El kata no es teatro. Pero tampoco es una coreografía vacía. Es un combate que solo existe en la mente del competidor… y el reto es conseguir que los jueces también lo vean.
Quien haya competido alguna vez en kata lo sabe bien. Cuando entras al tatami estás solo. No hay adversario frente a ti, no hay contacto, no hay intercambio real de técnicas. Sin embargo, cada movimiento tiene un oponente. Cada giro responde a un ataque. Cada pausa forma parte del ritmo de un combate que solo existe en la cabeza del competidor.
Ese es, probablemente, el mayor desafío del kata competitivo: hacer visible una batalla que nadie más puede ver.
Durante años, el kata de competición ha caminado por una línea muy fina: entre transmitir combate… y convertirse en espectáculo.
Porque cuando el nivel técnico se dispara —como ocurre hoy en el circuito internacional— las diferencias entre competidores se vuelven cada vez más pequeñas. Las posturas son sólidas, la velocidad es altísima, el equilibrio es impecable. En ese escenario, cualquier detalle que llame la atención puede marcar la diferencia.
Y ahí empezaron a aparecer ciertas tendencias.
Respiraciones cada vez más dramáticas. Golpes al karategi. Pisotones que resonaban en el tatami. Gestos exagerados que buscaban subrayar cada técnica. Recursos pensados para impactar visualmente, para captar la atención del juez en una competición donde, a veces, decenas de katas técnicamente impecables se suceden uno tras otro.
El problema es que esa frontera es peligrosa. Porque el kata siempre ha tenido un componente expresivo —es inevitable cuando se representa un combate imaginario—, pero cuando esa expresión se convierte en teatralidad, el riesgo es evidente: el combate desaparece y lo que queda es una actuación.
Ahí es donde parece situarse el nuevo reglamento de kata de la WKF para 2026.
Entre sus principios se insiste en algo que en realidad siempre ha estado en la base del karate: el kata no debe convertirse en una actuación teatral, sino mantener el realismo marcial, mostrando concentración, potencia y la sensación de impacto real en las técnicas. WKF Kata Competition Rules 2026…
De hecho, el reglamento señala de forma explícita que ciertos recursos teatrales —como pisotear, golpear el karategi o exagerar la respiración— deben considerarse faltas graves en la evaluación del kata. WKF Kata Competition Rules 2026…
El mensaje parece claro: el kata no necesita efectos especiales.
Lo que necesita es intención.
Intención en la mirada, que fija a un adversario invisible. Intención en el ritmo, que alterna explosión y control como en un combate real. Intención en el kime, ese instante en el que una técnica transmite la sensación de impacto.
Cuando eso ocurre, el kata deja de ser una sucesión de movimientos y se convierte en algo mucho más interesante: una pelea que el espectador empieza a imaginar.
Sin embargo, sobre el tatami la realidad es más compleja.
Porque si algo se percibe hoy en muchas competiciones es confusión.
El reglamento ha cambiado, sí. Pero muchos competidores todavía no tienen claro cómo aplicarlo en la práctica.
Algunos han optado por un enfoque prudente. Han reducido cualquier gesto que pueda interpretarse como teatralidad. Menos dramatización, menos recursos visuales, más sobriedad técnica.
Otros, en cambio, siguen compitiendo exactamente igual que antes. Respiraciones exageradas, golpes al karategi, dramatización en ciertos momentos del kata… con la sensación de que, en muchas competiciones, esos detalles todavía pasan desapercibidos.
Y ahí aparece la gran incógnita.
Porque mientras en algunas competiciones internacionales ya hemos visto sanciones claras aplicando la nueva normativa, en muchos torneos nacionales o regionales la sensación es que el nuevo reglamento todavía no ha terminado de llegar del todo al tatami.
El resultado es un escenario curioso: competidores que no saben si deben adaptarse ya… o esperar a que la aplicación del reglamento sea realmente uniforme.
En otras palabras: nadie quiere ser el primero en renunciar a algo que todavía puede dar ventaja.
Quizá estemos simplemente en una fase de transición. Los reglamentos cambian rápido, pero las tendencias competitivas tardan más tiempo en desaparecer.
Mientras tanto, el kata sigue caminando por esa línea tan delicada entre marcialidad y espectáculo.
Y el debate vuelve al mismo punto.
¿Debe el kata competitivo alejarse definitivamente de cualquier elemento teatral? ¿O ciertos recursos expresivos forman parte inevitable de transmitir combate?
Y sobre todo:
¿Está el nuevo reglamento cambiando realmente la forma de competir… o todavía estamos en un momento en el que cada tatami parece aplicar las reglas de forma diferente?
Porque al final el reto sigue siendo el mismo de siempre:
convencer a siete jueces de que la batalla que estás librando en tu mente… está ocurriendo de verdad.
Y ahora queremos leer vuestra opinión.
¿Creéis que el kata se estaba volviendo demasiado teatral? ¿Habéis notado cambios reales en las competiciones desde el nuevo reglamento? ¿O todavía se sigue premiando lo mismo que antes?
En el karate hay grados que marcan etapas, y hay otros que representan toda una vida dedicada al tatami. La concesión del 9.º Dan a Luis García Jiménez pertenece claramente a esta segunda categoría. No se trata únicamente de un reconocimiento técnico o simbólico: es la culminación de una trayectoria que combina competición, enseñanza, desarrollo de clubes y gestión federativa durante décadas.
Para muchos karatekas andaluces su nombre está ligado a su papel institucional como presidente de la Federación Andaluza de Karate, pero su historia dentro del karate comienza mucho antes de cualquier cargo. Antes de convertirse en dirigente, Luis García Jiménez fue un competidor de alto nivel y formó parte de una generación que vivió de primera mano el crecimiento del karate español en el ámbito deportivo.
A la actividad como instructor y formador se sumó la implicación en la estructura federativa. Este tipo de trabajo, mucho menos visible que el de la competición, resulta sin embargo fundamental para el desarrollo del deporte: organización de campeonatos, coordinación de clubes, formación de técnicos, representación institucional y consolidación de estructuras deportivas.
Dentro de ese proceso llegó su etapa al frente de la Federación Andaluza de Karate, desde donde ha participado en la organización y desarrollo del karate en una de las comunidades con mayor actividad dentro de España. Andalucía cuenta con una amplia red de clubes, una gran base de practicantes y una presencia constante en competiciones nacionales, lo que convierte la gestión federativa en una tarea especialmente compleja.
Además de su papel en la estructura autonómica, Luis García Jiménez también forma parte de la junta directiva de la Real Federación Española de Karate, donde ocupa el cargo de vicepresidente. Esta doble presencia —en la federación andaluza y en la estructura nacional— refleja el peso que su figura ha adquirido dentro del karate federado en España.
Su trayectoria también está vinculada directamente al desarrollo de clubes y a la enseñanza. En el ámbito andaluz aparece asociado al Club Deportivo Karate Luis García en Málaga y al Club Deportivo Karate Fuengirola, donde ejerce labores técnicas y de formación. Esta conexión con el trabajo de base es un elemento clave para entender su carrera: no se trata únicamente de un dirigente, sino también de un instructor implicado en la práctica cotidiana del karate.
Durante los últimos años, Andalucía se ha consolidado como una de las territoriales con mayor presencia en el karate español. Resultados deportivos, organización de competiciones y desarrollo del parakarate forman parte de esa evolución. En campeonatos nacionales recientes, la comunidad ha logrado resultados destacados, incluyendo un liderazgo claro en el medallero de parakarate y un papel relevante en competiciones de kata y kumite.
En ese contexto se entiende mejor la concesión del 9.º Dan, un grado reservado a figuras cuya trayectoria ha tenido una influencia prolongada en el desarrollo del karate. No se concede únicamente por antigüedad o práctica técnica, sino como reconocimiento a décadas de trabajo dedicadas a la enseñanza, la promoción y la organización del deporte.
El recorrido de Luis García Jiménez refleja precisamente esa combinación de facetas: competidor, instructor, responsable de club, dirigente autonómico y miembro de la estructura federativa nacional. Un perfil que ilustra bien la evolución del karate contemporáneo, donde el desarrollo del deporte depende tanto del trabajo en el tatami como de la construcción de estructuras organizativas sólidas.
La concesión de su 9.º Dan puede leerse, por tanto, como algo más que un reconocimiento personal. También representa el reconocimiento a una etapa del karate andaluz y al trabajo de quienes han contribuido a consolidarlo durante años.
Porque al final, más allá de grados o cargos, el verdadero legado de cualquier figura dentro del karate suele encontrarse en algo más simple y más difícil de medir al mismo tiempo: los dojos que siguen abiertos, los alumnos que continúan entrenando y las generaciones que mantienen vivo el camino del karate.
La Liga Nacional Junior y Sub-21 volvió a dejar en Ciudad Real una jornada de alto nivel competitivo y muchas lecturas de futuro. El tatami reunió a buena parte de las promesas más sólidas del panorama nacional en una cita que, más allá de las medallas, sirvió para medir estados de forma, consolidaciones y la capacidad real de responder cuando el campeonato empieza a exigir de verdad.
La jornada ofreció un nivel notable tanto en kata como en kumite, aunque con sensaciones muy distintas en cada modalidad. En kata, más que la tensión habitual por la ejecución, se percibía también una atención especial al nuevo marco reglamentario. En el ambiente flotaba esa preocupación compartida por los detalles que ahora adquieren aún más peso: el control de la respiración, la limpieza sonora de la ejecución, la ausencia de pisotones innecesarios o de golpes al cuerpo que puedan penalizar una actuación. No era solo una cuestión técnica. Era visible en la actitud de competidores y entrenadores, conscientes de que el reglamento ya no perdona ciertos excesos expresivos que antes podían pasar más desapercibidos. En kumite, en cambio, la lógica fue la de siempre: velocidad, lectura táctica, gestión del marcador y combates decididos por detalles mínimos.
En ese contexto, la Liga Nacional volvió a demostrar que sigue siendo mucho más que una simple parada del calendario. Es el lugar donde muchos karatekas empiezan a construir su identidad competitiva antes de dar el salto definitivo al entorno absoluto. Cada jornada deja algo más que resultados: deja pistas sobre quién está creciendo, quién se consolida y quién empieza a pedir sitio en el siguiente escalón.
Kata: precisión, adaptación y nombres propios
IMAGEN: Real Federación Española de Karate
En kata junior masculino, el oro fue para José Ángel León de la Peña, que firmó una actuación sólida en una categoría de mucho nivel. La plata fue para Elisey Yagudin Gritsenko, mientras que los bronces recayeron en Izan Álvarez Fernández y Calvin Mc Cann.
En kata sub-21 masculino, la victoria fue para Iván Martín Montenegro, con Alejandro Galán Lacón en segunda posición. Los terceros puestos fueron para Juan Manuel López Villanueva y Pau Gomis Falcó.
En kata junior femenino, el triunfo fue para Rocío Castro López, por delante de Paula Rey Vaquero. El podio lo completaron Nerea Teixeira Gregorio e Idaira Falcó Vega.
En kata sub-21 femenino, la gran vencedora fue Carla Guardeño León, que además acabaría completando una jornada sobresaliente con otro oro en kumite. La plata fue para Abril Angulo Madrid, mientras que Carla Bredoux Sánchez y Lucía Rodrigo Díaz se llevaron los bronces.
También hubo presencia de categorías adaptadas, donde se sumaron nuevos campeones a la jornada: Andrei Gabriel Miresan Sechei en kata junior masculino discapacidad física K40, Luis Muñoz-Murillo Coto en kata junior masculino discapacidad intelectual K21, Miguel León Cózar en kata sub-21 masculino discapacidad física K40, Alberto José Movilla Silveira en kata sub-21 masculino discapacidad intelectual K21, Lucas Gea Merlo en K22, Ángel Turpin Abellán en K23, Luciana Andrea Stephenson Marín en kata junior femenino K22 y María García Gramaje en kata sub-21 femenino K22.
Kumite masculino: una jornada de mucha densidad competitiva
En kumite junior masculino −55 kg, el oro fue para Soufian Chaibi Benamar, que superó en la final a Jorge Ortiz Rueda. Los bronces fueron para Adrián López Mateos e Iván Rodríguez Bueno.
En junior −61 kg, el triunfo fue para David Ríos García, con Álvaro Lozano Hernández como subcampeón. El podio lo completaron Jesús Benito Barrio y Jesús Trueba Bárcena.
En junior −68 kg, el oro fue para Mohamed Reda El Jamhi Agdi y la plata para Noé Boutellier Soria. Los bronces recayeron en Jaime Martínez Bravo y Rodrigo García de Blas Redondo.
En junior −76 kg, el primer puesto fue para Marcos Blanco Castro, seguido de César Mateo Antúnez. Los terceros puestos fueron para David Suárez Martel y José Cagigas Fernández.
En junior +76 kg, la victoria fue para Marcos Serrano Jiménez, con Nerio Moreno Varela en segunda posición. El podio lo completaron Alejandro López Ávila y Carlos Sánchez Burgos.
En la categoría sub-21 masculina −60 kg, el oro fue para Filip Hornak, seguido por Jorge Pérez Lorite. Los bronces fueron para David Benítez Espuela y Unai Chica Tolosa.
En sub-21 −67 kg, el triunfo fue para David Gómez Gutiérrez, con Roque Mazoy Cortiñas en segunda posición. Los terceros puestos fueron para Samir Sadini y Aaron Fernández Torices.
En sub-21 −75 kg, el oro fue para Izan Martín Peña, mientras que Iván Fernández Pérez logró la plata. Los bronces fueron para Nacho Sotos Borrás y Marco Andreu Cascales.
En sub-21 −84 kg, el oro fue para Victor Fertu Avramescu, con Rubén Arenas Zapata como subcampeón. Los bronces fueron para Valentín Martínez Alias y Daniel Franco Elistratov.
En sub-21 +84 kg, la victoria fue para Samuel Hurtado Cañizo, seguido por Hugo Viso Navarro. Los terceros puestos fueron para Martín González Freddi y Adrián Fernández Rodríguez.
Fotografía por Leticia Mateos
Kumite femenino: varias campeonas y una categoría que concentró muchas miradas
En junior femenino −48 kg, el oro fue para María Ventureira López. La plata fue para Estefanía Heras Orejuela, con Rhianna Ibáñez Jiménez y Aina Padilla en el tercer escalón.
En junior −53 kg, el primer puesto fue para Lola Paracuellos Elices, seguida por Ariadna Chica Tolosa. Los bronces fueron para Daniela Páez Cano y Amina Laaziri Tahiri.
En junior −59 kg, la campeona fue Alejandra Gómez Mauriño, con Chloé Ortega Chevalier como subcampeona. Los terceros puestos correspondieron a Helena González del Moral y Carlota Riera Acebedo.
En junior −66 kg, la victoria fue para Yuliia Simchuk, seguida por Nagore Núñez Abreu. Completaron el podio Aroa Nasarre Sánchez y Noa López González.
En junior +66 kg, el oro fue para Luna Vizuete Olivenza, con Marta González Herrera en segunda posición. Los bronces recayeron en Aitana Ruiz Núñez y Ángela Guerrero Casquero.
En sub-21 femenino −50 kg, la victoria fue para Carla Guardeño León, que firmó así un doblete muy importante en Ciudad Real tras ganar también el kata. La plata fue para Andrea Feo Cabo, con Ana Martín García-Gasco y María Pacheco Palomares como bronces.
En sub-21 −55 kg, el oro fue para Ruth Vizcaíno Calvo, seguida por Idaira López Méndez. Los terceros puestos fueron para Lucía Freixinos Caravaca y Dennissa Melnic.
En sub-21 −68 kg, la campeona fue Júlia Just Clopes, con Irene Fernández Pérez como subcampeona. Los bronces fueron para Eleonor Antonia Picazo Luque y Mireia Bejarano Villanueva.
En sub-21 +68 kg, la victoria fue para Sara Larra Pardo, por delante de Sandra Balbontín Sanz. Los bronces fueron para Julia Hernández Castilla y Alba Collado.
IMAGEN: Real Federación Española de Karate
Kumite sub-21 femenino −61 kg: la categoría que cumplió lo que prometía
Entre todas las categorías del campeonato, una de las más observadas era el kumite sub-21 femenino −61 kg, precisamente la división que en la previa se había señalado como una de las más abiertas y con más narrativa competitiva de toda la jornada.
La presencia de Eva Otero Luengo, Elena Cortés Mayas y Marina Cortinas Muñoz como cabezas de serie había dado forma a una historia clara antes de comenzar: la campeona de Europa, la campeona de España en transición de peso y la competidora que llegaba en ascenso. El desarrollo del cuadro, sin embargo, confirmó algo que el kumite recuerda constantemente: las historias previas sirven para ordenar la mirada, pero no para resolver el campeonato.
Y esa categoría respondió exactamente como se esperaba: con tensión, giros, cruces incómodos y una final entre dos nombres grandes.
Primeras rondas: el cuadro empezó a moverse muy pronto
El campeonato se abrió con una victoria contundente de Sara Jiménez Sánchez Morate sobre María Stefania Baptista Melintescu por 14-6, uno de los marcadores más amplios del arranque del cuadro. En esa misma zona, María Egea Colado avanzó directamente y fue construyendo una participación muy seria.
Uno de los primeros puntos de atención estaba en el lado de Marina Cortinas Muñoz, y ahí llegó una de las noticias importantes de la categoría: Marta Clavijo Gómez se impuso a la madrileña por 3-1, eliminando a una de las cabezas de serie antes de las rondas decisivas. Fue uno de esos resultados que cambian el tono de un cuadro entero.
Clavijo no se quedó ahí. Su presencia en semifinales terminó de confirmar que no había sido una sorpresa aislada.
Fotografía por Leticia Mateos
La otra mitad: Eva Otero aceleró y el cuadro se apretó alrededor
En la otra parte del cuadro apareció la figura de Eva Otero Luengo, y lo hizo con autoridad. Su debut frente a Sara Arribas Jiménez terminó con un claro 9-0, un arranque que confirmó rápidamente que llegaba en modo campeonato.
Después llegó otro de los puntos de giro del cuadro. Aitana Moya Pérez se cruzó con Eva Otero y la campeona de Europa resolvió el combate con claridad: 6-1.
En la otra ruta hacia semifinales, Lucía Pérez Pérez se abrió paso hasta medirse con Otero, pero la competidora del Arenas Karate volvió a imponerse, esta vez por 3-0, asegurando su presencia en la final.
La final: Eva Otero y Elena Cortés llevaron la categoría hasta donde debía llegar
La final enfrentó finalmente a las dos cabezas de serie que mejor habían sostenido el campeonato: Eva Otero Luengo y Elena Cortés Mayas.
Era, en cierto modo, la final que mejor cerraba la narrativa de la previa. La campeona continental frente a la competidora que había dominado otra categoría y estaba confirmando su adaptación al −61.
Eva Otero acabó imponiéndose por 3-2, en una final muy cerrada y de mucho valor competitivo.
El resultado le da el oro y confirma algo que ya venía insinuándose desde hace tiempo: Eva Otero Luengo no solo gana, también sabe sostener el papel de favorita.
La plata de Elena Cortés Mayas también deja una lectura potente. Su cambio al −61 ya no puede leerse como una prueba o una transición a medias. Es una realidad competitiva.
Los bronces de Aitana Moya Pérez y Seny Diallo Kebe completan un podio que también habla del nivel de la categoría.
Una categoría que deja más certezas que dudas
El sub-21 femenino −61 kg cerró la jornada confirmando prácticamente todo lo que prometía antes de empezar. Hubo favoritismo, sí, pero también sobresaltos. Hubo una cabeza de serie eliminada antes de tiempo, una final entre dos nombres fuertes y una repesca muy exigente. Hubo, en definitiva, una categoría viva.
La victoria de Eva Otero refuerza su posición como una de las grandes referencias del peso. La plata de Elena Cortés consolida su aterrizaje en la nueva categoría. Y los bronces de Aitana Moya y Seny Diallo amplían el foco sobre una división donde cada vez cuesta más hablar solo de dos o tres nombres.
Si la Liga Nacional Junior y Sub-21 sirve para medir el relevo del karate español, esta categoría fue una de las mejores respuestas del fin de semana.
Y en Ciudad Real quedó claro que el −61 femenino sub-21 no solo tiene presente. También tiene argumento, profundidad y futuro.
Ciudad Real se prepara para una nueva jornada de la Liga Nacional Junior y Sub-21, una de las competiciones donde empiezan a perfilarse los nombres que marcarán el karate español en los próximos años. Antes incluso de que se conozcan los cruces, la lista de inscritos ya deja algunas pistas interesantes: categorías muy abiertas, competidores que empiezan a asomarse al nivel absoluto y varios duelos potenciales que prometen elevar el nivel del campeonato. Entre todas ellas, hay una que destaca especialmente por su equilibrio competitivo: el kumite femenino Sub-21 −61 kg, un peso que reúne a una campeona de Europa, a una campeona de España en transición de categoría y a una competidora que llega en pleno ascenso.
La Liga Nacional se ha convertido en algo más que una simple competición. Es el circuito donde muchos karatekas empiezan a construir su identidad competitiva antes de dar el salto definitivo al entorno absoluto. Cada jornada deja algo más que medallas: deja pistas sobre quién está creciendo, quién se consolida y quién empieza a llamar a la puerta del siguiente nivel.
En el programa se darán cita kata y kumite, masculino y femenino, dos formas muy distintas de entender el karate. En kata, la precisión técnica y la capacidad de ejecutar bajo presión suelen marcar la diferencia. En kumite, en cambio, todo puede cambiar en cuestión de segundos. Un contraataque bien medido, una sanción o un yuko en el momento justo pueden inclinar un combate que parecía equilibrado.
Y en las categorías Sub-21 ese factor imprevisible se multiplica.
Kumite femenino −61 kg: tres cabezas de serie, tres caminos hacia la final
Entre todas las categorías que se disputarán en esta jornada hay una que destaca especialmente por su equilibrio competitivo: el kumite femenino Sub-21 −61 kg.
Con 17 competidoras inscritas, el cuadro promete varias rondas exigentes antes de llegar al podio. Pero además llega con un elemento que siempre añade tensión al campeonato: tres cabezas de serie muy definidas, cada una con una trayectoria reciente que invita a seguirla de cerca.
Las favoritas sobre el papel son:
Eva Otero Luengo (Arenas Karate) Elena Cortés Mayas (C.D. Wenceslao Angulo Shito Ryu) Marina Cortinas Muñoz (Víctor Pradera-Olimpia)
El sistema de competición intenta evitar que se enfrenten entre sí en las primeras rondas, pero el kumite tiene una norma que se repite campeonato tras campeonato: el ranking solo sirve hasta que empieza el combate.
Eva Otero Luengo: la campeona de Europa que llega como referencia
Si hay un nombre que destaca dentro del cuadro es el de Eva Otero Luengo.
La competidora del Arenas Karate llega con uno de los currículums más sólidos de la categoría. En 2025 se proclamó campeona de Europa Sub-21 en −61 kg, un resultado que la situó entre las referencias de su generación en el panorama continental.
Pero su impacto no se ha quedado únicamente en el circuito Sub-21. Ese mismo año logró bronce en el Campeonato de España absoluto −61 kg, un resultado especialmente significativo porque demuestra su capacidad para competir ya en el entorno sénior.
Dentro del circuito nacional también ha mostrado una regularidad notable en la Liga Nacional, donde ha firmado victorias de jornada y presencia habitual en rondas finales.
En el tatami suele construir sus combates a partir de la gestión de la distancia y del marcador corto, sumando puntos con precisión y manteniendo el control del ritmo del combate.
En una categoría donde muchos enfrentamientos se deciden por un solo punto, ese tipo de karate suele marcar la diferencia.
Elena Cortés Mayas: el desafío de cambiar de categoría
La segunda cabeza de serie es Elena Cortés Mayas, una competidora cuya historia reciente tiene un elemento especialmente interesante: el cambio de peso.
Durante la temporada 2024 dominó con claridad la categoría Sub-21 −55 kg, donde se proclamó campeona de España y también ganó la Gran Final de la Liga Nacional en ese peso.
En 2025 decidió dar el salto al −61 kg, una transición que siempre exige ajustes técnicos y físicos.
Los primeros resultados indican que la adaptación está funcionando. Ese mismo año consiguió oro en el Campeonato de Andalucía Sub-21 −61 kg y bronce en la Gran Final de la Liga Nacional en −61 kg, confirmando que puede competir también con garantías en su nueva categoría.
Ese proceso convierte a Elena en una de las competidoras más interesantes del cuadro. Cuando una karateka que dominaba una categoría inferior empieza a asentarse en un peso superior, suele convertirse en una rival muy incómoda.
Su estilo suele apostar por combates de marcador corto, donde cada yuko pesa mucho y donde la lectura táctica del combate es clave.
Marina Cortinas Muñoz: la cabeza de serie que llega en ascenso
La tercera cabeza de serie es Marina Cortinas Muñoz, del Víctor Pradera-Olimpia, y probablemente sea la competidora que llega con la trayectoria más ascendente en los últimos meses.
En 2025 se proclamó campeona de Madrid Sub-21 −61 kg, un resultado que confirmó su crecimiento dentro de la categoría.
En 2026 ha empezado además a firmar resultados en competiciones de nivel sénior, entre ellos plata en el Campeonato Universitario de Madrid −61 kg y bronce en el Campeonato de Madrid absoluto −61 kg.
Ese tipo de resultados suelen ser una señal clara de evolución competitiva. Cuando una competidora Sub-21 empieza a conseguir medallas en torneos sénior, significa que su nivel está creciendo.
Y en un campeonato como este, eso puede convertirla en una rival muy peligrosa.
Las aspirantes que pueden romper el cuadro
Pero una categoría de 17 competidoras nunca se decide únicamente entre tres nombres.
Detrás de las cabezas de serie aparece un grupo amplio de deportistas con capacidad para generar sorpresas.
Entre ellas encontramos perfiles como Lucía Pérez Pérez o Naroa Gutiérrez Jorge, competidoras que han conseguido resultados recientes en −61 kg y que podrían convertirse en rivales incómodas en las primeras rondas.
También estarán en el tatami deportistas como Sara Arribas Jiménez, María Stefania Baptista Melintescu, Marta Clavijo Gómez, Seny Diallo Kebe, María Egea Colado, Carolina García Villamediana, Sara Jiménez Sánchez Morate, Susi Marín Pérez, Aitana Moya Pérez, Lucía Nidasio Domínguez, Carmen Trujillo Cubero o Mar Vila Bonifacio, todas ellas con la oportunidad de aprovechar cualquier combate abierto para avanzar en el cuadro.
En kumite, a veces basta un buen primer combate para cambiar completamente el campeonato de una competidora.
El sorteo ya ha hablado: así queda el cuadro
El campeonato empieza ahora a tomar forma. El sorteo del cuadro ya ha definido los primeros cruces y confirma que el camino hacia la final no será sencillo para ninguna de las favoritas.
En la primera mitad del cuadro aparece Marina Cortinas Muñoz. Su camino hacia los cuartos de final podría pasar por un enfrentamiento con Marta Clavijo Gómez, un combate que ya desde el papel promete intensidad. En ese mismo lado del cuadro también aparecen nombres como Seny Diallo Kebe, Mar Vila Bonifacio o María Egea Colado, competidoras capaces de generar combates muy incómodos si encuentran su ritmo.
También en esta mitad del cuadro debutará Elena Cortés Mayas, que se enfrentará a Lucía Nidasio Domínguez en uno de los primeros combates del campeonato. Para Cortés será una prueba interesante desde el inicio, ya que los primeros combates suelen marcar mucho el ritmo competitivo del resto del torneo.
En la segunda mitad del cuadro aparece Eva Otero Luengo, que debutará frente a Sara Arribas Jiménez. La campeona de Europa parte como una de las grandes favoritas, pero el cuadro tampoco le ofrece un camino sencillo.
En esta parte aparecen cruces muy abiertos como Naroa Gutiérrez Jorge contra Carolina García Villamediana o el combate entre Lucía Pérez Pérez y Carmen Trujillo Cubero, enfrentamientos que podrían decidir quién llega con más fuerza a los cuartos de final.
También destaca el duelo entre Susi Marín Pérez y Aitana Moya Pérez, otro combate muy equilibrado en el papel.
Un campeonato muy abierto
Con el cuadro ya publicado, la conclusión es clara: no hay caminos fáciles hacia la final.
Las cabezas de serie parten con ventaja teórica, pero el cuadro está lleno de competidoras capaces de generar problemas desde el primer combate.
En kumite Sub-21, además, los campeonatos suelen decidirse por detalles mínimos: un yuko bien colocado, una sanción en el momento equivocado o un contraataque que cambia completamente el combate.
La lista de inscritas ya prometía emoción.
Ahora, con el sorteo sobre la mesa, el kumite femenino Sub-21 −61 kg se perfila como una de las categorías más interesantes de esta jornada de la Liga Nacional.
La pregunta sigue siendo la misma.
¿Confirmarán las cabezas de serie su condición de favoritas? ¿O aparecerá una nueva competidora capaz de romper el cuadro?
El tatami tendrá la respuesta.
Y en dojodigital lo contaremos después con la crónica completa de lo que ocurra en el campeonato.
Nivel real, ambiente ejemplar y una Vet3 que ya es presente competitivo
La primera jornada de la Liga Nacional Máster no fue simplemente el arranque del calendario. Fue una confirmación. Confirmación de que el bloque veterano ha dejado de ser un complemento dentro del circuito y se ha convertido en una estructura competitiva con peso propio. Confirmación de que el nivel es real. Y confirmación de que el máster compite, y compite muy en serio.
Desde primera hora el ambiente en el pabellón transmitía algo distinto. Ritmo alto en los tatamis, encuentros ajustados, concentración absoluta en cada salida. No había sensación de jornada de transición. Había tensión competitiva. Y eso se notó tanto en kata como en kumite, en masculino y en femenino, en todas las franjas de edad.
El kata masculino dejó claro que atraviesa un momento de madurez competitiva. En Vet1 (35–40), Rubén González de Fez abrió la jornada con autoridad. En Vet2 (41–45), la presencia de Valentín Marcos volvió a elevar el estándar. Campeón de la categoría, su ejecución fue potente, limpia y estratégicamente impecable. Es uno de esos competidores que no solo gana, sino que marca referencia. Verle competir en directo es comprender cómo la experiencia internacional se traduce en control del tiempo, seguridad y capacidad de impacto.
Ese mismo peso histórico se vio también en el bloque femenino. En Vet2 (41–45), Paula Rodríguez Nieto no fue simplemente una campeona más de la jornada. Fue la presencia de una campeona de Europa y del Mundo dentro del circuito máster. Su participación no es simbólica; es estructural. Eleva la categoría. Recordó que el veterano puede reunir experiencia de élite mundial y convertirla en presente competitivo.
El bloque femenino, además, mostró profundidad real. Lara Herrero Merino dominó Vet1 con solvencia, Rosario Álvaro Higueras se impuso en Vet3 con autoridad, y en las categorías superiores se respiró oficio y madurez técnica. Gemma Rodríguez Pardo y Rosa Cuevas González demostraron que la experiencia no resta explosividad; la afina.
Fotografías de Real Federación Española de Kárate y Disciplinas Asociadas
En kumite, tanto masculino como femenino, se vio intensidad con lectura táctica. En el bloque masculino, César Castaño Fernández y Pablo del Barrio Ramos se llevaron los oros en VetX2, mostrando combates estratégicos y físicamente exigentes. En VetX3 la intensidad fue constante, con decisiones ajustadas y ritmo alto. En femenino, Iratxe Larrañaga, Josune Rodríguez López y María Dolores Hoz García dominaron sus respectivas categorías en combates bien gestionados, confirmando que el kumite máster combina experiencia y competitividad real.
También hubo espacio para el parakarate, con presencia sólida dentro del programa y respeto absoluto en el pabellón. Más que una categoría añadida, forma parte natural de la estructura competitiva.
Fotografías de Real Federación Española de Kárate y Disciplinas Asociadas
Y entonces llegamos a Vet3 masculina (46–50). Veintiséis competidores. Solo ese número ya explica el contexto. En máster, eso no es una cifra anecdótica; es una declaración de intenciones. Desde octavos ya se vieron cruces que podían haber sido finales anticipadas. No hubo rondas cómodas. No hubo trámites.
Uno de los primeros avisos fue el enfrentamiento entre David Saorín y Sven Krings. Intensidad desde el inicio. Sven avanzó y más tarde confirmaría su nivel llevándose un bronce muy trabajado. Técnico, concentrado y, fuera del tatami, cercano y generoso. De esos rivales que elevan el nivel competitivo… y humano.
En el otro lado del cuadro, los aspirantes empezaron a cruzarse demasiado pronto. David Aparicio Fernández fue creciendo ronda a ronda, con un Shito-ryu potente y limpio, hasta firmar una plata de enorme mérito. Sergio Felipe De Cabo Machín mostró solidez, pero se encontró con Jesús Ruiz Alcolea, que ejecutó un Gojushiho de enorme fuerza y acabó imponiéndose en uno de los cruces más técnicos del campeonato.
Fotografías de Real Federación Española de Kárate y Disciplinas Asociadas
El duelo que todos esperaban terminó produciéndose. Damián Veiga frente a Óscar Botrán. Dos estilos, dos maneras de interpretar el kata al máximo nivel. El marcador fue 4–1 para Veiga, pero el cruce fue de altísima exigencia. Botrán volvió a demostrar su precisión y control técnico. Veiga combinó potencia, ritmo y una presencia que llenó el tatami. Se le veía sólido desde el calentamiento. Su progresión fue firme y terminó proclamándose campeón con autoridad. Oro merecido.
Los bronces fueron para Botrán y Sven Krings. Quintos terminaron Eduardo Menés Planas y Jesús Ruiz Alcolea en una categoría durísima. Séptimos, Francisco Javier Acedo Ruiz y Oumar Fall Ndao, este último cruzándose demasiado pronto con Veiga en un enfrentamiento que condicionó el recorrido del cuadro.
En un cuadro de 26 competidores, cada ronda es una prueba real. Aquí no hay margen para el error.
En lo personal, esta jornada tuvo un significado especial. Primera participación en Liga Nacional. Primera vez en Vet3. Un año y medio desde que regresé a entrenar tras mucho tiempo alejado. Pasé primera ronda con buenas sensaciones. En segunda me crucé con Francisco Javier Acedo en un encuentro muy ajustado. Un pequeño desequilibrio marcó la diferencia y terminé cayendo 3–2. En esta categoría, los detalles pesan toneladas.
Pero más allá del resultado, me quedo con algo más importante. El ambiente fue magnífico. Cercanía real. Poder hablar en persona con personas con las que hasta ahora solo había intercambiado mensajes o llamadas fue uno de los grandes regalos del campeonato. Mikel, Fernando Ruiz, Botrán, Sven… todos cercanos, todos accesibles.
La primera jornada de la Liga Nacional Máster ha dejado una conclusión clara: el veterano no vive de la nostalgia. Vive de la exigencia. Vive del nivel. Vive de la experiencia convertida en presente competitivo.
Y si esta ha sido solo la primera parada del calendario, la temporada promete intensidad hasta el final.