntos, que soy muy ofensivo y que siempre voy hacia delante.

Y mi punto débil es que también me marcan mucho. Eso es algo que tengo que mejorar.


Esta respuesta dice mucho de él como competidor. No intenta vender una imagen perfecta. Se define como atacante, como alguien que suma mucho, pero también reconoce con naturalidad que esa forma de competir tiene un coste. Es una lectura honesta, y eso en un deportista joven vale bastante.


He visto que entrenas muy fuerte, incluso con gente de mucho nivel. ¿Cómo es tu día a día de entrenamiento?

Entreno fuerte y tengo la suerte de hacerlo con deportistas que están a un nivel espectacular.

Entreno con compañeros como Alejandro Jiménez, Zamoran Shotte y Abril Angulo. Me encanta seguir ese ritmo.

En el gimnasio somos una familia. Todos tiramos de todos. Hay días en los que uno viene con menos ganas y otro tira de él. Sabemos que algunos compañeros vienen siempre con muchas ganas, pero si algún día no vienen igual, los demás tiramos también de ellos.

Eso es lo importante del club: somos una familia, celebramos los resultados de todos y nos sentimos uno.


¿Cuántas horas entrenas y cómo estructuras tu preparación?

Entreno entre una hora y media y dos horas al día, de lunes a jueves. Luego viernes, sábado y domingo depende de los entrenamientos que tengamos con la federación.

Los demás días intento descansar y aprovechar al máximo los entrenamientos.


Después de todo lo que has vivido, ¿dirías que compites con una mentalidad diferente?

Sí, creo que cambia. Después de pasar por algo así, valoras más ciertas cosas.

Pero también creo que sigo siendo competitivo, que quiero ganar y que quiero seguir mejorando.


¿Qué objetivos te marcas ahora mismo dentro del karate?

Este es mi último año de sub-21, así que mi objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España y clasificarme para la gran final de la Liga Nacional en sub-21.

Este año, por desgracia, no he podido pelear las primeras rondas porque estoy lesionado del hombro. Me operaron en diciembre, después de Canarias, y ahora estoy recuperándome.

Después del verano volveremos con más fuerza. Pero el objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España.


¿Hasta dónde quieres llegar en este deporte?

A mí me gusta competir. Soy un friki de la competición.

Hasta dónde puedo llegar no lo decido ahora. Seguiré hasta que vea que ya no estoy al nivel o que no puedo pelear más. Mientras esté al nivel, voy a seguir peleando.


¿Tienes algún referente o alguien en quien te fijes?

Me fijo mucho en mi entrenador, Wenceslao Angulo, por la constancia que tiene y por cómo trabaja en los entrenamientos.

También me fijo mucho en Abril Angulo. Entrena muchísimo y siempre va al cien por cien, incluso los días en los que no hay tantas ganas. Creo que eso es muy importante, no solo para mí, sino para todos.


Fuera del tatami, ¿cómo te ves en el futuro? ¿Te gustaría seguir ligado al deporte?

Sí, me gustaría seguir ligado al deporte. Para eso estoy estudiando y creo que es a lo que me quiero dedicar.

El deporte es lo que me gusta y lo que quiero que forme parte de mi vida.


Antonio López Mateos habla como un chaval joven, pero en su historia hay una madurez que no se fuerza. No pretende dar lecciones. No dramatiza más de la cuenta. A veces incluso parece que le cuesta mirar hacia atrás y reconocer la magnitud de lo vivido. Pero ahí está: una enfermedad dura, una vuelta temprana al karate, un club que no lo soltó, una madre presente, un entrenador clave y un competidor que sigue mirando hacia delante.

Quizá por eso su historia funciona. Porque no se queda en el hospital. Ni tampoco solo en el podio. Se queda en ese punto intermedio donde el karate deja de ser únicamente deporte y se convierte en algo más: una forma de pertenecer, de recuperar la normalidad y de seguir peleando.

A veces hablamos del karate como deporte, como competición o como medallas. Pero en historias como la de Antonio se ve otra dimensión: la del club como espacio de pertenencia, como estructura emocional y como lugar donde muchos jóvenes encuentran disciplina, referentes y una familia deportiva. El resultado importa, claro. Pero hay cosas que se construyen antes de subir al tatami. Y, seguramente, también son las que permiten volver a él cuando la vida se pone más difícil.

Ruth Lorenzo: cuando el combate se convierte en precisión

Ruth Lorenzo: cuando el combate se convierte en precisión

En un deporte donde cada centímetro de distancia decide un combate, Ruth Lorenzo Couso ha construido su lugar desde el detalle.

Gallega, formada en el Club San Francisco de Teo y parte del alto rendimiento nacional, Ruth no es una irrupción puntual. Es el resultado de años de constancia, de derrotas que enseñan más que las victorias y de una evolución silenciosa que hoy la sitúa en lo más alto: campeona de España en kumite -55 kg en 2026, número 1 del ranking nacional y competidora habitual en el circuito internacional WKF.

Pero su historia no se explica solo con medallas.

Se explica en la forma en la que entiende el combate: control de la distancia, lectura del rival, decisiones en décimas de segundo. En una categoría donde la velocidad lo es todo, Ruth ha sabido convertir la precisión en ventaja.

A eso se suma otra capa menos visible, pero igual de relevante: su papel fuera del tatami. Como entrenadora, como referente del karate gallego y como voz activa en la igualdad dentro del deporte, representa algo más que resultados. Representa una forma de estar en el karate.

En dojodigital queríamos ir más allá del titular.
No preguntarle qué ha ganado, sino cómo lo ha ganado.
No quedarnos en el resultado, sino entrar en el combate.


Ruth fuera del tatami

1. ¿Quién es Ruth fuera del tatami?
Es una pregunta complicada porque no me paso mucho tiempo fuera de él. Supongo que se podría decir que soy una persona a la que le encanta su trabajo (ser entrenadora de karate), estar al aire libre, hacer deporte, compartir tiempo con mi familia y amigos… y soñar despierta, porque siempre estoy planeando cosas (supongo que un poco como todo el mundo).

2. ¿Cómo llegaste al karate? ¿Fue casualidad o elección?
Una mezcla de ambas. Empecé en el colegio cuando tenía 5 años. Mis padres me habían apuntado a Juegos Predeportivos y la actividad se hacía en el pabellón. Por unas obras en el colegio movieron la actividad de karate al pabellón también y compartían la pista.

Fue pasando el tiempo y el monitor habló con mis padres, les dijo que no le hacía ni caso, que solo miraba para los de karate y que no era capaz de hacer nada conmigo.

Mis padres me preguntaron si quería ir a karate, yo dije que sí y, hasta hoy.

Fue amor a primera vista.

3. ¿Qué recuerdas de tus primeros entrenamientos?
Pues la verdad es que no mucho. Solo que me gustaba mucho y lo pasaba muy bien, pero me lo tomaba muy en serio. Típico niñ@ que está en modo… no sé cómo decirlo… “samurai”.


FOTOGRAFÍA: R.F.E.K.

Dudas, golpes y momentos que cambian una carrera

4. ¿Hubo algún momento en el que pensaste en dejarlo? ¿Por qué no lo hiciste?
Sí. En mi carrera deportiva ha habido momentos bastante duros (derrotas, decepciones…), pero hubo dos momentos especialmente complicados donde me cuestioné de verdad lo que estaba haciendo.

El primero fue en 2016. Hasta ese momento había conseguido dos medallas de oro en las Fases Previas (2013 y 2014), pero nunca había tenido ninguna medalla en un Campeonato de España.

Decido irme a Madrid a estudiar un Máster en Alto Rendimiento y así poder entrenar en el CAR de Madrid junto a Javier Ferreira y Óscar Martínez de Quel.

A pesar de que allí entrenaba bien y de que ambos me enseñaron y me ayudaron un montón, esas dos temporadas pierdo en el Campeonato de España y pierdo en otras competiciones… entonces empiezo a pensar que me he equivocado. Pienso que quizás no tengo el talento suficiente para conseguirlo, que quizás me equivoqué dejando mi casa, mi trabajo… para estar allí con el gasto que suponía para mi familia… y solo podía pensar cosas así…

Tenía muchas dudas y me sentía mal porque además yo ya era una deportista “mayor”. Casi todas las personas que conocía que ganaban… llevaban haciéndolo desde pequeños… y eso me hacía pensar que quizás por mucho que quisiera no sería capaz.

Es ahí, cuando estoy terminando el máster, cuando decido irme a la K1 Premier League de Rabat yo sola.

Cuando se entera mi entrenador, Óscar Lafuente (que es el que lleva conmigo desde el colegio), decide acompañarme y… no podíamos haber hecho mejor.

Al llegar allí disfrutamos muchísimo, pero es que además consigo mi primera medalla importante, una medalla de bronce.

Esa medalla fue la que me dijo que no estaba loca, que podía hacerlo y que tenía que seguir.

La verdad es que no pudo llegar en un momento más clave.

La segunda ocasión fue en 2021. La verdad es que en mi carrera ha habido convocatorias del equipo nacional en las que me hubiera gustado estar y creo que podría haber estado y, cuando no llegaron, me dolieron.

Pero en 2021 yo había estado participando con el equipo nacional en concentraciones y campeonatos de cara al preolímpico (seguramente siendo la que menos posibilidades tenía de ir de las 4 que estábamos), pero tenía un pequeño sitio.

Pasada la Olimpiada hay un entrenamiento en Madrid y entonces veo que no cuentan conmigo ni para entrenar y veo a otras deportistas de mi peso más jóvenes allí.

Buf, fue un palo muy grande para mí. Pensé que si me había costado tanto llegar a estar en las concentraciones y algún campeonato… y ahora ya no tenía ni eso… no tenía fuerzas para volver a colarme ahí y volvieron las dudas. Que si no tengo el nivel, que si voy tarde, que qué iba a hacer… era como asomarme a un abismo (aunque pueda sonar a locura, yo lo sentía así).

Seguí entrenando, pero nunca me había sentido tan mal en ese aspecto, como si hubiera perdido mi objetivo… mi sueño. Y volví a pensar en retirarme.

El tiempo fue pasando… y entonces me di cuenta de que la única persona que iba a decidir hasta dónde podía llegar y cuándo se iba a retirar era yo.

Pensé que no iba a darle el poder sobre algo tan importante para mí a alguien que no fuera yo.

Y cuando me di cuenta de esto me sentí mucho más fuerte que antes. Recuerdo que ese año gané la fase final. Cuando volví me tatué lo de guerreira. Porque realmente sentí que lo era y sentí que yo tenía el control de lo que estoy dispuesta a hacer y de dónde quiero llegar (o como mínimo intentarlo).

FOTOGRAFÍA: R.F.E.K.

5. ¿Qué ha sido lo más duro de tu camino hasta aquí?
Ha habido muchas cosas que han sido duras. Te podría hablar de épocas donde tenía unos horarios terribles de trabajo y tenía que entrenar a las 14:00 de la tarde unos días (e ir comiendo en el coche) y a las 22:00 de la noche otros (cuando no podía más); podría hablarte de pesajes y de algún que otro donde mi cuerpo no respondía y lo pasé realmente mal; de entrenamientos solitarios en Navidades o en agosto donde no dejas de preguntarte qué haces ahí; de lesiones (afortunadamente leves), pero que te obligan a entrenar con dolor; de ausencias, cuando no puedes estar en los momentos buenos o malos de la gente a la que quieres… son muchas cosas, porque el alto rendimiento es así, siempre te va a llevar al límite, al máximo… y te exige que lo des todo.

Quizás una de las cosas más complicadas o más duras en mi camino ha tenido relación con mi cabeza. Mantener de forma constante la confianza en mí, no dudar, creer que podía siempre dar algo más o mejor y que las cosas saldrían.

Y aprender a exigirme, pero de manera más “compasiva”. Entender que cuando fallas no eres “lo peor”, igual que cuando acierto no me siento la mejor del mundo. Siempre he sido y soy muy exigente, pero he cambiado mucho (y sigo intentando hacerlo) en cómo enfoco mis errores y cómo me lo planteo para que sea algo positivo, no algo que me haga daño (que parece una tontería, pero es un error muy común). Dicen que hay que hablarse como le hablarías a tu mejor amig@ y siento que es una gran verdad, aunque sea difícil de hacer.

6. ¿A qué ha tenido que renunciar Ruth para llegar a ser campeona de España?
Pues imagino que como todos los deportistas… a mucho.

Obviamente son muchos detalles: desde lo que comes, las fiestas, el tiempo con familia y amigos… (que es sin duda lo que más duele).

Pero es verdad que siempre digo que todas esas cosas son las que me han llevado a vivir cosas únicas, experiencias y emociones tan bonitas y tan intensas como las que he vivido y sigo viviendo y por las cuales repetiría cada una de ellas.


El entorno que sostiene el camino

7. ¿Quién ha sido clave en tu carrera y por qué?
Óscar Lafuente, sin duda. Es mi entrenador desde que empecé hasta hoy. Soy consciente de que en mi vida hay mucha gente sin la cual no sé qué haría (como mi hermana, mis padres, mi familia) u otros entrenadores que me han aportado y me han ayudado a crecer.

Pero él ha sido clave para mí. Primero, porque siempre me hizo sentir importante, confiando en mí desde el principio (incluso antes de que ninguno de los dos viera a dónde nos iba a llevar todo esto), me hizo sentir que era el referente para mis compañeros de club primero y de selección después, y esto me hizo dar siempre un paso al frente y buscar precisamente eso: trabajar más y mejor y apoyar e impulsar a los demás.

Y segundo porque me entrena actualmente, pero es que me lleva entrenando toda la vida y con TODA estoy hablando de esos entrenamientos a mediodía o de noche, de días festivos, de momentos alegres y tristes… de viajes por el mundo entero… no le puedo pedir más.

Es mi compañero indiscutible en este camino.

Comparte mi trabajo y mis sueños desde hace tanto tiempo… que cada cosa que consigo en verdad la CONSEGUIMOS.

8. ¿Hay alguna historia personal que la gente no conoce y que te haya marcado?
Hace 4 años falleció mi primo Antón. Tenía 23 años. Eso ha marcado un antes y un después en mi vida.

Es una herida que creo que me va a acompañar siempre.


La competidora: estilo, emoción y tatami

9. ¿Cómo definirías tu estilo de combate en tres palabras?
Me resulta un poco difícil responder a esta pregunta. Yo diría que mi estilo de combate es intenso, emocional y de no rendirme, de pelear hasta el final (sé que esto no es una palabra, pero no sé cómo definirlo).

10. ¿Qué diferencia a Ruth Lorenzo del resto de competidoras?
Pues supongo que un poco lo que hablamos en la pregunta anterior. Siempre salgo a pelear desde el principio hasta el final, nunca doy nada por perdido y… creo que peleo con toda mi alma y por eso a veces necesito gritar, saltar… creo que eso es algo un poco característico de mí, pero… supongo que estas cosas son comunes a todas.

11. ¿Qué sientes justo antes de salir al tatami?
Antes de salir a pelear lo sientes todo con muchísima intensidad. Nervios, tensión… pero también estoy enfocada en mis rutinas y en el autodiálogo que he aprendido al trabajar con el psicólogo. Enfoco mi atención y mis pensamientos para poder rendir… y cuando lo hago siento emoción y muchas ganas de pelear.


El título, el momento y la claridad competitiva

12. Acabas de ganar el campeonato de España. ¿Qué significa realmente este título para ti?
Para mí tiene un significado muy especial porque, desde que empecé a competir y entré en el camino del alto rendimiento, este ha sido el objetivo, el sueño que me marqué desde el principio.

Al comienzo era casi una locura, porque yo era una persona que llegaba a un campeonato y a lo mejor no pasaba de primera ronda. Pero, aun así, siempre tenía el deseo de estar ahí.

Con el paso del tiempo empecé a sentir que sí podía hacerlo, que tenía nivel, capacidad y que podía estar en esa pelea. Pero, por unas cosas o por otras, se me resistía.

Y llegó un momento en el que piensas: “Ostras, a lo mejor no soy capaz de conseguir este sueño que llevo persiguiendo durante tanto tiempo”.

Por eso, para mí es un título tan especial. Me hace muy feliz haberlo conseguido, porque son muchos años teniendo siempre este sueño y este objetivo en la cabeza. Y porque, precisamente, con lo complicado que es el kumite y con el alto nivel que hay, soy consciente de que a lo mejor podía haber pasado toda mi carrera sin conseguirlo.

Entonces, me siento inmensamente feliz de poder decir que por fin soy campeona de España, que es el sueño que tengo desde hace tantísimo tiempo.

13. ¿Ha habido algún momento en este campeonato donde todo cambió?
La verdad es que no. Salí a los combates desde el principio muy concentrada, teniendo muy claro el trabajo que quería hacer y lo que tenía que hacer. Soy consciente de que podía no haber salido, porque al final las rivales también van a por lo suyo, pero llevaba las cosas muy claras e iba muy decidida a por el objetivo.

Entonces, en ese sentido, no es que haya cambiado nada durante el campeonato ni tampoco después. A veces la gente te pregunta: “Bueno, ¿y ahora qué?”. Y ahora, exactamente lo mismo que siempre, solo que con una sonrisa de oreja a oreja por haberlo conseguido.

Sí que te puedo decir que ha habido momentos en mi carrera deportiva en los que cambiaron cosas de mi manera de pelear. Por ejemplo, si me voy un poco más atrás, te diría que desde el principio de temporada estoy trabajando mucho en analizar combates que había hecho y también los combates que voy haciendo, gracias a la ayuda de Javier Ferreira. Y eso me está ayudando mucho a organizar cosas, a matizar algunos aspectos de mi trabajo que me he dado cuenta de que podía mejorar.

Ese trabajo también me ha dado mucha confianza y hace que, a la hora de pelear, vea las cosas mucho más claras de lo que las veía antes. Entonces, en ese sentido, sí que te puedo decir que este trabajo nuevo que he incorporado esta temporada he notado que me ha venido muy bien.


Cómo piensa un combate

14. ¿Qué es lo primero que analizas de una rival antes de combatir?
Entiendo que te refieres al momento en el que estamos en el tatami frente a frente o cuando empieza el combate. Si te refieres a análisis previos de combate o a otro tipo de estudio más previo, también te lo puedo contestar.

Pero, en ese momento, lo primero en lo que intento fijarme es en la intención que creo que tiene esa persona en el combate. Es decir, intento predecir qué es lo que está buscando.

Y para saberlo, lo que intento es desplazarme y provocar, para ver las distintas reacciones que tiene esa persona ante los distintos estímulos que voy generando.

Un poco con esa idea de que, si veo una reacción u otra, voy interpretando qué es lo que esa persona está buscando hacerme en ese combate o en ese momento concreto del combate.

Aparte de esas reacciones que veo cuando, por ejemplo, me desplazo, cuando hago algún tipo de amago o cualquier cosa, me gusta fijarme en cómo bota, qué guardia tiene, bueno, un poco cómo se mueve, porque creo que muchas veces, en función de ese tipo de aspectos, puedes decidir si es mejor una técnica u otra o qué cosas crees que puedes aprovechar a tu favor en un momento determinado.

Y bueno, me imagino que será un poco lo que hacemos todas.

15. ¿Prefieres llevar la iniciativa o trabajar al contragolpe?
Claramente prefiero llevar la iniciativa. Me considero una persona bastante ofensiva peleando y es el trabajo en el que me siento más cómoda, a pesar de que, bueno, con los años y demás, soy capaz de trabajar a la contra y la anticipación sin problema. Pero, bueno, mi aspecto favorito es el ataque.

16. ¿Qué detalle técnico crees que marca más la diferencia en tu categoría?
Bueno, creo que, la verdad, lo que marca la diferencia en la categoría, y en las categorías de kumite absolutas en general, son los detalles tácticos.

Dentro de la categoría de -55 hay gran variedad de deportistas y cada una de nosotras tenemos nuestras técnicas más fuertes y otras menos fuertes. Hay mucha variedad y cada persona se especializa a lo mejor en algunas en concreto. Es verdad que quizás es una categoría donde hay bastante gente que trabaja a la contra, pero ya te digo que no creo que sea una cuestión de hacer una técnica concreta bien. Creo que todo el mundo está muy preparado a nivel físico, creo que ahora mismo todo el mundo tiene un nivel técnico muy alto y, al final, creo que la clave para que las deportistas consigan rendimiento en los campeonatos es hacer esas técnicas buenas que tienen en el momento adecuado.

Y creo que eso es lo que marca la diferencia: el, como digo yo, saber jugar tus cartas. Porque al final todo el mundo tiene unas técnicas o unas acciones preferidas y que le salen de maravilla, y creo que cuando tú opones esas técnicas a tus adversarias se trata más de saber buscar bien el momento, saber engañar, esperar a que esa situación en concreto aparezca y ahí hacer esa acción al 100 %.

Entonces, ya te digo que yo creo que es más que nada saber cuándo trabajar, o sea, a nivel táctico y en el momento en que haces las cosas. La determinación me parece fundamental: trabajar siempre al 100 % y, para eso, tener confianza en lo que una hace y una determinación absoluta en el momento en el que lo haces.


Lo que enseñan las derrotas y la presión de competir arriba

17. ¿Qué te ha enseñado una derrota que no te haya enseñado una victoria?
Bueno, la verdad es que siempre se dice que de las derrotas se aprende más que de las victorias y yo creo que es una verdad, porque al final muchas veces, cuando ganamos un combate o una competición, cometemos errores, pero no nos fijamos tanto en los detalles o no nos interesamos tanto en averiguar si hubo algo que estuvo mal hecho en esa competición o en ese combate.

Entonces, sí que es verdad que cuando una pierde siempre va a poner mucho más el foco en descubrir qué fue lo que falló y entender qué aspectos tiene que mejorar.

Entonces, creo que se puede aprender tanto de una derrota como de una victoria, pero todos estamos mucho más predispuestos a aprender cuando fallamos que cuando ganamos, porque quizás no ponemos tanto empeño en descubrir si todo lo que hicimos en ese combate estuvo bien o no.

Y luego, a nivel personal, creo que de una derrota se aprenden otras cosas. Como, por ejemplo, el hecho de no rendirse, de seguir trabajando, de aprender a valorar tu progreso independientemente del resultado.

Cuando tú vas a una competición y las cosas no salen, pero has sido capaz de hacer cosas nuevas en los combates, de aplicar cosas que trabajaste en el entrenamiento, cuando empiezas a valorar ese tipo de cosas y empiezas a tener esa motivación intrínseca, que es ir a una competición y notar que mejoras tú misma independientemente de que las cosas salgan o no, creo que ese es uno de los aprendizajes más importantes que te puedes llevar de una derrota y que con una victoria nunca tendrías.

Y creo que eso hace que, al final, aprendas a disfrutar de este deporte independientemente del resultado. Y eso también es importante, ya que, como decimos la mayoría de los deportistas, perdemos muchas más veces de las que ganamos, en realidad.

18. ¿Cómo gestionas la presión cuando sabes que todos esperan que ganes?
Vale, la verdad es que es fácil sentir esa presión de las expectativas y tener un poco el miedo de fallar a la gente que te rodea. Y yo creo que una de las cosas que he aprendido en todos estos años es que, al final, el hecho de que la gente tenga expectativas en ti, de que la gente confíe en que puedes ganar, en realidad es una cosa muy bonita.

Entonces, por ejemplo, una cosa que digo siempre a mis deportistas es que una persona te diga que cree que puedes ganar una competición, que espere que puedes ganarlo, en realidad es algo muy positivo. Entonces es algo que no se tiene que volver en nuestra contra, porque al final la gente que nos apoya, la gente que está en nuestro equipo, no va a pensar peor de nosotros porque una competición no nos salga, sino todo lo contrario.

Nosotros, cuando vemos a una persona pelear y nos parece que tiene un nivel, independientemente de que esa persona gane o pierda, seguimos pensando que tiene el mismo nivel, porque ni somos tan buenos cuando ganamos ni tan malos cuando perdemos.

Entonces creo que la manera de gestionar esa presión es tomárselo como lo que es: algo bueno. Que la gente te vea como una persona que tiene posibilidades de ganar significa que realmente las tienes. Y también saber que la gente que confía en ti no se va a sentir defraudada si ese resultado finalmente no llega, porque esa gente entiende que competir es algo complicado y que no todo depende de ti.

También, en mi caso, me ayuda mucho a gestionar todo ese tipo de cosas el hecho de saber que tengo, como yo digo, los deberes hechos. O sea, que he hecho el físico que tenía que hacer, que he hecho todos los entrenamientos que he podido; es decir, saber que no puedo llegar a ese evento más o mejor preparada de lo que estoy.

Saber que llego a una competición habiendo dado mi máximo, que no me he guardado nada y que he puesto toda la carne en el asador, eso me da mucha confianza. Porque creo que, independientemente del resultado, que lógicamente cuando es malo es una decepción muy grande, tienes que sentirte orgullosa.

Y creo que la gente que te conoce y ha formado parte de ese proceso es lo que va a sentir también. No va a sentir en ningún momento sensación de fraude, ni mucho menos.


Lo que viene y lo que aún necesita el karate

19. ¿Dónde se ve Ruth Lorenzo en los próximos años dentro del karate?
Pues mira, la verdad es que me veo compitiendo. Lógicamente ya soy una deportista que tiene una edad, pero me encuentro muy bien. Entonces, yo siempre digo que mientras me encuentre así de bien y siga teniendo la misma ilusión y las mismas ganas por estar ahí, pues seguiré. O sea que me veo compitiendo.

Me gustaría verme en algún podio internacional y seguir intentando ganar todas las competiciones que pueda, aunque ya sé que mis adversarias me lo van a poner súper difícil.

Y luego, a nivel profesional, me gustaría continuar trabajando con mis deportistas y pudiendo acompañarlos a nivel nacional e internacional, porque al final el karate es mi pasión, tanto como competidora como entrenadora.

Así que, bueno, digamos que me veo un poco en la misma línea que he llevado hasta ahora, por lo menos para los próximos años, y lógicamente intentando que sea al máximo nivel que pueda y seguir mejorando poco a poco en todo lo que pueda.

20. ¿Qué necesita una deportista como tú para seguir creciendo y qué apoyos institucionales o de patrocinio marcarían la diferencia?
Yo creo que principalmente el problema que tenemos en karate es que no podemos vivir de nuestra actividad deportiva.

Y eso hace que dependas de muchas cosas para poder dedicarte a ella profesionalmente, así que todo se vuelve mucho más difícil.

Sería fundamental, y marcaría la diferencia, tener apoyos institucionales o de patrocinio en el sentido económico. Si tuviésemos un respaldo que nos permitiera dedicarnos única y exclusivamente a entrenar y competir, creo que el salto cualitativo sería enorme.

Porque competir y entrenar requiere una implicación y un esfuerzo muy grandes. Y si tienes que repartir todo eso entre el trabajo, las competiciones y los entrenamientos, está claro que no vas a poder rendir igual.

Además, esa parte económica muchas veces condiciona que puedas tener un equipo multidisciplinar, trabajar con un psicólogo, con un fisioterapeuta o que tu entrenador pueda acompañarte a las competiciones. Y eso, que parece básico, muchas veces no está garantizado. A veces incluso tienes que elegir entre una competición u otra simplemente porque no tienes los recursos para afrontarlas.

Por eso creo que, si los patrocinadores apostaran no solo por apoyar con material, sino también económicamente, y si las instituciones permitieran que los karatekas pudiésemos dedicarnos de verdad a prepararnos y competir, habría una mejora muy importante. Podríamos descansar mejor, llegar a los entrenamientos al cien por cien y competir en mejores condiciones.

Y creo que eso también influye en la edad de muchos deportistas del karate español, tanto en kumite como en kata, porque compatibilizar el alto rendimiento con una vida laboral y personal es muy difícil. Llega un momento en el que muchas personas tienen que decidir entre seguir compitiendo a ese nivel o centrarse más en su trabajo y en su carrera profesional.

Yo, en ese sentido, me considero una persona afortunada, porque disfruto muchísimo de mi trabajo y además es un trabajo que me permite entrenar y competir al máximo nivel. Es verdad que a veces no descanso lo que debería, pero aun así puedo compatibilizarlo bastante bien.

Y luego también cuento con algunos apoyos, como el Concello de Teo, la Fundación Deporte Galego, Centro Falguera, PUNOK, la Federación Gallega de Karate y mi club, el Club San Francisco de Teo, que me ayudan y que valoro muchísimo.. No cubren completamente todos los gastos que requiere prepararte y competir al máximo nivel, ni tener todos los recursos necesarios para competir a nivel internacional, pero sí cubren una parte y eso ya es muy importante.

Al final, en la carrera de un deportista influyen muchos factores, y esa ayuda, aunque no lo cubra todo, también marca una diferencia y es algo que hay que valorar mucho.

21. ¿Qué le dirías a una niña que empieza y sueña con llegar a lo más alto?
Bueno, pues la verdad es que la animaría, porque yo siempre digo que hay que tener la cabeza en el cielo y los pies en la tierra.

Entonces le diría que, si es lo que sueña, luche por conseguir sus sueños, que dé el máximo y que, si trabaja muchísimo y no se rinde, a lo mejor puede llegar a conseguirlo.

Entonces, que nunca se rinda y que, si es su sueño de verdad, vaya a por él con todas sus ganas.


Al terminar esta entrevista con Ruth Lorenzo queda una sensación muy clara: detrás de la campeona de España hay una deportista con una trayectoria construida desde la constancia, la exigencia y una enorme capacidad para seguir adelante en los momentos difíciles.

A lo largo de sus respuestas ha compartido no solo su visión del combate, sino también todo lo que hay detrás: las dudas, las renuncias, el trabajo mental, la importancia del entorno y la ambición de seguir creciendo dentro del karate.

Desde dojodigital queremos agradecerle especialmente el tiempo, el cuidado y la implicación con los que ha respondido a cada pregunta. Se ha tomado esta entrevista en serio, se ha volcado en sus respuestas y eso ha permitido construir una conversación con contenido, con profundidad y con mucho valor para quienes viven el karate desde dentro.

Ruth habla como compite: con claridad, con intensidad y sin reservarse nada.

Y quizá por eso esta entrevista deja algo más que titulares. Deja una idea muy clara de lo que significa sostener un camino largo, exigente y profundamente vocacional dentro del alto rendimiento.

Gracias, Ruth, por compartirlo con esta honestidad.

Paco Mayoral: la mirada de un maestro sobre el kata y el karate de hoy

Paco Mayoral: la mirada de un maestro sobre el kata y el karate de hoy

En el karate español hay nombres que aparecen una y otra vez cuando se habla de técnica, de estudio del kata y de transmisión del conocimiento. Uno de ellos es, sin duda, el de Paco Mayoral.

Durante décadas ha sido una figura de referencia para generaciones de karatekas. Maestro, formador y autor de diversos libros dedicados al análisis técnico del karate, su trabajo ha estado especialmente centrado en el estudio del kata: su estructura, su lógica interna y su relación con el combate real.

En un momento en el que el reglamento internacional está evolucionando y el kata de competición vive una transformación importante, hablar con alguien que lleva tantos años reflexionando sobre este aspecto del karate resulta especialmente interesante.

Por eso, desde dojodigital hemos querido conversar con Paco Mayoral para recorrer su trayectoria, conocer su visión sobre el kata y preguntarle también cómo ve el futuro del karate.

1. Paco, después de tantos años dedicado al karate, ¿recuerdas qué fue lo que te atrajo de este arte cuando empezaste? ¿Hubo algún momento o alguna persona que marcara especialmente ese inicio?

Como en aquellos años 70, a todos los chavales nos atrajeron las películas.
Lo que me marcó especialmente fue la disciplina y el respeto que se tenía dentro del tatami, en relación con lo que había en el deporte que yo practicaba, como todos los jóvenes, el fútbol.
Y la persona que marcó mis inicios fue mi maestro, D.E.P. Alonso Hernández Martos.

2. Cuando miras hacia atrás y ves todo el camino recorrido —años de práctica, de enseñanza y también de escritura—, ¿qué lugar ocupa hoy el karate en tu vida?

Bueno, cuando miro hacia atrás y pienso dónde he llegado, jamás hubiera imaginado mi estado actual dentro del karate.
Parece que fue hace poco cuando llegué al gimnasio y me pidieron antecedentes penales para poder practicar.

Por mi inquietud de conocer y estudiar mucho más la escuela fue lo que me impulsó a plasmar mis conocimientos para futuros karatekas.
El lugar que ocupa el karate en mi vida, aparte de mi familia, tiene prioridad ante cualquier otra actividad, mientras pueda seguir impartiendo mis clases y seminarios que lo soliciten.

3. A lo largo de los años has formado a muchos karatekas y también a instructores. ¿Hay algo que hayas aprendido de tus propios alumnos que haya cambiado tu manera de entender el karate?

Desde mis comienzos hasta el día de hoy he formado a más de 756 cinturones negros, entre ellos muchos campeones a nivel mundial, europeo y nacionales, y cada día con más ilusión que el primer día que impartí una clase de karate.

¿Y qué he aprendido de mis alumnos?
Siempre los observo e investigo qué pueden mejorar, y eso es lo que siempre aprendes: cómo mejorar su trabajo y cómo aprender yo a mejorar mi karate, ya que es un aprendizaje constante.

4. Muchos te conocen también por tus libros. ¿En qué momento sentiste la necesidad de empezar a escribir y a ordenar todo ese conocimiento sobre karate?

Bueno, viene desde principios de los años 80, cuando llevaba muy poco tiempo como profesor.
Como te comenté, la inquietud de investigar y dejar algo hacia las futuras generaciones de karatekas surgió porque había poca información en mis comienzos en los años 70.

Ese afán de dejar un legado que pueda ayudar está en los cuatro libros que he hecho hasta ahora, el último ya está a la venta en Amazon.
Actualmente estoy en un quinto libro más científico/técnico, que es mucho más complejo, ya que conlleva más estudio físico/muscular y la evaluación de la composición corporal del deportista.

5. Después de tantos años observando la evolución del karate, ¿dirías que el karate que se practica hoy es muy diferente al que conociste cuando empezaste?

El karate que se realiza en la actualidad es totalmente diferente al que conocí en mis inicios.
Está enfocado mucho más a lo deportivo y a la competición atlética.

Era mucho más duro en los entrenamientos técnicos y el entrenamiento físico no era tan específico como lo es en la actualidad.

6. Gran parte de tu trabajo ha estado centrado en el estudio del kata. Si tuvieras que explicárselo a alguien que empieza en karate, ¿qué es realmente un kata?

Se me conoce más como katero, pero yo siempre practicaba al 50% las dos partes del karate: kata y kumite.
De hecho, en kumite logré medallas nacionales, europeas y mundiales.

En la competición de kata siempre me ha gustado más por la exigencia de perfección, de plasmar un sentimiento, un ritmo, velocidad y control del cuerpo en cada momento de su ejecución.

A una persona que se inicia, solo decir que el orden cronológico del aprendizaje del karate son tres factores muy visibles que, uno sin el otro, no tendría sentido: kihon, kata y bunkai, sin dejar a un lado el kumite como parte fundamental.

7. Hoy vemos katas muy complejos en competición, pero muchas veces se aprende la secuencia sin profundizar demasiado en lo que hay detrás de cada movimiento. ¿Crees que el kata se estudia hoy con la profundidad que merece?

Normalmente se aprenden los katas, unos por vídeo y otros por enseñanza directa para la competición, sin llegar a ver cuál es el sentido de lo que están haciendo y, en particular, para qué sirve cada movimiento.

Por este motivo vemos un kata sin sentido y sin sentimiento hacia el exterior.
El kata hoy por hoy no se estudia para entender el porqué de las técnicas que conllevan las diferentes direcciones o líneas, ya que en los katas los antiguos maestros intentaron plasmar fases de combate real.

8. Cuando un karateka entrena kata durante muchos años, ¿qué aspectos crees que empiezan a cambiar en su manera de entenderlo?

Cuando se entrena un kata durante mucho tiempo, cada vez que empiezas a entrenar o corregir tienes una sensación diferente, ya que el entendimiento de su ejecución y de su expresión hace que te des cuenta de que siempre vas buscando algo que el día anterior se pasó por alto.

Intentas investigar cómo mejorar esa ejecución y llegar al entendimiento máximo, que para mí es llegar a la mejora del entrenamiento diario.

9. Desde tu experiencia, ¿cómo ha evolucionado el kata desde tus inicios hasta hoy?

El kata que yo conocí difiere del actual.
No en sí, pero ha cambiado mucho, ya que es más físico.

No quiero decir que uno sea mejor que otro, pero a veces se echa de menos que el competidor o el instructor no demuestre o enseñe las raíces del verdadero kata.

Se sigue teniendo en cuenta el trabajo de kihon para conocer el movimiento, pero no para sentir para qué lo hago, y aquí tenemos un déficit hacia los que vienen detrás de nosotros, sobre todo en entender el porqué y para qué.

10. Cuando analizas un kata con tus alumnos, ¿qué aspectos sueles observar primero?

Los pasos que sigo cuando vemos un kata, ya sea nuevo o alguno que ya conocemos:
primer paso y más importante, trabajar las técnicas que conlleva ese kata y comprender para qué hacemos esos movimientos;
segundo, qué pasos hacemos y qué giros o combinaciones hay, si son dobles o sencillas en su ejecución;
y por último, el trabajo final, que es la ejecución del kata.

11. El kata de competición ha evolucionado mucho en los últimos años y en algunos casos se ha vuelto muy espectacular. ¿Crees que esa evolución ha enriquecido el kata o que en algunos momentos ha podido alejarlo de su sentido original?

La competición de kata en la actualidad ha evolucionado hacia lo físico y no tanto hacia lo técnico en cierta forma.
No quiero decir que se descuide la base, que es el kihon, pero sí hay veces que está en un segundo plano.

La evolución siempre es positiva, pero hay veces que perdemos la esencia del kata primario y el porqué se crearon.

12. Uno de los debates recientes dentro del karate ha sido precisamente la espectacularidad en los katas y en el bunkai. ¿Crees que ese camino ha ayudado a acercar el karate al público o que ha generado ciertas distorsiones?

Lo espectacular siempre atrae a más personas y, en relación con los bunkai, hay veces que quien entiende el kata no sabe en qué movimiento o secuencia están ejecutando.

Siempre es buena la espectacularidad en cierta medida, porque atrae.

13. El nuevo reglamento internacional ha introducido algunos cambios que afectan a la forma en la que se ejecuta y se valora el kata. ¿Te parece que estos cambios van en la dirección correcta?

Siempre que hay cambios, hay veces que son para mejorar y otras para ver carencias en la ejecución y en su valoración.

Evitar ruidos y golpes en el cuerpo para camuflar el kime o la potencia del movimiento hace que se vea en algunos ejecutantes que no saben aplicar la potencia y velocidad que requiere el movimiento.

14. Desde tu experiencia, ¿qué aspectos del kata de competición crees que todavía podrían evolucionar en el futuro?

Pufff… eso es complicado.
La evolución está latente en el día a día, ya que siempre, si lo vives, se busca la mejora, pero también vamos en dirección a que sea más físico. Es la realidad.

15. En la actualidad, el karate convive con una enorme cantidad de información disponible: vídeos, seminarios, redes sociales… ¿Crees que esto está ayudando al estudio del kata o que, en algunos casos, puede generar más confusión que conocimiento?

Todo lo que tenemos de información siempre enriquece la práctica, aunque siempre digo que sea para información y mejora.
Aunque últimamente los practicantes de karate quieren aprendérselos rápidamente y no comprenden el contexto ni el significado técnico de cada movimiento, giro, salto o cambio de dirección.

YouTube se debe emplear para informar, no para aprender.

16. ¿Qué diferencia a un karateka que ejecuta correctamente un kata de alguien que realmente comprende un kata?

El karateka que ejecuta bien un kata normalmente entiende correctamente el kata.
La diferencia está cuando un practicante quiere profundizar en el sentido, en el para qué y por qué del kata, y luego está el que realiza movimientos sin saber el porqué.

17. Si un karateka tuviera que dedicar años a estudiar profundamente un solo kata, ¿cuál elegirías y por qué?

Sería aquel que me diera más trabajo y más conocimiento, no solo hacerlo mejor o peor, sino entenderlo mejor y que me enriquezca mi karate.

19. Después de toda una vida dedicada al karate, ¿qué es lo que todavía te sigue motivando a seguir estudiándolo?

El buscar en cada movimiento su significado, porque cada vez que estudias alguna secuencia siempre tienes alguna respuesta nueva, y de esta forma comprender en profundidad cada uno de estos movimientos o secuencias y poder transmitir mejor.

20. Y mirando hacia el futuro: ¿cómo te gustaría que las próximas generaciones se acercaran al estudio del kata?

Complicado, ya que no tienen paciencia en el desarrollo de lo que se aprende ni en el porqué se hace uno u otro movimiento, con su correspondiente respiración o velocidad adecuada a cada movimiento.

21. Si hoy tuviéramos que diseñar el sistema de enseñanza del kata desde cero, con todo lo que sabemos ahora, ¿cómo crees que debería enseñarse?

Bueno, esto es un trabajo de cada entrenador, ya que yo lo haría de una forma totalmente diferente o parecida, y siempre habría discrepancias.

Hablar con Paco Mayoral es, en cierto modo, detenerse a observar el karate desde otra perspectiva. Una mirada construida a lo largo de décadas de práctica, enseñanza y estudio, donde cada respuesta no solo habla de técnica, sino también de experiencia.

A lo largo de la entrevista aparece una idea de forma constante: la necesidad de comprender el kata más allá de su ejecución. Entender el porqué de cada movimiento, el sentido de cada dirección, el valor del trabajo constante en el tatami frente a la inmediatez actual.

En un momento en el que el karate evoluciona hacia lo físico y lo espectacular, su visión invita a no perder de vista aquello que dio origen a todo: el estudio profundo, la paciencia y la búsqueda de significado en cada gesto.

Quizá no haya una única forma de entender el kata, como él mismo reconoce, pero sí una responsabilidad común: no quedarse en la superficie.

Porque, como deja entrever en sus palabras, el verdadero avance no está en hacer más, sino en entender mejor.

Valentín Marcos: el regreso de un referente

Valentín Marcos: el regreso de un referente

En el artículo anterior hablábamos de una evidencia que ya se nota en el tatami: la categoría máster ha dejado de ser un “apéndice” del circuito para convertirse en un territorio competitivo con entidad propia. Cuando sube el nivel, sube la exigencia… y también cambia el tipo de gente que decide estar ahí.

Hay regresos que se anuncian con nostalgia.
Y hay regresos que, sin hacer ruido, dicen mucho más.

Valentín Marcos Nieto vuelve a preparar un Campeonato de España Máster.

Su nombre está ligado al kata español desde hace años: competición al máximo nivel, presencia en el panorama internacional en su etapa senior y una manera muy reconocible de entender el karate: técnica rigurosa, energía, físico y detalle. Hoy, además, su papel como seleccionador de kata en categorías formativas dentro de la Federación Asturiana lo coloca en otro lugar: el de quien no solo ha competido, sino que sigue mirando el karate con responsabilidad, criterio y oficio.

Por eso este regreso importa. No por lo que “fue”, sino por lo que significa que alguien con su trayectoria elija volver a competir ahora. Porque cuando un karateka así se pone otra vez en modo campeonato, el mensaje es sencillo: el circuito máster está vivo… y se está poniendo serio.

En esta entrevista hablamos de ese regreso desde dentro: cómo se encaja la competición con una vida llena, qué cambia en la cabeza y en el cuerpo, y qué lugar ocupa el Karate Do cuando ya no compites para construir un nombre, sino para seguir siendo fiel a tu camino.

Después de tantos años compitiendo al máximo nivel, ¿qué te ha hecho volver ahora a la competición en veteranos?

Hace un tiempo empezó a pasarme la idea por la cabeza de vez en cuando, pero cuando lo analizaba veía que realmente no apetecía, no veía la necesidad de competir. Hace unos meses algún compañero veterano y José Magadán, el seleccionador, empezaron a calentarme poco a poco con la idea de hacer el Campeonato de España y, claro, a mí tampoco hace falta mucho para calentarme. Después terminó de rematarme César Castaño con una frase muy clara: “Si compites tú, compito yo.”
Y en este punto estamos, preparando el próximo Campeonato de España Máster.

¿Volver es una cuestión de reto personal, de disfrute o hay algo que necesitabas recuperar?

No necesito recuperar nada. Mi vaso en esto de la competición hace muchos años que se llenó, así que sin duda se trata de algo más personal.

¿Qué sensaciones has vuelto a notar al preparar una competición que no aparecían cuando eras seleccionador o entrenador?

Ahora tengo menos responsabilidad. Cuando entrenas para ti, si te equivocas, fallas solo tú. Cuando entrenas a otra gente, si te equivocas, haces fallar a un mayor número de personas. Así que el hecho de entrenar solo para mí me da mayor tranquilidad y seguridad. Aunque también es verdad que el trabajo de seleccionador es mucho más gratificante que el de entrenar para competir uno mismo.

¿Te ha sorprendido tu propio cuerpo en esta vuelta, para bien o para mal?

Me ha sorprendido para bien. No soy una persona que haya tenido lesiones graves, pero tantos años en la alta competición dejan cicatrices: cadera, meniscos… Aun así, el cuerpo me está respetando mucho mejor de lo que esperaba.

¿Qué ha sido lo más difícil de reactivar? ¿La chispa competitiva o la disciplina diaria?

Lo realmente difícil es sacar tiempo para entrenar. Con un trabajo absorbente, responsabilidades y un hijo de 7 años, encontrar huecos es lo complicado.

¿En qué es diferente la cabeza de un competidor veterano respecto a la de un senior que quiere comerse el mundo?

Te hablo desde mi opinión personal. Cuando eres senior y quieres comerte el mundo, haces todo a cualquier precio. Sabes que tienes que pagar peajes y los pagas sin problema. Ahora, cuando decidí volver a competir, tuve muy claro que no iba a ser a cualquier precio, que no iba a hacer grandes sacrificios ni a pagar ningún peaje. No quiero cambiar nada de mi vida personal por esto. Creo que a estas alturas no tiene sentido. Si aparece algún dolor, alguna lesión o simplemente un día me levanto y no me apetece, tengo claro que se para la obra. No quiero que sea ningún tipo de obligación.

¿Ahora compites con menos presión o con una presión distinta?

Casi te diría que con más presión. Cuando eres senior vas con la seguridad de que llevas detrás miles de horas y una preparación increíble. Ahora tengo claro que no tengo nada que demostrar a nadie, ni siquiera a mí mismo, pero muchas veces eres foco de atención y no quieres estar por debajo del nivel que sabes que tienes. Eso genera presión.

¿Hay algo que gestionas mejor que cuando eras joven?

Sí. Ahora me funciona muy bien la idea de que menos es más. Entrenar lo justo para evitar dolores o agobios, pero con entrenamientos muy concretos y de mucha calidad.

Si pudieras hablar con tu yo de 20 años antes de una final, ¿qué le dirías?

Chavalín, sal ahí, haz lo que repetiste un millón de veces y, sobre todo, ganes o pierdas, mañana va a salir el sol igual.

¿Sientes que ahora disfrutas más del proceso que del resultado?

Por supuesto. Y es algo de lo que me arrepiento de mi etapa anterior. Fueron pocas veces las que disfruté el proceso. Lo veía todo como una ambición que había que cumplir. Viajar, entrenar, competir… todo muy mecánico. Me hubiese gustado saborear más los viajes, los ratos con los compañeros, las celebraciones después de un buen resultado.

El nivel del circuito veterano ha subido muchísimo en los últimos años. ¿Cómo lo estás viendo desde dentro?

Ha subido mucho, y eso es positivo porque hace que el nivel medio aumente. Sin embargo, hay algo que no me gusta: se está confundiendo tomárselo en serio con crispación y tensión excesiva. En campeonatos de España y ligas nacionales hay demasiada presión. Y en veteranos esa crispación no le veo sentido.

¿Te motiva enfrentarte a nombres concretos del circuito actual?

Me motiva enfrentarme a mí mismo. Cuando estaba en activo era muy consciente de que, compitiendo a mi nivel, era muy difícil ganarme. Y ahora sigo con la misma idea. Lo que me motiva es poder desarrollar mi trabajo al 100% y plasmar el nivel que tengo al 100%.

¿Cómo ha cambiado tu preparación física respecto a cuando competías en senior?

Totalmente. Antes entrenaba con un único objetivo: rendimiento competitivo. Ahora entreno como cualquier persona de 42 años. Busco estar en forma y tener calidad de vida.

¿Qué tipo de trabajo físico priorizas ahora?

Sinceramente, no tengo un plan específico y tampoco quiero tenerlo. No quiero pagar peajes ni hacer sacrificios personales. Esta etapa es de disfrute. Sigo haciendo mis entrenamientos de fuerza casi todos los días, sigo siendo el mismo friki de la bici, y esta mini vuelta a la competición no ha cambiado eso.

A nivel técnico, ¿has modificado tu manera de ejecutar el kata con los años?

No te queda otra. Cuando tienes 42 años tu cabeza cree que tiene 20, metes la séptima marcha que tenías entonces y ves que ya no está. Hay que adaptar.

¿Hay katas que hoy sientes más tuyos que en tu etapa joven?

Mi idea del karate es la misma que siempre: mucha importancia al trabajo técnico del estilo, ser muy escrupuloso con el Kihon y con el trabajo técnico. Y físicamente, un karate enérgico, muy físico y atlético.

¿Qué peso tiene ahora la estrategia y la lectura arbitral dentro de tu preparación?

Es algo que pienso, pero como decía antes, no me gusta la excesiva especialización que veo en la competición máster. Me niego a entrar en ese tipo de dinámicas.

¿Qué te ha aportado hoy el Karate Do que no te aportaba cuando solo buscabas ganar?

Una visión más global. La edad y la experiencia te hacen ver todo desde un prisma diferente.

¿En qué momento el karate dejó de ser solo competición para convertirse en camino?

Para mí nunca estuvieron separados. Siempre tuve claro que la competición era una parte del mismo camino, no algo diferente.

¿Cómo influye tu experiencia como seleccionador en tu forma actual de entrenar para competir?

Creo que influyó más al revés: la experiencia como competidor me ayudó como seleccionador. Tantos años compitiendo te convierten en una rata de tatami. Es la mejor escuela tanto para aplicar como entrenador como ahora en categoría máster.

¿Qué significa para ti competir ahora?

Cualquier cosa menos una obligación. Ahora mismo competir significa un pasatiempo, un disfrute y una manera de mantener ocupado a un padre de 42 años.

_____________________________________

Volver a competir no siempre significa volver a lo mismo. A veces significa volver con otra cabeza, con otra vida y con otra escala de prioridades. Y en esa diferencia está lo interesante.

Valentín no habla desde la nostalgia ni desde la necesidad. Habla desde la elección. Entrena cuando puede, compite sin pagar peajes y deja claro que esto, hoy, no puede convertirse en una obligación. Que el tatami está ahí, sí, pero la vida también: un trabajo absorbente, responsabilidades y un hijo de siete años. Y aun así, vuelve.

Vuelve con un cuerpo que le está respetando más de lo esperado, con la idea de que “menos es más” y con una serenidad que antes no tenía: esa que te permite entender que mañana va a salir el sol igual. Vuelve, también, con una mirada crítica hacia lo que ve en el circuito máster: más nivel, sí… pero demasiada crispación para una categoría que, precisamente, debería sumar disfrute.

Quizá por eso esta entrevista deja una sensación clara: la competición puede seguir siendo parte del camino sin devorarlo. Se puede volver sin cuentas pendientes. Se puede competir sin cambiar la vida por un resultado. Y se puede seguir siendo “rata de tatami” sin convertirlo en una cárcel.

Y antes del Campeonato de España Máster, lo veremos ya en acción en Liga Nacional. Además, esta vez lo viviremos de una forma especial: coincidiremos en persona. Estaremos allí, desde dentro, para ver cómo se traduce todo esto en competición real… y contarlo como se merece.

Porque si el circuito máster está cambiando, historias como esta hay que contarlas con los pies en el tatami y la mirada puesta en lo que pasa de verdad. Y en dojodigital lo vamos a contar.

Uxía Folgueira: oro internacional en Venecia, 14 años y ninguna intención de parar

Uxía Folgueira: oro internacional en Venecia, 14 años y ninguna intención de parar

Con solo 14 años, Uxía Folgueira ya ha ganado una de las pruebas más exigentes del circuito mundial base: la Youth League de Venecia. En seis rondas perfectas, dejó atrás a rivales de Francia, EE. UU., Portugal o Serbia, para subirse a lo más alto del podio en kata U14. Pero lo mejor es que eso no la define. No se conforma. No presume. Solo sigue.

En esta entrevista, la subcampeona de Europa por equipos y una de las grandes promesas del kárate español, nos deja claro que lo suyo no es casualidad. Es rutina. Es cabeza. Es equipo. Es pasión. Entrena cada día, compagina estudios y viajes, y aún saca tiempo para compartir todo con naturalidad en redes.

Aquí no hay postureo: hay kime, hay estrategia, hay compañerismo y hay visión de futuro. Uxía nos habla de cómo se vive un Europeo por dentro, qué siente cuando entra al tatami, cómo entrena para pulir un kata hasta el detalle… y por qué sueña con pisar unos Juegos Olímpicos, aunque el kárate aún no esté invitado.

⚠️ Esto no es una entrevista. Es un aviso: Uxía ya está aquí. Y va en serio.

 1. ¿Qué fue lo más difícil y lo más bonito de esa final contra Francia en el Europeo?
Lo más difícil fueron los nervios. Competir contra las actuales campeonas de Europa, en el tatami central, con toda la grada mirándonos y la responsabilidad de representar bien a España… fue muy intenso.
Lo más bonito, sin duda, fue poder cumplir el sueño de estar en una final europea y hacerlo junto a mis compañeras. Ojalá podamos repetirlo muchas veces.

2. ¿Qué papel tienes tú dentro del equipo de kata: más liderazgo, más equilibrio…?
Aunque soy la más joven del equipo, intento animar y relajar a mis compañeras. Me gusta transmitirles energía positiva antes de salir.

3. ¿Qué tiene de especial competir por equipos en kata frente a competir sola?
A mí competir por equipos me encanta. Es algo que hago desde pequeña, y se nota muchísimo el apoyo mutuo. Nos damos fuerza unas a otras, y eso se nota en cada detalle del kata.

4. ¿Qué kata disfrutaste más preparar para el Europeo y por qué?
La kata que más nos motivaba era Annan. La preparamos pensando que sería la elegida para una final… y al final así fue. Sabíamos que si llegábamos a ese momento, queríamos darlo todo con ella.

5. ¿Cómo llevas los días en que no sale nada bien? ¿Te enfadas, te ríes, te picas más?
Me pico conmigo misma. Cuando cometo un error, suelo repetirlo hasta que me salga. No paro hasta corregirlo.

6. ¿Tienes alguna manía o rutina justo antes de salir al tatami?
Sí: antes de salir siempre salto un poco y me doy dos veces las manos. Es una costumbre que tengo desde hace tiempo.

7. ¿Qué te da más respeto: un error técnico, una puntuación injusta o fallarte a ti misma?
Un error técnico, porque no solo me fallo a mí, sino que también puedo fallar a mis compañeras. Y eso pesa más.

8. ¿Qué kata sientes que refleja mejor tu estilo ahora mismo?
Chatanyara. Me gustan las katas físicas, y creo que son las que mejor se adaptan a mi forma de competir.

9. ¿Eres más de repetir mil veces o de entender bien y luego pulir?
Soy más de repetir muchas veces. Al repetir, acabo entendiendo mejor lo que hago. Es como entreno casi siempre.

10. ¿Cómo te organizas para compaginar tantos entrenamientos con los estudios?
Sacrificando muchas cosas. A veces es complicado, pero con organización y, sobre todo, mucho sacrificio, al final se puede con todo.

11. ¿Hay alguna rival en España o fuera a la que le tengas especial respeto o con la que te gustaría competir?
No tengo una en concreto. En España tenemos muchísimo nivel en kata, en todos los estilos. Cada campeonato es una oportunidad para medirte con grandes competidoras.

12. ¿Qué te hace ilusión compartir en redes: resultados, entrenos, viajes…?
Comparto un poco de todo. Me gusta publicar los resultados porque cuesta mucho conseguirlos, pero también momentos fuera del tatami: entrenos, viajes, amigos… Todo forma parte de mi vida como karateka.

Uxía Folgueira no necesita titulares inflados. Habla como entrena: con claridad, constancia y sin adornos.
En cada respuesta hay una atleta que ya compite a nivel europeo, pero que sigue estudiando, entrenando y compartiendo su camino con naturalidad.

Mientras otras celebran una medalla, ella piensa en el siguiente kata. Mientras muchos miran el marcador, ella está corrigiendo un detalle técnico.
Esa mentalidad es la que marca la diferencia.

A los 14 años, Uxía ya está en la conversación. Lo que viene ahora no es promesa, es presente.
Y si el kárate español tiene una generación especial en kata… ella está en primera línea.

Ernesto: del tatami a la roca. La historia de un karateka que convirtió la enfermedad en su mayor ascenso.

Ernesto: del tatami a la roca. La historia de un karateka que convirtió la enfermedad en su mayor ascenso.

Ernesto y yo compartimos muchas cosas en común: el amor por el karate, la pasión por la escalada y, también, algo mucho menos visible pero que marca profundamente la vida de quienes lo padecen: una enfermedad inflamatoria intestinal. En mi caso es Crohn, en el suyo Colitis Ulcerosa. A muchos estos nombres os sonarán a chino, pero son realidades que condicionan la vida de quienes las sufrimos.

En el caso de Ernesto, lejos de pararle, esa condición le ha empujado a reinventarse. Aunque sigue vinculado al mundo del karate, se ha volcado en la escalada, uno de los deportes más duros que existen, pero también de los que más satisfacciones regalan: esfuerzo puro convertido en adrenalina y endorfinas.

Quienes convivimos con este tipo de enfermedades sabemos bien lo que implican, y quizás por eso admiramos todavía más lo que Ernesto hace cada día. Porque él no solo se mide con la roca: inspira. Y eso lo convierte en un HÉROE, en mayúsculas.

Hoy hablamos con él de karate, escalada, su enfermedad y de cómo se ha convertido en un ejemplo a seguir para muchos de nosotros.

1. Ernesto, llevas 25 años vinculado al karate y llegaste a ser subcampeón de España junior, bronce en ligas nacionales y hasta preselección mundial. ¿Cómo recuerdas esa etapa competitiva y qué aprendizajes arrastras todavía hoy?
Como tú bien sabrás, los momentos de pódium, títulos y medallas son muy dulces, pero en la competición, como en la vida, también hay altibajos que hay que aprender a gestionar y saber encajar. La competición es muy bonita, pero también desgasta. A día de hoy agradezco haber podido competir y hacerlo a ese nivel, ya que considero que parte de la persona que soy hoy en día es gracias a la competición y al karate. En cuanto a los aprendizajes, han sido tantos… Sobre todo aprendí a no rendirme: aplicado en ese momento a la competición y, en general, a la vida cuando todo son palos y malas noticias.

2. El brote fuerte y la cirugía marcaron un antes y un después en tu vida. ¿Cómo viviste el momento en el que la ostomía entró en escena y cómo cambió tu manera de ver el deporte?
He de decir que no fue fácil el hecho de apartarme de la competición y tener que dejar de practicar karate. Para mí ha sido mi vida y no concebía el hecho de entrenar y no poder volver a competir. Fue algo duro, pero también bonito. Ahora enfoco el deporte desde el punto de vista del disfrute y para buscar mi límite tanto físico como mental, pero quitándome de presiones innecesarias.

3. ¿Crees que todo lo aprendido durante tu etapa como karateka —la disciplina, la constancia, la capacidad de sacrificio— te ha servido para afrontar las dificultades relacionadas con tu salud y la ostomía?
Por supuesto. Los valores del karate han sido indispensables para afrontar este proceso y para mi vida en general. Aprendes a relativizar los problemas y a resolverlos de una mejor manera, así como a gestionar mejor tus emociones.

4. Muchas personas con enfermedades inflamatorias intestinales sienten un gran miedo cuando escuchan la palabra “ostomía”. ¿Qué mensaje les darías a quienes lo ven como lo peor de la enfermedad?
Creo que mucha gente lo asimila como lo peor por el hecho de que es una amputación, algo en muchos casos irreversible y muy agresivo. Pero les diría que si han soportado el dolor, el sangrado constante, las esperas y la desesperación de probar multitud de tratamientos con la esperanza de que funcionen, con la ostomía lo tendrán mucho más fácil después de la aceptación y el postoperatorio. La vida es más tranquila, sin dolores, sin incertidumbres, y para nada es el final: más bien es el principio de una nueva y mejor vida.

5. A pesar de cerrar la etapa de competición, sigues vinculado al karate como coach, árbitro y organizador. ¿Qué significa para ti seguir conectado al tatami desde otros roles?
El karate ha significado mi vida y ha hecho de mi persona la persona que soy hoy en día. Le debo tanto que, ni aunque quisiera, podría desvincularme. Me continúa apasionando y emocionando, y me encanta poder seguir aportando a futuras generaciones los conocimientos que he podido adquirir de mis entrenadores y compañeros durante todos estos años.

6. ¿Cómo descubriste la escalada y qué te llevó a iniciarte en un mundo que, aunque a primera vista parece muy distante al karate, comparte muchos de sus valores y filosofía?
Desde pequeño he trepado árboles, paredes y algún que otro edificio. Quizás, de alguna manera, era el deporte por el que mi cuerpo se sentía atraído. Siempre he visto a escaladores en alguna ruta de senderismo que he hecho y me he dicho: “algún día estaré ahí”. Creo que era algo que tenía innato y solo hacía falta que pasara algo así para hacerlo posible.

7. Dentro de la escalada hay diferentes modalidades (deportiva, bloque, clásica…). ¿Cuál practicas tú y cuál es la que más disfrutas?
Empecé haciendo bloque, ya que en rocódromo es la modalidad que más se practica. Me empezó a llamar mucho la atención la escalada deportiva (con cuerda y en paredes más altas), que generalmente se realiza en la montaña. Puede que esta última sea con la que más cómodo me siento, ya que además de escalar entran en juego la altura y el riesgo, otras dos variantes con las que me encanta estar en contacto. Así que ahora estoy centrado en eso y en sentirme poco a poco lo más cómodo posible.

8. ¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre el karate y la escalada a la hora de enfrentarte a un reto?
En deportes de alto rendimiento, el trabajo duro, el sacrificio y la preparación tanto física como mental se comparten. Quizás en la escalada, al menos en la deportiva, la preparación psicológica tiene mayor peso y es determinante a la hora de poder encadenar vías más largas o de mayor grado, por el factor del pánico o miedo a la altura o a confiar en apoyos muy pequeños tanto de manos como de pies. Diría que es uno de los mayores problemas a la hora de subir de grado en la escalada. Por otro lado, el karate tiene un factor bastante determinante que no depende de nosotros mismos —el arbitraje y el adversario al que nos enfrentamos—, mientras que en la escalada todo depende de nosotros mismos, algo que me atrae mucho más de este deporte.

9. Has fijado un objetivo muy claro: convertirte en la primera persona ostomizada del mundo en encadenar un 8a en escalada deportiva. ¿De dónde nace esa ambición y cómo estás estructurando el camino para llegar ahí?
Empecé en la escalada como cuando empiezo en cualquier deporte: por lo atractivo del propio deporte, sin dejar de disfrutar, pero también para poder superarme a mí mismo y encontrar mi límite. Un límite que poco a poco me he dado cuenta de que está mucho más allá de lo que creía. Sé que soy capaz. Me estoy esforzando mucho y, si las lesiones y circunstancias me respetan, lo conseguiré encadenar. No tengo prisa: es un objetivo a largo plazo, ya que es un grado muy duro y bastante complicado de alcanzar para cualquier escalador. Así que ahora simplemente estoy escalando más y mejor cada día, intentando absorber todo lo que puedo de mis compañeros más experimentados y esforzándome día a día, llevando mi cuerpo a ese límite.

10. Ahora mismo estás en proyectos de 7b/7b+, con la mirada puesta más arriba. ¿Cómo entrenas y gestionas los días buenos y los días malos, física y mentalmente?
Evidentemente mi realidad es totalmente distinta a la de una persona sana al 100%. Hay días en los que simplemente levantarme de la cama se hace un mundo. El cansancio extremo, mi cabeza luchando contra mi cuerpo para poder continuar… pero se hace complicado. Esos días simplemente los dejo pasar, no lucho contra ello. Hay que descansar y aceptarlo. Hay días en la montaña de frustración, pero rápidamente lo redirijo hacia algo constructivo: en vez de una derrota, es un aprendizaje. Aprendizaje para estructurar mis entrenamientos de otra manera o saber dónde está mi límite físico. Al fin y al cabo, de todo se aprende y se mejora. Si ese día no se puede, mañana será mejor. Lo único que tengo claro es que no voy a abandonar.


11. Has mencionado que no quieres perder el componente de diversión. Después de tantos años de competir, ¿cómo equilibras esa búsqueda del límite con disfrutar del proceso?
Simplemente mantengo constantemente esa idea en mi cabeza: es momento de no machacarse y de divertirse, pero no solo en la roca, sino también en la vida.

12. A nivel personal, ¿qué te está enseñando esta etapa de tu vida que no te enseñó la alta competición?
Que hay que disfrutar de cada día como si fuese el último, porque literalmente puede serlo. Que hay que preocuparse menos por ciertos “problemas” que en realidad no lo son y que debemos intentar quitarnos presión de encima, porque sin esa presión muchas veces actuamos o competimos mucho mejor.

13. Muchos karatekas y deportistas pasan por lesiones, operaciones o momentos duros donde piensan en dejarlo. ¿Qué mensaje les darías tú desde tu experiencia?
Simplemente que hay veces que tenemos unos planes, pero que la vida tiene otros distintos para nosotros y hay que aceptarlos. Hay que enfocarlo todo desde otra perspectiva para poder recuperarnos y continuar, sin pensar en por qué ha pasado o qué nos ha podido quitar.

14. Para terminar, ¿cómo te imaginas en unos años? ¿Más calmado, como dices, o sigues viéndote persiguiendo nuevos objetivos?
No tengo idea de calmarme en cuanto a mis aventuras, jajaja, pero sí quizás en cuanto al nivel de exigencia. De momento me encuentro muy bien, muy fuerte, motivado y con muchísimas ganas de comerme la vida, que creo que es de lo que se trata.

Escuchar a Ernesto es recordar por qué el karate no termina en el tatami. Su historia no habla solo de medallas, ni siquiera de escalada o de ostomías: habla de vida, de resistencia y de esa serenidad que solo se alcanza cuando uno ha pasado por la tormenta y ha decidido seguir.

Lo que en muchos sería un punto final, para él fue un punto y seguido. Transformó el dolor en impulso, la renuncia en reinvención, y la enfermedad en una forma distinta de medir la fuerza: no por los kilos que levantas ni por el grado que encadenas, sino por la capacidad de seguir avanzando, aunque el cuerpo y la mente digan basta.

Quizá por eso su historia inspira tanto. Porque mientras algunos ven límites, Ernesto ve un nuevo comienzo. Porque, como en la escalada, cada agarre —por pequeño que sea— es una oportunidad para subir un poco más alto.