El origen chino del karate: lo que sabemos, lo que suponemos y lo que sigue sin demostrarse

El origen chino del karate: lo que sabemos, lo que suponemos y lo que sigue sin demostrarse

El karate nació en Okinawa, pero sus raíces se extienden al otro lado del mar de China Oriental. Entre el Reino de Ryūkyū y las costas de Fujian circularon durante siglos personas, conocimientos y formas de combatir. La relación está fuera de duda. Reconstruir exactamente cómo se produjo es una historia mucho más difícil.

El mar que separa Okinawa de China también las unió.

Durante siglos no fue una frontera vacía, sino un camino. Por sus aguas viajaron comerciantes, diplomáticos, funcionarios, intérpretes, estudiantes, navegantes y emisarios. Con ellos cruzaron mercancías, lenguas, ceremonias, ideas y conocimientos cuya huella todavía permanece en la cultura de las islas Ryūkyū.

Es razonable pensar que también viajaron formas de combate.

El propio nombre utilizado durante buena parte de la historia del karate parecía reconocerlo. Antes de que se impusiera la escritura 空手, «mano vacía», era habitual emplear 唐手, término que en Okinawa se pronunciaba tōde o tōdi y que podía entenderse como «mano china».

China estaba escrita en el nombre.

Sin embargo, reconocer una influencia no equivale a conocer su historia completa. Entre afirmar que el karate recibió aportaciones chinas y sostener que procede directamente de un sistema, una familia o un maestro determinado existe una distancia enorme.

Ese espacio entre lo probable y lo demostrado ha sido ocupado con frecuencia por leyendas, genealogías perfectas y relatos repetidos tantas veces que han terminado adquiriendo apariencia de certeza.

La realidad documental es menos cómoda.

Y mucho más fascinante.

Ryūkyū no vivía aislado

Para entender el origen del karate hay que dejar de imaginar Okinawa como una isla culturalmente cerrada.

El Reino de Ryūkyū ocupaba una posición estratégica entre China, Japón, Corea y el sudeste asiático. En 1372, el reino de Chūzan inició relaciones tributarias con la dinastía Ming. Desde comienzos del siglo XV, los monarcas ryūkyūenses recibieron el reconocimiento formal del emperador chino mediante misiones de investidura.

Estas relaciones no fueron esporádicas.

Las delegaciones enviadas desde China podían estar formadas por cientos de personas y permanecer en las islas durante meses. A su vez, funcionarios y estudiantes de Ryūkyū viajaban a Fuzhou, Nankín o Pekín. Comerciantes y navegantes pasaban largos periodos en territorio chino, mientras conocimientos técnicos y culturales llegaban a Naha.

La investigación publicada por la Universidad Chūō agrupa en tres grandes vías las hipótesis sobre la llegada de artes marciales chinas a Ryūkyū:

  • La transmisión por inmigrantes procedentes de Fujian.
  • La enseñanza de miembros de las misiones diplomáticas chinas.
  • El aprendizaje realizado en China por viajeros ryūkyūenses.

Las tres rutas son históricamente posibles.

El problema es que posible no significa demostrado.

Las treinta y seis familias de Kume

Una de las explicaciones más conocidas sitúa el origen de la influencia marcial china en Kume, el antiguo barrio de Naha estrechamente vinculado con China.

La tradición sostiene que en 1392 llegó desde Fujian una comunidad conocida como las «treinta y seis familias». El número no debe interpretarse necesariamente como un censo exacto de treinta y seis apellidos; podía expresar la idea de un grupo amplio y organizado.

Sus miembros y descendientes desempeñaron funciones esenciales para el Reino de Ryūkyū. Participaron en la navegación, la construcción y reparación de embarcaciones, la traducción, la diplomacia, la administración y el comercio exterior. Kume se convirtió en un espacio privilegiado para el intercambio de conocimientos con China.

La hipótesis parece lógica: si llegaron especialistas en numerosas materias, entre ellos pudieron viajar personas conocedoras de artes de combate.

Además, algunos karatekas de épocas posteriores estuvieron relacionados con Kume o con familias vinculadas a su comunidad. La memoria oral conservó también la idea de que determinadas formas de tōde habían sido transmitidas allí.

Pero falta la pieza decisiva.

No se han encontrado documentos de los siglos XIV al XVII que identifiquen a un miembro de aquellas familias enseñando un sistema de combate, describan qué técnicas transmitió o establezcan una continuidad verificable entre aquella comunidad y los kata que conocemos.

Kume es un escenario muy probable para el intercambio.

No es todavía una partida de nacimiento del karate.

Los hombres que acompañaban a los enviados chinos

La segunda hipótesis dirige la mirada hacia las misiones de investidura.

Cuando un nuevo rey accedía al trono de Ryūkyū, el emperador chino enviaba una delegación para reconocer formalmente su autoridad. Estas expediciones podían reunir entre doscientas y trescientas personas. Entre ellas viajaban funcionarios, marineros, intérpretes, médicos, artistas y personal encargado de proteger al grupo.

Algunos integrantes poseerían conocimientos marciales.

Las delegaciones permanecían normalmente alrededor de tres meses en Ryūkyū, aunque existen casos en los que la estancia se prolongó mucho más. Había, por tanto, tiempo suficiente para observar, intercambiar y aprender.

Resulta difícil imaginar que durante siglos de contacto ninguna técnica fuese compartida.

Lo que no sabemos es quién enseñó, a quién, durante cuánto tiempo y con qué profundidad. Tampoco podemos determinar si aquellas enseñanzas formaban sistemas completos o eran recursos concretos incorporados después a métodos locales.

Las artes marciales no siempre viajan como un programa cerrado.

A veces lo hace una manera de colocar las manos. Un ejercicio respiratorio. Una forma de generar fuerza. Un método para desequilibrar. Una secuencia recordada durante años y adaptada después por otro cuerpo, otra cultura y otra necesidad.

Quizá la influencia china sobre el karate no llegó dentro de una única caja.

Quizá cruzó el mar en fragmentos.

Los ryūkyūenses que viajaron a China

La tercera vía cambia la dirección de la historia.

China no solo visitó Ryūkyū. Ryūkyū viajó a China.

Las misiones tributarias llevaron periódicamente a funcionarios, estudiantes, comerciantes y marineros hasta puertos como Quanzhou y Fuzhou. Muchos permanecían allí durante meses. Algunos estudiantes llegaron a pasar años en instituciones chinas.

La documentación confirma esos viajes. Confirma los lugares de residencia y las funciones de buena parte de sus participantes. Lo que rara vez registra es aquello que pudieron aprender fuera de sus obligaciones oficiales.

Un funcionario podía estudiar lengua, protocolo o administración y, al mismo tiempo, observar prácticas marciales. Un comerciante podía establecer contacto con una escuela local. Un marinero podía aprender métodos de defensa utilizados en los puertos.

Las oportunidades existieron.

Las pruebas concretas son mucho más escasas.

Sabemos que cientos de ryūkyūenses convivieron durante largos periodos con comunidades de Fujian. No sabemos cuántos estudiaron artes de combate ni qué conocimientos regresaron con ellos.

La ausencia de documentos no demuestra que no sucediera.

Tampoco permite narrarlo como un hecho.

Kūsankū y el documento que abrió una ventana

Entre todas estas sombras aparece un nombre: Kūsankū.

La referencia histórica más conocida se encuentra en el Ōshima Hikki, un texto redactado en 1762 por el erudito japonés Tobe Yoshihiro. Ese año, una embarcación de Ryūkyū que viajaba hacia Satsuma fue desviada por una tormenta y llegó a una isla de la provincia de Tosa. Tobe recogió información sobre Ryūkyū a partir del testimonio de miembros de la tripulación.

Entre sus relatos se menciona a un personaje chino llamado Kōshōkun, cuya pronunciación en Okinawa habría dado lugar a Kūsankū.

El texto lo describe como un hombre aparentemente delgado y poco poderoso, pero capaz de controlar y derribar a personas físicamente más fuertes. Su método combinaba el uso de las manos con un trabajo eficaz de las piernas. También se dice que llegó acompañado por discípulos.

Es una referencia extraordinaria porque constituye una de las noticias escritas más antiguas relacionadas con una práctica de combate china en Ryūkyū.

Pero debemos observar cuidadosamente qué demuestra.

El autor no presenció las habilidades de Kūsankū. Recogió un testimonio transmitido por marineros ryūkyūenses. El texto confirma que en 1762 circulaba en Ryūkyū la memoria de un experto chino con ese nombre o título.

No demuestra que creara el kata actual.

Tampoco prueba que todo el karate proceda de su enseñanza.

La relación entre aquel personaje y las distintas versiones del kata Kūsankū —Kankū en algunas escuelas japonesas— es plausible y ha sido transmitida por la tradición. Sin embargo, entre la noticia del siglo XVIII y las formas conservadas posteriormente existe un vacío documental que no puede llenarse únicamente porque compartan un nombre.

Kūsankū es una pista excepcional.

No es la solución completa del misterio.

Un kata no es un fósil intacto

Cuando se busca el origen chino del karate, es tentador comparar un kata de Okinawa con una forma china y esperar encontrar una coincidencia perfecta.

Si los movimientos se parecen, se proclama el parentesco. Si no lo hacen, se descarta.

La transmisión humana rara vez funciona así.

Un kata puede cambiar al pasar de un maestro a otro. Puede acortarse, ampliarse o adaptarse a una constitución física distinta. Una técnica puede conservar su forma exterior mientras cambia su interpretación. Un movimiento aprendido en China puede mezclarse con métodos locales y, después de varias generaciones, resultar irreconocible.

También sucede lo contrario: dos movimientos pueden parecerse sin proceder directamente uno del otro, porque el cuerpo humano dispone de un número limitado de maneras eficaces de golpear, protegerse, agarrar o desequilibrar.

Por eso, las semejanzas visuales constituyen indicios, no pruebas definitivas.

La investigación de la Universidad Chūō propone comparar de forma sistemática los nombres y las estructuras técnicas de los kata con las taolu chinas, especialmente las procedentes de Fujian. Pero advierte que semejante trabajo exige conocimiento histórico, lingüístico y técnico por ambas partes.

No basta con encontrar un vídeo parecido.

Hace falta investigación conjunta entre especialistas chinos y japoneses capaces de estudiar movimientos, dialectos, documentos y transformaciones históricas.

Fujian y la grulla blanca

Entre las posibles influencias, el boxeo de la grulla blanca de Fujian ocupa un lugar destacado.

Las similitudes señaladas suelen concentrarse en determinados métodos respiratorios, posiciones relativamente cortas, acciones circulares, acondicionamiento corporal y formas de contacto presentes especialmente en tradiciones vinculadas a Naha.

La cercanía geográfica y los contactos documentados con Fuzhou hacen razonable investigar esta relación.

Sin embargo, «grulla blanca» no designa una única práctica inmutable. Existen diferentes ramas, transformaciones y genealogías. Tampoco todo el karate de Okinawa comparte las mismas características.

Un estudio japonés dedicado específicamente a la relación entre el karate de Okinawa y la grulla de Fujian reconoce que la noticia sobre Kūsankū demuestra una presencia o influencia china, pero señala que todavía no sabemos exactamente qué método practicaba.

Decir que algunas líneas del karate recibieron influencias de sistemas del sur de China resulta razonable.

Afirmar que todo el karate procede directamente de una escuela concreta de grulla blanca exige pruebas que aún no poseemos.

Lo que cambia en el siglo XIX

La oscuridad documental comienza a disminuir durante el siglo XIX.

A partir de entonces aparecen maestros, viajes y relaciones más próximos en el tiempo, aunque sus biografías tampoco están libres de discrepancias. Las tradiciones de Naha vinculan a Higaonna Kanryō con el estudio de artes chinas en Fuzhou. Uechi Kanbun también viajó a Fujian y construyó su enseñanza a partir de lo aprendido allí.

En estos casos, la conexión china ya no pertenece a un pasado remoto e indeterminado. Hay nombres, lugares, discípulos y memorias más cercanas.

Aun así, reconstruir qué aprendió exactamente cada maestro continúa siendo difícil. Las escuelas chinas pudieron transformarse o desaparecer; las denominaciones personales no siempre correspondían a estilos formalmente definidos; y las enseñanzas regresaron a Okinawa para seguir evolucionando.

El conocimiento recibido no fue conservado en una urna.

Fue practicado, interpretado y transformado.

Lo que sabemos

Podemos afirmar con seguridad que el Reino de Ryūkyū mantuvo durante siglos una relación intensa con China.

Sabemos que existieron comunidades vinculadas a Fujian en Naha.

Sabemos que delegaciones chinas permanecieron durante meses en las islas y que numerosos ryūkyūenses viajaron y residieron en China.

Sabemos que en 1762 se registró por escrito el recuerdo de un experto chino llamado Kūsankū.

Sabemos que, durante el siglo XIX, maestros de Okinawa viajaron a Fujian y relacionaron su práctica con enseñanzas recibidas allí.

Y sabemos que el propio término tōde reconocía una asociación con China.

Negar la influencia china sería ignorar el contexto histórico en el que se desarrolló el arte.

Lo que suponemos

Es razonable pensar que algunos miembros de las familias asentadas en Kume conocieran prácticas de combate.

Es probable que integrantes de las misiones de investidura mostraran o enseñaran técnicas durante sus estancias.

También es plausible que funcionarios, estudiantes, comerciantes y navegantes de Ryūkyū aprendieran métodos marciales en territorio chino.

Podemos considerar que el personaje recogido en el Ōshima Hikki guarda relación con la tradición del kata Kūsankū.

Y existen razones para investigar conexiones entre determinados sistemas de Fujian y algunas líneas del karate de Okinawa.

Son hipótesis sólidas.

Todavía son hipótesis.

Lo que sigue sin demostrarse

No conocemos a un único fundador chino del karate.

No se ha identificado un sistema completo del que desciendan todas sus escuelas.

No podemos afirmar que las treinta y seis familias llevaran consigo el karate ya formado.

No sabemos qué arte practicaba exactamente Kūsankū ni cuánto de su enseñanza permanece en los kata actuales.

Tampoco puede trazarse una línea continua y documentada desde una escuela concreta de Fujian hasta la totalidad del karate de Okinawa.

Los huecos de la historia no deben rellenarse con seguridad impostada.

Reconocerlos no empobrece el relato. Le devuelve honestidad.

Un arte nacido del encuentro

Preguntar cuánto hay de China en el karate quizá no admita una cifra ni una respuesta sencilla.

El karate no parece haber sido importado como un objeto terminado. Tampoco surgió en Okinawa sin relación con el exterior. Se formó en un territorio atravesado por influencias, dentro de una sociedad capaz de recibir conocimientos y hacerlos propios.

China aportó técnicas, ideas, métodos y posibilidades.

Okinawa los seleccionó, mezcló, reinterpretó y transmitió de acuerdo con su cultura y sus necesidades. Más tarde, Japón reorganizó aquel arte, modificó su lenguaje y lo integró en el universo del budō moderno. Finalmente, su expansión internacional volvió a transformarlo.

Buscar una pureza original puede ser la pregunta equivocada.

La historia del karate no es la historia de una técnica que viajó intacta desde un punto hasta otro. Es la historia de sucesivas traducciones: entre países, lenguas, cuerpos, generaciones y épocas.

Su raíz china no reduce su identidad okinawense.

La explica.

Y quizá la imagen más fiel de su nacimiento no sea la de un maestro revelando un arte completo a un discípulo, sino la de muchas embarcaciones cruzando durante siglos el mar de China Oriental.

En cada una viajaba una pequeña parte de algo que Okinawa terminaría convirtiendo en karate.


Fuentes principales

  • Kobayashi, Katsunori; Miyamoto y Aoki, Seiryō: «Problemas de investigación sobre la transmisión de las artes marciales chinas a Ryūkyū y el nacimiento del tōde», Instituto de Salud y Ciencias del Deporte de la Universidad Chūō.
  • Tobe Yoshihiro: Ōshima Hikki, 1762.
  • Kadekaru Tōru: investigación doctoral sobre la formación histórica del karate de Okinawa, Universidad de Waseda.
  • Investigación sobre el karate de Okinawa y el boxeo de la grulla de Fujian, Universidad de las Artes de la Prefectura de Okinawa.
Kumo Sport conquista tres de los cuatro títulos de kata en un fin de semana de finales ajustadas en Albacete

Kumo Sport conquista tres de los cuatro títulos de kata en un fin de semana de finales ajustadas en Albacete

José Ángel León, Iván Martín y Paola García firmaron el triplete de Kumo Sport en la segunda fase júnior y sub-21 de la Liga Nacional. Karate Pozuelo acumuló cuatro oros entre las dos jornadas y el kumite femenino dejó ocho de sus diez finales decididas por un punto o con empate en el marcador.

La Liga Nacional de Karate reunió durante dos días en Albacete a las categorías júnior y sub-21. La competición masculina abrió el programa el sábado 26 de septiembre y la femenina tomó el relevo el domingo 27 en el Pabellón Universitario. Dos jornadas diferenciadas en los resultados oficiales, pero pertenecientes a una misma cita deportiva que dejó un protagonista colectivo en kata, numerosos desenlaces mínimos en kumite y una destacada presencia del para-karate.

Kumo Sport ganó tres de los cuatro títulos individuales de kata convencional. José Ángel León de la Peña e Iván Martín Montenegro dominaron los cuadros masculinos júnior y sub-21, mientras Paola García Lozano añadió el oro femenino sub-21. Solo Rocío Castro López, vencedora del kata júnior femenino, evitó el pleno del club.

Karate Pozuelo, por su parte, encabezó los dos medalleros publicados por separado gracias a su rendimiento en para-karate. Sumando ambas jornadas, el club reunió cuatro oros, dos platas y dos bronces.

Tres títulos de kata para Kumo Sport

José Ángel León abrió el camino de Kumo Sport con el oro júnior masculino. El campeón completó cinco eliminatorias y venció por 4-1 a Izan Álvarez Fernández en la final, en la que presentó Chatanyara Kussanku frente al Chibana No Kussanku de su rival.

Álvarez había llegado al último cruce después de ganar por 5-0 sus tres primeros enfrentamientos y superar por 3-2 a Daniel Alejandro Rodríguez en semifinales. Su avance permitió entrar en la repesca a Álvaro Gobernado García-Nieto, también de Kumo Sport. Gobernado encadenó tres victorias —3-2, 5-0 y 4-1— para alcanzar uno de los bronces. Víctor Barco León ocupó la otra tercera plaza.

Iván Martín Montenegro prolongó el dominio del club en sub-21. Superó por 4-1 a Mario Velada, repitió marcador ante Izan López Tomás y venció por 5-0 a Esteban Soto antes de resolver la final contra Pau Gomis Falcó. Su Suparimpei recibió cuatro votos frente al Unsu del representante de Kazokusport.

La competición femenina mantuvo a Kumo Sport en lo alto del kata sub-21. Paola García Lozano alcanzó la final después de tres victorias por 5-0 y volvió a conseguir un resultado unánime frente a Carla Guardeño León: cinco votos para su Chatanyara Kussanku ante el Papuren de la karateka de Kyodai Karate Galán. Abril Angulo Madrid y Alba Martín Díaz completaron el podio.

Rocío Castro López impidió que Kumo Sport cerrara el fin de semana con los cuatro títulos. La representante del Karate Club San Vicente derrotó por 5-0 a Luna Quinto Gómez en semifinales y por 4-1 a Nerea Teixeira Gregorio en la final júnior. Paula Rey Vaquero y Ariadna Benedicto Acosta obtuvieron los bronces después de completar sus respectivos recorridos en la repesca.

Un kumite femenino decidido por diferencias mínimas

La jornada femenina dejó una pauta difícil de ignorar: ocho de las diez finales de kumite terminaron con un punto de diferencia o con igualdad en el marcador. El título se decidió en los últimos márgenes de cada combate, tanto en júnior como en sub-21.

María Ventureira López ganó el oro júnior de −48 kg después de un empate a cero frente a Aina Padilla. La campeona había vencido por 3-2 a Naiara Hellín y por 6-1 a Marta Sobrino en su camino hacia la final.

En −53 kg, Leyre Pérez de Albéniz Rico derrotó por 2-1 a Carmen Gómez Salgado. La karateka de A.D. San Juan terminó la competición sin conceder ningún punto en cuartos ni en semifinales y solo recibió uno en el combate por el título.

Luna Quinto Gómez cambió el diploma conseguido en kata por el oro de kumite en −59 kg. Venció por 5-4 a Naila Pedreguera Barreda en otra final resuelta por la mínima. Celia Martín González y Leyre Salvador Pérez alcanzaron los bronces a través de la repesca.

Yuliia Simchuk se impuso por 1-0 a Nagore Núñez Abreu en −66 kg, mientras Noemí Hernández Calpe ganó por el mismo resultado a Luna Vizuete Olivenza en +66 kg. De este modo, las cinco finales júnior femeninas acabaron sin más de un punto de diferencia.

La tendencia continuó en sub-21. María Pacheco Palomares superó por 4-3 a Andrea Feo Cabo en −50 kg, después de haber firmado un 12-5 en semifinales. Eva Durán Pavón venció también por 4-3 a Sofía Gundín Morales en −68 kg, y Sara Larra Pardo cerró +68 kg con un 1-0 ante Yasmine Ksiri El Mehdaoui.

Ouiam Chaibi Benamar abrió algo más la diferencia en −55 kg al derrotar por 5-1 a Alba Asenjo Blanco. Marta Clavijo Gómez completó la relación de campeonas sub-21 con un 6-2 frente a Elena Cortés Mayas en −61 kg.

El kumite masculino reparte sus diez títulos

El cuadro masculino produjo campeones de diez clubes distintos. Ninguna entidad consiguió repetir oro en sus cinco pesos júnior y cinco sub-21, una distribución que reflejó la amplitud competitiva de la jornada del sábado.

En júnior −55 kg, Oriol Pérez de Anuzita García venció por 7-6 a Noah Ayuso León. El campeón había iniciado su recorrido con un 11-3 y añadió después victorias por 8-0, 2-0 y 5-2 antes de resolver una de las finales más ajustadas del programa masculino.

Jaime Martínez Bravo se impuso por 7-5 a Mohamed Reda El Jamhi Agdi en −68 kg. Marco Mazo Sala protagonizó el marcador más alto de las finales al ganar por 12-7 a Pablo Gómez Barea en +76 kg. Los otros títulos júnior fueron para David Ríos García, vencedor por 3-1 ante Óscar Arribas Jiménez en −61 kg, y Genis Lacueva Martínez, que superó por idéntico resultado a Raúl Benito Medina en −76 kg.

El sub-21 masculino dejó el 5-3 de David Benítez Espuela frente a Francisco Maldonado Ruiz en −60 kg y el 7-1 de Iván Fernández Pérez contra Víctor Feo Cabo en −75 kg. Fernández Pérez llegó a la final después de ganar por 10-2 a Francisco Jesús Moro en semifinales.

Rubén Arenas Zapata conquistó −84 kg con un 4-2 ante Saúl Gutiérrez Sanz. En +84 kg, Adrián Fernández Rodríguez superó por 1-0 a Hugo Viso Navarro después de imponerse por 2-1 a David Lanchas en semifinales.

Jesús Quinto Gómez completó la relación de campeones con el oro sub-21 de −67 kg, por delante de Roque Mazoy Cortiñas.

Karate Pozuelo convierte el para-karate en su gran fortaleza

El para-karate fue decisivo para que Karate Pozuelo encabezara los dos medalleros de Albacete. En la jornada masculina sumó dos oros, dos platas y dos bronces; en la femenina añadió otros dos títulos.

Lucas Gea Merlo lideró un podio íntegramente de Pozuelo en sub-21 K22. Ganó la final ante Eduardo Areses Lorenzo por 21,80 puntos frente a 20,90, mientras Manuel Corona Nester terminó tercero. Santino Montillo Iannazzo consiguió el otro oro masculino del club en júnior K22.

Andrei Gabriel Miresan Sechei, de Iván Leal, ganó el júnior K40 con 23,80 puntos. Pablo Árbol Almagro, del Wenceslao Angulo, se proclamó campeón sub-21 K21 al superar por 23,70 a 22,80 a Andoni de la Hoz Barrena. Ángel Turpin Abellán, de Hikari Karate Club, fue el vencedor de sub-21 K23.

En la competición femenina, Luciana Andrea Stephenson Marín ganó el júnior K22 para Pozuelo con 21,60 puntos. María García Gramage añadió el oro sub-21 K22 con 22,90, por delante de Paula Arrabal López, que obtuvo 20,80. Sami Arabella Poma Campos, de Gojushindo, completó la relación de campeonas de para-karate con su triunfo en júnior K21.

Un fin de semana, varias lecturas

Albacete dejó tres conclusiones principales. Kumo Sport convirtió el kata convencional en su territorio con tres títulos y un bronce; Karate Pozuelo dominó los medalleros mediante una actuación especialmente sólida en para-karate; y el kumite femenino acumuló finales de máxima igualdad, con ocho de los diez títulos resueltos por un punto o tras un empate.

La competición también mostró una notable dispersión de los oros de kumite. En el programa masculino hubo diez clubes campeones diferentes y en el femenino solo Karate Pozuelo, gracias al para-karate, consiguió alcanzar los dos títulos en el medallero general.

La quinta jornada no se explica únicamente mediante una lista de vencedores. El doble programa de Albacete reunió recorridos largos, repescas aprovechadas, finales decididas por detalles y una variedad de clubes suficiente para repartir el protagonismo durante todo el fin de semana

Sandra Sánchez vuelve a competir: «Todavía quedan muchos sueños por construir» 

Sandra Sánchez vuelve a competir: «Todavía quedan muchos sueños por construir» 

La campeona olímpica y mundial prepara su regreso a la competición en los World Masters Games de Kansai 2027 y habla con Dojo Digital sobre sus kata, la edad, la preparación y el futuro del karate máster.

Cinco años después de cerrar su etapa internacional, la campeona olímpica de kata prepara su regreso al tatami en los World Masters Games de Kansai 2027.

No se trata de una vuelta al karate, porque nunca dejó de entrenar. Se trata de volver a competir después de haber cerrado una de las carreras más importantes de la historia del kata: oro olímpico en Tokio, dos títulos mundiales, siete campeonatos de Europa y una trayectoria marcada por años de dominio internacional.

Ahora afronta una etapa diferente. Una competición máster, un nuevo proceso de preparación y el regreso a Japón, el país donde alcanzó el mayor éxito de su carrera.

Dojo Digital ha hablado con Sandra Sánchez sobre cómo está preparando esta vuelta, qué cambia al competir en una nueva etapa deportiva y qué lugar puede ocupar el karate máster en el futuro de la competición.

Has seguido entrenando después de retirarte, pero competir obliga a preparar los kata de otra manera. ¿Qué has tenido que recuperar o cambiar específicamente desde que decidiste volver a competir?

Nunca he dejado de entrenar, pero preparar una competición es diferente. Hay que planificar bien los meses que quedan por delante, organizar los periodos de carga y volver a encontrar esas sensaciones, esa chispa, ¡ese punto de explosividad!

De alguna manera, siempre he mantenido un poquito de todo, porque soy muy exigente conmigo misma y disfruto muchísimo entrenando, especialmente cuando compartimos entrenamientos con otros deportistas o hacemos nuestros Training Camps.

Ahora toca volver a poner todas esas piezas en su sitio y prepararme para llegar a mayo en las mejores condiciones posibles.

Cuando vuelves al tatami, ¿lo haces con la idea de disfrutar de la experiencia o enseguida aparece otra vez la Sandra que prepara cada detalle para ganar?

Siempre he tratado de explicar que nunca he entrenado con el objetivo de ganar, sino con el de hacer el kata lo mejor que pudiera, de conseguir transmitir algo especial. Cuando salgo al tatami no siento que quiera ganar a nadie más que a mí misma.

Vuelvo porque disfruto haciendo kata y porque quiero vivir esta experiencia.

Siempre he defendido que el karate es tan grande que sirve hasta para competir. Y creo que, en las diferentes etapas de nuestra vida, es importante seguir transmitiendo esas ganas de construir sueños y luchar por ellos.

En tu etapa en categoría absoluta tenías un repertorio de kata muy definido. Para esta vuelta en máster, ¿vas a mantener esos mismos kata o has adaptado el repertorio y la forma de trabajarlos a esta nueva etapa competitiva?

Aún no sé ni cuántos kata harán falta! 😅😅

En mis clases diarias entreno todos los kata, pero en las horas específicas de competición tengo mis preferencias, jajaja.

Todavía me siento fuerte y capaz de ejecutar los kata más largos y exigentes, pero también tengo muchas ganas de transmitir todo lo especial que tienen algunos kata más cortos.

Habrá que esperar a mayo para descubrir cuáles elijo. 😉

En categoría máster cambian la edad, el momento deportivo y también la relación con el cuerpo. ¿Crees que eso modifica la manera de ejecutar un kata o de plantear una competición respecto a tu etapa absoluta?

Creo que puede modificar la manera de prepararlo, pero no necesariamente la esencia de su ejecución.

Por mi experiencia, he tenido que escuchar que era demasiado mayor incluso antes de ganar los Juegos Olímpicos. 😊 Pero los kata no están pensados por edades.

Por supuesto, debes conocer tu cuerpo, tus posibilidades y tus límites, gestionar las cargas y entender que entrenar más no siempre significa entrenar mejor.

Puede que algunas capacidades físicas cambien, pero también ganas experiencia, comprensión técnica y una capacidad diferente para transmitir lo que estás haciendo.

Los kata son apasionantes. ¡Nunca dejas de descubrir y aprender!

Dojo Digital lleva tiempo dando espacio al karate máster porque creemos que tiene mucho más recorrido competitivo del que a veces se le reconoce. Desde dentro, ¿qué crees que necesita el máster para ganar todavía más visibilidad y consideración?

Lo primero es dejar de entender el deporte máster como una versión menor del deporte de élite.

La sociedad ha cambiado. Tenemos generaciones de deportistas de 30, 40, 50 años y más, con un estado de forma envidiable, con ganas de retarse y de seguir marcándose objetivos.

Necesitamos competiciones bien organizadas, visibilidad, referentes y oportunidades para que los deportistas puedan seguir teniendo objetivos independientemente de su edad.

En el caso del karate, el deporte máster ha evolucionado de una forma increíble, pero todavía queda camino por recorrer para que la WKF lo acoja y lo formalice.

En muchos otros deportes ya existen estructuras muy desarrolladas. Además, no podemos olvidar las oportunidades sociales y económicas que ofrece el deporte máster a través del turismo deportivo.

Durante muchos años hemos asociado el éxito deportivo exclusivamente a una etapa muy concreta de la vida. Parece que cuando termina tu carrera en categoría absoluta, también tiene que terminar tu historia como competidor.

¿Y por qué?

Me gustaría que mi regreso ayudara a cambiar un poquito esa percepción. Que alguien que dejó de competir hace diez años se plantee volver o que una persona de cincuenta años descubra que todavía puede empezar.

Has explicado que recibiste una invitación para estar en Kansai 2027. ¿Sabes ya si habrá otras grandes figuras o antiguas rivales invitadas? ¿Hay algún nombre con el que te haría especial ilusión volver a coincidir en competición?

Bueno, más que recibir una invitación, recibí la información sobre la competición e hice mi inscripción a principios de año. Unas semanas después fui seleccionada.

Sabía desde hace meses que podía competir, pero, al haber sido deportista de élite, tenía que realizar las comunicaciones correspondientes en materia antidopaje, tanto en la agencia española, como a nivel internacional, a través de la WKF.

Hasta no tener todo en regla, y aprovechando también el comienzo de la temporada, preferí no anunciar mi regreso.

Todavía no sé qué otras deportistas estarán allí, pero me haría muchísima ilusión reencontrarme con algunas de las personas con las que compartí tantos años de competición.

También tengo muchas ganas de conocer a otros deportistas máster, de diferentes disciplinas, escuchar sus historias y descubrir qué les ha llevado a seguir compitiendo.

Estoy convencida de que detrás de cada uno hay una historia que merece la pena conocer.

Tu último gran ciclo competitivo terminó ganando y ahora vuelves en Japón, el país donde conseguiste el oro olímpico. ¿Te planteas Kansai como una experiencia diferente o ya tienes un objetivo deportivo concreto para ese campeonato?

Japón siempre será un lugar muy especial para mí. Allí conseguí el oro olímpico y viví uno de los momentos más importantes de mi carrera.

Ahora quiero volver a salir al tatami a transmitir todo lo que yo siento cuando hago un kata, a intentar emocionar.

En Tokio cumplí un sueño. En Kansai quiero demostrar que todavía quedan muchos sueños por construir.

Un nuevo capítulo

Hay regresos que nacen de una deuda pendiente, de una derrota o de algo que quedó por demostrar.

El de Sandra Sánchez no.

Sandra se retiró después de haber ganado prácticamente todo. Su carrera no necesitaba otro capítulo para quedar completa. Quizá por eso este regreso resulta especialmente interesante: no vuelve para corregir su pasado, sino porque sigue encontrando razones para mirar hacia delante.

En sus respuestas habla de entrenar, de seguir aprendiendo, de escuchar el cuerpo, de descubrir nuevas cosas dentro de los kata y de volver a colocarse un objetivo delante. Y plantea además una cuestión que trasciende su propia historia: por qué hemos aceptado durante tanto tiempo que la competición tenga una fecha de caducidad.

Su regreso a Kansai 2027 puede ayudar a mirar el karate máster de otra manera. No como una versión menor de la élite, sino como una etapa competitiva con objetivos, preparación, exigencia y sentido propio.

Durante años, Sandra tuvo que escuchar que era demasiado mayor. Después llegaron los Europeos, los Mundiales y el oro olímpico en Tokio.

Ahora la edad vuelve a aparecer en la conversación, pero desde otro lugar.

Y hay algo especialmente simbólico en que este nuevo capítulo vuelva a llevarla a Japón. Tokio fue el escenario de uno de los grandes sueños de su carrera. Kansai será otra etapa, otro contexto y otra manera de vivir la competición.

Sandra lo resume mejor que nadie:

«En Tokio cumplí un sueño. En Kansai quiero demostrar que todavía quedan muchos sueños por construir.»

Desde Dojo Digital solo podemos añadir una cosa:

nos alegra que haya decidido volver a construir uno de ellos sobre un tatami.

De «mano china» a «mano vacía»: el día en que el karate cambió de nombre y de identidad

De «mano china» a «mano vacía»: el día en que el karate cambió de nombre y de identidad

En octubre de 1936, algunos de los grandes maestros de Okinawa se reunieron en Naha para hablar sobre el futuro de su arte. De aquel encuentro salió una decisión aparentemente pequeña —sustituir un carácter por otro— que ayudó a transformar para siempre la manera de entender y presentar el karate.

Hay palabras que sirven para nombrar las cosas. Otras terminan cambiándolas.

Durante siglos, el karate no necesitó una definición precisa. Vivía en Okinawa de otra manera: en la relación entre maestro y discípulo, en la repetición de los kata, en los patios y las casas particulares, en una transmisión que avanzaba de persona a persona sin reglamentos universales ni organizaciones internacionales. No existía todavía un único programa, una indumentaria común o una institución capaz de decir dónde comenzaba y dónde terminaba aquel arte.

Tampoco había un solo nombre.

Antes de convertirse en el karate que hoy conocemos, aquella práctica fue denominada de distintas formas. Una de las más extendidas fue tōde o tōdi, escrita con los caracteres 唐手. El primero de ellos, 唐, remitía a China —originalmente a la dinastía Tang y, por extensión, a lo chino—; el segundo, 手, significaba mano.

Era, literalmente, la «mano china».

La expresión conservaba en apenas dos signos una parte esencial de la historia de Okinawa. Durante siglos, el antiguo Reino de Ryūkyū había mantenido intensos vínculos diplomáticos, comerciales y culturales con China. Por sus puertos circularon delegaciones, funcionarios, navegantes, comerciantes, conocimientos y prácticas procedentes de distintos lugares de Asia.

La influencia china sobre las artes de combate de Okinawa resulta difícil de negar. Mucho más complicado es determinar cuándo llegó, a través de quién y de qué manera concreta se integró en las prácticas locales. Las investigaciones japonesas han planteado diferentes vías de transmisión: las familias procedentes de Fujian asentadas en Kume, los integrantes de las misiones diplomáticas chinas o los funcionarios y comerciantes ryūkyūenses que viajaron al continente.

Todas son hipótesis plausibles. Ninguna explica por sí sola el nacimiento del karate.

La documentación anterior al siglo XIX es escasa y no permite dibujar una línea genealógica limpia desde un sistema chino determinado hasta el karate de Okinawa. La historia real parece mucho menos ordenada y, precisamente por eso, mucho más interesante: un proceso prolongado de encuentros, adaptaciones y transmisiones parciales entre la cultura de Ryūkyū, las artes chinas y las necesidades de quienes practicaban.

El karate no nació un día concreto. Fue sedimentándose.

Una palabra para un arte en transformación

A comienzos del siglo XX, aquel arte reservado durante mucho tiempo a círculos relativamente reducidos empezó a cambiar.

Su introducción en la enseñanza escolar, impulsada por figuras como Itosu Ankō, favoreció una práctica colectiva y más sistemática. En 1922, Funakoshi Gichin realizó en Tokio una demostración dentro de una exposición organizada por el Ministerio de Educación japonés. Después se estableció en la capital y comenzó a enseñar, especialmente en el ámbito universitario.

Otros maestros de Okinawa siguieron caminos semejantes. Mabuni Kenwa se asentó en Osaka. Miyagi Chōjun viajó y enseñó fuera de la isla. Motobu Chōki alcanzó notoriedad en Japón. El antiguo arte de Okinawa estaba dejando de ser una práctica local para entrar en el complejo mundo del budō japonés.

Y para extenderse necesitaba hacerse comprensible.

El karate comenzó a adoptar estructuras que ya existían en otras artes marciales japonesas: grados, uniformes, organizaciones, programas de enseñanza y formas públicas de exhibición. También empezó a buscar una denominación compartida.

La escritura 唐手 presentaba una dificultad. Aunque podía leerse karate, seguía haciendo visible su relación con China. Durante las primeras décadas del siglo XX comenzó a emplearse otra grafía con la misma pronunciación: 空手.

La diferencia cabía en un solo carácter.

唐, China, fue sustituido por 空, vacío.

La «mano china» se convertía en la «mano vacía».

La reunión de Naha

El 25 de octubre de 1936, varios de los nombres más importantes del karate de Okinawa se reunieron en Naha convocados por el periódico Ryūkyū Shimpō.

Alrededor de aquella mesa estaban maestros pertenecientes a tradiciones diferentes: Chōmo Hanashiro, Chōtoku Kyan, Chōki Motobu, Chōshin Chibana, Jūhatsu Kyoda, Chōjun Miyagi y Shinpan Gusukuma, junto con el investigador y editor Genwa Nakasone y representantes de la prensa y la administración.

No se reunían para fundar un estilo ni para decidir qué kata debía practicar todo el mundo. Se enfrentaban a una cuestión más profunda: cómo debía presentarse aquel arte ante la sociedad moderna.

Entre los asuntos tratados apareció su nombre.

La crónica publicada al día siguiente recogió el acuerdo alcanzado: para favorecer la difusión y el desarrollo de la disciplina, resultaba conveniente unificar la denominación bajo la escritura 空手.

Aquella reunión no inventó la expresión «mano vacía». La nueva grafía ya había sido utilizada anteriormente y llevaba años ganando terreno, especialmente entre los grupos universitarios y los maestros que trabajaban en Japón. Lo sucedido en Naha fue otra cosa: proporcionó un respaldo colectivo y simbólico a una transformación que ya estaba en marcha.

El karate miraba hacia el futuro y, al hacerlo, cambiaba la forma de contar su pasado.

Lo que desapareció con un carácter

El cambio suele explicarse de una manera sencilla: 唐手 significaba «mano china» y 空手, «mano vacía». Pero entre ambos nombres se movía mucho más que una cuestión lingüística.

Japón atravesaba durante la década de 1930 un periodo de nacionalismo creciente y expansión militar. Las relaciones con China se deterioraban rápidamente y el clima político no era indiferente a la aceptación de un arte que aspiraba a ser reconocido como budō japonés. Algunos investigadores interpretan que abandonar el carácter 唐 ayudaba a reducir la asociación explícita con China y facilitaba la integración cultural del karate en Japón.

Sin embargo, sería excesivo atribuir toda la decisión a una única causa política.

空 también ofrecía una lectura técnica inmediata: el combate sin armas, con las manos vacías. Y permitía una interpretación filosófica vinculada a la noción de vacío presente en el pensamiento budista. Funakoshi desarrollaría esta dimensión al explicar que el practicante debía vaciarse de egoísmo y malas intenciones, del mismo modo que un valle vacío puede recibir cualquier sonido.

La nueva palabra funcionaba en varios niveles. Era japonesa, comprensible, marcial y filosófica. Ayudaba a presentar el karate no como una curiosidad procedente de una periferia del país, sino como un camino de formación comparable al judo o al kendō.

Cambió el carácter. Permaneció la pronunciación. Pero la identidad que esa palabra proyectaba ya no era exactamente la misma.

¿Una ruptura con China?

Sería tentador contar esta historia como una separación definitiva: el karate abandonó su pasado chino para convertirse en japonés. La realidad, una vez más, se resiste a ser tan sencilla.

Cambiar el nombre no borró las huellas técnicas y culturales acumuladas durante generaciones. Los kata conservaron nombres de origen incierto, sonidos transmitidos desde otras lenguas y movimientos cuya genealogía continúa siendo objeto de debate. Sanchin, Seisan, Naihanchi, Passai o Kūsankū siguieron viajando de maestro a discípulo, aunque su escritura, ejecución e interpretación fueran transformándose.

Tampoco existía entonces un karate único. Las tradiciones de Shuri, Naha y Tomari habían evolucionado mediante relaciones personales, intercambios y formas diferentes de entender el cuerpo y el combate. Los estilos que hoy conocemos estaban todavía definiéndose o consolidándose.

El nuevo nombre unificó la imagen exterior del karate, pero no eliminó su diversidad interior.

Quizás ahí se encuentre una de las paradojas más hermosas de su historia: para cruzar el mundo, el karate necesitó un nombre común; para seguir vivo, necesitó conservar muchas voces.

El nombre que conquistó el mundo

En 2005, el Parlamento de la Prefectura de Okinawa declaró el 25 de octubre como Día del Karate. La elección recordaba aquella reunión celebrada en Naha en 1936 y el acuerdo que consolidó oficialmente la escritura 空手.

Desde entonces, karatekas de diferentes países, generaciones y escuelas se reúnen cada año en Okinawa para practicar y celebrar el legado de un arte convertido en patrimonio cultural de su tierra natal.

Hoy escribimos «karate» con naturalidad. Vemos los dos caracteres bordados en cinturones, caligrafiados en dojos, impresos en libros y reproducidos en miles de emblemas. Parecen haber estado siempre ahí.

Pero las palabras también tienen memoria.

En el espacio que separa 唐 de 空 permanece la historia de un pequeño reino conectado con Asia; de maestros que enseñaron en patios, escuelas y universidades; de un arte que tuvo que transformarse para sobrevivir; de una tradición que se volvió japonesa sin dejar de ser okinawense y que llegó a ser universal sin desprenderse por completo de sus raíces chinas.

En 1936 cambió una palabra.

Y dentro de ella comenzó a cambiar el mundo del karate.


Fuentes principales

  • Archivo de la Prefectura de Okinawa: «25 de octubre, Día del Karate».
  • Gobierno de la Prefectura de Okinawa: documentación sobre la historia y evolución de las denominaciones del karate.
  • Ryūkyū Shimpō: crónica de la mesa redonda celebrada el 25 de octubre de 1936, conservada por el Archivo de la Prefectura de Okinawa.
  • El karate tradicional de Okinawa en la actualidad: las raíces del karate que se expandió por el mundo, serie japonesa publicada por WEB Daisan Bunmei.
  • Investigación sobre la transmisión de las artes marciales chinas a Ryūkyū y el origen del tōde, Instituto de Salud y Ciencias del Deporte de la Universidad Chūō.
España suma tres medallas en Guadalajara con Paula Ginés y Enrique Rodríguez en las finales

España suma tres medallas en Guadalajara con Paula Ginés y Enrique Rodríguez en las finales

Paula Ginés y Enrique Rodríguez pelearon por el oro; Francisco Benítez respondió a una derrota en semifinales con un bronce. Javier Sánchez rozó el podio y Julia Melgar alcanzó los cuartos en una Youth League que llevó a cinco españoles a los tatamis de Guadalajara.

Cinco competidores, dos finales y tres medallas. La participación española en la Karate One Youth League de Guadalajara, disputada del 17 al 20 de septiembre en México, tuvo desenlaces muy distintos, pero dejó a cuatro de sus cinco representantes a las puertas de un combate por las medallas o dentro de él. Todos compitieron en kumite.

Paula Ginés Chavarry construyó su camino hacia la plata cadete de −61 kg sin ceder un combate hasta la final. La karateka del Club Iván Leal comenzó con un 8-0 ante la canadiense Indra Wilson y superó después por 11-5 a la estadounidense Nayeli Chairez. En semifinales encontró a la croata Alessia Pejnović, a quien venció por 6-4. Solo Mihaela Arcalean pudo detenerla: la estadounidense ganó la final por 5-1. Ginés se marchó de Guadalajara con tres victorias y una plata.

La segunda final española llegó en U14 +55 kg. Enrique Rodríguez Fuentes, del Club Sepai Karate, fue dejando atrás al mexicano Jack Tyler Sánchez Santos (2-0), al chileno Emiliano Francisco Orellana Miangolarra (4-1) y al venezolano Sebastián Abreu Suárez (1-0). Tres combates ganados para llegar al duelo por el oro, donde el panameño Sebastián Castillo se impuso por 2-0. Rodríguez cerró así su recorrido con la plata.

En ese mismo peso, su compañero del Sepai Javier Sánchez Rosillo avanzó por el otro lado del cuadro. Ganó al mexicano Liam Eduardo Ochoa Quintana por 4-1 y a Ian Mateo Zúñiga Vivanco, también de México, por 2-0. Castillo le cortó el paso en semifinales (0-4), pero aún quedaba el bronce. Javier lo disputó en la repesca frente al chileno Vicente Fuentes y cayó por 5-6. Un punto separó al quinto clasificado de la medalla. Rodríguez y Sánchez Rosillo compartieron categoría, aunque sus caminos no llegaron a cruzarse.

También por un punto se resolvió el bronce de Francisco Benítez Moreno, esta vez a favor del español. El cadete del Club Sepai Karate había vencido a los mexicanos Franco Isaac Terrazas Molina (2-0) y Ángel Alejandro Oropeza Chan (8-0) antes de perder la semifinal por 2-3 ante el chileno Benjamín Dodero Oñate. La derrota no fue el final de su competición: en la repesca se impuso por 4-3 al estadounidense David Gershberg y subió al podio de +70 kg.

Julia María Melgar Postigo completó la presencia española. La competidora del Sepai ganó por 3-1 a la mexicana Carolina Hernández Martínez en su estreno en cadete −54 kg. En cuartos se encontró con otra karateka local, Julieta Sarahi Márquez Cadenas, que venció por 8-0. Márquez perdió después la semifinal y Melgar se quedó sin acceso a la repesca.

España terminó con dos platas, un bronce y un quinto puesto. Detrás del balance hay 18 combates y 12 victorias: dos españoles llegaron a pelear por el oro, Benítez encontró el camino al podio después de caer en semifinales y Sánchez Rosillo estuvo a un punto de acompañarlo. Guadalajara dejó medallas, pero también el recuerdo de lo estrecho que puede ser el margen entre subir al podio y quedarse junto a él.