Con solo 14 años, Uxía Folgueira ya ha ganado una de las pruebas más exigentes del circuito mundial base: la Youth League de Venecia. En seis rondas perfectas, dejó atrás a rivales de Francia, EE. UU., Portugal o Serbia, para subirse a lo más alto del podio en kata U14. Pero lo mejor es que eso no la define. No se conforma. No presume. Solo sigue.
En esta entrevista, la subcampeona de Europa por equipos y una de las grandes promesas del kárate español, nos deja claro que lo suyo no es casualidad. Es rutina. Es cabeza. Es equipo. Es pasión. Entrena cada día, compagina estudios y viajes, y aún saca tiempo para compartir todo con naturalidad en redes.
Aquí no hay postureo: hay kime, hay estrategia, hay compañerismo y hay visión de futuro. Uxía nos habla de cómo se vive un Europeo por dentro, qué siente cuando entra al tatami, cómo entrena para pulir un kata hasta el detalle… y por qué sueña con pisar unos Juegos Olímpicos, aunque el kárate aún no esté invitado.
⚠️ Esto no es una entrevista. Es un aviso: Uxía ya está aquí. Y va en serio.
1. ¿Qué fue lo más difícil y lo más bonito de esa final contra Francia en el Europeo? Lo más difícil fueron los nervios. Competir contra las actuales campeonas de Europa, en el tatami central, con toda la grada mirándonos y la responsabilidad de representar bien a España… fue muy intenso. Lo más bonito, sin duda, fue poder cumplir el sueño de estar en una final europea y hacerlo junto a mis compañeras. Ojalá podamos repetirlo muchas veces.
2. ¿Qué papel tienes tú dentro del equipo de kata: más liderazgo, más equilibrio…? Aunque soy la más joven del equipo, intento animar y relajar a mis compañeras. Me gusta transmitirles energía positiva antes de salir.
3. ¿Qué tiene de especial competir por equipos en kata frente a competir sola? A mí competir por equipos me encanta. Es algo que hago desde pequeña, y se nota muchísimo el apoyo mutuo. Nos damos fuerza unas a otras, y eso se nota en cada detalle del kata.
4. ¿Qué kata disfrutaste más preparar para el Europeo y por qué? La kata que más nos motivaba era Annan. La preparamos pensando que sería la elegida para una final… y al final así fue. Sabíamos que si llegábamos a ese momento, queríamos darlo todo con ella.
5. ¿Cómo llevas los días en que no sale nada bien? ¿Te enfadas, te ríes, te picas más? Me pico conmigo misma. Cuando cometo un error, suelo repetirlo hasta que me salga. No paro hasta corregirlo.
6. ¿Tienes alguna manía o rutina justo antes de salir al tatami? Sí: antes de salir siempre salto un poco y me doy dos veces las manos. Es una costumbre que tengo desde hace tiempo.
7. ¿Qué te da más respeto: un error técnico, una puntuación injusta o fallarte a ti misma? Un error técnico, porque no solo me fallo a mí, sino que también puedo fallar a mis compañeras. Y eso pesa más.
8. ¿Qué kata sientes que refleja mejor tu estilo ahora mismo? Chatanyara. Me gustan las katas físicas, y creo que son las que mejor se adaptan a mi forma de competir.
9. ¿Eres más de repetir mil veces o de entender bien y luego pulir? Soy más de repetir muchas veces. Al repetir, acabo entendiendo mejor lo que hago. Es como entreno casi siempre.
10. ¿Cómo te organizas para compaginar tantos entrenamientos con los estudios? Sacrificando muchas cosas. A veces es complicado, pero con organización y, sobre todo, mucho sacrificio, al final se puede con todo.
11. ¿Hay alguna rival en España o fuera a la que le tengas especial respeto o con la que te gustaría competir? No tengo una en concreto. En España tenemos muchísimo nivel en kata, en todos los estilos. Cada campeonato es una oportunidad para medirte con grandes competidoras.
12. ¿Qué te hace ilusión compartir en redes: resultados, entrenos, viajes…? Comparto un poco de todo. Me gusta publicar los resultados porque cuesta mucho conseguirlos, pero también momentos fuera del tatami: entrenos, viajes, amigos… Todo forma parte de mi vida como karateka.
Uxía Folgueira no necesita titulares inflados. Habla como entrena: con claridad, constancia y sin adornos. En cada respuesta hay una atleta que ya compite a nivel europeo, pero que sigue estudiando, entrenando y compartiendo su camino con naturalidad.
Mientras otras celebran una medalla, ella piensa en el siguiente kata. Mientras muchos miran el marcador, ella está corrigiendo un detalle técnico. Esa mentalidad es la que marca la diferencia.
A los 14 años, Uxía ya está en la conversación. Lo que viene ahora no es promesa, es presente. Y si el kárate español tiene una generación especial en kata… ella está en primera línea.
Ernesto y yo compartimos muchas cosas en común: el amor por el karate, la pasión por la escalada y, también, algo mucho menos visible pero que marca profundamente la vida de quienes lo padecen: una enfermedad inflamatoria intestinal. En mi caso es Crohn, en el suyo Colitis Ulcerosa. A muchos estos nombres os sonarán a chino, pero son realidades que condicionan la vida de quienes las sufrimos.
En el caso de Ernesto, lejos de pararle, esa condición le ha empujado a reinventarse. Aunque sigue vinculado al mundo del karate, se ha volcado en la escalada, uno de los deportes más duros que existen, pero también de los que más satisfacciones regalan: esfuerzo puro convertido en adrenalina y endorfinas.
Quienes convivimos con este tipo de enfermedades sabemos bien lo que implican, y quizás por eso admiramos todavía más lo que Ernesto hace cada día. Porque él no solo se mide con la roca: inspira. Y eso lo convierte en un HÉROE, en mayúsculas.
Hoy hablamos con él de karate, escalada, su enfermedad y de cómo se ha convertido en un ejemplo a seguir para muchos de nosotros.
1. Ernesto, llevas 25 años vinculado al karate y llegaste a ser subcampeón de España junior, bronce en ligas nacionales y hasta preselección mundial. ¿Cómo recuerdas esa etapa competitiva y qué aprendizajes arrastras todavía hoy? Como tú bien sabrás, los momentos de pódium, títulos y medallas son muy dulces, pero en la competición, como en la vida, también hay altibajos que hay que aprender a gestionar y saber encajar. La competición es muy bonita, pero también desgasta. A día de hoy agradezco haber podido competir y hacerlo a ese nivel, ya que considero que parte de la persona que soy hoy en día es gracias a la competición y al karate. En cuanto a los aprendizajes, han sido tantos… Sobre todo aprendí a no rendirme: aplicado en ese momento a la competición y, en general, a la vida cuando todo son palos y malas noticias.
2. El brote fuerte y la cirugía marcaron un antes y un después en tu vida. ¿Cómo viviste el momento en el que la ostomía entró en escena y cómo cambió tu manera de ver el deporte? He de decir que no fue fácil el hecho de apartarme de la competición y tener que dejar de practicar karate. Para mí ha sido mi vida y no concebía el hecho de entrenar y no poder volver a competir. Fue algo duro, pero también bonito. Ahora enfoco el deporte desde el punto de vista del disfrute y para buscar mi límite tanto físico como mental, pero quitándome de presiones innecesarias.
3. ¿Crees que todo lo aprendido durante tu etapa como karateka —la disciplina, la constancia, la capacidad de sacrificio— te ha servido para afrontar las dificultades relacionadas con tu salud y la ostomía? Por supuesto. Los valores del karate han sido indispensables para afrontar este proceso y para mi vida en general. Aprendes a relativizar los problemas y a resolverlos de una mejor manera, así como a gestionar mejor tus emociones.
4. Muchas personas con enfermedades inflamatorias intestinales sienten un gran miedo cuando escuchan la palabra “ostomía”. ¿Qué mensaje les darías a quienes lo ven como lo peor de la enfermedad? Creo que mucha gente lo asimila como lo peor por el hecho de que es una amputación, algo en muchos casos irreversible y muy agresivo. Pero les diría que si han soportado el dolor, el sangrado constante, las esperas y la desesperación de probar multitud de tratamientos con la esperanza de que funcionen, con la ostomía lo tendrán mucho más fácil después de la aceptación y el postoperatorio. La vida es más tranquila, sin dolores, sin incertidumbres, y para nada es el final: más bien es el principio de una nueva y mejor vida.
5. A pesar de cerrar la etapa de competición, sigues vinculado al karate como coach, árbitro y organizador. ¿Qué significa para ti seguir conectado al tatami desde otros roles? El karate ha significado mi vida y ha hecho de mi persona la persona que soy hoy en día. Le debo tanto que, ni aunque quisiera, podría desvincularme. Me continúa apasionando y emocionando, y me encanta poder seguir aportando a futuras generaciones los conocimientos que he podido adquirir de mis entrenadores y compañeros durante todos estos años.
6. ¿Cómo descubriste la escalada y qué te llevó a iniciarte en un mundo que, aunque a primera vista parece muy distante al karate, comparte muchos de sus valores y filosofía? Desde pequeño he trepado árboles, paredes y algún que otro edificio. Quizás, de alguna manera, era el deporte por el que mi cuerpo se sentía atraído. Siempre he visto a escaladores en alguna ruta de senderismo que he hecho y me he dicho: “algún día estaré ahí”. Creo que era algo que tenía innato y solo hacía falta que pasara algo así para hacerlo posible.
7. Dentro de la escalada hay diferentes modalidades (deportiva, bloque, clásica…). ¿Cuál practicas tú y cuál es la que más disfrutas? Empecé haciendo bloque, ya que en rocódromo es la modalidad que más se practica. Me empezó a llamar mucho la atención la escalada deportiva (con cuerda y en paredes más altas), que generalmente se realiza en la montaña. Puede que esta última sea con la que más cómodo me siento, ya que además de escalar entran en juego la altura y el riesgo, otras dos variantes con las que me encanta estar en contacto. Así que ahora estoy centrado en eso y en sentirme poco a poco lo más cómodo posible.
8. ¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre el karate y la escalada a la hora de enfrentarte a un reto? En deportes de alto rendimiento, el trabajo duro, el sacrificio y la preparación tanto física como mental se comparten. Quizás en la escalada, al menos en la deportiva, la preparación psicológica tiene mayor peso y es determinante a la hora de poder encadenar vías más largas o de mayor grado, por el factor del pánico o miedo a la altura o a confiar en apoyos muy pequeños tanto de manos como de pies. Diría que es uno de los mayores problemas a la hora de subir de grado en la escalada. Por otro lado, el karate tiene un factor bastante determinante que no depende de nosotros mismos —el arbitraje y el adversario al que nos enfrentamos—, mientras que en la escalada todo depende de nosotros mismos, algo que me atrae mucho más de este deporte.
9. Has fijado un objetivo muy claro: convertirte en la primera persona ostomizada del mundo en encadenar un 8a en escalada deportiva. ¿De dónde nace esa ambición y cómo estás estructurando el camino para llegar ahí? Empecé en la escalada como cuando empiezo en cualquier deporte: por lo atractivo del propio deporte, sin dejar de disfrutar, pero también para poder superarme a mí mismo y encontrar mi límite. Un límite que poco a poco me he dado cuenta de que está mucho más allá de lo que creía. Sé que soy capaz. Me estoy esforzando mucho y, si las lesiones y circunstancias me respetan, lo conseguiré encadenar. No tengo prisa: es un objetivo a largo plazo, ya que es un grado muy duro y bastante complicado de alcanzar para cualquier escalador. Así que ahora simplemente estoy escalando más y mejor cada día, intentando absorber todo lo que puedo de mis compañeros más experimentados y esforzándome día a día, llevando mi cuerpo a ese límite.
10. Ahora mismo estás en proyectos de 7b/7b+, con la mirada puesta más arriba. ¿Cómo entrenas y gestionas los días buenos y los días malos, física y mentalmente? Evidentemente mi realidad es totalmente distinta a la de una persona sana al 100%. Hay días en los que simplemente levantarme de la cama se hace un mundo. El cansancio extremo, mi cabeza luchando contra mi cuerpo para poder continuar… pero se hace complicado. Esos días simplemente los dejo pasar, no lucho contra ello. Hay que descansar y aceptarlo. Hay días en la montaña de frustración, pero rápidamente lo redirijo hacia algo constructivo: en vez de una derrota, es un aprendizaje. Aprendizaje para estructurar mis entrenamientos de otra manera o saber dónde está mi límite físico. Al fin y al cabo, de todo se aprende y se mejora. Si ese día no se puede, mañana será mejor. Lo único que tengo claro es que no voy a abandonar.
11. Has mencionado que no quieres perder el componente de diversión. Después de tantos años de competir, ¿cómo equilibras esa búsqueda del límite con disfrutar del proceso? Simplemente mantengo constantemente esa idea en mi cabeza: es momento de no machacarse y de divertirse, pero no solo en la roca, sino también en la vida.
12. A nivel personal, ¿qué te está enseñando esta etapa de tu vida que no te enseñó la alta competición? Que hay que disfrutar de cada día como si fuese el último, porque literalmente puede serlo. Que hay que preocuparse menos por ciertos “problemas” que en realidad no lo son y que debemos intentar quitarnos presión de encima, porque sin esa presión muchas veces actuamos o competimos mucho mejor.
13. Muchos karatekas y deportistas pasan por lesiones, operaciones o momentos duros donde piensan en dejarlo. ¿Qué mensaje les darías tú desde tu experiencia? Simplemente que hay veces que tenemos unos planes, pero que la vida tiene otros distintos para nosotros y hay que aceptarlos. Hay que enfocarlo todo desde otra perspectiva para poder recuperarnos y continuar, sin pensar en por qué ha pasado o qué nos ha podido quitar.
14. Para terminar, ¿cómo te imaginas en unos años? ¿Más calmado, como dices, o sigues viéndote persiguiendo nuevos objetivos? No tengo idea de calmarme en cuanto a mis aventuras, jajaja, pero sí quizás en cuanto al nivel de exigencia. De momento me encuentro muy bien, muy fuerte, motivado y con muchísimas ganas de comerme la vida, que creo que es de lo que se trata.
Escuchar a Ernesto es recordar por qué el karate no termina en el tatami. Su historia no habla solo de medallas, ni siquiera de escalada o de ostomías: habla de vida, de resistencia y de esa serenidad que solo se alcanza cuando uno ha pasado por la tormenta y ha decidido seguir.
Lo que en muchos sería un punto final, para él fue un punto y seguido. Transformó el dolor en impulso, la renuncia en reinvención, y la enfermedad en una forma distinta de medir la fuerza: no por los kilos que levantas ni por el grado que encadenas, sino por la capacidad de seguir avanzando, aunque el cuerpo y la mente digan basta.
Quizá por eso su historia inspira tanto. Porque mientras algunos ven límites, Ernesto ve un nuevo comienzo. Porque, como en la escalada, cada agarre —por pequeño que sea— es una oportunidad para subir un poco más alto.
Carlota Fernández Osorio es una de las grandes referentes del kárate cántabro y español. Campeona del mundo por equipos en 2023, varias veces campeona de España en kumite y con un palmarés que incluye medallas en Premier League y Campeonatos de Europa, su nombre se ha ganado un lugar en la élite internacional. Su estilo táctico, su capacidad de adaptación y su fortaleza mental la han convertido en un ejemplo para muchos karatekas. Además de su faceta deportiva, Carlota es abogada deportiva y concejala en el Ayuntamiento de Noja, demostrando que la disciplina y el liderazgo del tatami también los lleva a su vida profesional y personal.
Hoy hablamos con ella en DojoDigital.es sobre su trayectoria, su estilo de combate, la reciente lesión que la ha apartado de los tatamis y sus objetivos de futuro.
1. Carlota, cuéntanos un poco cómo empezaste en el kárate en Cantabria y cómo fue ese camino que te llevó desde tus primeros títulos hasta convertirte en campeona de España y del mundo.
Comencé por casualidad, o cosas del destino. En mi pueblo (Noja) no existía mucha oferta deportiva, y entre las opciones la que mejor me venía fue el kárate. Además, unos amigos también comenzaron conmigo a los 6-7 años.
Lo que sí tenía claro desde pequeña es que, en el deporte que fuera, quería destacar. He sido siempre muy competitiva.
2. Sabemos que pasaste de competir en -55 kg a -61 kg. ¿Cómo fue esa transición y qué retos tuviste que afrontar al cambiar de categoría?
Fue un reto a nivel mental más que físico o de modificar la forma de pelear. Llevábamos mucho tiempo sufriendo y con grandes dificultades para dar el peso, incluso con lesiones y enfermedades añadidas.
Me costó mucho dar el paso porque lo veía como “una derrota”. Sin embargo, las opciones reales, hablando de salud, eran dejar el kárate o probar en esta nueva categoría como un nuevo comienzo. La realidad es que salió todo muy bien: conseguí el oro en el primer Campeonato de España en esta categoría y rendí a buen nivel en el circuito internacional.
3. ¿Cómo describirías tu estilo de combate en kumite? ¿Hay alguna técnica o estrategia que consideres tu sello personal?
Considero que mi estilo está muy marcado por mi forma de ser y de entrenar. Es un estilo muy físico, donde intento ser muy explosiva y donde creo que no me faltan recursos para resolver situaciones.
Le damos mucha importancia a la preparación física, por un lado. Por otro, nunca me ha gustado limitarme a la hora de entrenar: trabajo de todo, con ambas guardias, etc.
4. Muchos te describen como una competidora muy táctica y estratégica. ¿Podrías contarnos cómo trabajas esa parte en tus entrenamientos? ¿Hay algún ejercicio o preparación específica que te ayude a afinar esa capacidad de leer al rival?
Es un elemento que hemos ido introduciendo poco a poco, incluso regulando, porque en algún momento “nos hemos pasado”. Es difícil encontrar el equilibrio entre preparar una estrategia para el rival sin perder tu propia esencia y forma de pelear.
Lo trabajamos en conjunto con mi entrenador y lo preparamos en función del campeonato y del momento de la temporada.
Lo que sí es cierto es que en cada entrenamiento cada ejercicio tiene un porqué, una razón táctica aplicable al combate. Se trata de no “hacer por hacer”, sino de darle sentido a todo.
5. Últimamente se habla mucho de entrenamientos online en el kárate. ¿Has probado alguno o qué opinas de esa forma de entrenar? ¿Crees que pueden complementar bien el entrenamiento presencial?
Creo que es una forma accesible y bonita de conocer atletas y entrenadores de todo el mundo, además de aprender y compartir la forma de hacer kárate.
Durante la pandemia pude organizar algunos entrenamientos con amigos y deportistas de todas partes del mundo, y fue una gran experiencia para los chicos y chicas de mi club.
No sustituye de ninguna forma el entrenamiento diario y presencial, pero pienso que siempre se puede aprender o aportar algo hablando un idioma tan internacional como el kárate.
6. A lo largo de tu carrera, ¿hubo algún momento clave o alguna experiencia que marcó un antes y un después para ti en el tatami?
Cada etapa de mi carrera ha estado marcada por muchos momentos. Sería injusto no valorar el primer oro en un Campeonato de España absoluto o la primera convocatoria para un Campeonato de Europa con la selección absoluta.
Otro momento clave, para bien y para mal, fue el proceso de clasificación olímpica. Darme cuenta de que estaba a ese gran nivel, consiguiendo medallas en el circuito internacional más duro que se recuerda, y quedarme tan cerca en ese Campeonato Preolímpico… No conseguirlo fue duro, pero a día de hoy lo valoro muy positivamente.
Y por último, sin duda, el oro conseguido en el Campeonato del Mundo de Budapest. Es una tranquilidad saber que “ya lo hemos conseguido” y eso no nos lo quita nadie. Me habría gustado poder disfrutarlo más, pero por culpa de esas dos lesiones casi no he competido desde entonces.
7. Hemos visto que enfrentaste una lesión importante recientemente. ¿Cómo fue ese proceso de recuperación y qué te ha enseñado a nivel personal y deportivo?
Han sido dos años muy duros. En el Campeonato del Mundo de 2023 sufrí una luxación completa de hombro que me alejó de los tatamis nada más proclamarnos campeonas del mundo. Menos de un año después llegó la lesión de rodilla (rotura de LCA, menisco y LLI).
El proceso no ha sido fácil. Pero si algo me caracteriza es la constancia y la disciplina. Gracias a eso, conseguí el alta a los 7 meses, cuando normalmente este tipo de operaciones requieren 10-12 meses. Ese dato habla por sí solo de cómo ha sido la recuperación.
Todavía es difícil hacer una valoración final porque queda la parte más complicada: volver al tatami de competición y adaptarme poco a poco al nivel al que quiero estar. Sin duda hemos puesto todo de nuestra parte.
8. Una vez que estés totalmente recuperada, ¿cuáles son tus próximos objetivos o qué te hace más ilusión en esta nueva etapa?
El año 2025 quiero tomármelo como un reto personal, sin más objetivo que rendir bien y sentirme yo en el tatami, sabiendo la dificultad que tiene.
Si consigo eso, en octubre hay una fecha marcada: el torneo de clasificación para el Mundial individual de noviembre. Si no sale, iremos con todo a por 2026, volver a competir el circuito internacional y luchar por las medallas.
También tengo una espinita con el Campeonato del Mundo por equipos. Queremos estar allí y conseguir la tercera medalla consecutiva, y si es de oro, mucho mejor.
9. Desde tu perspectiva, ¿qué crees que hace falta para que el kumite femenino gane aún más visibilidad y apoyo en nuestro país?
Sinceramente, creo que el kumite femenino en España está muy bien valorado. Sin desmerecer el trabajo de los chicos del equipo, las medallas internacionales tanto individuales (con María o Isa como grandes ejemplos) como por equipos nos avalan.
Además, a nivel internacional somos siempre más chicas las que salimos a competir y luchamos por medallas. Creo que sí estamos bien valoradas, y quien no lo quiera ver… tiene un problema.
10. ¿Qué consejo le darías a los karatekas que están empezando ahora y sueñan con llegar a lo más alto, como tú lo has hecho?
Que solo hay un camino: trabajar y seguir pese a todo. Si quieres destacar en categoría absoluta, es fundamental tener en la cabeza que habrá obstáculos. No todo va a estar de cara, pero “el trabajo todo lo vence”.
Ese es mi mantra tras todos estos años de experiencia, porque he comprobado en primera persona que, aunque a veces parezca que los resultados no llegan, la constancia siempre da sus frutos.
Es importante rodearse de un buen equipo, escuchar a los entrenadores y no perder la ilusión por aprender cada día. También disfrutar del camino: competiciones, entrenamientos, incluso los momentos duros. Todo forma parte de lo que te convierte en un verdadero karateka.
Al final, llegar a lo más alto no es solo ganar medallas, sino crecer como persona y como deportista en cada paso del proceso.
11. Además de ser abogada deportiva y concejala en Noja, ¿cómo logras equilibrar tu vida personal con el altísimo nivel competitivo del kárate?
Siempre he creído en la importancia de la carrera dual. La clave está en una buena organización y en tener clara una pirámide de prioridades.
También es fundamental no cargar con la sensación de lo que dejas atrás. Lo importante es no arrepentirse de no haber hecho algo en la vida.
Como anécdota, yo empecé a destacar “tarde”. Curiosamente, cuando mejor me fue en el kárate fue también cuando más tenía que estudiar. Lejos de verlo como un obstáculo, aprendí a autoorganizarme y a crecer tanto en el tatami como fuera de él.
Esa experiencia me enseñó que, con disciplina y motivación, se pueden compaginar perfectamente los estudios, la vida profesional y el deporte de alto nivel.
No voy a negar que hay días que no es fácil continuar con el “yo puedo con todo” y dormir poco. Pero también es parte de la belleza del camino: esforzarse y hacer lo que nadie más es capaz de hacer.
Fotografía por @karateinsights
12. Si tuvieras que elegir un momento de tu carrera que recuerdes con especial cariño, ya sea un combate o una victoria significativa, ¿cuál sería?
Sin duda, el combate de la final del Campeonato del Mundo de 2023.
Tener que salir a decidir en el tercer combate contra la que el día anterior se había proclamado campeona del mundo individual del peso alto, empezar perdiendo y remontar para dar la victoria al equipo… Fue una sensación increíble, uno de esos momentos por los que todo merece la pena.
13. Para cerrar, ¿qué te gustaría decirle a la comunidad de karatekas que te sigue y te admira, especialmente a través de DojoDigital?
En primer lugar, muchas gracias por pensar en mí para esta entrevista. Estoy muy agradecida por cada muestra de cariño que recibo, por todos esos mensajes tan bonitos que me animan a seguir, sobre todo en estos últimos tiempos difíciles.
Para mí, que se me valore por cómo entreno y por la disciplina que intento mantener es, sin duda, el mejor halago que puedo recibir, más que cualquier medalla.
Nunca imaginé que pudiera ser un ejemplo para nadie. Ahora que veo que quizá lo soy, lo vivo como un auténtico privilegio, pero también como una gran responsabilidad que espero saber llevar con la misma humildad y compromiso con los que afronto cada entrenamiento.
Con estas palabras, Carlota Fernández Osorio deja claro que su historia no se mide solo en medallas, sino en constancia, disciplina y pasión por el kárate. Su trayectoria es un ejemplo de cómo afrontar los retos con humildad y trabajo, dentro y fuera del tatami.
Desde dojodigital.es solo podemos agradecerle su cercanía y generosidad en esta entrevista, y desearle una pronta recuperación para volver a verla donde mejor se expresa: en la competición, inspirando a toda la comunidad karateka.
1. Cesc, vienes de conseguir medallas en campeonatos nacionales e internacionales. ¿En qué momento sentiste que diste el salto al nivel élite del kata senior? En el momento en el que intenté mostrar mi personalidad en los katas. No solo inspirarme en otros karatekas o copiar la manera en que otros entrenan, sino poner mi propia personalidad. Creo que eso fue muy bueno. En cuanto empecé a hacerlo, a nivel internacional empecé a pasar rondas y, de hecho, conseguí la medalla de bronce en la Serie A con 21 años. Y fue simplemente eso: dar un poquito mi personalidad, sin copiar a ningún japonés ni mirar vídeos. Intenté leer el kata a mi manera e interpretarlo como yo lo sentía, incluso cambiando ritmos o algún detalle para poder hacerlo realmente al 100% como yo lo sentía, y no solo por hacer o por imitar el kata que hacen otros.
2. España vive un momento de transición tras la retirada de Sandra Sánchez. ¿Cómo ves el futuro del kata español y qué papel te gustaría jugar en esta nueva etapa? Sí, totalmente. Pienso que el kárate español está en plena transición. De hecho, hay nuevos componentes y nuevos equipos de kata, kata individual… un poco de todo. Y la verdad es que está saliendo muy bien. Por suerte, el kárate español en kata goza de una salud buenísima, así que no creo que tenga ningún problema. A mí me gustaría representar a España, sea en individual o en equipo, no lo sé, pero sí que me encantaría poder hacerlo en algún campeonato internacional. Creo que la generación que viene ahora está muy preparada: vienen muy concienciados y la preparación es diferente a la de antes. Se nota muchísimo. Lo que marcó un antes y un después fue Sandra junto a su entrenador Jesús, porque implantaron un trabajo físico y mental más integrado con la preparación del kata tradicional. Eso ha trascendido mucho en los karatekas y aquí en España se está incorporando en los entrenos, y se nota un montón. Confío mucho en lo que viene.
3. Has competido en eventos como la Serie A. ¿Qué diferencias notas entre el circuito internacional y el nacional? La verdad es que noto muchísimas diferencias. Lo he hablado con muchos amigos míos de la competición, tanto de Baleares como de otras comunidades que también compiten a nivel internacional. Por ejemplo, creo que se valoran cosas distintas: a nivel nacional se aprecia un poco más el dinamismo y la viveza del kata, mientras que a nivel internacional se valora más la técnica, las respiraciones, los contrastes de ritmo… un kata más pausado. Por eso, los competidores también eligen katas diferentes: unos que lucen más a nivel nacional y otros que destacan más a nivel internacional. Incluso, el mismo kata no obtendría la misma puntuación en ambos circuitos. Puedes hacerlo de una manera para que te valoren mejor en España y cambiar ritmos o alguna técnica para que te lo valoren más fuera. Esto pasa mucho.
4. Si tuvieras que elegir un kata que haya marcado tu carrera, ¿cuál sería? ¿Y cuál es el que más disfrutas entrenar? Un Kata que ha marcado mi carrera, si lo tuviera que decir ahora, sería Chibana. Porque fue el Kata que me motivó a volver a entrenar y a competir a alto nivel. Fue el que me impulsó, la verdad. Era con el que iba con ganas a entrenar para aprendérmelo y con ganas de sacarlo en rondas y de que la gente lo vea. Y de demostrar que he vuelto a competir y he vuelto a entrenar duro, muy duro. Y fue con este Kata con el que yo me motivé, gracias a este Kata, la verdad. Y el que más disfruto de entrenar, sin duda, Suparinpei. Suparinpei es mi Kata favorito. Es con el que creo que mejores cualidades puedo mostrar de mí mismo, porque tiene mucho contraste de ritmos y eso creo que es uno de mis puntos fuertes: marcar ritmo lento y fluido con explosividad. Y creo que Suparinpei, del estilo de Goju Ryu, de hecho últimamente se hace muchísimo a nivel internacional, en semifinales, finales o luchas por medalla. Es con el que más disfruto de entrenar porque todo esto lo tiene. Además, es largo, requiere condición física. Es un Kata que creo que hace mucha gente, pero que muy poquita gente lo hace bien, ¿sabes? Porque no creo en que un Kata tenga que ser mejor que otro solo porque es más largo. De hecho, por ejemplo, soy muy fan también del Kata Kururunfa, de Goju Ryu, porque también tiene estos cambios de ritmo, estos contrastes de potencia y de fluidez, y es un Kata relativamente cortito. Pero no tiene por qué situarlo por debajo de otros Katas que son más largos. Yo no creo en eso: creo simplemente en cómo se ejecuta el Kata, cómo lo controlas y cómo dominas el Kata. Da igual el nombre y da igual lo largo que sea. De hecho, debería dar igual. A veces no es así, pero debería dar igual qué Kata ejecutas. La cuestión es tú cómo lo haces y lo que transmites. Eso es lo realmente importante.
5. ¿Qué aspecto técnico del kata sigues trabajando con más intensidad? ¿Sientes que hay un área en la que aún tienes mucho margen de mejora? La parte mental, la psicología en el kata. Creo que es lo que más puede trascender a la gente, tanto a la que sabe de kárate como a la que no, que está en el público o incluso viendo la tele. Es lo que más queda, lo que tú transmites. De hecho, he sido testigo de campeonatos en los que no se ha valorado del todo la técnica, la condición física o ciertos puntos… y, al final, con lo que uno se queda es con lo que transmites cuando sales al tatami. Con ese kata que recuerdas y que te sorprende. Hay una frase que me gusta mucho: “No se trata de gustar, sino de causar impresión”. Y creo que esa parte en el kata se puede trabajar muchísimo. No me gusta ver competidores que simplemente ejecutan el kata, colocan las técnicas, colocan los pies y los brazos, y se van sin más. No: hay que intentar sacar lo que uno lleva dentro a través de esos movimientos. Es una oportunidad para transmitir sin hablar, y eso hay que trabajarlo mucho. ¿Un área en la que aún tengo mucho margen de mejora? Sí, muchísimas. Todas. No creo que tenga nada que sobresalga especialmente. Sí que tengo cualidades en cuanto a condición física, pero en el área técnica, por ejemplo, tengo muchísimo margen de mejora. Incluso en katas que estoy aprendiendo ahora, de otros estilos que no había trabajado antes. Sí, tengo muchísimo margen de mejora aún.
Fotografía por Karateinsight
6. ¿Cómo es un día de entrenamiento para ti? ¿Cómo distribuyes el trabajo físico, técnico y mental? Si tengo el tiempo suficiente, siempre hago algún entreno físico de fuerza en el gimnasio, porque creo que ese trabajo es lo que también te da la explosividad en los katas, si lo haces de la manera correcta. Luego hago trabajos isométricos, de fuerza isométrica, y después ya la parte técnica del kata: sea por series, kata entero o trabajo por parejas para hacer el bunkai y entender mejor el kata. Hoy en día tenemos la oportunidad de aprender todo esto gracias a internet, así que creo que es una fuente de información que se puede explotar muchísimo para entender mejor el kárate, además de viajar y aprender de otras escuelas, porque eso es lo que realmente nutre al karate: aprender entre nosotros. Al final siempre incluyo una vuelta a la calma con estiramientos, relajación y respiraciones, algo muy importante en el estilo de Goju Ryu por el tipo de respiraciones que llevan sus katas, como Kururunfa, Suparinpei o incluso Papuren de Shito Ryu, que también tiene cambios de ritmo en los que la respiración es fundamental. Esto hay que trabajarlo un poco cada día, no dejarlo de lado. Así que mi rutina es física y técnica cada día y, si tengo tiempo, también mental al final. Siempre empiezo con el trabajo físico y luego paso al kárate y al kata, en ese orden.
7. ¿Qué importancia le das al trabajo de fuerza y pliometría en la preparación del kata moderno? Muchísima. Pliometría, muchísima. Sí, como he dicho antes, yo lo hago. Lo hago cada día. El trabajo de fuerza, tanto con lastre como sin lastre, creo que es primordial para el kata hoy en día. Es lo que le da un salto de calidad, totalmente, al nivel físico. Pero siempre enfocado al kárate. No basta con levantar peso, hacer máquinas o pesas. Tiene que ser un trabajo de fuerza centrado en los movimientos que vas a ejecutar en los katas, en el kárate, siempre que se pueda adaptar. Si no, sí tendrá beneficios, pero no del todo. Por eso, yo siempre diría que sí: trabajo de fuerza y pliometría, pero no aislado, sino adaptado siempre al kárate y al kata.
8. En un deporte tan perfeccionista como el kata, ¿cómo gestionas la frustración cuando algo no sale como esperabas? Intento observar. Siempre. Porque a veces pasa que uno pierde y no sabe por qué. Muchos competidores, si están leyendo esto, sabrán a lo que me refiero. Una cosa muy diferente es que pierdas porque el adversario es claramente superior a ti: en técnica, físicamente o porque a ti no te ha salido bien, incluso te has desequilibrado, y tú lo sabes. Genial. Pero creo que la frustración viene cuando te falta información, cuando no sabes por qué has perdido. A lo mejor has perdido por bastante y no lo entiendes; incluso te veías al nivel del adversario o mejor que él… y aun así te han dado perdedor. Creo que ahí es cuando llega la frustración, cuando no lo entiendes. Lo correcto es observar. Observar por qué el otro tal vez ha ganado o por qué, en esta ocasión, ha funcionado una manera diferente de hacer el kata. Observar dónde estamos, recopilar toda la información posible para no frustrarte, no caer en el enfado ni en la confusión, sino aprender, adaptarte… y el lunes, entrenar. Creo que lo peor que puedes hacer es enfadarte y frustrarte e intentar imponer tu estilo si ves que no encaja o no lo valoran. La competición está en constante cambio, en constante movimiento. Es más fácil adaptarte tú al entreno y a la competición actual que esperar que cambien para favorecerte. No te van a dar ganador porque sí: realmente te tienen que ver por encima de tu adversario. Así que yo diría eso: observar, aprender y adaptarte. Es lo mejor.
9. ¿Cuál ha sido el momento más duro de tu carrera hasta ahora? ¿Alguna lesión o experiencia difícil que te haya marcado? Sin duda, la muerte de mi sensei, Ramón Carmona. Él falleció hace un par de años, poco después del COVID, y yo en ese momento ya estaba en una etapa complicada en la competición. Veníamos de la pandemia, que paró todo, y yo apenas entrenaba, estaba bastante desmotivado y veía cosas que no me gustaban. Como he dicho antes, también había muchas cosas que él no entendía, así que ahí reconozco que hubo fallo mío. La muerte de mi maestro me dio un giro de 180 grados en mi manera de ver el kárate. Estuve muy mal y perdido durante mucho tiempo, pero me lo tomé como que él me dio la fuerza y la energía para volver, no solo al nivel de antes, sino para superarlo con creces y disfrutar de este deporte. Aprendí a no frustrarme por conseguir o no medallas, porque al final no vamos a vivir de ellas. Hay que disfrutar de la competición y del kárate. Creo que él, donde esté, me está apoyando y dando fuerzas para hacer todo lo que estoy haciendo ahora: viajes, competiciones, seminarios, películas… todo se está alineando. La vuelta fue muy dura porque todo el mundo sabía que llevaba años sin entrenar a alto nivel ni competir a nivel nacional o internacional. Me tocó caer en primera ronda, no ser seleccionado para el equipo de España, escuchar susurros y comentarios de que ya no estaba al nivel o que me quedaba mucho. Incluso entrar a un club y que apenas te saluden porque has estado fuera. Pero estuve muy arropado por mi actual profesor, David Moulet. A pesar de ser de un estilo distinto al mío —él es de Shotokan y yo vengo de Shito Ryu—, me acogió como a un alumno suyo de toda la vida. Desde hace años nos llevábamos bien y entrenaba con él y con sus alumnos, que son amigos míos. Me apoyó en todo: entrenar, darme caña, invitarme a campeonatos… gracias a eso fui subiendo de nivel hasta volver a sentirme cómodo en el tatami, tanto a nivel nacional como internacional. Sí, la muerte de mi maestro fue un antes y un después en mi carrera, pero me lo tomé como que él me dio fuerza para volver.
Fotografía por Cheffotto
10. ¿Qué significa para ti el éxito? ¿Medallas, reconocimiento o simplemente disfrutar del proceso y del camino? Para mí, el éxito en el kárate es disfrutar. Creo que el nivel máximo al que se puede llegar es disfrutar del kárate. No me gusta nada ver competidores que, como he dicho antes, imitan a otros, colocan los brazos y las piernas sin intención, y que si no consiguen medalla se frustran o, si dejan de competir, abandonan el kárate. Ahí es donde se ve realmente a quién le gusta este deporte. La competición es solo una parte muy pequeña del kárate. Si de verdad te gusta, da igual si compites o no. Competir es un extra: hazlo porque disfrutas, porque tienes el gusanillo y porque te encanta, pero no solo por las medallas. Como he dicho antes, no vamos a vivir de ellas. Por muy bueno que seas y por muchas que ganes, si no disfrutas, eres un perdedor. En cambio, aunque no hayas ganado nunca una medalla nacional o internacional, si vas al tatami, te reencuentras con amigos de otras comunidades, viajas, te preparas para una fecha, ves cómo mejoras poco a poco… ahí ya has ganado, cien por cien. El éxito total viene de disfrutar del kárate: sea en tu gimnasio practicando kihon, preparándote para un examen de tercer o cuarto dan, enseñando a otros, arbitrando, siendo coach… da igual. Disfruta del kárate. Al final, este deporte no monetiza tanto como otros, así que el verdadero éxito es ser feliz haciéndolo.
11. Hoy día los deportistas no solo compiten, también comunican. ¿Crees que en el kárate profesional ya es imprescindible construir una imagen personal sólida? Sí, totalmente. Creo que hay que ser buen comunicador. Yo lo intento ser, y una de mis misiones es dar visibilidad al kárate a través de redes sociales, seminarios, entrenos o incluso con gente que desconoce este deporte y que, al verme en el gimnasio, descubre lo que es el kárate y la competición. Dar un poquito de visibilidad, ¿sabes? Creo que sí puede ser imprescindible. Dos buenos ejemplos son Sandra y Damián: son muy buenos comunicadores y han hecho muchísimo por el kárate, no solo a nivel nacional, sino mundial. Le han dado una visibilidad impresionante. Por eso, hoy en día no basta con ser bueno: hay que ser un profesional completo. Un profesional 360, con imagen, comunicación, recursos y, por supuesto, calidad en tu deporte. Un deportista de hoy tiene que ser un 360, cien por cien.
12. Tienes patrocinadores fuera del ámbito marcial, como Massimo Dutti. ¿Cómo lograste esa conexión y qué papel juega la estética en tu carrera?
Bueno, Massimo Dutti no es mi patrocinador, simplemente trabajo para Massimo Dutti. Pero sí he tenido patrocinadores como Fujimae y alguna otra marca o empresa independiente. Todas las ayudas que he recibido han sido gracias a hacer lo que hago: subir contenido e intentar explicar un poquito lo que es realmente el kárate.
A veces la gente tiene una imagen del kárate que viene de las películas, como Karate Kid, o de series de televisión, y no es una imagen real, al menos del kárate de competición. Las competiciones de kárate no suelen emitirse en televisiones públicas o accesibles, y cuando se emiten no son muchos campeonatos, así que la visibilidad es escasa.
Gracias a dar visibilidad al kárate —al menos en mi ámbito, en mi círculo, en mi isla— he conseguido ayudas. No es que haya hecho nada extraordinario, simplemente ha sido eso: dar visibilidad, cuidar la imagen, cuidar el contenido que uno sube, ser constante, ser creativo… y, sobre todo, que te guste tu deporte. Al final, cuando disfrutas de tu deporte, se nota y lo transmites, y la gente lo ve.
13. Si pudieras cambiar algo del circuito de competiciones para hacerlo más atractivo al público, ¿qué introducirías?
Creo que lo más importante es que el público entienda lo que está viendo. En kumite es algo más claro por el tema de la puntuación, pero en kata, cuando la competición es tan ambigua, si alguien viene a verla y no entiende por qué gana uno u otro, deja de ser atractiva. Es así de simple.
Por eso es normal que no haya tanto público, incluso aunque se emita por televisión. Un ejemplo claro fueron las Olimpiadas: mucha gente no entendía qué eran los katas ni por qué ganaba un competidor y no otro. Y creo que ese es un fallo evidente, no sé cómo no se han dado cuenta.
Además, esto está relacionado con la falta de ayudas: si no hay público, es porque no se entiende, y si no se entiende, no se genera interés. Hay que hacerlo fácil para el espectador, y creo que eso es primordial.
14. Tu lema es «Karate, Magic, Dance». ¿Sientes que tu formación artística influye directamente en tu manera de interpretar los katas?
Sí, creo que mi formación artística influye directamente en mi manera de interpretar los katas. Mi estilo de baile, el Popping, se basa muchísimo en contracciones musculares y en cambios de ritmo —lentos, rápidos, explosivos, etc.—, y creo que un kata requiere precisamente eso: explosividad, cambios de ritmo, fuerza isométrica, control y coordinación total del cuerpo, propriocepción, ritmo…
Así que sí, un estilo de baile como el Popping influye directamente, incluso en la contracción muscular necesaria para ejecutar los katas. Sí, sí, totalmente.
15. Has participado en Got Talent con un número que mezclaba magia y baile. ¿Qué aprendiste de esa experiencia fuera del tatami?
Pues un poquito lo que comenté hace dos preguntas: si no eres atractivo para el público, el público no te compra, da igual que seas bueno. Al kárate no le beneficia únicamente el mejor karateka, aunque sea el mejor de la historia; lo que realmente le beneficia es gente buena que, además, dé visibilidad, enseñe, comunique y acerque el kárate a quienes no lo conocen.
En la magia pasa igual. Muchas veces me ha ocurrido que un truco de altísimo nivel no es valorado por alguien que no entiende de magia. En cambio, uno mucho más simple y corto, pero bien comunicado, bien mostrado y bien ejecutado, conecta con el público.
Creo que en el kárate sucede lo mismo, porque al final es un arte y, en el caso del kata, una exhibición artística de artes marciales. La gente te tiene que “comprar”. Las mentes simples no entienden lo sublime, y eso hay que saber aprovecharlo. Si alguien no entiende mucho de kárate, da igual: tienes que conseguir que te compre.
No importa que ejecutes movimientos o técnicas de altísimo nivel si quien tienes delante no lo entiende y no lo valora. En cambio, si haces algo más sencillo pero causas impresión y logras que te compren, el objetivo está cumplido.
16. Entre todas las disciplinas artísticas que practicas —baile, magia, beatbox, piano—, ¿hay alguna que sientas que te ha aportado especialmente al kárate? Sí, sobre todo el baile. Es la que más me ha aportado. Por todo lo que comenté antes: las contracciones musculares, la coordinación, la fuerza isométrica, los cambios de ritmo… Incluso la creatividad.
17. ¿Crees que al kárate todavía le falta ese “toque artístico” para conectar con un público más amplio? Depende. Si me lo preguntas a mí, diría que sí, sobre todo por el tema de transmitir y conectar con los árbitros y con el público. Eso hace más atractivo el deporte y la competición, y creo que nos puede beneficiar a todos. Sin embargo, pienso que el kárate no debe perder su esencia: lo que es el kata, su significado y su camino. No debe desvirtuarse nunca. Para eso también está el kárate tradicional. Nadie nos obliga a competir, al final. La competición es completamente opcional, y no tiene nada que ver un kata de competición con uno hecho de manera tradicional, en tu dojo y con tu maestro. Si lo que queremos es transmitir más, llegar a un público más amplio y que la gente pueda valorar el kárate desde sus casas, entonces sí que creo que haría falta un poco más de viveza y emoción en el kata, al menos en las competiciones, tanto en kata como en kumite. El concepto deportivo, el de show, el de llamar la atención de marcas y atraer al público, tiene mucho que ver con transmitir y con conseguir que la gente tenga ganas de ver kárate.
18. Has participado en la película Karateka, sobre la vida de Sandra Sánchez. ¿Cómo surgió la oportunidad y qué sentiste al formar parte del proyecto? Sí, participé en la película Karateka de Sandra Sánchez. La oportunidad surgió porque estuve entrenando con Sandra y con Jesús. En ese momento ellos estaban haciendo el casting para la película, buscando a los diferentes personajes que necesitaban. Me escribieron para saber si estaba interesado, porque les cuadraba para uno de los papeles. Hice el casting y fue muy bien. Ahí se me dio la oportunidad y me ofrecieron el papel. Fue simplemente gracias a que ellos me dieron la confianza y la oportunidad. Me vieron entrenar, me conocieron mejor —aunque ya nos conocíamos de antes— y coincidió justo en el momento perfecto para que pensaran en mí.
19. ¿Cuál fue exactamente tu papel o función dentro del rodaje de Karateka? ¿Participaste como actor, figurante, asesor técnico…?
Mi papel en la película fue como doble de acción. No puedo dar muchos detalles, pero me veréis haciendo parte de algún kata.
20. ¿Qué sentiste al compartir proyecto con Sandra y con figuras como Jesús del Moral? ¿Te impresionó el ambiente cinematográfico?
La verdad es que ya tenía experiencia en rodajes, porque he trabajado en anuncios, he sido extra en alguna serie o película y también en videoclips. Así que conocía lo que es estar entre cámaras, pasar todo el día rodando, los descansos, las horas de espera y las repeticiones de tomas.
Pero compartirlo con Sandra y con Jesús fue especial. Lo vi todo muy dinámico en comparación con otros rodajes en los que he estado: muy bien organizado, muy fluido. El ambiente, además, fue increíble.
Vi a Sandra súper involucrada en su película, y a Jesús igual. Se implicaban en todo: daban su ayuda, su opinión, aportaban su granito de arena constantemente. La película es suya al cien por cien, y eso se nota porque se volcaban totalmente en su propio rodaje. Impresionante. Estoy seguro de que va a quedar un peliculón.
21. Rodar una película con actores y cámaras no es lo mismo que competir. ¿Qué fue lo más difícil o diferente de estar en un plató? Sí, es verdad, rodar una película no es lo mismo que competir, aunque en cierto modo se parece. Al final, en ambas ejecutas un kata y te ve muchísima gente que no conoces. La diferencia es que en la competición hay personas que te juzgan y rivales que quieren ganarte, mientras que en la película simplemente se trata de ejecutar el kata y disfrutar. Los que están ahí están para ayudarte, apoyarte y hacer que todo salga bien. No hay rivales, todo el mundo colabora y busca el mismo objetivo. Esa es la gran diferencia que noté.
22. ¿Te gustaría seguir explorando el mundo del cine o ha sido una experiencia puntual? ¿Te ves participando en más proyectos audiovisuales?
Sí, el mundo del cine siempre me ha gustado. Como he dicho, tengo otras experiencias en series, películas, como extra, en anuncios, etc., y es un mundo que me atrae mucho.
Lo que pasa es que lo veo muy volátil y, al menos en España, sé de primera mano que hay actores y actrices a los que muchas veces les falta trabajo, y eso me da pena. Así que sí, me encantaría participar en más proyectos audiovisuales, pero no lo veo como algo fijo o del que dependa totalmente en mi vida. Aquí en España lo considero un ámbito un poco inestable. Por eso, no creo que me dedicara a él al cien por cien durante toda mi vida.
23. ¿Qué crees que puede aportar una película como Karateka a la difusión del kárate en España y en el mundo?
La película Karateka es totalmente inspiradora y creo que va a dar mucha visibilidad al kárate en todo el mundo. Sean o no karatekas, va a inspirar a muchísimas personas, porque la historia de Sandra es real: ella ha tenido que superar un montón de cosas para llegar a donde está.
Creo que puede motivar a mucha gente, además de mostrar la visibilidad que el kárate puede tener y cómo este deporte puede cambiarte la vida, transmitir valores y transformar a las personas.
Pienso que todo el mundo debería verla, practique o no kárate, porque es una película muy bonita, con un mensaje muy claro. No quiero adelantar nada, pero sí puedo decir que cualquier persona puede disfrutarla, porque el mensaje que transmite es increíble.
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Con 28 años, Cesc del Valle demuestra que el kárate moderno puede ser mucho más que técnica y disciplina: es también creatividad, comunicación y capacidad de inspirar. En esta entrevista nos ha mostrado sin filtros su manera de entender el kata, su compromiso por transmitirlo con personalidad y emoción, y la importancia de disfrutar del camino por encima de las medallas.
Cesc habla con la misma energía con la que ejecuta un Suparinpei: cambios de ritmo, sinceridad, pasión y fuerza. Nos ha llevado desde su faceta como competidor y comunicador hasta su experiencia en el cine junto a Sandra Sánchez, pasando por su visión de un kárate que sepa conectar con el público sin perder su esencia.
Escucharle es entender que el éxito no está solo en subir a un podio, sino en vivir el kárate a plenitud, en entrenar con intención, en ser creativo, en aportar al tatami algo que sea auténticamente tuyo. Y Cesc lo hace cada día, dentro y fuera de la competición, con la misma determinación con la que afronta un campeonato o un rodaje.
Un karateka 360, como él mismo diría: atleta, artista y comunicador, pero sobre todo, un apasionado de su arte.
Introducción José Antonio Rodríguez Martín, conocido como “Kiko”, es una de las figuras más destacadas del Karate y el Goshin en Granada. 5.º Dan en Karate Shotokan y 5.º Dan en Goshin, Técnico Deportivo Nivel III, Juez del Tribunal Nacional de Grados, Monitor de Autoprotección Policial en defensa personal, manejo del grillete y defensa extensible, Monitor de Técnicas y Metodología persuasiva contra la violencia de género, Especialista en defensa personal, combina su faceta como Director Técnico de la Escuela Municipal de Salobreña con la impartición de cursos.
Su formación no se limita al Karate: ha practicado Jiu Jitsu, arte marcial japonés enfocado en proyecciones, luxaciones y control del oponente, kobudo y Bugei, conjunto de disciplinas marciales tradicionales de los samuráis que incluye el manejo de distintas armas. Esta combinación le aporta una visión más amplia y efectiva de la defensa personal, enriqueciendo cada uno de sus cursos. El sábado 16 de agosto impartirá un curso especializado en Goshin, donde los asistentes podrán aprender y perfeccionar técnicas adaptadas a distintos niveles.
Kiko, llevas muchos años vinculado al Karate y al Goshin. ¿Cómo comenzó tu trayectoria en las artes marciales y qué te llevó a especializarte en defensa personal? Pues yo comencé a practicar karate, si mal no recuerdo, en el año 1981 en mi ciudad natal, Motril, ¿el motivo que me llevo a ello? Realmente no lo recuerdo, quizás motivado por el boom de las películas de karate que estaban en auge en aquellos tiempos o porque algunos amigos decidimos apuntarnos a probar. ¿Defensa personal? ¿Acaso el karate no es en sí un método de defensa personal? El karate como cualquier arte marcial, ya es un sistema de defensa personal, lo que pasa es que, como ocurre con tantas otras artes, la especialización en solo alguna de sus facetas, kata, kumite… y las normas de competición, dan lugar a la pérdida de otras habilidades que se dejan de practicar. Yo tuve mi época de competidor, pero hubo un momento en que sentía que me faltaba algo y, a través de investigar y probar otras artes, me di cuenta de que tenía que llevar lo aprendido un poco más a lo natural, obviando a veces la plasticidad de la técnica y centrándome más en la posible eficacia que en lo bonito de la posición.
Tienes 5.º Dan tanto en Shotokan como en Goshin. ¿Qué aprendizajes clave has obtenido de cada disciplina que aplicas hoy en tu enseñanza? Karate, Goshin… aún a día de hoy hay personas que siguen empeñadas en separar las dos cosas. Es como si dijéramos que karate es una cosa, kumite es otra y kata otra distinta. No, son todo partes de una misma cosa, y el goshin (autoprotección) forma parte de ello, ¿o no es el fin de las artes de lucha? En mis clases practicamos goshin, kobudo, jiu jitsu, bugei… y todo ello encaminado a enriquecer el karate que aprendí. Intento transmitir el interés por investigar y mejorar día a día, respetando siempre la postura o punto de vista de cada uno. Nadie tiene la verdad absoluta.
Tu experiencia incluye Kobudo, Jiu Jitsu y Bugei. ¿Cómo enriquecen estas disciplinas tu visión de la defensa personal? Todo suma. La habilidad y el conocimiento de las armas utilizadas que te aporta el kobudo ayudan a entender algunos de los katas que practicamos en Shotokan, donde hay técnicas de desarme y ataque con la propia arma. También te hace reconocer cualquier utensilio diario susceptible de ser utilizado como “arma de fortuna”. En cuanto al jiu jitsu y el bugei, me han ayudado a identificar movimientos o técnicas “escondidas” en los katas, que hasta ese momento solo eran defensas o golpes y ahora las veo como luxaciones o proyecciones, por ejemplo.
En este curso de Goshin, ¿qué objetivos principales te has marcado para los participantes? En este curso, como en los anteriores, mi principal objetivo es intentar abrir la mente y despertar el interés de los participantes por conocer cosas nuevas, que puedan aportarle riqueza y conocimiento a su práctica diaria.
En tus cursos siempre hay un ambiente muy dinámico. ¿Qué papel juegan la motivación y la confianza en el aprendizaje de la defensa personal? Como en cualquier cosa que se quiera conseguir, la motivación, el interés por aprender y la constancia en el entrenamiento son fundamentales. Por eso intento que las clases sean amenas y que los participantes se diviertan aprendiendo.
Tu papel como Director Técnico de la Escuela Municipal de Salobreña te da una visión muy cercana del alumnado. ¿Qué tipo de practicantes se pueden beneficiar más de un curso como este? Obviamente, todo aquel que quiera aprender. Todos tenemos alumnos con distintas motivaciones: el que viene solo porque sus padres lo han apuntado para que haga algo, el que quiere ser campeón de kata o kumite y solo se enfoca en ello, el que solo se conforma con las dos o tres clases de la semana, el que se inscribe para hacer algo de deporte para mejorar su condición física… pero los que realmente aprovechan los cursos son ese tipo de alumno que quiere entender y aprender más sobre lo que hace y no se conforma con tan solo tres horas semanales de práctica.
La defensa personal a veces se percibe como algo complejo. ¿Cómo logras adaptarla para que cualquier persona, independientemente de su edad o experiencia, pueda practicarla y aprenderla? En una ocasión vino una persona a decirme que quería que su hija aprendiera a defenderse en una semana. Yo le dije que eso era algo más complejo; me dijo que si era posible, que había visto en la televisión un arte marcial que decía que utilizaba movimientos naturales e innatos y se aprendía fácilmente y rápido. Los que llevamos ya algunos años en esto sabemos que no es tan fácil. El ser humano ha perdido, por desuso, muchas de las habilidades con las que teóricamente se nace. Es por ello que hay que adaptar las clases a las diferentes aptitudes del alumnado y potenciar aquellas que tienen y trabajar para mejorar las que tienen algo más ocultas. Todo el que realmente quiera puede aprender sin tener una preparación previa: unos tardarán menos y otros más, pero esto no es una carrera contra otros, sino una lucha contra uno mismo.
Más allá de la técnica, ¿qué valores o actitudes crees que aporta el Goshin a la vida diaria? Aparte de la confianza en ti mismo, esfuerzo, constancia, lealtad… tenemos los preceptos: .- Que nunca te hagan daño. (para ello defiéndete). .- Que nunca hagas daño. (para ello respeta). .- Que nunca te hagas daño. (para ello cuídate).
Si alguien está dudando en apuntarse, ¿qué le dirías para convencerlo de que aproveche esta oportunidad? Solo le diría que si está pensando en desarrollar una actividad donde irá adquiriendo condición física, mejorar la salud, donde el compañerismo, la lealtad, el honor, el respeto, el esfuerzo, la constancia, la seguridad en uno mismo y el crecimiento personal sean algunos de los pilares a cuidar, no lo piense, acérquese a un Dojo e infórmese. No se arrepentirá. Merece la pena.
Mirando al futuro, ¿qué objetivos o proyectos tienes en mente dentro del Karate y la defensa personal? Como objetivo personal, seguir investigando y creciendo como persona y como profesional. Al margen de esto, hay en camino varios proyectos literarios que espero poder acabar pronto para que vean la luz.
En cada técnica, en cada consejo, hay décadas de experiencia y pasión por enseñar. El tatami no solo es un lugar donde entrenar, es un espacio donde se comparten valores, se forjan amistades y se crece como persona. Este sábado, en Adra, tienes la oportunidad de vivirlo de la mano de uno de los grandes.
En el corazón de Pamplona, el Centro Deportivo EMPI no es solo un dojo. Es un legado. Es historia viva del kárate navarro, escrita por tres generaciones de la familia Gabaldón. Desde el abuelo Floren, pionero y maestro exigente, hasta Mikel, referente técnico y seleccionador con una visión innovadora, y ahora Jaime, joven promesa con una medalla de plata en la Youth League y una actitud arrolladora dentro y fuera del tatami.
En esta entrevista exclusiva para Dojodigital.es, padre e hijo dialogan juntos, se interrumpen con complicidad, se lanzan retos, recuerdan momentos clave y reflexionan sobre su presente y futuro. Un recorrido íntimo y deportivo por su historia compartida, que va mucho más allá de los títulos y las medallas. Aquí hay valores, emoción, y mucho, muchísimo amor por el kárate.
1. Mikel, tu padre Floren fue pionero del kárate en Pamplona. ¿Qué recuerdos tienes de él como maestro y como padre dentro y fuera del tatami?
Mikel: Bueno, la verdad es que mi padre, Floren, empezó a dar clases de kárate ya cuando era adolescente, en la calle Mayor, en el centro de Pamplona, junto al maestro Saldaña..
¿Qué recuerdos tengo de él? Pues empecé a practicar kárate con solo tres añitos, y recuerdo perfectamente una foto en una de sus clases, donde estoy en el centro, siendo con diferencia el más pequeño del grupo.
Como padre, siempre ha sido un referente para mí, un ejemplo a seguir en mi día a día. Pero tengo que reconocer que, como maestro, ha sido la persona más exigente que me he encontrado. Quiero recalcar esto porque creo que esa exigencia nos ha ayudado muchísimo, no solo a formar a muchos alumnos, sino también a formarnos a nosotros mismos como personas.
2. ¿Qué crees que significó para tu padre ver que vosotros, sus hijos, continuabais su legado con el Centro Deportivo EMPI?
Mikel: Fue un sueño hecho realidad. Nuestro padre siempre había querido tener su propio dojo, pero por diferentes circunstancias en su vida no pudo hacerlo. Él trabajaba por las noches en un bar, y eso le impedía tener otro empleo a jornada completa en un gimnasio.
En 2014 llegó nuestro momento. Fue una oportunidad preciosa para mi hermano y para mí, y no dejamos pasar el tren. Nos subimos a él y hasta hoy llevamos ya once años con el Centro Deportivo EMPI. Estamos muy, muy contentos.
3. Jaime, ¿qué te han contado sobre tu abuelo Floren? ¿Has podido entrenar con él o ver vídeos suyos? ¿Qué es lo que más te inspira de su historia?
Jaime: Sí, yo he entrenado con mi abuelo Floren, y en todos los entrenamientos que he tenido con él se nota que es muy marcial y que lo sabe todo. Cuando yo sea abuelito como él, me gustaría ser como él, seguir dando clases y poder tener mi propio dojo, porque es una oportunidad muy grande.
4. Para los dos: ¿cómo es compartir el kárate como algo familiar? ¿Se vive distinto cuando no solo es un deporte sino parte de la historia de vuestra familia?
Mikel: La familia Gabaldón respira y vive por y para el kárate. Llevamos muchos años dedicándonos a él, y como puedes imaginar, en nuestra casa se habla de kárate, se vive el kárate, se ve kárate… y lo disfrutamos todos juntos día a día. La verdad es que, para nosotros, es una auténtica gozada.
Jaime: Para mí es muy guay vivir el kárate en familia. Cuando estoy entrenando, estoy con mi tío, a veces también viene mi abuelo, estoy con mi padre… incluso con mi hermana. Y además me lo paso genial con todos mis amigos que tengo en el dojo. Muchas veces jugamos al pilla-pilla antes de las clases, y me lo paso genial.
5. Si tuvieseis que definir en una sola frase qué significa el kárate para la familia Gabaldón, ¿cuál sería?
Mikel: Si hay algo que nos define, lo tenemos en la entrada de nuestro centro deportivo. Es una frase muy especial para nosotros: “Lucha por tus sueños.” Creemos que en esta vida hay que esforzarse cada día por conseguir lo que uno desea. En nuestra familia, esa frase está muy presente: luchar por tus sueños con constancia, con actitud, con alegría… y con la intención de ser, cada día, un poquito mejor que el anterior.
6. Mikel, llevas más de 10 años al frente de Empi. ¿Cuál ha sido el mayor reto de dirigir un dojo familiar y cómo ha cambiado desde el primer día hasta hoy?
Mikel: El mayor reto que nos hemos encontrado en EMPI ha sido sacar la mejor versión, laboralmente hablando, tanto de mi padre, Floren, como de mi hermano, Gorka. Cuando empiezas con un dojo propio, surgen muchos problemas en el día a día y tienes que ir adaptándote constantemente.
Es cierto que entre nosotros nos damos espacio laboral, y que cada decisión que toma uno está respaldada por los otros dos. En ese sentido, no hemos tenido ningún problema. Desde 2014 hemos cambiado muchísimo. El crecimiento en cuanto a alumnos ha sido una auténtica barbaridad… y queremos más. De hecho, a día de hoy nos estamos planteando abrir un segundo local para ampliar las instalaciones del centro.
7. Jaime, tú has crecido literalmente dentro del dojo. ¿Te sientes un alumno más o notas que tienes una responsabilidad especial por ser “el hijo del sensei”?
Jaime: Yo siento que tengo una responsabilidad especial por ser quien soy: el hijo del sensei, Mikel. Llevo conmigo los valores del kárate y sé que tengo que enseñarlos a otros, para que luego ellos también puedan transmitirlos a más personas.
8. ¿Tenéis alguna anécdota divertida o emotiva que haya pasado en el dojo y que recordéis con cariño?
Mikel: De todos estos años, me quedo claramente con la fiesta del décimo aniversario. Fue una tarde súper bonita. Vinieron todos nuestros alumnos, también antiguos alumnos, y llegamos a reunir a casi 500 personas para celebrar los diez años del Centro Deportivo EMPI. Hubo actuaciones de todo tipo, exhibiciones… y se creó un ambiente familiar, que es justo lo que nosotros buscamos en el dojo. Fue algo muy, muy especial.
Jaime: Fue un fiestón. ¡Mi primera vez en una discoteca! Y no la última.
9. Mikel, como seleccionador y entrenador, ¿qué diferencia ves entre formar a un niño que quiere competir y uno que solo quiere disfrutar del kárate sin presiones?
Mikel: Lo que veo es muy claro: la implicación. Un niño o una niña que quiere competir debe saber —y su familia también— que eso requiere esfuerzo. Por ejemplo, nuestros competidores entrenan cinco días a la semana, y eso, para una familia, es muy duro. Ir cinco veces al centro deportivo, encajar los horarios, salir corriendo del cole, cambiarse deprisa… Es un esfuerzo enorme por parte de todos.
Y luego están los niños y niñas que vienen a hacer kárate porque les gusta y les motiva, sin el objetivo competitivo. Ellos lo que buscan es un ambiente donde se sientan cómodos, donde se diviertan y, sobre todo, donde se sientan valorados.
Ahí los formadores tenemos que tener mucho cuidado y darles el cariño que se merecen. Porque, al final, un niño que se siente a gusto, repite. Y un niño haciendo kárate debe sentirse bien en todo momento.
10. Jaime, ¿qué es lo que más te gusta de competir en kata? ¿La preparación, el momento de salir al tatami o cuando ves los resultados?
Jaime: Pues en verdad, disfruto todo. Me gusta entrenar, y hasta los nervios que siento cuando estoy en el tatami. El kárate, para mí, es la vida. Y EMPI es como mi segunda casa.
Fotografía realizada por @karateinsights
11. Mikel, ¿cómo planteas una temporada para un deportista de base que quiere llegar a la élite? ¿Hacéis planificación anual, objetivos por fases, o lo enfocáis de otra manera?
Mikel: Las planificaciones las hacemos anuales. Lo que solemos hacer es partir del calendario de la Federación Cántabra, de la Española y también del calendario Mundial. En función de los objetivos que tenemos para esa temporada, organizamos y ajustamos la planificación. Lo solemos bajar a objetivos por clases, en papelitos que vamos trabajando poco a poco.
Está claro que para que un deportista de base llegue a la élite hace falta mucho trabajo. Pero también es cierto que, desde la primera o segunda clase, hay niños y niñas que parecen estar tocados por una varita. Lo ves enseguida.
Entonces, desde una base muy didáctica y con un enfoque divertido, comenzamos a dirigir su trabajo hacia la competición. Siempre motivando, con buenas palabras, y teniendo claro que sigue siendo un niño o una niña que acaba de empezar, aunque tenga un potencial que ves claramente que puede llegar a brillar muy alto.
Así es como solemos enfocar y plantear nuestras temporadas.
12. Jaime, cuando sales al tatami en una competición internacional como la Youth League, ¿en qué piensas? ¿Tienes algún ritual o forma de concentrarte?
Jaime: Cuando estoy en una competición como la Youth League, pienso que voy a salir con todo y que voy a ganar. Mi pequeño ritual es secarme los pies y golpear un poco el tatami antes de empezar.
13. Mikel, como seleccionador, ¿cómo ves el nivel actual del kata infantil y juvenil en España? ¿Estamos a la altura de las grandes potencias como Japón o Italia?
Mikel: La verdad es que el nivel de kata en España es una auténtica barbaridad, y lo es ya desde las categorías inferiores. Yo, que tengo la suerte de vivir los Campeonatos de España a pie de tatami, puedo decir que ver competir a los niños y niñas benjamines es un auténtico espectáculo. Es increíble cómo trabajan siendo tan pequeños. Una maravilla.
Recientemente, en Poreč, tuvimos hasta ocho competidores españoles en categorías Under-14 luchando por medallas. Así que sí, creo que España goza de un nivel de kárate infantil y juvenil impresionante, y sin duda estamos al nivel de grandes potencias como Japón e Italia.
14. Jaime, ¿te fijas en otros competidores internacionales? ¿Tienes algún referente mundial al que sigas o te gustaría parecerte?
Jaime: Sí, tengo dos referentes: uno de España y otro de fuera. El español es Raúl Martín, que para mí es un gran referente porque pega fuerte, transmite, es rápido y tiene un gran trabajo detrás.
Y el otro, que es de estilo Shotokan, es Kazumasa Moto. Para mí, es el mejor competidor del mundo.
15. ¿Cómo os preparáis técnicamente? ¿Dais más importancia a la potencia, a la limpieza técnica, a la expresión o al ritmo? ¿Qué aspectos creéis que marcan la diferencia hoy en día en kata?
Mikel: Esta pregunta me gusta mucho, porque si en algo somos especialmente meticulosos, es en la parte técnica.
Hoy en día, por supuesto, la potencia en un competidor de kata es fundamental, al igual que la limpieza. Pero creo que lo que realmente marca la diferencia es la técnica. También influye la puesta en escena, ese ritmo que llama la atención y que, combinado con una buena pegada, impacta visualmente.
Pero si te hablo como coach, lo que más valoro es a un competidor que sea técnicamente impecable. Me encanta ver a alguien que trabaja limpio, preciso, con control. Eso, para mí, es lo que realmente define un buen kata.
16. ¿Qué papel juega la preparación física en vuestro entrenamiento? ¿Jaime hace trabajo de fuerza, coordinación, prevención de lesiones… o con su edad todavía lo enfocáis más desde el juego?
Mikel: Hoy en día, una buena preparación física es fundamental. Todo nuestro equipo de competición tiene, todos los lunes, una sesión específica de preparación física de una hora y cuarto.
Esa preparación siempre la ajustamos en función del calendario de campeonatos, para que encaje con los momentos clave de la temporada.
Por supuesto, Jaime es uno más en esos entrenamientos. Hace trabajo de fuerza, coordinación, prevención de lesiones… aunque, siendo un niño en plena etapa de crecimiento, adaptamos ciertas cargas y movimientos para que su desarrollo sea el más adecuado posible.
Yo soy de los técnicos que cree firmemente que la preparación física marca la diferencia. Un ejemplo que me encanta es el de Ariel Torres, el competidor estadounidense. Es una auténtica máquina, y lo que transmite tiene mucho que ver con la preparación física que lleva detrás.
Por eso, nosotros sí que le damos mucha importancia y mantenemos esa sesión semanal específica para el equipo de competición.
17. Jaime, después de un campeonato, ¿cómo analizáis juntos los vídeos? ¿Sueles verte en las repeticiones? ¿Qué es lo primero que te fijas?
Jaime: Normalmente no solemos analizar los vídeos muy a fondo. Pero cuando los vemos, nos fijamos en los puntos que se pueden mejorar y también en los puntos fuertes, para seguir haciéndolos igual.
18. Mikel, como padre y entrenador, ¿es difícil separar el papel de coach y el de padre cuando ves a tu hijo competir?
Mikel: No hay duda: separar ese papel de padre y ponerse el de entrenador es algo que solo entendemos los que tenemos a nuestros hijos o hijas compitiendo.
Yo podría decir que, cuando compite Jaime, las pulsaciones me van a 2000. Siempre digo que más de una vez voy a necesitar que me reanimen en algún campeonato, porque soy un coach que se pone muy nervioso con todos los míos. Me gusta verles brillar.
Creo que todo entrenador quiere eso: ver a sus alumnos destacar. Y cuando estoy con la selección me pasa igual, quiero lo mejor para todos los chicos seleccionados. Pero con Jaime y con Helena —que también es mi hija— hay ese punto extra. Son mis hijos, y la verdad es que no es fácil separar ambos papeles… aunque creo que, de momento, lo estamos llevando muy bien.
Eso sí: con las pulsaciones no a 1000… sino a 2000.
19. ¿Qué otras cosas os gusta hacer juntos fuera del tatami? ¿Hay tiempo para desconectar o todo es kárate?
Jaime: Fuera del tatami también nos gusta hacer muchas cosas, como jugar a pádel. A veces aprovechamos algún ratito libre para escaparnos a jugar un partido.
Mikel: Y sí, la verdad es que tenemos bastante tiempo para desconectar. Después de entrenar, muchas veces acabamos hablando de pádel o de cualquier otra cosa.
Bueno, y luego en este punto también, algo que me gusta mucho con Jaime es que tenemos un “día de chicos”. Entonces, bueno, sí que es cierto que en el día a día se nos hace un poquito complicado, con tanto entrenamiento, con tanta competición… Pero sí que intentamos mantener ese “día de chicos”, donde nos vamos a jugar a pádel, o nos vamos a una bolera, a los recreativos, o al cine.
Y luego, por supuesto… ¿qué acabamos cenando, Jaime?
Jaime: Una hamburguesa.
Mikel: Correcto.
20. ¿Quién es más competitivo en casa, el padre o el hijo?
Mikel: Hemos tocado un tema importante: la competitividad entre padre e hijo. Voy a lanzar la pregunta al aire… Jaime, ¿quién es más competitivo, tú o yo?
(Los dos, al mismo tiempo): —Tú.
Mikel: La verdad es que en este punto… los dos somos muy competitivos. No nos gusta perder ni al parchís. Y sí que es cierto que, cuando veo a Jaime, me recuerda a cómo era yo de pequeño. Es un niño que se pica mucho, muy competitivo, pero si hay algo de lo que estoy realmente orgulloso es que, en competición, no es nada así. Siempre ha llevado muy bien las derrotas, tiene un nivel de deportividad altísimo y eso, para mí, vale muchísimo más que cualquier victoria.
Pero sí, en casa… tanto él como yo somos competitivos al máximo. Nos gusta ganar al pádel, a las cartas, a cualquier juego. Y, obviamente, nos gusta ganar.
Así que en esta pregunta… empate para los dos.
Fotografía por @karateinsights
21. Si algún día Jaime decide ser entrenador o montar su propio dojo, ¿qué consejo le darías, Mikel?
Mikel: ¡Qué buena pregunta! Si algún día Jaime decide ser entrenador o montar su propio dojo, el consejo que le daría es que, primero, se forme bien, que sea un auténtico profesional, y que mantenga la inquietud diaria por seguir mejorando.
Porque, al final, de eso se trata en la vida: de tener esa curiosidad y ese impulso constante por buscar tu mejor versión. Y eso solo se consigue con trabajo, esfuerzo y sacrificio.
Así que si tuviese que darle un consejo, sería que tenga muy clara la idea, que luche por su sueño, que lo intente con todo… Y que sepa que va a tener que trabajar mucho y muy duro, pero que vale la pena, porque es algo muy gratificante.
22. Y al revés, Jaime: si algún día tu padre decidiera competir otra vez en kata, ¿tú le entrenarías?
Jaime: Sí, sí, sí. Yo le entrenaría y muy a gusto. Le daría toda la caña que él me da a mí. Porque muchos días le digo: “¡Vuelve a competir, vuelve a competir!” Pero no quiere… no sé por qué.
23. ¿Cómo veis el futuro del kárate en España? ¿Creéis que es un deporte suficientemente valorado o todavía queda mucho por hacer?
Jaime: El futuro del kárate en España, ahora mismo, es como un avión en despegue. Hay muchísima gente buena compitiendo a nivel internacional y consiguiendo resultados importantes.
Mikel: Pero, por desgracia, creo que todavía no es un deporte suficientemente valorado. Desde que salió del programa olímpico, se ha perdido parte del apoyo, sobre todo en becas y ayudas, y es muy difícil que empresas privadas apuesten por patrocinar.
Nosotros, por ejemplo, tenemos la suerte de contar con el apoyo de dos empresas navarras: Compresores Redin y Rentair, que nos patrocinan y nos apoyan. Desde aquí quiero agradecerles ese respaldo, porque es muy importante para nosotros.
Aun así, pienso que el kárate todavía no está en su momento top. Queda mucho por hacer, mucha visibilidad que ganar, y mucho trabajo por delante para que tenga el reconocimiento que merece.
24. ¿Qué os gustaría que quedara en la gente cuando piensen en la familia Gabaldón y en el dojo Empi? ¿Cuál sería el legado ideal?
Mikel: Pedazo de pregunta para cerrar la entrevista.
Pues mira, cuando la gente piense en nosotros —y creo que hablo también en nombre de mi padre y de mi hermano— nos gustaría que recordasen que, al venir a EMPI, se sintieron en familia. Que vivieron unos valores dentro del dojo que les han servido para su vida.
Creo que si tenemos algo bonito los profesores de kárate es eso: somos capaces de inculcar valores muy valiosos para el crecimiento personal y para el futuro de nuestros alumnos. Así que sí, me encantaría que la gente nos recordase por los valores que les hemos transmitido.
Lo digo muchas veces, pero dentro de nuestro centro deportivo tenemos una segunda familia, que es la familia del kárate. Y, por suerte, también una tercera familia, que es la del pilates. A las dos les estamos súper agradecidos, porque después de 11 años seguimos aquí: al pie del cañón, trabajando, innovando y con ganas de mejorar cada día.
¿Y cuál sería el legado ideal? La verdad… si hay algo que no sé hacer, es predecir el futuro (de momento). Pero quizá un legado bonito sería que este pequeño que tengo a mi lado —Jaime— tomara el relevo algún día, que se formara junto a su hermana y pudieran llevar la parte de kárate dentro de EMPI. Para nosotros, eso sería algo muy bonito… y un motivo enorme de orgullo.
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Hablar con Mikel y Jaime Gabaldón es abrir una ventana al alma de una familia que ha hecho del kárate su forma de vida. Tres generaciones unidas por una pasión que no entiende de horarios ni de sacrificios, porque lo suyo no es un trabajo: es una misión.
El Centro Deportivo EMPI es hoy mucho más que un dojo. Es un refugio, un trampolín y una escuela de vida. Y si el futuro se escribe con letras de esfuerzo, humildad y alegría, no hay duda de que los Gabaldón seguirán marcando el camino. Porque como bien dicen ellos: “Lucha por tus sueños… y hazlo cada día mejor que el anterior.”