Tres oros sitúan a Kyodai Karate Galán al frente del medallero masculino, por delante del Iván Leal y Karate Pozuelo. Raúl Martín Romero sostiene su dominio en kata sénior en una segunda fase con finales mínimas, una doble presencia del Iván Leal en la lucha por el oro de −75 kg y veinte categorías de competición.
Tres campeones, tres oros y el primer puesto del medallero. Kyodai Karate Galán salió de Elche con el balance más contundente de la jornada masculina de la Liga Nacional: Hugo González Sáez en kata cadete, David Olmos Clement en kumite cadete −57 kg e Iván Gómez Campanario en kumite sénior −84 kg. Tres victorias obtenidas de maneras muy distintas: la unanimidad de los jueces, un punto de diferencia y una final resuelta con el marcador empatado.
La segunda fase cadete y sénior, disputada el sábado 24 de octubre en el Pabellón Sara Marín y María Díez, dejó espacio para la continuidad y para los relevos. Raúl Martín Romero volvió a imponerse en kata sénior. Álex Ortiz de Zarate mantuvo su sitio en −67 kg. Aarón Castillo Rueda conservó el oro de +70 kg cadete con un 8-7. Y otros nombres, como Iker Llata Rey, encontraron esta vez el camino desde la plata de la primera fase hasta el primer puesto.
El Iván Leal terminó segundo por clubes con dos oros, una plata y un bronce. Una parte importante de ese resultado se decidió en −75 kg, donde Antonio Torres Moreno y Cristian Alexandru Miresan Sechei llevaron al mismo club a los dos lados de la final. El C. D. E. Karate Pozuelo ocupó la tercera plaza y fue la entidad con más medallas: cinco, repartidas en un oro, dos platas y dos bronces.
Raúl Martín Romero mantiene la jerarquía; Hugo González no cede un voto
La final de kata sénior volvió a dejar una imagen conocida en el karate nacional de esta temporada: Raúl Martín Romero por delante de Iván Martín Montenegro. Ya había sucedido en la primera fase de la Liga y en el Campeonato de España Absoluto. En Elche, el competidor del C. D. Pablo Armenteros resolvió el último encuentro por 5-0, con Suparimpei frente al Ohan Dai del representante de Kumo Sport.
El campeón llegó a ese desenlace después de superar por idéntico resultado a Izan López Tomás, Luis Rodríguez Muñoz y Salvador Balbuena Cisneros. Montenegro tuvo una semifinal más dividida ante Alejandro Galán Lacón, a quien ganó por 4-1, pero tampoco encontró la forma de alterar el orden de los dos primeros puestos.
La derrota en semifinales no apartó del podio a Salvador Balbuena Cisneros, del Nintai Benalmádena, ni a Alejandro Galán Lacón, de Olimpia. Ambos cerraron su participación con un bronce y un 5-0: Balbuena frente a Izan López Tomás y Galán ante Adrián Conde Azón. En una categoría que volvió a confirmar a sus dos finalistas de referencia, los dos bronces encontraron también una respuesta después de quedarse fuera de la lucha por el título.
En cadetes, Hugo González Sáez dejó una cifra difícil de mejorar: cinco encuentros ganados por 5-0. Fernando Calvo Calipienso, Alejandro Grande Torres e Iván Gómez Muñoz quedaron atrás en su pool; Thiago Leal, en semifinales; y Leandro Andrés Mathison Lion, en la final. El karateka de Kyodai cerró el campeonato sin ceder un voto y repitió el oro de la primera fase.
La final reunió dos Chatanyara Kussanku. La misma elección, dos aspirantes y una decisión unánime a favor de González Sáez. Mathison Lion aportó a Kumo Sport una plata que, junto a la de Montenegro, dejó al club con los dos subcampeonatos de kata.
Los bronces tuvieron recorridos diferentes. Thiago Leal, del Olympic Karate Marbella, regresó a las medallas después de la semifinal con un 5-0 ante Iván Gómez Muñoz, utilizando Unsu. Jose Carrera Martínez, de Kazokusport, tuvo que resolver un 3-2 frente a Borislav Yosifov Bosilkov, con Gojushiho Sho por parte de ambos.
El Iván Leal se encuentra consigo mismo en −75 kg
El oro de kumite sénior −75 kg tenía asegurado el destino antes de disputarse la final. Faltaba saber quién se lo llevaría. Antonio Torres Moreno y Cristian Alexandru Miresan Sechei, compañeros del Iván Leal, llegaron al último combate después de ganar sus semifinales sin encajar puntos: 3-0 frente a Carlos Felpeto Gesto y 4-0 ante Adrián Barcia Mosquera, respectivamente.
Torres se impuso por 2-0 y completó un recorrido en el que solo recibió un punto. Había ganado por 4-1 a Erick Alsina Tessarolo, por 3-0 a Christian Perea Gorris y por 5-0 a Héctor Santiago Martínez. El resultado dio al club un oro y una plata en la misma categoría.
Christian Perea Gorris, del Club Karate Alzira, y Adrián Barcia Mosquera, del Bunkai, ocuparon los terceros puestos. Perea ganó por 3-0 a Felpeto en el encuentro por el bronce; Barcia hizo lo propio por 4-1 frente a Jorge García Vernetta.
En −60 kg, Alejandro Mansilla Pérez, de Dojo No-Kachi Niten, encontró el oro en una final mucho más estrecha: 3-2 ante Urko Primicia Velasco, de Torii Done Bikendi. Antes había vivido escenarios opuestos, desde el pase con empate a cero frente a Pablo Ayllón Rodríguez hasta el 8-0 ante Raúl Osuna Abadías y el 10-3 frente a Jordi Valdivia Miranda.
La repesca reunió además a dos medallistas del Campeonato de España Absoluto de 2026: Jorge Pérez Lorite, bronce nacional, y Unai Chica Tolosa, campeón de España. El duelo por el bronce de Elche terminó 3-2 a favor de Pérez Lorite, que añadió otra medalla al balance del Iván Leal. Raúl Osuna Abadías, de la Sociedad Deportiva Shuriyama, completó el podio.
Dos empates que valieron un título y un 3-2 en los pesos pesados
Ni −67 ni −84 kg necesitaron una diferencia de puntos en el marcador final para decidir a su campeón. En la primera, Álex Ortiz de Zarate se impuso a Aarón Fernández Torices con 1-1. En la segunda, Iván Gómez Campanario ganó a Rubén Arenas Zapata con 4-4. Ambas categorías reprodujeron las dos primeras posiciones de la primera fase.
Ortiz de Zarate, de Karate Fitness Gasteiz y campeón de España absoluto este año, había superado por 3-2 a Aday Jorge Hernández, por 8-0 a Sergio Barredo Torrent y por 6-1 a Roque Mazoy Cortiñas. Fernández Torices, del Wenceslao Angulo Shito Ryu, alcanzó la final después de un 6-4 frente a Santiago Vergas Castro.
Roque Mazoy Cortiñas, de la Escuela Deportiva Shihan, y Santiago Vergas Castro, de Karate Antonio Machado, recuperaron su sitio en el podio en los encuentros por el bronce: 4-1 ante Aday Jorge Hernández y 6-1 frente a Adrián Ocio Marca, respectivamente.
El tercer oro de Kyodai llevó la firma de Gómez Campanario en −84 kg. Su recorrido incluyó el 10-2 ante Pablo Serrano Teva y el 3-1 frente a Valentín Martínez Alias, antes de superar la semifinal con Joan Just Clopes y encontrarse con Arenas Zapata, de Arenas Karate, en la final.
Joan Just Clopes, de Just · Club Karate, y Saúl Gutiérrez Sanz, de Budoclub Paradiso, se quedaron los bronces. Just ganó por 7-2 a Martínez Alias; Gutiérrez enlazó un 4-0 ante Unai Melus Pinos y un 5-1 contra Ramón Antonio Martín España.
En +84 kg, Adrián Fernández Rodríguez, del Gimnasio Lino, pasó del 12-3 de su semifinal frente a Diego Rodríguez Clares a una final decidida por la mínima. El 3-2 ante Manuel Echevarría Lavín, de Karate Abdo, le dio el título tras haber superado también a Alejandro Badra Santiago, Nabil Ksiri El Mehdaoui y José Luís Rodríguez Cabrera.
Nabil Ksiri El Mehdaoui, del Torres Karate, y Eduardo Bazo Solorzano, del Shurite-LK, cerraron el podio. Ksiri ganó tres encuentros en la repesca y terminó con un 11-8 frente a Rodríguez Clares. Bazo sumó un 8-0 ante Miguel Ángel Fornieles Suárez y un 10-2 contra Bruno Díaz Rodríguez.
La cantera cambia de protagonistas, pero Castillo vuelve a ganar
En kumite cadete hubo movimientos importantes respecto a la primera fase. Iker Llata Rey y David Olmos Clement, entonces subcampeones, dieron el paso al oro. Aarón Castillo Rueda, en cambio, volvió a ganar. Su final fue también la de mayor puntuación entre las cinco cadetes: 8-7 frente a Francisco Benítez Moreno.
El competidor del Montes de Karate tuvo que avanzar con empate a cero tanto ante Mario Montenegro Calvo como frente a Bruno Fernández Sáez. Entre ambos cruces ganó por 3-1 a Tymur Vikhrov. La final de +70 kg ante Benítez, del Club Sepai, cambió por completo ese registro: quince puntos y una diferencia mínima para decidir al campeón.
Tymur Vikhrov, del Kuro Obi, y Javier Lupiani Espinar, del Club Karate Isla Caribe, consiguieron los bronces. Vikhrov ganó por 2-0 a Montenegro y por 1-0 a Fernández Sáez; Lupiani cerró su participación con un 3-0 ante Manuel Bonilla Sánchez.
En −52 kg, Iker Llata Rey, del Kime Racing, impuso diferencias más claras en la parte decisiva: 3-1 frente a Alejandro Adrián Mursa en semifinales y 4-1 ante Izan Martín Almazán, de Shin Do Sankukai, en la final. Los terceros puestos fueron para Álvaro Dopico Montañés, de la Escuela Superior de Kárate Narón, y Luca Pirez Baez, del ACD Neko. Dopico ganó su encuentro por la medalla con empate a cero ante Darío González Rodríguez; Pirez se impuso por 3-2 a Mursa.
El oro de David Olmos Clement en −57 kg aportó otro de los tres títulos de Kyodai. Tras ganar por 6-0 a Miguel Mate Domínguez y a Izan Ibáñez Alonso, y por 5-0 a Mateo de la Torre Suárez, la final le obligó a resolver un margen mucho menor: 2-1 ante Pedro Ibáñez Carrillo, del Montes de Karate.
Mateo de la Torre Suárez, del Gimnasio Lino, y Carlos Martínez Delgado, de Kidokan, se llevaron los bronces. De la Torre ganó por 1-0 a Mate Domínguez; Martínez Delgado encadenó un 3-1 ante Mihail Pavel Kolev y un 4-2 frente a Daniel García Iasciuc.
Trujillo gana un 5-4 y Pérez Iniesta releva a Reyes en −70 kg
La final de −63 kg mantuvo el título a un punto de distancia. Juan Trujillo del Pozo, de Karate Kime-Cesar Martínez, ganó por 5-4 a Daniel Hurtado Masa, del Gimnasio Shotokan Don Benito. Antes había superado a Jorge Marrero Perdomo por 3-0, a Nicolás Palacios Nieto por 2-1 y a Marcos Jiménez León por 4-2.
Hurtado había alcanzado la final con un 2-0 frente a Marcos García Rodríguez. El competidor del Shotokan Frigiliana terminó con el bronce después de ganar por 8-3 a Unax Hermosilla. La otra medalla fue para Nicolás Palacios Nieto, del Shotokan Villoslada, vencedor por 7-1 ante Kevin Sánchez Santana y por 4-1 frente a Jiménez León.
En −70 kg, Pablo Pérez Iniesta, del Bunkai Murcia, encontró el oro ante quien había ganado la primera fase: Adrián Reyes Manzano, ahora representante del Wenceslao Angulo Shito Ryu. El 3-0 de la final culminó un recorrido en el que Pérez Iniesta había avanzado con empate a cuatro frente a Ezequiel Parejo Caro y ganado por 2-0 a Israel Vilchez Romera en semifinales.
Kenji García Nakamura, de Sankukai Zaragoza, y Christian Padilla Godoy, del Kinamic Karate, completaron el podio. García Nakamura recorrió una repesca de tres victorias y la cerró con un 9-1 ante Vilchez. Padilla ganó por 3-0 a Hugo Sánchez Díaz.
Prieto cambia el orden en K22; Huertas mantiene la referencia en K21
El para-karate aportó ocho categorías al programa masculino y buena parte de las medallas de los clubes situados en cabeza. También dejó una de las finales más estrechas del día: Víctor Manuel Prieto Arévalo, de Karate Blasco Galdos, ganó K22 por dos décimas a Iván Martín Camaño, de Kidokan.
Los 24,50 puntos de Prieto con Suparimpei superaron los 24,30 de Martín Camaño con Gojushiho Sho. El resultado invirtió el orden del Campeonato de España Absoluto de este año, donde Martín Camaño había ganado y Prieto había sido segundo.
Los dos bronces reforzaron el balance de Karate Pozuelo. Andrés Monjo Martín sumó 24,70 con Kosokun Dai ante los 22,10 de Manuel Corona Nester; Lucas Gea Merlo alcanzó 24,20 con Jion frente a los 22,60 de Eduardo Areses Lorenzo. Puntuaciones obtenidas en sus respectivos encuentros por el bronce, independientes de la final.
En K21 se mantuvo, en cambio, el orden de los dos primeros puestos del Campeonato de España. Carlos Huertas Ruiz, del Kodama Puçol, ganó con 24,80 y Gojushiho Sho, por delante de Cristopher Gutiérrez Hernández, de Nisseishi, que sumó 23,70 con Chibana No Kussanku.
Alberto Jose Movilla Silveira, del Miriam Cogolludo, e Iván Pazos Puñal, de la Asociación Deportiva do Coto, consiguieron los bronces. Movilla alcanzó 23,50 con Jyuroku frente a Aitor Torres Abad; Pazos logró 24,30 con Annan ante Ramón Peinado Juez.
El otro oro de Kidokan llegó en K23. Luis Font Ripollés ganó con 23,40 puntos y Gojushiho Sho a Hugo Alia Gómez, del Club Karate Loarce, segundo con 21,90 y Seienchin. Jose Octavio López Castaño, de Dojo No-Kachi Niten, completó el podio con el bronce.
Los otros títulos del para-karate y el balance de los clubes
Andrei Gabriel Miresan Sechei aportó al Iván Leal el oro sénior K40. El campeón de España absoluto de 2026 ganó con 24,10 puntos y Chatanyara Kussanku, frente a los 20,20 de Jose Martín Sunyer, de Karate Pozuelo, con Pinan Nidan.
En cadete K23, Ricardo Benítez Basto, de la Asoc. Kyu Shin Kan, cambió el orden de la primera fase al imponerse a Jesús Félix Armenteros Moñibas, de Karate Pozuelo. Benítez sumó 21,40 con Gojushiho Sho; Armenteros, 20,60 con Kosokun Dai.
Pozuelo encontró su oro en cadete K22 con Rodrigo Almazán Pradell, único participante de la categoría, que alcanzó 20,20 puntos con Pinan Nidan. También compitieron sin rivales en sus respectivas categorías Francisco José Lozano Ortega, del Club de Karate Antonio Miguel Verdú, campeón sénior K12 con 24,10 y Unsu, y Vicente Yánguez Santalla, de Senkikan Dojo, ganador sénior K30 con 25,00 y Kishimoto No Kussanku.
El reparto de esas medallas ayuda a explicar la clasificación colectiva. A los tres oros de Kyodai les siguieron las cuatro medallas del Iván Leal y las cinco de Pozuelo. Kidokan fue cuarto, con un oro, una plata y un bronce, y Montes de Karate quinto, con un oro y una plata. Dojo No-Kachi Niten y Gimnasio Lino compartieron la sexta posición, ambos con un título y un bronce. Kumo Sport y Wenceslao Angulo terminaron con dos platas cada uno.
Elche cerró así una jornada de 66 medallas con dos formas de hacerse fuerte: ganar más títulos, como Kyodai, o reunir más presencias en el podio, como Pozuelo. Entre ambas quedó el Iván Leal, que encontró en una final entre compañeros de club la imagen más clara de su resultado colectivo. La segunda fase mantuvo varios nombres en lo más alto, pero estrechó mucho los márgenes: cinco de las diez finales de kumite se decidieron por un punto y otras dos terminaron empatadas.
La medallista mundial sub-21 de kumite -68 kg inaugura «Más allá del podio», la nueva serie de entrevistas de Dojo Digital. Después de una temporada marcada por el oro mundial universitario y los bronces europeo y mundial sub-21, la karateka analiza su evolución competitiva, la semifinal que la dejó fuera de la lucha por el título y las personas que la ayudaron a recuperarse de aquella derrota.
Más allá del podio: las historias que no cuentan las medallas
Un campeonato termina cuando se disputa el último combate, se entregan las medallas y los deportistas abandonan el pabellón. Pero detrás de cada resultado queda una historia que rara vez aparece en las clasificaciones.
¿Cómo vive un karateka los minutos posteriores a una derrota? ¿Qué cambia en su manera de competir cuando empieza a obtener resultados internacionales? ¿Qué ocurre en las concentraciones, cómo se gestionan los nervios y qué papel desempeñan las personas que acompañan a los deportistas durante toda la temporada?
Con estas preguntas como punto de partida nace «Más allá del podio», una serie especial de entrevistas de Dojo Digital dedicada a los protagonistas del Campeonato del Mundo cadete, júnior y sub-21 de Bielsko-Biała 2026.
A lo largo de las próximas entregas conversaremos con distintos medallistas para conocer sus experiencias, profundizar en los aspectos técnicos y competitivos de cada modalidad y descubrir también su faceta más personal.
Cada entrevista tendrá su propia identidad, pero todas compartirán un hilo conductor: entender qué hay detrás de los resultados y conocer a quienes protagonizan una nueva etapa del karate internacional.
La serie comienza con Júlia Just Clopés.
Júlia Just, una temporada para cambiar las expectativas
Hay temporadas que confirman el nivel de una deportista y otras que modifican la percepción que tiene de sus propias posibilidades.
Para Júlia Just, 2026 parece haber sido una combinación de ambas.
La competidora española de kumite -68 kg ha firmado una trayectoria especialmente destacada en los últimos meses. Al bronce conseguido en el Campeonato de Europa sub-21 de Limassol añadió el título mundial universitario en Brasilia, donde compitió frente a rivales de mayor edad y experiencia. Posteriormente volvió a subir al podio internacional en la Serie A de Salzburgo, antes de conquistar el bronce en el Campeonato del Mundo sub-21 de Polonia.
Cuatro podios internacionales que reflejan una temporada de continuidad competitiva, pero que para la propia karateka tienen un significado más profundo: ha descubierto una seguridad sobre el tatami que hasta hace poco no sabía que podía alcanzar.
Su Mundial, sin embargo, estuvo lejos de ser un camino sencillo.
En semifinales, ante la griega Eirini-Grigoria Katsika, Júlia llegó a dominar el marcador por 2-0. La remontada de su rival la dejó fuera de la final y convirtió la posterior lucha por el bronce en una prueba tanto emocional como deportiva.
De aquella experiencia emerge una reflexión especialmente interesante sobre el kumite de alto nivel: la importancia de la lectura táctica, la toma de decisiones y la concentración en los momentos decisivos.
Pero en esta conversación también hay espacio para una madre que no podía contener las lágrimas, una canción que acompaña a las competidoras antes de salir al tatami y algunas de las personalidades más divertidas de la selección española.
Así comienza «Más allá del podio».
El Mundial: una medalla, una derrota y una nueva oportunidad
1. Júlia, vamos a empezar por Polonia. Si pudieras volver a vivir un único momento de este Mundial, ¿cuál elegirías? ¿Qué tuvo de especial?
Si pudiera volver a vivir un único momento de este Mundial, sería, sin duda, el momento en el que gané el bronce.
Miré hacia la grada y vi a todos mis compañeros de selección animándome y alegrándose por mi victoria como si fuera suya. Después, giré la cabeza y vi, al otro lado, a mi madre emocionada, sin poder parar de llorar y mirándome con un orgullo enorme.
Creo que ver a las personas que quiero tan felices por mí hizo que ese momento fuera todavía más especial.
2. Este año has conseguido un bronce europeo, el oro en el Mundial Universitario y ahora un bronce mundial sub-21. ¡Menuda temporada! ¿Esperabas conseguir estos resultados cuando empezó el año?
A principios de temporada siempre te marcas el objetivo de intentar ganarlo todo y aspiras a conseguir lo máximo. Aun así, la verdad es que no me esperaba conseguir estos resultados ni sentirme tan bien dentro del tatami.
Ha sido la mejor temporada de mi carrera hasta ahora y estoy muy contenta con todo lo que he conseguido.
Espero poder seguir creciendo, mejorar estos resultados y, sobre todo, conseguir ese oro europeo que tanto deseo.
3. En junio te proclamaste campeona del mundo universitaria en Brasilia. ¿Cómo influyó aquella victoria en tu preparación y en tu confianza para afrontar el Mundial de Polonia?
Cuando en junio me proclamé campeona del mundo universitaria, me puse muy contenta, no solo por el hecho de ser campeona, sino también por la seguridad con la que me había sentido dentro del tatami, compitiendo contra rivales más mayores y con más experiencia que yo.
Aquel logro me hizo cambiar el chip y ganar mucha confianza para afrontar el Mundial. Me hizo ver que era capaz de superar cualquier reto que se me pusiera por delante y que no tenía por qué sentirme inferior a nadie.
Además, el bronce que conseguí dos semanas antes en la Serie A de Salzburgo también me ayudó a llegar al campeonato con todavía más confianza y ganas de competir.
4. En Polonia te quedaste a un paso de la final después de caer ante Katsika. ¿Cómo recuerdas ese combate? Y, sobre todo, ¿cómo conseguiste cambiar el chip para afrontar la lucha por el bronce?
Fue un combate muy duro mentalmente para mí.
Katsika venía de proclamarse campeona de Europa y estaba en una muy buena racha, así que sabía que no iba a ser un combate nada fácil.
Empecé ganando 2-0, haciendo un trabajo muy serio y táctico. Sin embargo, después de marcar el segundo punto me despisté y la griega consiguió empatar con dos acciones muy buenas. Cuando quedaba poco tiempo, le dieron un ippon con el que consiguió remontar el combate.
Al salir del tatami estaba destrozada porque sentía que había perdido la oportunidad de cumplir el sueño que tenía desde pequeña: proclamarme campeona del mundo.
En ese momento me costaba ver más allá de aquella derrota, pero mis compañeros, mi familia y, sobre todo, mis seleccionadores me ayudaron muchísimo.
Me consolaron y me hicieron ver que, cuatro días después, todavía tenía la oportunidad de luchar por un bronce y que debía estar orgullosa del trabajo que había hecho hasta entonces.
Me ayudaron a entender que tenía que levantar la cabeza y centrarme en la oportunidad que todavía tenía por delante.
Sabía que conseguir aquella medalla era algo por lo que había trabajado muchísimo, así que decidí cambiar el chip, dejar atrás lo que había pasado y darlo todo en la lucha por el bronce.
La evolución de su kumite: técnica, táctica y concentración
5. Cuando miras tu evolución como competidora, ¿en qué aspecto de tu kumite crees que has mejorado más? ¿Y qué es lo que todavía te gustaría perfeccionar?
Creo que el aspecto en el que más he mejorado como competidora es la táctica.
Llega un punto en el que, aunque sigas entrenando y perfeccionando la técnica, lo que realmente marca la diferencia es saber cómo y cuándo utilizarla, y cómo gestionar las diferentes situaciones que se presentan durante un combate.
Es ahí donde más he notado mi evolución, en la capacidad de leer los combates, tomar decisiones tácticas y confiar cada vez más en ellas.
De cara al futuro, me gustaría mejorar mi concentración en los momentos finales, porque a veces, en los últimos segundos, cometo errores por perder un poco la atención.
Creo que es un aspecto importante que debo seguir trabajando para dar un paso más como competidora.
6. Los resultados se ven, pero detrás hay muchas horas de entrenamiento. ¿Qué parte de tu preparación crees que ha sido fundamental para llegar a este nivel?
Para llegar a este nivel hay muchísimas horas de entrenamiento, recuperación de lesiones y, sobre todo, constancia.
Creo que esa es la clave: ser constante, aprender a renunciar a algunos planes y comprometerte al cien por cien con tus objetivos, dando lo mejor de ti cada día.
Además del entrenamiento de karate, es fundamental cuidar la alimentación y trabajar la preparación física de forma específica para tus objetivos.
Al final, todo suma y son esos pequeños esfuerzos del día a día los que te permiten llegar preparada a los campeonatos y dar lo mejor de ti cuando llega el momento de competir.
7. Después de todo lo vivido esta temporada, ¿qué has aprendido sobre ti misma como deportista?
Después de todo lo vivido, he aprendido que no tengo que ponerme un techo, que todavía me queda una vida deportiva muy larga y que tengo muchísimo margen de mejora.
Esta temporada me ha enseñado que soy capaz de conseguir cosas que antes veía muy lejanas y que, incluso cuando las cosas no salen como esperaba, puedo levantarme y seguir luchando por mis objetivos.
También he aprendido que los resultados son importantes, pero que lo que realmente te hace crecer es el trabajo de cada día, la constancia y la confianza en una misma.
Me quedo con las ganas de seguir mejorando, de disfrutar del camino y de demostrarme hasta dónde puedo llegar.
FUERA DEL TATAMI
Hasta aquí hemos hablado de resultados, entrenamiento y competición. Pero «Más allá del podio» también quiere conocer a las personas que conviven durante semanas en concentraciones y campeonatos, con sus costumbres, bromas y pequeñas tradiciones.
Con Júlia descubrimos que el humor tiene un papel importante en su manera de afrontar la presión y que, dentro de la selección, algunas transformaciones recuerdan bastante a las de Dragon Ball.
8. Si preguntáramos a tus compañeros de selección qué es lo más peculiar de ti, ¿qué crees que nos contarían?
No sé si es algo muy peculiar, pero creo que dirían que soy una persona que intenta quitarle hierro a todo con humor.
Siempre intento buscarle el lado divertido a las cosas y soy incapaz de estar seria en los momentos más tensos.
Antes de competir, por ejemplo, intento estar de bromas y hacer reír a los demás para quitarle un poco de importancia al momento y ayudar a que todos estemos más relajados.
Creo que el humor es mi manera de gestionar los nervios y de disfrutar también de esos momentos de tensión.
9. ¿Tienes alguna manía, ritual o superstición antes de salir al tatami? ¿Algo que hagas siempre, aunque no sepas muy bien por qué?
La verdad es que no soy muy supersticiosa y no tengo una rutina fija antes de salir a competir.
Lo que sí intento hacer siempre es escuchar la canción Pilé, porque mis compañeras de selección y yo solemos ponerla juntas para animarnos, activarnos y entrar con energía.
Al final, se ha convertido en una pequeña tradición que compartimos y que me encanta mantener.
10. ¿Quién es la persona más bromista de la selección? ¿Nos cuentas alguna de sus ocurrencias?
Bufff, ¡es difícil quedarse solo con una!
La verdad es que nuestro grupo se podría definir perfectamente con una palabra: risas.
Durante las concentraciones no paramos de reírnos y de pasarlo bien.
Pero, si tengo que elegir a alguien, diría que Eva Otero es de las más bromistas. Es verla y se te escapa la sonrisa. Es una persona que transmite muchísima alegría y que está todo el día vacilando y haciendo bromas.
Sus ocurrencias me las voy a tener que guardar, porque son tan buenas que no pueden salir a la luz, jajajajaja.
11. En Dragon Ball, los saiyans se transforman en superguerreros cuando llega el momento de luchar. Si trasladamos eso a la selección española, ¿qué compañero o compañera dirías que experimenta la mayor transformación cuando pisa el tatami? ¿Quién cambia completamente entre el día a día y la competición?
Pues te diría que Noa López.
En su día a día es una persona bastante despistada y que a veces se pone nerviosa, pero es entrar en el tatami y transformarse por completo.
Se serena, toma decisiones con muchísima seguridad y compite con una tranquilidad y una confianza impresionantes.
Es muy curioso ver ese cambio entre cómo es en el día a día y cómo afronta la competición.
Una pregunta para el siguiente protagonista
Una de las particularidades de «Más allá del podio» es que sus protagonistas no solo responden a Dojo Digital. También pueden dejar una pregunta para otro de los deportistas que participarán en la serie.
Es una forma de conectar las entrevistas y de abrir una conversación entre quienes han compartido la experiencia del Mundial desde dentro.
12. Júlia, ¿qué pregunta te gustaría hacerle al siguiente protagonista de nuestras entrevistas? Puede ser sobre karate, una curiosidad o algo que siempre hayas querido preguntar a otro competidor.
¿Cómo consigues gestionar la presión y los nervios cuando tienes una competición importante y sabes que hay muchas expectativas puestas en ti?
La respuesta llegará en una próxima entrega de «Más allá del podio».
Más que una medalla: aprender a competir de otra manera
Hay un aspecto especialmente revelador en las palabras de Júlia Just: después de firmar la mejor temporada de su carrera, no identifica su mayor progreso con una nueva técnica, una mejora física concreta o una medalla determinada.
Lo sitúa en la táctica.
En comprender mejor los combates, reconocer las situaciones que se presentan y tomar decisiones con mayor confianza. Una evolución que, según explica, ha sido fundamental para desenvolverse frente a rivales internacionales de alto nivel.
Esa misma reflexión hace más interesante su análisis de la semifinal mundialista. Júlia reconoce que perdió la concentración después de adelantarse en el marcador y señala los últimos segundos de los combates como uno de los aspectos que todavía necesita perfeccionar.
No intenta esconderlo detrás del resultado. Lo identifica como una parte de su rendimiento que debe seguir trabajando.
Su temporada también deja otra lectura. El oro universitario de Brasilia no fue importante únicamente por el título, sino porque le permitió competir con seguridad frente a karatekas más experimentadas. Aquella experiencia, reforzada después por el bronce de Salzburgo, modificó la confianza con la que afrontó el Mundial.
Pero quizá la imagen que mejor resume esta entrevista no sea una acción técnica ni un marcador.
Es Júlia mirando hacia la grada después de conseguir el bronce, encontrándose primero con la alegría de sus compañeros y después con su madre emocionada.
La misma deportista que unos días antes había abandonado el tatami destrozada por quedarse fuera de la final terminó el campeonato descubriendo que aquella medalla también pertenecía, emocionalmente, a quienes la habían ayudado a recuperarse.
El bronce de Polonia ya forma parte de su palmarés. La confianza adquirida, la capacidad de reconocer sus errores y el deseo de seguir mejorando pueden tener un recorrido todavía mayor.
Júlia no esconde cuál es uno de sus próximos objetivos: ese oro europeo que todavía desea conseguir.
Y, por lo que cuenta, tampoco tiene intención de ponerse un techo.
Con esta conversación inauguramos «Más allá del podio», la serie especial de entrevistas de Dojo Digital dedicada a conocer a los protagonistas del Mundial cadete, júnior y sub-21 de 2026 desde una perspectiva deportiva, técnica y personal.
Los oros de Candela Peña, Paola García e Izan Martín encabezan una actuación que sitúa a España tercera en el medallero del Campeonato del Mundo cadete, júnior y sub-21. Tres platas y dos bronces completan un balance repartido entre kata, kumite y la competición por equipos.
España terminó el Campeonato del Mundo de Bielsko-Biała con ocho medallas y el tercer puesto del medallero, por detrás de Japón y Egipto. Tres oros, tres platas y dos bronces condensan cinco días de competición, del 14 al 18 de octubre, en los que la selección encontró protagonistas en las tres categorías de edad y en ambas modalidades.
Candela Peña García, Paola García Lozano e Izan Martín Peña conquistaron los títulos mundiales. Celia Cofrades del Castillo, Noa López González y el equipo femenino de kata cadete y júnior alcanzaron las finales y se llevaron la plata. José Ángel León de la Peña y Julia Just Clopés completaron los podios españoles con dos bronces conseguidos por caminos diferentes: él, después de reconstruir su campeonato desde la primera ronda; ella, tras quedarse a un combate de la final.
El reparto también ayuda a explicar la dimensión del resultado. Cuatro medallas llegaron del kata y cuatro del kumite. Hubo podios individuales y por equipos, campeones cadetes y sub-21, y una aportación femenina de seis medallas sobre las ocho de la delegación. Más allá de quienes subieron al cajón, otros cuatro españoles alcanzaron los encuentros por el bronce.
Paola e Izan ponen el oro al domingo
La última jornada reunió las finales sub-21 y por equipos. España llegaba con tres oportunidades de título y convirtió dos de ellas en oro.
Paola García Lozano se proclamó campeona del mundo de kata sub-21 al superar por 3-2 a la brasileña Gabrielle Henrique. El desenlace cerró un recorrido en el que la española había vencido por 5-0 a las representantes de Malta, Estados Unidos, Georgia y Venezuela.
La final exigió resolver un duelo mucho más estrecho. Paola volvió a elegir Chatanyara Kushanku, el kata con el que había superado las semifinales, y obtuvo las tres banderas que le dieron el campeonato. Su trayectoria en Polonia quedó así cerrada con cinco victorias y el título mundial.
El otro oro del domingo fue para Izan Martín Peña, campeón de kumite sub-21 de menos de 75 kilos. El español derrotó por 6-4 al marroquí Haitam Oufkir en la final, después de haber superado al turco Osman Burak Keles por 9-1 en semifinales. Dos triunfos que explican el alcance de su última parte del campeonato: primero aseguró la medalla y después ganó el combate que decidía su color.
Julia Just Clopés completó las medallas españolas sub-21. En menos de 68 kilos encadenó victorias frente a Brasil, Alemania, Serbia e Indonesia antes de caer por 2-5 ante la griega Eirini-Grigoria Katsika en semifinales. En el encuentro por el bronce se impuso por 2-0 a la neerlandesa Robin Zwanenburg.
Su medalla llegó después de cinco victorias en seis combates. La derrota en semifinales no cerró su recorrido: todavía quedaba una oportunidad de podio y Julia la aprovechó.
Iván Martín Montenegro también alcanzó las semifinales de kata sub-21 tras superar a los representantes de Rumanía, Austria y Francia. El turco Furkan Kaynar le apartó de la final y el portugués João Vieira le ganó por 3-2 en el cruce por el bronce. El español terminó quinto, a una bandera de la medalla.
Candela abre los títulos; Celia y Noa alcanzan sus finales
El primer oro español había llegado el sábado de la mano de Candela Peña García, campeona del mundo de kata cadete. Su victoria por 5-0 ante la egipcia Jana Kassem culminó una competición en la que solo cedió una bandera.
Candela comenzó con sendos 5-0 frente a Estados Unidos y Argelia, superó por 4-1 a la alemana Luisa Schaudig y ganó por 5-0 a la representante de Hong Kong en semifinales. En la final, con Chatanyara Kushanku, volvió a obtener la decisión unánime de los jueces.
El balance permite dimensionar su campeonato sin recurrir a grandes adjetivos: cinco victorias y cuatro de ellas por 5-0. Al día siguiente todavía añadiría una segunda medalla a su participación, esta vez junto al equipo femenino de kata.
La otra final española cadete correspondió a Celia Cofrades del Castillo, en kumite de menos de 47 kilos. La española derrotó a las representantes de Gales, Rumanía y Japón antes de superar a la francesa Nayah Hassaine en semifinales. En la lucha por el título cayó por 1-3 ante la estadounidense Victoria Jacoby.
La plata de Celia fue el resultado de un recorrido con cuatro victorias y cruces de margen reducido, como el 2-1 ante Rumanía y el 3-2 frente a Japón. España cerraba así la categoría cadete con un título en kata y un subcampeonato en kumite.
En júnior, Noa López González sostuvo la presencia española en las finales. La competidora de menos de 66 kilos ganó cinco combates consecutivos: Arabia Saudí, Marruecos, Dinamarca, Eslovaquia y Estados Unidos. El 1-0 frente a la eslovaca Viktoria Sevcikova precedió a su victoria por 4-1 sobre la estadounidense Skyla Harling en semifinales.
La palestina Mariam Bsharat detuvo su recorrido en la final, resuelta por 3-1. Noa se llevó una plata construida a lo largo de seis encuentros y una de las trayectorias más extensas de la selección en el campeonato.
La segunda medalla júnior llegó desde una situación muy distinta. José Ángel León de la Peña perdió su primer enfrentamiento de kata por 2-3 ante el japonés Takeru Hamazawa. La clasificación del japonés para la final le abrió la repesca y el español aprovechó cada una de sus oportunidades.
Ganó por 5-0 a Francia, Israel y Estados Unidos, y después superó por 3-2 a Nuri Wong, de Hong Kong, en el encuentro por el bronce. Cuatro victorias consecutivas después de la derrota inicial transformaron su campeonato y le llevaron al podio.
Los equipos también explican el resultado español
La competición por equipos aportó una de las seis finales disputadas por España. Lucía Rodrigo Díaz, Uxía Folgueira González, Candela Peña García y Rocío Castro López formaron el equipo femenino de kata cadete y júnior que terminó subcampeón del mundo.
España venció por 5-0 a Montenegro y Hungría y repitió el marcador ante Italia en semifinales. Tres eliminatorias sin ceder una bandera le dieron acceso a la final contra Japón.
Las japonesas se impusieron por 5-0 en el encuentro por el título. La plata cerró el recorrido del conjunto español y permitió a Candela sumar dos medallas en el mismo Mundial. Para Rocío, que se había quedado a las puertas del bronce individual, la competición colectiva terminó con un lugar en el podio.
El equipo masculino, integrado por Hugo González Sáez, Izan Álvarez Fernández, José Ángel León de la Peña y Jorge Lleó Smet, superó a Hong Kong por 4-1 y a Kazajistán por 5-0. Su trayectoria terminó ante Eslovaquia, que ganó por 3-2.
La posterior derrota de los eslovacos frente a Italia dejó a España sin repesca. El conjunto masculino cerró su participación con dos victorias y una eliminación por el margen mínimo.
Los recorridos que quedaron fuera del podio
Las ocho medallas no agotan la participación española. Pablo Pérez Iniesta, Rocío Castro López y Nadira García Ruiz, junto a Iván Martín Montenegro, terminaron quintos después de disputar los encuentros por el bronce.
Pablo, en kumite cadete de menos de 70 kilos, accedió a esa última oportunidad después de ganar dos combates de repesca ante Moldavia y Serbia. Rocío, en kata júnior, también tuvo que pasar por la repesca y terminó cediendo por 2-3 ante la indonesia Zaskia Putri Salurante en el duelo por la medalla. Nadira, en kumite júnior de menos de 48 kilos, se quedó sin bronce tras un encuentro que acabó con empate a tres frente a la ucraniana Vieronika Kotenko.
En kata cadete masculino, Hugo González Sáez ganó a Rumanía y Nueva Zelanda antes de perder ante el japonés Ryushin Shimabukuro. Según informó la RFEK, la posterior descalificación del japonés en semifinales, por un error en la inscripción del kata, cerró la posibilidad de repesca para el español.
El kumite cadete dejó también las dos victorias de Marcos Blanco Castro, en más de 70 kilos, frente a Brasil e Inglaterra, antes de su eliminación ante Alemania. Paula Ginés Chavarry, en menos de 61 kilos, superó a Taipéi y cayó ante Kazajistán. Laura Torrenteras Novillo, en más de 61 kilos, pudo disputar la repesca después de perder frente a Serbia, pero la representante de Chipre puso fin a su participación.
Julia María Melgar Postigo, en menos de 54 kilos; Salvador Escutia Manchola, en menos de 52; Carlos Martínez Delgado, en menos de 57; y Nicolás Balmaseda Soler, en menos de 63, quedaron eliminados en sus primeros enfrentamientos. Carlos perdió por un solo punto, 5-6, ante el brasileño Arthur Carvalho.
En júnior, Marta González Herrera, de más de 66 kilos, terminó séptima después de ganar a Suiza, caer ante Egipto y sumar otra victoria frente a Angola en la repesca, donde posteriormente perdió contra Kirguistán. Ariadna Chica Tolosa, en menos de 53 kilos, y Alejandra Gómez Mauriño, en menos de 59, superaron sus primeras rondas ante Inglaterra y Bosnia y Herzegovina, respectivamente, antes de quedar eliminadas.
David Gómez Mauriño, en menos de 61 kilos, ganó a Malasia y Uruguay y perdió por 0-1 ante Ucrania. Marcos Serrano Jiménez, en más de 76 kilos, venció a Israel y Dinamarca antes de caer frente a Kosovo. Hugo López Pérez, en menos de 55, y Rodrigo García de Blas Redondo, en menos de 68, consiguieron una victoria cada uno; César Mateo Antúnez, en menos de 76, perdió su primer combate ante Irlanda.
La participación sub-21 se completó con recorridos que tampoco encontraron continuidad en la repesca. Carla Guardeño León, en menos de 50 kilos, comenzó con victorias ante Angola y Chile. Ruth Vizcaíno Calvo, en menos de 55, superó a Suecia y perdió por hantei ante Marruecos, según la información federativa. Eva Otero Luengo, en menos de 61, ganó a Rumanía antes de caer frente a Japón. Irene Fernández Pérez, en más de 68, perdió ante Eslovaquia.
En la competición masculina, Jorge Pérez Lorite, de menos de 67 kilos, venció a Serbia y cayó por 3-4 ante Armenia. Iker Leal Moreno, en menos de 84, sumó dos victorias antes de su eliminación frente a Bosnia y Herzegovina. Martín González Freddi, en más de 84, superó a Azerbaiyán y Taipéi y perdió ante Francia en un combate decidido por senshu, según la RFEK. Unai Chica Tolosa, en menos de 60, quedó eliminado ante Italia.
El siguiente reto está en la continuidad
Bielsko-Biała deja a España tercera en el medallero mundial, con seis finales, ocho podios y resultados repartidos entre distintas edades y modalidades. Detrás aparecen deportistas que ya ganan títulos internacionales, otros que se quedan a un encuentro de conseguirlos y el trabajo de clubes, entrenadores y equipos técnicos que sostiene ese recorrido.
Este Mundial acredita la capacidad del karate español para formar competidores que pueden ganar a los mejores de su edad. El desafío siguiente será acompañar esa progresión cuando cambien las categorías, aumente la exigencia y haya que convertir el resultado de un campeonato en una trayectoria sostenida.
Ahí queda una pregunta que merece seguir abierta después de Polonia: ¿qué habría que modificar para que esta presencia en los podios de las categorías inferiores tenga una continuidad más sólida en sénior? ¿Hay algo en la transición, en los apoyos o en las oportunidades de competición de otros países que España deba estudiar?
La cantera ha vuelto a ofrecer resultados. ¿Cómo conseguir que todo ese potencial llegue más lejos?
Cuando Ankō Itosu abrió las puertas de la escuela al antiguo arte de Okinawa, aseguró buena parte de su futuro. Pero para poder enseñarlo a cientos de jóvenes tuvo que convertir una transmisión personal, reservada y marcial en un método colectivo de educación. El karate sobrevivió. La pregunta es si siguió siendo exactamente el mismo.
Antes de aprender a conquistar el mundo, el karate tuvo que aprender a entrar en una clase.
No fue un paso pequeño.
Hasta comienzos del siglo XX, el arte marcial de Okinawa había vivido principalmente en círculos reducidos. Su conocimiento avanzaba despacio, de un maestro a unos pocos discípulos, en una transmisión construida sobre la observación, la repetición y el contacto directo. No había programas universales, exámenes comunes ni grandes grupos moviéndose al mismo tiempo. Tampoco existía aún el karate como una disciplina homogénea, organizada en estilos claramente delimitados.
Había maestros, alumnos, kata y formas distintas de comprender el combate.
Entonces apareció la escuela.
Y entre el antiguo arte y las aulas se alzó una figura fundamental: Itosu Ankō.
Su nombre suele aparecer acompañado de expresiones como «padre del karate moderno» o «maestro de maestros». No son elogios vacíos. Entre sus discípulos se encuentran algunas de las personas que después desempeñaron un papel decisivo en la expansión y organización del karate, como Funakoshi Gichin, Mabuni Kenwa, Chibana Chōshin, Hanashiro Chōmo o Yabu Kentsū.
Pero la verdadera dimensión de Itosu no se encuentra únicamente en los nombres de quienes aprendieron de él. Está en la transformación que ayudó a poner en marcha.
Con Itosu, el karate dejó de ser solamente un conocimiento recibido. Comenzó a convertirse en un conocimiento enseñable.
Del patio del maestro al patio de la escuela
Itosu nació en Shuri en 1831, cuando Okinawa todavía formaba parte del Reino de Ryūkyū. Vivió, por tanto, la desaparición de aquel reino, su incorporación al Estado japonés y la acelerada modernización de la sociedad durante la era Meiji.
Fue testigo de un cambio de mundo.
El antiguo orden al que había pertenecido el karate se deshacía. Las familias de la aristocracia ryūkyūense perdían su posición, las instituciones tradicionales eran reemplazadas y Japón construía un sistema educativo y militar moderno. Una disciplina transmitida mediante relaciones privadas corría el riesgo de quedar encerrada en un tiempo que estaba desapareciendo.
Itosu comprendió que el karate necesitaba encontrar un nuevo lugar en la sociedad.
La escuela se lo ofreció.
La documentación histórica sitúa en 1901 la incorporación del tōde —la denominación habitual antes de consolidarse la palabra karate— a la educación física de la Escuela Primaria de Shuri. En 1905, su enseñanza se extendió a la Escuela Secundaria de la Prefectura de Okinawa y a la Escuela Normal, encargada de formar a futuros maestros.
El cambio de escenario alteraba necesariamente la práctica.
Ya no se trataba de enseñar a uno o dos discípulos escogidos, capaces de observar durante años las correcciones de un maestro. Ahora había que trabajar con grupos de estudiantes, dentro de un horario, con objetivos educativos y mediante ejercicios que pudieran repetirse de forma ordenada.
El karate entraba en la escuela, pero la escuela también entraba en el karate.
Enseñar a muchos obliga a enseñar de otra manera
La enseñanza colectiva necesita estructura.
Un profesor debe poder colocar a los alumnos en filas, explicar un movimiento, dividir el aprendizaje en etapas y observar si el grupo avanza. La práctica individual y flexible debe transformarse en un método que pueda repetirse.
Ese proceso resulta tan familiar para el karateka actual que cuesta imaginar que alguna vez no existió.
Hoy parece natural comenzar por posiciones, desplazamientos y técnicas básicas; aprender kata siguiendo un orden progresivo; repetir movimientos de manera sincronizada y separar el trabajo en partes comprensibles. Sin embargo, muchas de estas características no deben confundirse automáticamente con una tradición inmutable nacida siglos atrás.
Parte de ese karate fue organizado para poder ser enseñado.
El estudio académico de Hajimu Ishida sobre el papel de Itosu lo sitúa precisamente como el punto de unión entre el karate tradicional y el moderno. Según su análisis, Itosu recibió numerosos kata antiguos, los reelaboró, reorganizó parte de aquel material y creó un sistema pedagógico que permitió ampliar enormemente el número de practicantes.
Su aportación no consistió solo en conservar lo que había aprendido.
También seleccionó, ordenó y transformó.
Los Pinan: un camino dividido en cinco etapas
La expresión más visible de aquella transformación son los cinco kata Pinan.
Pinan Shodan, Nidan, Sandan, Yondan y Godan forman hoy parte del aprendizaje de numerosos estilos, aunque en algunas tradiciones japonesas su orden fue modificado y su nombre pasó a pronunciarse Heian. Para millones de karatekas han sido la puerta de entrada al kata.
Su aparente sencillez puede engañar.
Los Pinan no son únicamente ejercicios básicos. Reúnen desplazamientos, defensas, ataques, cambios de dirección y principios que acompañarán al practicante durante toda su vida. Su importancia histórica está, sobre todo, en la forma de presentar ese contenido: una progresión dividida en cinco secuencias que permite acercarse gradualmente al lenguaje corporal del karate.
La investigación de Ishida atribuye a Itosu la creación de los Pinan como kata modernos y destaca su papel en el establecimiento de un método de enseñanza. La tradición sostiene que los construyó empleando elementos procedentes de formas anteriores, aunque determinar con absoluta precisión qué fragmentos provienen de cada kata resulta más difícil.
No poseemos el cuaderno de trabajo de Itosu. No podemos observarlo escogiendo una técnica de Passai, modificando una secuencia de Kūsankū o descartando un movimiento concreto. Entre la documentación y la tradición permanecen espacios vacíos.
Lo que sí puede afirmarse es que los Pinan respondían perfectamente a la nueva realidad: podían organizar el aprendizaje, distribuir la dificultad y ser practicados colectivamente por jóvenes estudiantes.
El karate adquiría así una gramática escolar.
¿Se vació el karate de sus técnicas más peligrosas?
Aquí comienza uno de los debates más repetidos.
Según una interpretación muy extendida, Itosu habría simplificado el karate para introducirlo en las escuelas y habría eliminado de los kata las técnicas más peligrosas: ataques a los ojos, golpes a zonas vulnerables, luxaciones, controles y recursos poco apropiados para menores.
La explicación resulta verosímil, pero conviene manejarla con cuidado.
Es razonable pensar que una práctica escolar no podía reproducir libremente todos los métodos de una disciplina de combate. También parece evidente que enseñar a grupos numerosos exigía adoptar medidas de seguridad y reducir la complejidad de determinados ejercicios.
Sin embargo, los textos atribuidos al propio Itosu dibujan una realidad más interesante que una simple eliminación.
En sus diez preceptos de 1908, Itosu explica que no basta con repetir los kata sin comprenderlos. Cada movimiento debe estudiarse conociendo su propósito y la situación en la que podría aplicarse. También menciona formas de liberarse de agarres, métodos de control y técnicas transmitidas oralmente a personas concretas.
Esto significa que Itosu todavía concebía el karate como algo más amplio que la coreografía visible.
El kata era su parte pública, pero no necesariamente contenía toda la enseñanza de forma evidente. A su alrededor continuaban existiendo explicaciones, aplicaciones y conocimientos que dependían de la transmisión directa.
Quizá Itosu no vació los kata de significado. Quizá separó niveles.
Una cosa era aquello que podía enseñarse colectivamente a los estudiantes. Otra, lo que requería madurez, experiencia y la guía cercana de un maestro.
El problema pudo llegar más tarde: cuando la parte visible se expandió por el mundo con mucha más facilidad que las claves necesarias para interpretarla.
Los diez preceptos: un proyecto para el futuro
En octubre de 1908, Itosu presentó ante el departamento educativo de la prefectura un documento conocido como Tōde jukkajō, los diez preceptos del tōde.
Es uno de los escasos textos que permiten acercarse directamente a su pensamiento.
No es un tratado técnico ni una evocación romántica del pasado. Es una propuesta. Itosu defiende el valor del karate como medio para fortalecer el cuerpo y el carácter, establece orientaciones para la práctica y plantea su incorporación a la educación desde edades tempranas.
En sus palabras conviven varios mundos.
Está el antiguo arte marcial, con el entrenamiento del cuerpo, el makiwara, las aplicaciones de los kata y la preparación para responder ante una agresión. Está también la educación física moderna, interesada en desarrollar jóvenes fuertes, disciplinados y resistentes. Y aparece, inevitablemente, el Japón de comienzos del siglo XX, que relacionaba la formación corporal con el servicio militar y la fortaleza de la nación.
No conviene borrar este último elemento.
Itosu escribió después de las victorias japonesas en las guerras contra China y Rusia, en una sociedad que concedía un valor creciente a la preparación física de sus jóvenes. En sus preceptos sostuvo que el karate podía ser útil para quienes posteriormente ingresaran en el ejército y afirmó que, si los maestros formados en Okinawa lo llevaban a sus futuras escuelas, podría extenderse por todo el país en aproximadamente una década.
No fue una predicción exacta.
Fue algo más importante: una visión estratégica.
Itosu comprendió que formar profesores era la manera de multiplicar el karate. Cada estudiante de la Escuela Normal podía marcharse después a otra localidad y enseñar allí lo aprendido. El conocimiento ya no dependería exclusivamente de que un discípulo encontrara personalmente a un gran maestro.
La transmisión se convertía en red.
El karate comenzaba a ser reproducible.
Lo que se ganó
Gracias a esa transformación, el karate salió de los espacios privados.
Pudo ser practicado por jóvenes que nunca habrían accedido a los antiguos círculos de enseñanza. Adquirió una estructura que facilitó su entrada posterior en las universidades japonesas. Creó una base pedagógica sobre la que trabajarían Funakoshi, Mabuni y otros maestros. Sobrevivió a la desaparición del mundo ryūkyūense en el que se había formado y, con el tiempo, cruzó fronteras que Itosu apenas podía imaginar.
Sin aquella adaptación, es posible que parte del karate se hubiera perdido.
Los sistemas transmitidos a muy pocas personas poseen profundidad, pero también fragilidad. Basta con que un maestro muera sin haber completado la enseñanza, que una familia se disperse o que una guerra destruya una generación para que desaparezca un conocimiento acumulado durante siglos.
La enseñanza colectiva redujo ese riesgo.
Itosu entregó al karate una arquitectura capaz de resistir el tiempo.
Lo que pudo perderse
Pero toda transformación tiene un precio.
Cuando una enseñanza creada para unas pocas personas pasa a cientos de alumnos, las explicaciones individuales se reducen. Cuando el movimiento debe ejecutarse al mismo ritmo que el resto del grupo, hay menos espacio para la adaptación personal. Cuando un kata se convierte en herramienta de educación física, su simetría, su orden y su efecto formativo pueden terminar ocupando el lugar de su lógica combativa.
La expansión conserva unas cosas y debilita otras.
El karate escolar favoreció la postura, la coordinación, la disciplina, el esfuerzo y el trabajo colectivo. Pero una práctica concebida para formar el cuerpo no siempre transmite por sí sola la distancia, la intención, el desequilibrio, el agarre o la decisión que dan sentido a una técnica frente a otra persona.
No podemos atribuir a Itosu todas las simplificaciones posteriores. Él insistió expresamente en que los movimientos del kata debían comprenderse y aplicarse con una finalidad concreta. Su proyecto no era repetir formas vacías.
Sin embargo, el sistema que ayudó a crear hacía posible que la forma viajara sin que toda su explicación viajase con ella.
Ahí reside su gran paradoja.
¿Conservador o reformador?
Preguntar si Itosu salvó el karate o lo transformó para siempre plantea una falsa elección.
Hizo ambas cosas.
Lo conservó porque comprendió que una tradición incapaz de adaptarse podía desaparecer. Lo transformó porque ninguna práctica entra en la escuela y sale completamente intacta. Cambian el número de alumnos, el tiempo disponible, los objetivos, la seguridad, el lenguaje y la relación con el maestro.
Itosu no fue simplemente el guardián de un legado. Fue uno de sus grandes arquitectos.
Recibió un arte nacido en otro tiempo y construyó un puente hacia el siglo XX. Sobre ese puente caminaron después los fundadores de escuelas, los instructores enviados al extranjero, los maestros que enseñaron en universidades y los millones de practicantes que comenzaron su camino repitiendo un Pinan.
Es posible que parte del karate antiguo quedara atrás.
También es posible que, sin aquella decisión, hoy apenas pudiéramos buscar sus huellas.
Cada vez que un grupo de niños se coloca en filas y comienza un kata, la transformación iniciada por Itosu vuelve a ocurrir. En esa escena conviven la pérdida y la supervivencia, la tradición y el cambio, el antiguo maestro y la escuela moderna.
El karate que heredamos no llegó hasta nosotros a pesar de haber cambiado.
Llegó porque alguien se atrevió a cambiarlo.
Fuentes principales
Ishida, Hajimu: «Sobre el papel de Itosu Ankō en el karate de Okinawa», Research Journal of Budō, volumen 20, 1987.
Itosu Ankō: Tōde jukkajō o «Diez preceptos del tōde», documento presentado al departamento educativo de Okinawa en 1908.
Gobierno de la Prefectura de Okinawa: cronología histórica del karate.
Biblioteca Prefectural de Okinawa y Base de Datos Cooperativa de Referencias de la Biblioteca Nacional de Japón: documentación y referencias bibliográficas sobre los diez preceptos de Itosu.
Yanagihara, Shigeo: «Itosu Ankō, impulsor de la difusión del karate», serie El karate tradicional de Okinawa en la actualidad, WEB Daisan Bunmei.
El Campeonato de Andalucía Cadete, Júnior, Sub-21 y Para-karate reunió el 3 de octubre en San Fernando a cerca de 500 deportistas. Málaga encabezó el medallero por delegaciones, pero el reparto de títulos entre provincias, clubes y categorías dejó una competición mucho más abierta de lo que sugiere la clasificación general.
San Fernando acogió el pasado 3 de octubre una de las principales citas autonómicas para las categorías cadete, júnior y sub-21. Organizado por la Federación Andaluza de Karate y Disciplinas Asociadas junto al Ayuntamiento de San Fernando, el campeonato reunió a cerca de 500 deportistas en kata, kumite y para-karate.
Más allá del volumen de participación, la cita tenía un interés evidente: concentraba en un mismo programa a buena parte de las generaciones que ya están compitiendo por abrirse paso en el panorama andaluz y nacional.
El balance final dejó a Málaga al frente del medallero por delegaciones con 52 metales —13 oros, 14 platas y 25 bronces—, seguida por Almería, con 24 medallas y ocho títulos, y Sevilla, con 22 medallas y cinco oros. Córdoba sumó 15 metales, Cádiz 11, Granada nueve y Jaén ocho.
Pero el desarrollo por categorías dibujó una competición mucho más repartida.
Málaga marca el paso en kata, pero Almería cierra fuerte
El kata femenino tuvo un claro acento malagueño. Ornella Rocha Pepermans se proclamó campeona cadete por delante de Ugne Martinenaite, con Gabriela Béjar López e Isabel Almoguera Domínguez en los bronces. En júnior, el título fue para Lucía Mengíbar Quesada, acompañada en el podio por Helena González del Moral, Ariadna Rodríguez Martínez y Carmen Perdiguero Alarcón.
La secuencia malagueña se completó en sub-21 con Maelle Drujon, campeona por delante de Ana Paz Rey Ruiz, mientras que Tasnim Al Husein Raie y Carmen Ruiz Panzuela ocuparon las dos terceras posiciones.
En masculino, Málaga volvió a abrir con triunfo gracias a Thiago Leal en cadete. Borislav Yosifov Bosilkov fue segundo y Eugenio Bosquet Herrera y Mario López Milán completaron el podio.
El júnior masculino cambió el reparto. Israel Calzadilla Díaz llevó el título a Córdoba, con David Cisneros Cabrerizo en segunda posición y Gustavo Valdivia Rubio y Jaime Martínez Morales en los bronces.
Almería cerró el bloque individual con fuerza en sub-21. Esteban Soto Reyes consiguió el oro y Iván Bogas Padilla la plata, mientras que Manuel Béjar López y Juan José Góngora Sánchez terminaron terceros.
La delegación almeriense añadió además el título de kata por equipos masculino con Eugenio Bosquet Herrera, Roberto Mayor Cortés y Daniel Sánchez Purcel. Bosquet completó así una actuación especialmente sólida al sumar el oro colectivo al bronce conseguido en kata cadete individual.
El kumite femenino reparte los títulos
El kumite femenino confirmó una de las principales características del campeonato: el reparto territorial.
En cadete, Ainhoa Cruz Ruiz se impuso en -47 kg, por delante de Ahinoa Navas Pérez, con Daniela Moreno Extremera y Cayetana Barragán Brenes en los bronces. En -54 kg ganó Marina Castillo Rueda, seguida por Sofía Molina Nieto, Ainhoa García Ruiz y Clara Narváez Muñoz.
El -61 kg fue para Lydia María Pareja Selas, con Ana Isabel Arenas García como subcampeona y Martina Alzola Vilarrasa y Lucía Aránega García en tercera posición. En +61 kg, el título recayó en Adriana Tejada Vílchez, acompañada en el podio por Sitar Aoulad Ben Salah Ghailan, Erika Lomeña Guerrero y Lucía Villar Márquez.
La categoría júnior mantuvo esa misma diversidad. Isabel Martín Martín ganó el -48 kg por delante de Marta Jiménez Moya. Aitana Cano Ayala se impuso en -53 kg, con Mariam Noguera Alba segunda y Daniela Páez Cano y Sofía Gordo Arco en los bronces.
En -59 kg, el oro fue para Erika Moiseyenko Hnatyuk, seguida por Marta López Benítez, Ariadna Rodríguez Martínez y Alba Fernández Tobaruela. Ariadna Rodríguez cerró así el campeonato con doble presencia en el podio, después de su bronce en kata júnior.
Elba Rosa Peña García ganó el -66 kg, con Marta Rodríguez Paque, Nagore Núñez Abreu y Cayetana Fuentes Andrades completando las posiciones de honor. En +66 kg, Gabriele Karnaciuk consiguió el título por delante de Claudia Buzea Ruiz, Beatriz Simón Carmona y Emma Rodríguez Gómez.
El sub-21 femenino deja varios nombres propios
En sub-21, Zaira Blanes Martín abrió con el oro en -50 kg, seguida por Lola Matos Peral, Tasnim Al Husein Raie y Laura Gómez Valverde. Tasnim volvió a subir al podio después de su bronce en kata.
Lorena Molero Moya se impuso en -55 kg, con Ana León Fernández segunda y Mara García Ruiz tercera.
En -61 kg, Marta Clavijo Gómez consiguió el campeonato, mientras que Elena Cortés Mayas fue plata y Eva María Serralbo Muñoz y María de la Paz Aguilar Antúnez completaron el podio.
El -68 kg fue para Brenda Cheryl Valencia Aguirre, por delante de Candela González Palomo, Minerva Cuevas González y María Salud Férriz Velasco. Yasmine Ksiri El Mehdaoui cerró el cuadro femenino con el oro en +68 kg, acompañada por Noa del Valle Cuevas, Sofía Cobo Ruiz y Gracia Lomeña Guerrero.
El cadete masculino abre un kumite muy repartido
En cadete masculino, Marcos González Cansado ganó el -52 kg. Javier Rodríguez Luna fue segundo, mientras que Gonzalo González Cansado y Aitor Guerrero Muñoz consiguieron los bronces.
Pedro Ibáñez Carrillo se impuso en -57 kg, con Alejandro Gómez Romero como subcampeón y Ismael Torres Tapia y Roberto Mayor Cortés en tercera posición.
En -63 kg ganó Juan Trujillo del Pozo, seguido por Marcos García Rodríguez, Alejandro Medina Morales y Nicolás Palacios Nieto.
El -70 kg fue para Ezequiel Parejo Caro, con Adrián Reyes Manzano segundo y Gabriel Salinas Rodríguez e Íñigo Baena Olave en los bronces. Aarón Castillo Rueda cerró el cadete masculino con el título de +70 kg, por delante de Mario Rubio Aguilera, Alejandro Lock e Ismael García Ruiz.
Júnior masculino: cinco títulos, cinco campeones
El júnior masculino volvió a ofrecer un reparto amplio.
David Sánchez Rueda ganó el -55 kg, con Adrián López Mateos en segunda posición y Sergio Pino Cabezas y Juan Antonio Leal Barea en los bronces.
En -61 kg, el oro fue para Mauricio Fuentes Fernández, acompañado en el podio por Jorge León García, Jorge Moreno Gálvez e Isaac Balmes Bonilla.
Mohamed Reda El Jamhi Agdi se impuso en -68 kg, por delante de Noé Boutellier Soria, Iván Quesada Torres y Ernesto García Vargas.
El -76 kg fue para David García Reyes, con Bryan Reina Holanda segundo y Álvaro Florido Ordóñez y Pablo Mesa López en tercera posición.
Finalmente, Rubén Cheli Reina consiguió el título de +76 kg, acompañado por José Medina Fernández, Carlos Sánchez Burgos y Víctor Carrillo Gutiérrez.
El sub-21 masculino cierra el kumite
En sub-21, Antonio López Mateos ganó el -60 kg, con Francisco Maldonado Ruiz segundo y José Luis Fernández Beltrán y Nicolás Macías Mora en los bronces.
En -67 kg se impuso David Bouhyane Torrente, seguido por Francisco Javier Moscoso Sambruno, Álex López Sánchez y Daniel José Escobar Jara.
Alejandro Rodríguez Gómez consiguió el oro en -75 kg, mientras que Gonzalo Oliva Herreros fue plata y Rodrigo Martín Morales y Valentín Vargas Martínez completaron el podio.
En -84 kg, el título fue para Ramón Antonio Martín España, con Carlos Boutellier Vieira segundo y Juan Magaña Gálvez e Iván Córdoba Macías en las terceras posiciones.
El último oro individual de kumite fue para Raúl Navarrete Bonilla en +84 kg. José Castillo Murcia consiguió la plata, mientras que Francisco Amores Fernández y Miguel Ángel Fornieles Suárez cerraron el podio.
Para-karate, integrado en la competición
El programa de San Fernando incluyó también tres categorías de para-karate masculino.
Ricardo Benítez Basto se proclamó campeón cadete D.Int.K23, Iván Moreno Santos ganó la categoría júnior D.Int.K21 y Pablo Árbol Almagro consiguió el título sub-21 D.Int.K21.
La Asociación Kyu Shin Kan, de Cádiz, logró dos de esos campeonatos, mientras que el tercero fue para C.D. Wenceslao Angulo Shito Ryu.
Los clubes también reparten protagonismo
El campeonato dejó también un reparto amplio de títulos entre los clubes andaluces. C.D. Flex Gym Adra y C.D. Montes de Karate encabezaron el balance con cuatro oros cada uno.
Con tres títulos finalizaron Olympic Karate Marbella, C.D. Kihaku, C.D. Kuro Obi, Karate Kime-César Martínez, Centro Yume y C.D. Wenceslao Angulo Shito Ryu.
Con dos oros terminaron C.D. Shotokan Villoslada, Club de Karate Kanku y Asociación Kyu Shin Kan.
Más que un dominio de una única entidad, el balance refleja la amplitud de clubes capaces de colocar deportistas en los primeros puestos y confirma que el protagonismo del campeonato estuvo muy repartido.
Una fotografía del karate que viene
San Fernando dejó mucho más que un medallero.
Dejó campeones, dobles podios, delegaciones fuertes y clubes capaces de colocar deportistas en varias categorías. Pero, sobre todo, dejó una lista muy amplia de nombres.
Algunos ya acumulan experiencia nacional e internacional. Otros empiezan ahora a hacerse visibles. Cadetes que entran en una etapa decisiva, júniors que empiezan a medir su continuidad competitiva y sub-21 que están ya muy cerca del salto al absoluto.
Málaga terminó con la mayor profundidad colectiva. Almería fue segunda y Sevilla tercera. Pero cuando se baja al detalle de cada categoría, el campeonato se abre mucho más: Córdoba, Jaén, Cádiz y Granada también colocaron campeones y podios en distintas modalidades y pesos.
Ese reparto es quizá una de las mejores conclusiones que deja San Fernando.
No hubo un único protagonista.
Hubo muchos.
Y precisamente ahí está el valor de esta cita: en empezar a identificar hoy algunos de los nombres que el karate andaluz volverá a encontrarse mañana.