Introducción José Antonio Rodríguez Martín, conocido como “Kiko”, es una de las figuras más destacadas del Karate y el Goshin en Granada. 5.º Dan en Karate Shotokan y 5.º Dan en Goshin, Técnico Deportivo Nivel III, Juez del Tribunal Nacional de Grados, Monitor de Autoprotección Policial en defensa personal, manejo del grillete y defensa extensible, Monitor de Técnicas y Metodología persuasiva contra la violencia de género, Especialista en defensa personal, combina su faceta como Director Técnico de la Escuela Municipal de Salobreña con la impartición de cursos.
Su formación no se limita al Karate: ha practicado Jiu Jitsu, arte marcial japonés enfocado en proyecciones, luxaciones y control del oponente, kobudo y Bugei, conjunto de disciplinas marciales tradicionales de los samuráis que incluye el manejo de distintas armas. Esta combinación le aporta una visión más amplia y efectiva de la defensa personal, enriqueciendo cada uno de sus cursos. El sábado 16 de agosto impartirá un curso especializado en Goshin, donde los asistentes podrán aprender y perfeccionar técnicas adaptadas a distintos niveles.
Kiko, llevas muchos años vinculado al Karate y al Goshin. ¿Cómo comenzó tu trayectoria en las artes marciales y qué te llevó a especializarte en defensa personal? Pues yo comencé a practicar karate, si mal no recuerdo, en el año 1981 en mi ciudad natal, Motril, ¿el motivo que me llevo a ello? Realmente no lo recuerdo, quizás motivado por el boom de las películas de karate que estaban en auge en aquellos tiempos o porque algunos amigos decidimos apuntarnos a probar. ¿Defensa personal? ¿Acaso el karate no es en sí un método de defensa personal? El karate como cualquier arte marcial, ya es un sistema de defensa personal, lo que pasa es que, como ocurre con tantas otras artes, la especialización en solo alguna de sus facetas, kata, kumite… y las normas de competición, dan lugar a la pérdida de otras habilidades que se dejan de practicar. Yo tuve mi época de competidor, pero hubo un momento en que sentía que me faltaba algo y, a través de investigar y probar otras artes, me di cuenta de que tenía que llevar lo aprendido un poco más a lo natural, obviando a veces la plasticidad de la técnica y centrándome más en la posible eficacia que en lo bonito de la posición.
Tienes 5.º Dan tanto en Shotokan como en Goshin. ¿Qué aprendizajes clave has obtenido de cada disciplina que aplicas hoy en tu enseñanza? Karate, Goshin… aún a día de hoy hay personas que siguen empeñadas en separar las dos cosas. Es como si dijéramos que karate es una cosa, kumite es otra y kata otra distinta. No, son todo partes de una misma cosa, y el goshin (autoprotección) forma parte de ello, ¿o no es el fin de las artes de lucha? En mis clases practicamos goshin, kobudo, jiu jitsu, bugei… y todo ello encaminado a enriquecer el karate que aprendí. Intento transmitir el interés por investigar y mejorar día a día, respetando siempre la postura o punto de vista de cada uno. Nadie tiene la verdad absoluta.
Tu experiencia incluye Kobudo, Jiu Jitsu y Bugei. ¿Cómo enriquecen estas disciplinas tu visión de la defensa personal? Todo suma. La habilidad y el conocimiento de las armas utilizadas que te aporta el kobudo ayudan a entender algunos de los katas que practicamos en Shotokan, donde hay técnicas de desarme y ataque con la propia arma. También te hace reconocer cualquier utensilio diario susceptible de ser utilizado como “arma de fortuna”. En cuanto al jiu jitsu y el bugei, me han ayudado a identificar movimientos o técnicas “escondidas” en los katas, que hasta ese momento solo eran defensas o golpes y ahora las veo como luxaciones o proyecciones, por ejemplo.
En este curso de Goshin, ¿qué objetivos principales te has marcado para los participantes? En este curso, como en los anteriores, mi principal objetivo es intentar abrir la mente y despertar el interés de los participantes por conocer cosas nuevas, que puedan aportarle riqueza y conocimiento a su práctica diaria.
En tus cursos siempre hay un ambiente muy dinámico. ¿Qué papel juegan la motivación y la confianza en el aprendizaje de la defensa personal? Como en cualquier cosa que se quiera conseguir, la motivación, el interés por aprender y la constancia en el entrenamiento son fundamentales. Por eso intento que las clases sean amenas y que los participantes se diviertan aprendiendo.
Tu papel como Director Técnico de la Escuela Municipal de Salobreña te da una visión muy cercana del alumnado. ¿Qué tipo de practicantes se pueden beneficiar más de un curso como este? Obviamente, todo aquel que quiera aprender. Todos tenemos alumnos con distintas motivaciones: el que viene solo porque sus padres lo han apuntado para que haga algo, el que quiere ser campeón de kata o kumite y solo se enfoca en ello, el que solo se conforma con las dos o tres clases de la semana, el que se inscribe para hacer algo de deporte para mejorar su condición física… pero los que realmente aprovechan los cursos son ese tipo de alumno que quiere entender y aprender más sobre lo que hace y no se conforma con tan solo tres horas semanales de práctica.
La defensa personal a veces se percibe como algo complejo. ¿Cómo logras adaptarla para que cualquier persona, independientemente de su edad o experiencia, pueda practicarla y aprenderla? En una ocasión vino una persona a decirme que quería que su hija aprendiera a defenderse en una semana. Yo le dije que eso era algo más complejo; me dijo que si era posible, que había visto en la televisión un arte marcial que decía que utilizaba movimientos naturales e innatos y se aprendía fácilmente y rápido. Los que llevamos ya algunos años en esto sabemos que no es tan fácil. El ser humano ha perdido, por desuso, muchas de las habilidades con las que teóricamente se nace. Es por ello que hay que adaptar las clases a las diferentes aptitudes del alumnado y potenciar aquellas que tienen y trabajar para mejorar las que tienen algo más ocultas. Todo el que realmente quiera puede aprender sin tener una preparación previa: unos tardarán menos y otros más, pero esto no es una carrera contra otros, sino una lucha contra uno mismo.
Más allá de la técnica, ¿qué valores o actitudes crees que aporta el Goshin a la vida diaria? Aparte de la confianza en ti mismo, esfuerzo, constancia, lealtad… tenemos los preceptos: .- Que nunca te hagan daño. (para ello defiéndete). .- Que nunca hagas daño. (para ello respeta). .- Que nunca te hagas daño. (para ello cuídate).
Si alguien está dudando en apuntarse, ¿qué le dirías para convencerlo de que aproveche esta oportunidad? Solo le diría que si está pensando en desarrollar una actividad donde irá adquiriendo condición física, mejorar la salud, donde el compañerismo, la lealtad, el honor, el respeto, el esfuerzo, la constancia, la seguridad en uno mismo y el crecimiento personal sean algunos de los pilares a cuidar, no lo piense, acérquese a un Dojo e infórmese. No se arrepentirá. Merece la pena.
Mirando al futuro, ¿qué objetivos o proyectos tienes en mente dentro del Karate y la defensa personal? Como objetivo personal, seguir investigando y creciendo como persona y como profesional. Al margen de esto, hay en camino varios proyectos literarios que espero poder acabar pronto para que vean la luz.
En cada técnica, en cada consejo, hay décadas de experiencia y pasión por enseñar. El tatami no solo es un lugar donde entrenar, es un espacio donde se comparten valores, se forjan amistades y se crece como persona. Este sábado, en Adra, tienes la oportunidad de vivirlo de la mano de uno de los grandes.
En el corazón de Pamplona, el Centro Deportivo EMPI no es solo un dojo. Es un legado. Es historia viva del kárate navarro, escrita por tres generaciones de la familia Gabaldón. Desde el abuelo Floren, pionero y maestro exigente, hasta Mikel, referente técnico y seleccionador con una visión innovadora, y ahora Jaime, joven promesa con una medalla de plata en la Youth League y una actitud arrolladora dentro y fuera del tatami.
En esta entrevista exclusiva para Dojodigital.es, padre e hijo dialogan juntos, se interrumpen con complicidad, se lanzan retos, recuerdan momentos clave y reflexionan sobre su presente y futuro. Un recorrido íntimo y deportivo por su historia compartida, que va mucho más allá de los títulos y las medallas. Aquí hay valores, emoción, y mucho, muchísimo amor por el kárate.
1. Mikel, tu padre Floren fue pionero del kárate en Pamplona. ¿Qué recuerdos tienes de él como maestro y como padre dentro y fuera del tatami?
Mikel: Bueno, la verdad es que mi padre, Floren, empezó a dar clases de kárate ya cuando era adolescente, en la calle Mayor, en el centro de Pamplona, junto al maestro Saldaña..
¿Qué recuerdos tengo de él? Pues empecé a practicar kárate con solo tres añitos, y recuerdo perfectamente una foto en una de sus clases, donde estoy en el centro, siendo con diferencia el más pequeño del grupo.
Como padre, siempre ha sido un referente para mí, un ejemplo a seguir en mi día a día. Pero tengo que reconocer que, como maestro, ha sido la persona más exigente que me he encontrado. Quiero recalcar esto porque creo que esa exigencia nos ha ayudado muchísimo, no solo a formar a muchos alumnos, sino también a formarnos a nosotros mismos como personas.
2. ¿Qué crees que significó para tu padre ver que vosotros, sus hijos, continuabais su legado con el Centro Deportivo EMPI?
Mikel: Fue un sueño hecho realidad. Nuestro padre siempre había querido tener su propio dojo, pero por diferentes circunstancias en su vida no pudo hacerlo. Él trabajaba por las noches en un bar, y eso le impedía tener otro empleo a jornada completa en un gimnasio.
En 2014 llegó nuestro momento. Fue una oportunidad preciosa para mi hermano y para mí, y no dejamos pasar el tren. Nos subimos a él y hasta hoy llevamos ya once años con el Centro Deportivo EMPI. Estamos muy, muy contentos.
3. Jaime, ¿qué te han contado sobre tu abuelo Floren? ¿Has podido entrenar con él o ver vídeos suyos? ¿Qué es lo que más te inspira de su historia?
Jaime: Sí, yo he entrenado con mi abuelo Floren, y en todos los entrenamientos que he tenido con él se nota que es muy marcial y que lo sabe todo. Cuando yo sea abuelito como él, me gustaría ser como él, seguir dando clases y poder tener mi propio dojo, porque es una oportunidad muy grande.
4. Para los dos: ¿cómo es compartir el kárate como algo familiar? ¿Se vive distinto cuando no solo es un deporte sino parte de la historia de vuestra familia?
Mikel: La familia Gabaldón respira y vive por y para el kárate. Llevamos muchos años dedicándonos a él, y como puedes imaginar, en nuestra casa se habla de kárate, se vive el kárate, se ve kárate… y lo disfrutamos todos juntos día a día. La verdad es que, para nosotros, es una auténtica gozada.
Jaime: Para mí es muy guay vivir el kárate en familia. Cuando estoy entrenando, estoy con mi tío, a veces también viene mi abuelo, estoy con mi padre… incluso con mi hermana. Y además me lo paso genial con todos mis amigos que tengo en el dojo. Muchas veces jugamos al pilla-pilla antes de las clases, y me lo paso genial.
5. Si tuvieseis que definir en una sola frase qué significa el kárate para la familia Gabaldón, ¿cuál sería?
Mikel: Si hay algo que nos define, lo tenemos en la entrada de nuestro centro deportivo. Es una frase muy especial para nosotros: “Lucha por tus sueños.” Creemos que en esta vida hay que esforzarse cada día por conseguir lo que uno desea. En nuestra familia, esa frase está muy presente: luchar por tus sueños con constancia, con actitud, con alegría… y con la intención de ser, cada día, un poquito mejor que el anterior.
6. Mikel, llevas más de 10 años al frente de Empi. ¿Cuál ha sido el mayor reto de dirigir un dojo familiar y cómo ha cambiado desde el primer día hasta hoy?
Mikel: El mayor reto que nos hemos encontrado en EMPI ha sido sacar la mejor versión, laboralmente hablando, tanto de mi padre, Floren, como de mi hermano, Gorka. Cuando empiezas con un dojo propio, surgen muchos problemas en el día a día y tienes que ir adaptándote constantemente.
Es cierto que entre nosotros nos damos espacio laboral, y que cada decisión que toma uno está respaldada por los otros dos. En ese sentido, no hemos tenido ningún problema. Desde 2014 hemos cambiado muchísimo. El crecimiento en cuanto a alumnos ha sido una auténtica barbaridad… y queremos más. De hecho, a día de hoy nos estamos planteando abrir un segundo local para ampliar las instalaciones del centro.
7. Jaime, tú has crecido literalmente dentro del dojo. ¿Te sientes un alumno más o notas que tienes una responsabilidad especial por ser “el hijo del sensei”?
Jaime: Yo siento que tengo una responsabilidad especial por ser quien soy: el hijo del sensei, Mikel. Llevo conmigo los valores del kárate y sé que tengo que enseñarlos a otros, para que luego ellos también puedan transmitirlos a más personas.
8. ¿Tenéis alguna anécdota divertida o emotiva que haya pasado en el dojo y que recordéis con cariño?
Mikel: De todos estos años, me quedo claramente con la fiesta del décimo aniversario. Fue una tarde súper bonita. Vinieron todos nuestros alumnos, también antiguos alumnos, y llegamos a reunir a casi 500 personas para celebrar los diez años del Centro Deportivo EMPI. Hubo actuaciones de todo tipo, exhibiciones… y se creó un ambiente familiar, que es justo lo que nosotros buscamos en el dojo. Fue algo muy, muy especial.
Jaime: Fue un fiestón. ¡Mi primera vez en una discoteca! Y no la última.
9. Mikel, como seleccionador y entrenador, ¿qué diferencia ves entre formar a un niño que quiere competir y uno que solo quiere disfrutar del kárate sin presiones?
Mikel: Lo que veo es muy claro: la implicación. Un niño o una niña que quiere competir debe saber —y su familia también— que eso requiere esfuerzo. Por ejemplo, nuestros competidores entrenan cinco días a la semana, y eso, para una familia, es muy duro. Ir cinco veces al centro deportivo, encajar los horarios, salir corriendo del cole, cambiarse deprisa… Es un esfuerzo enorme por parte de todos.
Y luego están los niños y niñas que vienen a hacer kárate porque les gusta y les motiva, sin el objetivo competitivo. Ellos lo que buscan es un ambiente donde se sientan cómodos, donde se diviertan y, sobre todo, donde se sientan valorados.
Ahí los formadores tenemos que tener mucho cuidado y darles el cariño que se merecen. Porque, al final, un niño que se siente a gusto, repite. Y un niño haciendo kárate debe sentirse bien en todo momento.
10. Jaime, ¿qué es lo que más te gusta de competir en kata? ¿La preparación, el momento de salir al tatami o cuando ves los resultados?
Jaime: Pues en verdad, disfruto todo. Me gusta entrenar, y hasta los nervios que siento cuando estoy en el tatami. El kárate, para mí, es la vida. Y EMPI es como mi segunda casa.
Fotografía realizada por @karateinsights
11. Mikel, ¿cómo planteas una temporada para un deportista de base que quiere llegar a la élite? ¿Hacéis planificación anual, objetivos por fases, o lo enfocáis de otra manera?
Mikel: Las planificaciones las hacemos anuales. Lo que solemos hacer es partir del calendario de la Federación Cántabra, de la Española y también del calendario Mundial. En función de los objetivos que tenemos para esa temporada, organizamos y ajustamos la planificación. Lo solemos bajar a objetivos por clases, en papelitos que vamos trabajando poco a poco.
Está claro que para que un deportista de base llegue a la élite hace falta mucho trabajo. Pero también es cierto que, desde la primera o segunda clase, hay niños y niñas que parecen estar tocados por una varita. Lo ves enseguida.
Entonces, desde una base muy didáctica y con un enfoque divertido, comenzamos a dirigir su trabajo hacia la competición. Siempre motivando, con buenas palabras, y teniendo claro que sigue siendo un niño o una niña que acaba de empezar, aunque tenga un potencial que ves claramente que puede llegar a brillar muy alto.
Así es como solemos enfocar y plantear nuestras temporadas.
12. Jaime, cuando sales al tatami en una competición internacional como la Youth League, ¿en qué piensas? ¿Tienes algún ritual o forma de concentrarte?
Jaime: Cuando estoy en una competición como la Youth League, pienso que voy a salir con todo y que voy a ganar. Mi pequeño ritual es secarme los pies y golpear un poco el tatami antes de empezar.
13. Mikel, como seleccionador, ¿cómo ves el nivel actual del kata infantil y juvenil en España? ¿Estamos a la altura de las grandes potencias como Japón o Italia?
Mikel: La verdad es que el nivel de kata en España es una auténtica barbaridad, y lo es ya desde las categorías inferiores. Yo, que tengo la suerte de vivir los Campeonatos de España a pie de tatami, puedo decir que ver competir a los niños y niñas benjamines es un auténtico espectáculo. Es increíble cómo trabajan siendo tan pequeños. Una maravilla.
Recientemente, en Poreč, tuvimos hasta ocho competidores españoles en categorías Under-14 luchando por medallas. Así que sí, creo que España goza de un nivel de kárate infantil y juvenil impresionante, y sin duda estamos al nivel de grandes potencias como Japón e Italia.
14. Jaime, ¿te fijas en otros competidores internacionales? ¿Tienes algún referente mundial al que sigas o te gustaría parecerte?
Jaime: Sí, tengo dos referentes: uno de España y otro de fuera. El español es Raúl Martín, que para mí es un gran referente porque pega fuerte, transmite, es rápido y tiene un gran trabajo detrás.
Y el otro, que es de estilo Shotokan, es Kazumasa Moto. Para mí, es el mejor competidor del mundo.
15. ¿Cómo os preparáis técnicamente? ¿Dais más importancia a la potencia, a la limpieza técnica, a la expresión o al ritmo? ¿Qué aspectos creéis que marcan la diferencia hoy en día en kata?
Mikel: Esta pregunta me gusta mucho, porque si en algo somos especialmente meticulosos, es en la parte técnica.
Hoy en día, por supuesto, la potencia en un competidor de kata es fundamental, al igual que la limpieza. Pero creo que lo que realmente marca la diferencia es la técnica. También influye la puesta en escena, ese ritmo que llama la atención y que, combinado con una buena pegada, impacta visualmente.
Pero si te hablo como coach, lo que más valoro es a un competidor que sea técnicamente impecable. Me encanta ver a alguien que trabaja limpio, preciso, con control. Eso, para mí, es lo que realmente define un buen kata.
16. ¿Qué papel juega la preparación física en vuestro entrenamiento? ¿Jaime hace trabajo de fuerza, coordinación, prevención de lesiones… o con su edad todavía lo enfocáis más desde el juego?
Mikel: Hoy en día, una buena preparación física es fundamental. Todo nuestro equipo de competición tiene, todos los lunes, una sesión específica de preparación física de una hora y cuarto.
Esa preparación siempre la ajustamos en función del calendario de campeonatos, para que encaje con los momentos clave de la temporada.
Por supuesto, Jaime es uno más en esos entrenamientos. Hace trabajo de fuerza, coordinación, prevención de lesiones… aunque, siendo un niño en plena etapa de crecimiento, adaptamos ciertas cargas y movimientos para que su desarrollo sea el más adecuado posible.
Yo soy de los técnicos que cree firmemente que la preparación física marca la diferencia. Un ejemplo que me encanta es el de Ariel Torres, el competidor estadounidense. Es una auténtica máquina, y lo que transmite tiene mucho que ver con la preparación física que lleva detrás.
Por eso, nosotros sí que le damos mucha importancia y mantenemos esa sesión semanal específica para el equipo de competición.
17. Jaime, después de un campeonato, ¿cómo analizáis juntos los vídeos? ¿Sueles verte en las repeticiones? ¿Qué es lo primero que te fijas?
Jaime: Normalmente no solemos analizar los vídeos muy a fondo. Pero cuando los vemos, nos fijamos en los puntos que se pueden mejorar y también en los puntos fuertes, para seguir haciéndolos igual.
18. Mikel, como padre y entrenador, ¿es difícil separar el papel de coach y el de padre cuando ves a tu hijo competir?
Mikel: No hay duda: separar ese papel de padre y ponerse el de entrenador es algo que solo entendemos los que tenemos a nuestros hijos o hijas compitiendo.
Yo podría decir que, cuando compite Jaime, las pulsaciones me van a 2000. Siempre digo que más de una vez voy a necesitar que me reanimen en algún campeonato, porque soy un coach que se pone muy nervioso con todos los míos. Me gusta verles brillar.
Creo que todo entrenador quiere eso: ver a sus alumnos destacar. Y cuando estoy con la selección me pasa igual, quiero lo mejor para todos los chicos seleccionados. Pero con Jaime y con Helena —que también es mi hija— hay ese punto extra. Son mis hijos, y la verdad es que no es fácil separar ambos papeles… aunque creo que, de momento, lo estamos llevando muy bien.
Eso sí: con las pulsaciones no a 1000… sino a 2000.
19. ¿Qué otras cosas os gusta hacer juntos fuera del tatami? ¿Hay tiempo para desconectar o todo es kárate?
Jaime: Fuera del tatami también nos gusta hacer muchas cosas, como jugar a pádel. A veces aprovechamos algún ratito libre para escaparnos a jugar un partido.
Mikel: Y sí, la verdad es que tenemos bastante tiempo para desconectar. Después de entrenar, muchas veces acabamos hablando de pádel o de cualquier otra cosa.
Bueno, y luego en este punto también, algo que me gusta mucho con Jaime es que tenemos un “día de chicos”. Entonces, bueno, sí que es cierto que en el día a día se nos hace un poquito complicado, con tanto entrenamiento, con tanta competición… Pero sí que intentamos mantener ese “día de chicos”, donde nos vamos a jugar a pádel, o nos vamos a una bolera, a los recreativos, o al cine.
Y luego, por supuesto… ¿qué acabamos cenando, Jaime?
Jaime: Una hamburguesa.
Mikel: Correcto.
20. ¿Quién es más competitivo en casa, el padre o el hijo?
Mikel: Hemos tocado un tema importante: la competitividad entre padre e hijo. Voy a lanzar la pregunta al aire… Jaime, ¿quién es más competitivo, tú o yo?
(Los dos, al mismo tiempo): —Tú.
Mikel: La verdad es que en este punto… los dos somos muy competitivos. No nos gusta perder ni al parchís. Y sí que es cierto que, cuando veo a Jaime, me recuerda a cómo era yo de pequeño. Es un niño que se pica mucho, muy competitivo, pero si hay algo de lo que estoy realmente orgulloso es que, en competición, no es nada así. Siempre ha llevado muy bien las derrotas, tiene un nivel de deportividad altísimo y eso, para mí, vale muchísimo más que cualquier victoria.
Pero sí, en casa… tanto él como yo somos competitivos al máximo. Nos gusta ganar al pádel, a las cartas, a cualquier juego. Y, obviamente, nos gusta ganar.
Así que en esta pregunta… empate para los dos.
Fotografía por @karateinsights
21. Si algún día Jaime decide ser entrenador o montar su propio dojo, ¿qué consejo le darías, Mikel?
Mikel: ¡Qué buena pregunta! Si algún día Jaime decide ser entrenador o montar su propio dojo, el consejo que le daría es que, primero, se forme bien, que sea un auténtico profesional, y que mantenga la inquietud diaria por seguir mejorando.
Porque, al final, de eso se trata en la vida: de tener esa curiosidad y ese impulso constante por buscar tu mejor versión. Y eso solo se consigue con trabajo, esfuerzo y sacrificio.
Así que si tuviese que darle un consejo, sería que tenga muy clara la idea, que luche por su sueño, que lo intente con todo… Y que sepa que va a tener que trabajar mucho y muy duro, pero que vale la pena, porque es algo muy gratificante.
22. Y al revés, Jaime: si algún día tu padre decidiera competir otra vez en kata, ¿tú le entrenarías?
Jaime: Sí, sí, sí. Yo le entrenaría y muy a gusto. Le daría toda la caña que él me da a mí. Porque muchos días le digo: “¡Vuelve a competir, vuelve a competir!” Pero no quiere… no sé por qué.
23. ¿Cómo veis el futuro del kárate en España? ¿Creéis que es un deporte suficientemente valorado o todavía queda mucho por hacer?
Jaime: El futuro del kárate en España, ahora mismo, es como un avión en despegue. Hay muchísima gente buena compitiendo a nivel internacional y consiguiendo resultados importantes.
Mikel: Pero, por desgracia, creo que todavía no es un deporte suficientemente valorado. Desde que salió del programa olímpico, se ha perdido parte del apoyo, sobre todo en becas y ayudas, y es muy difícil que empresas privadas apuesten por patrocinar.
Nosotros, por ejemplo, tenemos la suerte de contar con el apoyo de dos empresas navarras: Compresores Redin y Rentair, que nos patrocinan y nos apoyan. Desde aquí quiero agradecerles ese respaldo, porque es muy importante para nosotros.
Aun así, pienso que el kárate todavía no está en su momento top. Queda mucho por hacer, mucha visibilidad que ganar, y mucho trabajo por delante para que tenga el reconocimiento que merece.
24. ¿Qué os gustaría que quedara en la gente cuando piensen en la familia Gabaldón y en el dojo Empi? ¿Cuál sería el legado ideal?
Mikel: Pedazo de pregunta para cerrar la entrevista.
Pues mira, cuando la gente piense en nosotros —y creo que hablo también en nombre de mi padre y de mi hermano— nos gustaría que recordasen que, al venir a EMPI, se sintieron en familia. Que vivieron unos valores dentro del dojo que les han servido para su vida.
Creo que si tenemos algo bonito los profesores de kárate es eso: somos capaces de inculcar valores muy valiosos para el crecimiento personal y para el futuro de nuestros alumnos. Así que sí, me encantaría que la gente nos recordase por los valores que les hemos transmitido.
Lo digo muchas veces, pero dentro de nuestro centro deportivo tenemos una segunda familia, que es la familia del kárate. Y, por suerte, también una tercera familia, que es la del pilates. A las dos les estamos súper agradecidos, porque después de 11 años seguimos aquí: al pie del cañón, trabajando, innovando y con ganas de mejorar cada día.
¿Y cuál sería el legado ideal? La verdad… si hay algo que no sé hacer, es predecir el futuro (de momento). Pero quizá un legado bonito sería que este pequeño que tengo a mi lado —Jaime— tomara el relevo algún día, que se formara junto a su hermana y pudieran llevar la parte de kárate dentro de EMPI. Para nosotros, eso sería algo muy bonito… y un motivo enorme de orgullo.
________________________________________
Hablar con Mikel y Jaime Gabaldón es abrir una ventana al alma de una familia que ha hecho del kárate su forma de vida. Tres generaciones unidas por una pasión que no entiende de horarios ni de sacrificios, porque lo suyo no es un trabajo: es una misión.
El Centro Deportivo EMPI es hoy mucho más que un dojo. Es un refugio, un trampolín y una escuela de vida. Y si el futuro se escribe con letras de esfuerzo, humildad y alegría, no hay duda de que los Gabaldón seguirán marcando el camino. Porque como bien dicen ellos: “Lucha por tus sueños… y hazlo cada día mejor que el anterior.”
Con solo 18 años, Abril Angulo transmite una serenidad y una determinación impropias de su edad. Habla con la claridad de quien ha entrenado cuerpo y mente con la misma intensidad. Tiene la mirada de quien ha entendido que el sacrificio no es un precio, sino parte del camino. Y lo ha demostrado: en apenas unos meses ha subido al podio mundial, ha conquistado títulos nacionales y ha demostrado que no es solo una promesa del kárate español, sino una realidad muy presente.
Su trayectoria está marcada por una constancia admirable, una autoexigencia que nace del amor por el tatami, y una mentalidad competitiva de élite. Entrena con su padre, Wenceslao Angulo, su entrenador y referente. Se forma dentro y fuera del dojo, sin excusas, sin quejas, y con un profundo respeto por este arte marcial que, como ella misma dice, le ha enseñado a luchar, a resistir… y a disfrutar.
En esta entrevista, Abril se abre con naturalidad. Nos habla de sus miedos y sus sueños, del valor de la amistad y del peso de la presión. Nos cuenta qué se siente al representar a España en un mundial, cómo se entrena con Jesús del Moral y Sandra Sánchez, qué significa para ella el flamenco… y por qué nunca deja de trabajar, ni siquiera cuando ya ha ganado.
1. Abril, lo primero: enhorabuena por ese subcampeonato mundial. ¿Qué sentiste al subir al podio mundial con el equipo español? La verdad que el sentimiento fue de felicidad plena, junto con mi equipo. Habíamos hecho un camino bastante duro hasta llegar a esa final, y fue un orgullo máximo. Sentí que todo el sacrificio y el esfuerzo que habíamos puesto en los entrenamientos había tenido sentido, y se vio reflejado en esa medalla.
2. ¿Cómo fue ese camino hasta la final en Jesolo? ¿Qué momentos recuerdas con más emoción? Fue un camino bastante duro. Recuerdo todas las concentraciones que hicimos. Hubo mucho sacrificio, mucho esfuerzo y trabajo. Lo dimos todo. Pero también fue un camino con muchas risas, emociones y nervios. Era la primera vez que representábamos a España juntas, nunca habíamos competido como equipo, y eso también daba un poco de incertidumbre, de no saber qué iba a pasar. Tengo muchos recuerdos bonitos de todo lo que vivimos antes del campeonato del mundo. Me acuerdo mucho de las habitaciones, cuando nos juntábamos por las noches, o de las comidas, porque siempre estábamos juntas. Incluso en el spa de la Residencia Blume de Madrid. Sobre todo me quedo con mis compañeras, con las que viví todo este camino. Siempre lo recordaré con mucha ilusión, porque fue algo que me marcó. Y sé que esa amistad va a seguir, porque puedo contar con ellas para lo que sea.
3. ¿Qué significa para ti representar a España en competiciones internacionales tan importantes? Practico kárate desde que tengo cuatro o cinco años, y desde pequeña siempre ha sido un sueño representar a España. Mi padre, como muchos saben, es mi entrenador, y en casa siempre veíamos competiciones: por el ordenador, la televisión, el móvil… Me pasaba el día viendo vídeos de kárate. Incluso íbamos a ver las competiciones grandes, las internacionales absolutas. Siempre he soñado con estar ahí, no solo por equipos, sino también en individual. Para mí es un orgullo máximo saber que todo el trabajo que hago con mi padre en nuestro club tiene recompensa.
4. En solo unos meses has conseguido dos medallas internacionales por equipos. ¿Cómo se vive algo así tan joven? Te mentiría si dijera que ha sido fácil. Gestionar algo así no lo es, porque tienes que sacrificar muchas cosas: quedar con amigos, tiempo libre e incluso los estudios. En mi caso, además, estaba cursando segundo de bachillerato, que todo el mundo sabe que no es un curso precisamente fácil. Hay mucha presión: la EBAU, las carreras, el futuro… Así que sí, ha sido un camino duro. Pero he estado muy motivada durante todo el año para conseguir estos títulos, como tú dices, estas dos medallas internacionales. Al final tenía un objetivo: quería ser parte del equipo nacional y quería ganar medallas con el equipo nacional, representando a España. He conseguido un sueño que tenía desde pequeña. Y aunque a veces sea complicado de llevar, siempre tienes eso en la cabeza: tienes que seguir porque esto es por lo que trabajas cada día.
5. ¿Cómo ha sido tu evolución desde las categorías cadete hasta convertirte en una de las piezas clave del equipo júnior? Como he dicho antes, hago kárate desde pequeña. Pero es verdad que cuando pasas a cadete, si de verdad quieres tener opciones en el futuro, ya tienes que tomártelo más en serio. Pasas de infantil a júnior, y el salto se nota. Cuando entré en cadete, empecé a entrenar más y a tomármelo de forma más profesional. De niña entrenaba porque me gustaba, porque me lo pasaba bien con mis amigos, en el club, en las competiciones… Pero al llegar a cadete, mi padre y yo tuvimos nuestras conversaciones para adaptarnos al programa, para mejorar y poder cumplir los objetivos que teníamos en mente. Creo que mi evolución ha sido bastante buena. He aprendido a ser constante conmigo misma, a darlo todo en cada entrenamiento, a dejarme la piel para poder cumplir ese objetivo. Ese objetivo que tenía en mente… y que ahora será otro nuevo.
6. ¿Qué katas sueles trabajar más en competición y cuál es tu favorito? Mis katas normalmente son Kururunfa —que además es mi favorito— porque siento que en él expreso todo lo que llevo dentro. Me hace sentir bien conmigo misma y creo que eso se transmite, por eso es el que más me gusta. También trabajo Papuren, Suparinpei, Chatanyara, Chibana, Anan y Anan Dai. Poco a poco voy introduciendo nuevos katas, pero esos son los que más suelo utilizar en competición.
7. En diciembre te proclamaste campeona de España júnior. ¿Qué supuso para ti ese título a nivel personal y deportivo? Desde que entré en cadete, mi objetivo era ser campeona de España júnior y poder representar a España en el Campeonato de Europa. Fueron dos años de trabajo muy intenso. Sabía que podía hacerlo, pero siempre hay dudas. Y cuando por fin lo conseguí, fue como: “Lo he logrado”. Era algo que deseaba muchísimo, algo por lo que había luchado cada día. Me acuerdo que hablaba con mi padre todos los días y le decía: “Esto es lo que quiero, lo que necesito. Sé que puedo hacerlo”. Y aunque siempre te asaltan las inseguridades, cuando lo conseguí sentí un orgullo muy grande. No tanto alivio, sino más bien eso: un orgullo intenso. Lo logré por mí misma, porque lo trabajé, porque lo luché. Es, sin duda, uno de los recuerdos más bonitos que tengo dentro del karate.
8. ¿Cómo te preparas mentalmente antes de una competición de alto nivel? Lo que intento siempre es transmitirme buena energía y mantener una mente positiva, porque creo que sin eso un deportista no puede llegar a ningún sitio. Si estás todo el tiempo diciéndote cosas negativas —“son mejores que yo”, “son superiores porque son de Croacia, Italia, Alemania…”—, entonces ya estás saliendo con una barrera mental. Si tú no confías en ti plenamente, nadie lo va a hacer. Es algo que trabajo mucho con mi padre: tener una mentalidad fuerte, positiva, y saber que soy capaz de lo que me proponga si lo trabajo. Ese es el mensaje que intento repetirme siempre: seguridad, confianza, y la tranquilidad de saber que ya lo he trabajado, que ya lo he sufrido en el gimnasio, que lo he entrenado hasta el límite… y que está hecho. Solo tengo que salir y mostrarlo como lo hago cada día. Desde que empecé a repetirme eso, salgo con mucha más confianza al tatami y con mucha más seguridad en mí misma.
9. Sabemos que entrenaste recientemente en el Elite Kata Training Camp con Sandra Sánchez, Asunta y Mora. ¿Cómo viviste esa experiencia? Pues solo puedo decir que es una experiencia fantástica. De verdad que se la recomiendo a cualquier persona a la que le guste el kárate, sobre todo el de alto nivel, porque son entrenamientos bastante duros. Y es una experiencia muy bonita. Conoces a gente de muchos lugares, de otros países, con quienes te relacionas e incluso llegas a construir relaciones casi de amistad. He estado ya dos veces, y la verdad es que con varias personas con las que he coincidido allí he creado un vínculo muy bonito. Hablamos de vez en cuando, nos preguntamos qué tal estamos… Y no solo me llevo los entrenamientos, también me llevo a esas personas. Por eso estoy tan contenta y mi intención es repetir esta experiencia siempre que pueda.
10. ¿Qué destacarías de Sandra como referente y qué aprendiste de ella en esos días? Sandra es una mujer extraordinaria. Es, literalmente, la perfección. Es súper cercana con todos nosotros, siempre tiene una sonrisa en la cara. Y eso también hace que me guste tanto entrenar allí, porque todo lo que me transmite es energía positiva, buenas vibras. Y como todo el mundo, destaco su constancia… pero sobre todo esa alegría que transmite. Por muy mal que vayan las cosas —porque como todo el mundo, también tendrá sus problemas— ella siempre está feliz, siempre transmite lo mejor de sí. Eso es lo que más me gusta de ir allí, de poder estar con ella y aprender de ella.
11. ¿Y del trabajo con Jesús del Moral? ¿Qué te llamó la atención de su forma de entrenar? De Jesús del Moral puedo decir prácticamente lo mismo: me parece una persona magnífica. Lo veo súper metódico, con una cabeza que va más allá de lo habitual. Siempre está buscando nuevas formas para que podamos mejorar. Eso se ve en el trabajo que ha hecho con Sandra. La verdad que es digno de admirar. Estoy muy agradecida de poder vivir experiencias como esta con Sandra y con Jesús. Y lo que más me llama la atención de su forma de entrenar es, sobre todo, esa capacidad de ir más allá. De pensar siempre en cómo mejorar, cómo seguir y seguir creciendo. Prácticamente eso: nunca se conforma.
12. Entrenas con tu padre, Wenceslao Angulo, que también ha sido clave en tu formación. ¿Cómo es esa relación entrenador-hija dentro y fuera del tatami? Creo que la relación que tengo con mi padre, tanto dentro como fuera del tatami, es muy buena. Él es una pieza fundamental en todo mi trabajo. Siempre buscamos juntos la mejor manera de hacer las cosas y esa evolución constante que hay que tener. Estoy muy contenta de que sea mi entrenador. Mucha gente puede pensar que es algo duro, pero yo le veo muchísimas cosas positivas. Puedo entrenar prácticamente en cualquier lugar, incluso si estoy de vacaciones, porque entreno con él. Nunca tengo que hacerlo sola. Tengo una muy buena relación con mi padre, y sinceramente, pienso que nadie me va a comprender tan bien como él. Que sea mi entrenador también es un punto a favor para mi evolución en el kárate.
13. ¿Qué crees que te ha enseñado él que va más allá del kárate, como persona y como competidora? Mi padre me ha enseñado sobre todo la constancia y la disciplina: si me propongo algo, tengo que lucharlo hasta el final. Y también que conseguir las cosas muchas veces implica sufrir un poco… o bastante. Hay que luchar por los objetivos que nos ponemos, porque al final la vida es un reto constante. Él me ha ayudado mucho a gestionar todo, especialmente mis sentimientos y lo que me ha ido pasando este año y en los anteriores. Para mí, mi padre es un referente. Como persona, como entrenador y como padre. Estoy muy feliz de poder compartir todo este camino con él.
14. ¿Qué valor tiene para ti que todo tu recorrido deportivo haya estado guiado por alguien que además de entrenador es familia? Pues como he dicho, para mí eso tiene un valor enorme. Ojalá todas las personas pudieran tener esa oportunidad, porque sinceramente es una felicidad constante. Soy muy feliz de poder compartir algo que me gusta tanto con mi padre. Y además sé que a él le gusta incluso más que a mí. Es una alegría y un orgullo saber que siempre cuento con alguien de mi familia que me apoya continuamente.
15. ¿Qué importancia tiene en tu preparación la parte física frente a la técnica pura del kata? Desde mi punto de vista, el aspecto físico —no solo en el kárate, sino en cualquier deporte— es fundamental. Si no tienes un buen estado físico, no vas a poder aguantar entrenamientos duros ni estar al nivel que requieren las competiciones. Para mí, es muy importante y le doy mucha prioridad. Por supuesto que trabajo la técnica, trabajo todo por igual, pero siempre introduzco físico en los entrenamientos. Prácticamente en todos, aunque sea un poco. Porque si no, no puedes mantenerte. Los katas son muy exigentes: requieren fuerza, velocidad y una ejecución muy precisa. Y si no tienes una buena condición física, es imposible mantener eso, imposible hacerlo a la perfección.
16. Hemos leído que vienes de una familia muy ligada al baile. ¿Crees que esa conexión con el flamenco te ha ayudado a mejorar tu expresión en el kata? Sí, yo creo que sí. Igual que empecé con el kárate a los cuatro o cinco años, también empecé a bailar flamenco con mi madre desde pequeña. Y creo que el flamenco me ha ayudado mucho, no solo en la expresión, sino también en la postura corporal. Creo que me caracteriza bastante el tener una postura elegante, la espalda recta, rígida, una buena colocación. Trabajo mucho la expresión y la elegancia en el kata, y eso viene del flamenco. Pero también me ayuda a desconectar. A veces, con la presión de competir a alto nivel, se pierde un poco la parte de disfrutar. El baile me sirve para evadirme, relajarme, pensar en otras cosas que no tengan que ver con el kárate. Y eso también es muy importante.
17. ¿Cuál es tu mayor objetivo ahora? ¿Te ves en unos años compitiendo a nivel absoluto, siguiendo los pasos de Sandra? Mi objetivo ahora es seguir mejorando, seguir evolucionando junto a mi padre y seguir creando trabajos que me ayuden a crecer. También quiero disfrutar de todo lo que estoy viviendo y de lo que ya he conseguido, porque sé que todo suma. Me encantaría formar parte del equipo nacional. Ese siempre va a ser mi objetivo, aunque ahora mismo sea algo complicado. Pero hay que pensar en el futuro y mantener una mentalidad positiva, como he dicho antes. Y sí, me encantaría seguir los pasos de Sandra. Si es posible, lucharé por ello. Seguir compitiendo, seguir ganando medallas y tener esa oportunidad de representar a España siempre que pueda. Seguiré trabajando muy duro para conseguir lo máximo posible.
La historia de Abril Angulo es la de una joven que no espera a que las cosas pasen: trabaja para que sucedan. Con una mentalidad firme, una energía serena y un talento en constante evolución, Abril representa todo lo que admiramos en los grandes deportistas. Porque no se trata solo de ganar medallas, sino de cómo se consiguen. Y Abril lo hace con pasión, humildad y una madurez que impresiona.
En Dojo Digital creemos en historias como la suya. Porque son estas voces las que inspiran a la nueva generación de karatekas. Si te ha gustado esta entrevista, te invitamos a seguir descubriendo más contenido como este en nuestra webdojodigital.es y a seguirnos en Instagram para no perderte ninguna novedad. Desde aquí seguiremos acercándote al corazón del kárate, con entrevistas, reportajes, opinión y toda la pasión por nuestro deporte.
Gracias, Abril. Y sobre todo, gracias por recordarnos que con trabajo, constancia y amor por lo que haces, cualquier tatami puede convertirse en el escenario de un sueño cumplido.
Damián Veiga (44 años) es hoy uno de los nombres más sólidos del kata veterano en España. En junio de 2025 se colgó la plata en el Campeonato de España Máster (categoría 41-45), consolidándose como subcampeón nacional. Unos meses antes ya había cerrado 2024 como Grand Winner de la Liga Nacional en su categoría y, a nivel autonómico, venía de proclamarse campeón de Castilla-La Mancha.
Pero más allá de las medallas, hay un dato que lo retrata: cuando enviamos mensajes a varios competidores por Instagram, él fue el primero en contestar y lo hizo con un “¡contad conmigo!” que desbordaba ganas de ayudar. Esa disposición abierta y cercana es la misma que muestra en su perfil @karatedamian, donde combina resultados, entrenamientos y mensajes motivacionales.
Con este contexto sobre la mesa, arrancamos una charla directa con Damián para conocer cómo entrena, qué le mueve y qué significa para él seguir compitiendo al máximo nivel mientras enseña y motiva a otros.
1. Damián, para quien todavía no te conozca: ¿cómo te describirías en tres palabras y por qué esas?
¡Pasión, actitud, superación!
Creo que, para un deportista, lo primero es que te guste lo que estás haciendo, que es la pasión por ese deporte. Lo siguiente es la actitud, las ganas que uno le pone y el sacrificar muchas cosas para llegar a esa meta. Y superación a nivel personal: el yo puedo.
2. Viajemos al Damián niño: ¿qué chispa encendió tu pasión por el karate y qué persona—sea sensei, familiar o ídolo deportivo—te hizo decir “quiero llegar tan lejos como él”?
¡Bua! Empecé con el karate cuando tenía tan solo 5 años. Fue un gran descubrimiento en aquel entonces. En esa época el karate era más tradicional: muchas armas, pegar mucho al saco… ¡hasta que no te hicieras daño en los nudillos no parábamos! Era muy duro. Tuve al mejor sensei de Uruguay, Leonardo Fernández, y para mí, hasta ahora, sigue siendo el mejor. Nos enseñaba mucho el respeto, la disciplina, la familia… Cuando me tuve que venir a España fue muy duro dejarle, además de dejar mis estudios.
3. ¿Siempre sentiste esa afinidad por el kata o en algún momento te tentó el kumite, ya fuera para competir o simplemente por disfrute personal?
Desde que empecé con el karate, me gustaron desde el primer momento los katas, por la forma de entender e imaginar una pelea imaginaria. Al principio cuesta mucho… es como aprender a caminar, tus primeros pasos. Está claro que te tiene que gustar. Yo, cuando hago mis katas, es mi momento de gloria, es mi desfogue, es cuando suelto todas mis malas energías… y me quedo como nuevo. Aunque después termino agotado, jajajaja.
4. Desde que empezaste de niño, ¿has tenido alguna etapa en la que te alejaste del karate, o ha sido una constante en tu vida? ¿Hubo algún momento clave en el que decidiste retomarlo con más fuerza que nunca?
Sí, lo dejé con 28 años porque mi padre enfermó de cáncer. Él era como mi pilar, y no tenía energías para continuar. Pero antes de que mi padre se fuera, me miró a la cara y me dijo que, por favor, no lo dejara. Que tengo algo que casi nadie tiene: el disfrute y la pasión por el karate. Lo retomé 10 años después, cuando sentí que estaba preparado para volver. Y volvimos a las competiciones como Shotokan.
5. Hemos visto que además del karate, te dedicas profesionalmente al mundo del fitness y das clases de Zumba con muchísima energía y pasión. ¿Has practicado algún otro deporte de forma seria a lo largo de tu vida, más allá del karate y el baile, o siempre han sido esas dos tus grandes pasiones?
Sí, tengo mi propia escuela de Zumba. Conocí la Zumba en un momento muy duro de mi vida, que fue la pérdida de mis padres. Necesitaba algo que me ayudara a sacar esa rabia que tenía dentro, y me dije a mí mismo: si a mí me ayudó en ese momento en el que lo estaba pasando tan mal, puedo ayudar a otras personas también. Además, soy entrenador personal, llevo a gente del famoseo. Siempre me gustaron el karate y el baile… ¡es loco, porque son totalmente opuestos!
6. ¿Cómo influye tu faceta de instructor de Zumba en tu preparación y rendimiento como competidor de kata, y qué te aporta cada disciplina —en lo físico y en lo mental— que la otra no puede darte?
Bueno, tengo que decir que me organizo muy bien. Tengo las mañanas libres, y las aprovecho para entrenar dos horas diarias, más la parte física, como CrossFit y mis entrenamientos pliométricos para la competición. El mundo del competidor te exige mucho tiempo, tanto en la preparación física como en el trabajo técnico del kata. Cuando me ven los rivales, me dicen: “¡Madre mía, siempre ganas!”, y no saben todo el esfuerzo que hay detrás, todas las horas de entrenamiento, más los entrenamientos en el Club Paco Mayoral. No es fácil, la vida de competición es muy dura. Pero me gusta, y disfruto de ello.
Los fines de semana trato de sacar un hueco para crear nuevas coreografías de Zumba. Me tengo que organizar bien y hacer un esfuerzo para poder compaginar todo. ¡Tengo mucha disciplina! Y cuando estoy muy cansado, me digo a mí mismo: si quieres algo, ve a por ello. La actitud es un factor muy importante. Yo entreno de lunes a viernes, siempre.
7. Hemos visto que tus inicios fueron en Shotokan —lo cuentas en tu propia web— y recientemente te llevaste una Copa de Estilos Shito-Ryu. ¿Qué te ha aportado cada estilo a nivel técnico y mental, y cómo se refleja esa mezcla en tu kata actual?
La verdad, empecé con Shotokan en mi país. Cuando me fui a vivir a otro país, tuve la suerte de que cerca de mi casa había un club que practicaba Shotokan: el Club Herca de Torrent, en Valencia. Empecé a competir y, la verdad, obtuve muy buenos resultados. ¡Hasta salía en los periódicos de Levante!
Cuando decidí mudarme a Madrid y fui a ver una competición, vi que casi todos en aquel entonces practicaban Shito-Ryu, y pensé: qué bonito estilo. Lo confirmé en una competición donde vi a Sandra Sánchez y me dije: quiero practicar este estilo.
Claro, para mí no fue nada fácil. Es empezar desde cero, es totalmente diferente. Sobre todo, se trabaja mucho la respiración y todo es más pausado. Me costó entenderlo… estuve dos años entrenando muy duro. Pero no me arrepiento. Cada vez me gusta más este estilo de karate. Y sí, mi motivación fue Sandra Sánchez.
8. ¿Cómo es un día “normal” de entrenamiento en tu vida? ¿Cuántas horas dedicas a la preparación física y cuántas a la técnica?
Como bien te vengo contando, caliento bien antes de empezar a prepararme físicamente. Me preparo un circuito grande: escaleras, pesas, TRX… Hago una parte física más técnica y, al finalizar cada circuito, escojo una parte del kata que más me cuesta, y ahí trabajo la velocidad y la potencia. A veces me paso hasta 3 horas haciendo físico más técnica.
Además, durante la semana me gusta ir a clases de CrossFit. Trabajan mucho la fuerza y la resistencia, y eso me ayuda muchísimo a mejorar mi explosividad.
9. ¿Qué importancia le das a la preparación física en tu rendimiento dentro del tatami? ¿Hay algún aspecto que cuidas especialmente (como la explosividad, el equilibrio, la resistencia)?
Bueno, creo que se ha notado el cambio que he dado a la hora de competir. Trabajar el físico es muy importante, es tu herramienta, es todo. Te ayuda a prevenir lesiones, y más ahora que el nivel del kata es otro. Cada vez nos exigen más. Sé que somos veteranos, pero para los árbitros tenemos que rendir como si fuéramos senior.
Trabajo mucho con gomas elásticas y bosu para lograr un buen equilibrio a la hora de plasmarlo en el tatami.
10. Compites en una categoría máster y estás en lo más alto. ¿Notas que necesitas adaptar el entrenamiento físico a tu edad o a la recuperación entre sesiones? ¿Cómo lo gestionas?
Bueno, compito en máster, pero alguna vez también me presento en senior… ¡y no se me da nada mal! En el Karate Playa quedé segundo clasificado en senior. Tengo buen rendimiento físico. Además de mis entrenos, al impartir clases de Zumba trabajo mucho a nivel cardiovascular. Nunca me he dicho “eso no lo puedo hacer”. Esta es una edad muy buena para practicar cualquier tipo de deporte o ejercicio.
Por ejemplo, entreno por la mañana y, para gestionar mi descanso, me tomo unas dos horas de recuperación. Aprovecho ese tiempo para ponerme la presoterapia y relajar las piernas, que son las que más sufren.
11. Sabemos que en toda buena historia de competición hay siempre un “rival clásico”, ese nombre que aparece en los cuadros y te hace pensar: “vale, esto va en serio”. ¿Tienes algún “archienemigo” deportivo —con cariño, claro—? Ese competidor con el que siempre te acabas cruzando, que te exige dar lo mejor y con el que hay una rivalidad sana pero intensa… ¿A quién estás siempre vigilando de reojo en el tatami?
¡Yo siempre digo que soy mi propio rival! Trato de superarme cada vez más, porque sé que puedo dar más de mí. En mi categoría, claro que tenemos a José Mateo. Es muy bueno, y me gusta mucho cómo trabaja. Para mí, es una motivación, un referente para mejorar y superarme en cada competición. Pero con él no tengo rivalidad: nos llevamos muy bien.
Es más, en la última competición fuimos los dos a la final, y fue un 3-2. Y eso que al finalizar mi kata tuve un pequeño deslizamiento del pie, y los árbitros no me lo perdonaron. Yo hice un kata con mucha dificultad, agregando un plus con un salto y una patada en el aire que, por ahora, nadie más lo hace. La mayoría de los competidores van a lo seguro, y yo creo que hay que arriesgar.
Y el mismo Mateo, al saludarme, me dijo: “¡Dami, qué lástima ese desplazamiento, porque si no me ganabas!”
Créditos: Cheffotto
12. ¿Tienes alguna manía o ritual antes de competir? (Pisar siempre con el mismo pie, repetir mentalmente algo, usar un karategui “de la suerte”… )
Sí. En mi casa tengo un Buda tailandés y un bonsái. Siempre, antes de salir de casa, les pongo incienso y una vela.
13. Has vivido muchas etapas dentro y fuera del tatami, pero sabemos que aún queda mucho por contar. ¿Qué planes tienes para el futuro? ¿Algún nuevo reto en competición, metas personales…? Lo que quieras compartir, este es tu espacio.
Me estoy planteando empezar a dar clases de karate. Primero, porque todo lo que yo sé me gustaría enseñarlo. Es una meta que tengo pendiente. Y segundo, estoy mirando la posibilidad de competir fuera de España. También tengo en mente irme un mes a Japón a entrenar allí. Tengo la suerte de tener amigos que viven en Tokio, y seguro que en breve voy. Sé que allí voy a aprender muchísimo, y además… es el sueño de cualquier karateka.
Quiero darte las gracias por preocuparte y tomar esta iniciativa para los deportistas, que a veces estamos un poco abandonados. Y si esto puede ayudar y aportar a otros competidores, ¡genial!
Oss.
Con Damián Veiga, uno entiende que el tatami no solo es un lugar de combate, sino un espacio de transformación. Su historia es la de alguien que ha sabido convertir las dificultades en energía, la rutina en pasión y el esfuerzo en motivación para otros. Mientras prepara su viaje a Japón y contempla la posibilidad de enseñar, ya está dejando huella: no solo en las clasificaciones, sino también en la comunidad que lo rodea. Porque si algo queda claro tras hablar con él, es que el verdadero triunfo no está en ganar medallas, sino en inspirar a quien viene detrás.
¡Gracias, Damián, por compartir tu camino con nosotros!
Entrevista: DojoDigital.es (Síguenos para más historias de quienes dan sentido a este arte marcial.)