Valentín Marcos: el regreso de un referente

Feb 24, 2026

En el artículo anterior hablábamos de una evidencia que ya se nota en el tatami: la categoría máster ha dejado de ser un “apéndice” del circuito para convertirse en un territorio competitivo con entidad propia. Cuando sube el nivel, sube la exigencia… y también cambia el tipo de gente que decide estar ahí.

Hay regresos que se anuncian con nostalgia.
Y hay regresos que, sin hacer ruido, dicen mucho más.

Valentín Marcos Nieto vuelve a preparar un Campeonato de España Máster.

Su nombre está ligado al kata español desde hace años: competición al máximo nivel, presencia en el panorama internacional en su etapa senior y una manera muy reconocible de entender el karate: técnica rigurosa, energía, físico y detalle. Hoy, además, su papel como seleccionador de kata en categorías formativas dentro de la Federación Asturiana lo coloca en otro lugar: el de quien no solo ha competido, sino que sigue mirando el karate con responsabilidad, criterio y oficio.

Por eso este regreso importa. No por lo que “fue”, sino por lo que significa que alguien con su trayectoria elija volver a competir ahora. Porque cuando un karateka así se pone otra vez en modo campeonato, el mensaje es sencillo: el circuito máster está vivo… y se está poniendo serio.

En esta entrevista hablamos de ese regreso desde dentro: cómo se encaja la competición con una vida llena, qué cambia en la cabeza y en el cuerpo, y qué lugar ocupa el Karate Do cuando ya no compites para construir un nombre, sino para seguir siendo fiel a tu camino.

Después de tantos años compitiendo al máximo nivel, ¿qué te ha hecho volver ahora a la competición en veteranos?

Hace un tiempo empezó a pasarme la idea por la cabeza de vez en cuando, pero cuando lo analizaba veía que realmente no apetecía, no veía la necesidad de competir. Hace unos meses algún compañero veterano y José Magadán, el seleccionador, empezaron a calentarme poco a poco con la idea de hacer el Campeonato de España y, claro, a mí tampoco hace falta mucho para calentarme. Después terminó de rematarme César Castaño con una frase muy clara: “Si compites tú, compito yo.”
Y en este punto estamos, preparando el próximo Campeonato de España Máster.

¿Volver es una cuestión de reto personal, de disfrute o hay algo que necesitabas recuperar?

No necesito recuperar nada. Mi vaso en esto de la competición hace muchos años que se llenó, así que sin duda se trata de algo más personal.

¿Qué sensaciones has vuelto a notar al preparar una competición que no aparecían cuando eras seleccionador o entrenador?

Ahora tengo menos responsabilidad. Cuando entrenas para ti, si te equivocas, fallas solo tú. Cuando entrenas a otra gente, si te equivocas, haces fallar a un mayor número de personas. Así que el hecho de entrenar solo para mí me da mayor tranquilidad y seguridad. Aunque también es verdad que el trabajo de seleccionador es mucho más gratificante que el de entrenar para competir uno mismo.

¿Te ha sorprendido tu propio cuerpo en esta vuelta, para bien o para mal?

Me ha sorprendido para bien. No soy una persona que haya tenido lesiones graves, pero tantos años en la alta competición dejan cicatrices: cadera, meniscos… Aun así, el cuerpo me está respetando mucho mejor de lo que esperaba.

¿Qué ha sido lo más difícil de reactivar? ¿La chispa competitiva o la disciplina diaria?

Lo realmente difícil es sacar tiempo para entrenar. Con un trabajo absorbente, responsabilidades y un hijo de 7 años, encontrar huecos es lo complicado.

¿En qué es diferente la cabeza de un competidor veterano respecto a la de un senior que quiere comerse el mundo?

Te hablo desde mi opinión personal. Cuando eres senior y quieres comerte el mundo, haces todo a cualquier precio. Sabes que tienes que pagar peajes y los pagas sin problema. Ahora, cuando decidí volver a competir, tuve muy claro que no iba a ser a cualquier precio, que no iba a hacer grandes sacrificios ni a pagar ningún peaje. No quiero cambiar nada de mi vida personal por esto. Creo que a estas alturas no tiene sentido. Si aparece algún dolor, alguna lesión o simplemente un día me levanto y no me apetece, tengo claro que se para la obra. No quiero que sea ningún tipo de obligación.

¿Ahora compites con menos presión o con una presión distinta?

Casi te diría que con más presión. Cuando eres senior vas con la seguridad de que llevas detrás miles de horas y una preparación increíble. Ahora tengo claro que no tengo nada que demostrar a nadie, ni siquiera a mí mismo, pero muchas veces eres foco de atención y no quieres estar por debajo del nivel que sabes que tienes. Eso genera presión.

¿Hay algo que gestionas mejor que cuando eras joven?

Sí. Ahora me funciona muy bien la idea de que menos es más. Entrenar lo justo para evitar dolores o agobios, pero con entrenamientos muy concretos y de mucha calidad.

Si pudieras hablar con tu yo de 20 años antes de una final, ¿qué le dirías?

Chavalín, sal ahí, haz lo que repetiste un millón de veces y, sobre todo, ganes o pierdas, mañana va a salir el sol igual.

¿Sientes que ahora disfrutas más del proceso que del resultado?

Por supuesto. Y es algo de lo que me arrepiento de mi etapa anterior. Fueron pocas veces las que disfruté el proceso. Lo veía todo como una ambición que había que cumplir. Viajar, entrenar, competir… todo muy mecánico. Me hubiese gustado saborear más los viajes, los ratos con los compañeros, las celebraciones después de un buen resultado.

El nivel del circuito veterano ha subido muchísimo en los últimos años. ¿Cómo lo estás viendo desde dentro?

Ha subido mucho, y eso es positivo porque hace que el nivel medio aumente. Sin embargo, hay algo que no me gusta: se está confundiendo tomárselo en serio con crispación y tensión excesiva. En campeonatos de España y ligas nacionales hay demasiada presión. Y en veteranos esa crispación no le veo sentido.

¿Te motiva enfrentarte a nombres concretos del circuito actual?

Me motiva enfrentarme a mí mismo. Cuando estaba en activo era muy consciente de que, compitiendo a mi nivel, era muy difícil ganarme. Y ahora sigo con la misma idea. Lo que me motiva es poder desarrollar mi trabajo al 100% y plasmar el nivel que tengo al 100%.

¿Cómo ha cambiado tu preparación física respecto a cuando competías en senior?

Totalmente. Antes entrenaba con un único objetivo: rendimiento competitivo. Ahora entreno como cualquier persona de 42 años. Busco estar en forma y tener calidad de vida.

¿Qué tipo de trabajo físico priorizas ahora?

Sinceramente, no tengo un plan específico y tampoco quiero tenerlo. No quiero pagar peajes ni hacer sacrificios personales. Esta etapa es de disfrute. Sigo haciendo mis entrenamientos de fuerza casi todos los días, sigo siendo el mismo friki de la bici, y esta mini vuelta a la competición no ha cambiado eso.

A nivel técnico, ¿has modificado tu manera de ejecutar el kata con los años?

No te queda otra. Cuando tienes 42 años tu cabeza cree que tiene 20, metes la séptima marcha que tenías entonces y ves que ya no está. Hay que adaptar.

¿Hay katas que hoy sientes más tuyos que en tu etapa joven?

Mi idea del karate es la misma que siempre: mucha importancia al trabajo técnico del estilo, ser muy escrupuloso con el Kihon y con el trabajo técnico. Y físicamente, un karate enérgico, muy físico y atlético.

¿Qué peso tiene ahora la estrategia y la lectura arbitral dentro de tu preparación?

Es algo que pienso, pero como decía antes, no me gusta la excesiva especialización que veo en la competición máster. Me niego a entrar en ese tipo de dinámicas.

¿Qué te ha aportado hoy el Karate Do que no te aportaba cuando solo buscabas ganar?

Una visión más global. La edad y la experiencia te hacen ver todo desde un prisma diferente.

¿En qué momento el karate dejó de ser solo competición para convertirse en camino?

Para mí nunca estuvieron separados. Siempre tuve claro que la competición era una parte del mismo camino, no algo diferente.

¿Cómo influye tu experiencia como seleccionador en tu forma actual de entrenar para competir?

Creo que influyó más al revés: la experiencia como competidor me ayudó como seleccionador. Tantos años compitiendo te convierten en una rata de tatami. Es la mejor escuela tanto para aplicar como entrenador como ahora en categoría máster.

¿Qué significa para ti competir ahora?

Cualquier cosa menos una obligación. Ahora mismo competir significa un pasatiempo, un disfrute y una manera de mantener ocupado a un padre de 42 años.

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Volver a competir no siempre significa volver a lo mismo. A veces significa volver con otra cabeza, con otra vida y con otra escala de prioridades. Y en esa diferencia está lo interesante.

Valentín no habla desde la nostalgia ni desde la necesidad. Habla desde la elección. Entrena cuando puede, compite sin pagar peajes y deja claro que esto, hoy, no puede convertirse en una obligación. Que el tatami está ahí, sí, pero la vida también: un trabajo absorbente, responsabilidades y un hijo de siete años. Y aun así, vuelve.

Vuelve con un cuerpo que le está respetando más de lo esperado, con la idea de que “menos es más” y con una serenidad que antes no tenía: esa que te permite entender que mañana va a salir el sol igual. Vuelve, también, con una mirada crítica hacia lo que ve en el circuito máster: más nivel, sí… pero demasiada crispación para una categoría que, precisamente, debería sumar disfrute.

Quizá por eso esta entrevista deja una sensación clara: la competición puede seguir siendo parte del camino sin devorarlo. Se puede volver sin cuentas pendientes. Se puede competir sin cambiar la vida por un resultado. Y se puede seguir siendo “rata de tatami” sin convertirlo en una cárcel.

Y antes del Campeonato de España Máster, lo veremos ya en acción en Liga Nacional. Además, esta vez lo viviremos de una forma especial: coincidiremos en persona. Estaremos allí, desde dentro, para ver cómo se traduce todo esto en competición real… y contarlo como se merece.

Porque si el circuito máster está cambiando, historias como esta hay que contarlas con los pies en el tatami y la mirada puesta en lo que pasa de verdad. Y en dojodigital lo vamos a contar.

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