Babacar Seck y Laura Díaz Cano mandan en el open de un Daedo KMastery que gana peso en Illescas

Babacar Seck y Laura Díaz Cano mandan en el open de un Daedo KMastery que gana peso en Illescas

La segunda edición del campeonato impulsado bajo el sello de Iván Leal reunió senior, open, kata y máster en una puesta en escena de alto impacto en el Escénico de Illescas

Illescas no acogió un open más. El II Open Daedo KMastery 2026 convirtió el Escénico en un escenario de karate con presencia, con imagen y con una idea clara de campeonato: reunir cantera, senior, open y máster bajo una propuesta que empieza a ganar sitio propio en el calendario.

La cita, celebrada el 16 de mayo, tuvo uno de sus grandes reclamos en el Open Kumite Senior, masculino y femenino, con premio en metálico. Pero el interés del campeonato no terminó ahí. El bloque senior de peso, el kata absoluto, las categorías máster y una puesta en escena especialmente cuidada terminaron dibujando una competición con más capas de las que puede parecer a primera vista.

El escenario ayudó. El Escénico de Illescas no es un pabellón cualquiera. Su condición de plaza cubierta, con una disposición visualmente potente y un montaje amplio de tatamis, dio al campeonato una presencia que no siempre se encuentra en este tipo de citas. El karate necesita nivel, competidores y buenos cruces, pero también necesita eventos que entren por los ojos, que parezcan importantes antes incluso de que empiece el primer combate.

En ese apartado, el Daedo KMastery ganó muchos puntos.

El open masculino eleva a Babacar Seck

El Kumite Senior Masculino Open 18+ tuvo un nombre propio: Babacar Seck Sakho. Se impuso en una categoría que, por formato, siempre exige algo más que estar fuerte en tu peso. En un open hay que leer rápido, adaptarse antes que el rival y aceptar que cada combate puede cambiar por completo la distancia, el ritmo y el tipo de intercambio.

Babacar terminó en lo más alto por delante de Hihcam Bakkali, con Redwane Ameknassi y Cristian Alexandru Miresan Sechei como terceros. Heriberto Antonio Chinchay Pinillos completó las posiciones destacadas de la categoría.

El resultado tiene más valor si se mira el recorrido competitivo de algunos nombres del cuadro. Miresan, antes de subir al podio del open, se había impuesto en el Senior Masculino -75 kg del propio campeonato, por delante de Teodor Karadaiev y con Redwane Ameknassi también entre los medallistas. Además, no llegaba a Illescas como un competidor cualquiera: en el Campeonato de España Absoluto 2026 ya había sido bronce en -75 kg.

Ese cruce de resultados ayuda a medir mejor el nivel del open. No fue una categoría añadida para cerrar la jornada ni un escaparate vacío. Fue una segunda prueba de exigencia para karatekas que ya venían demostrando nivel en categorías de peso.

En +75 kg, Daniel Franco Elistratov se llevó el oro, con Carlos Morata Sánchez como segundo y Jean-Claude Otoniel Overman y Cristian Fernández Calero como terceros. Franco también llegaba con recorrido reciente: fue quinto en el Campeonato de España Absoluto en -84 kg y bronce en la LNK Sub21 masculina en esa misma categoría. Otra señal de que el bloque senior masculino del Daedo reunió nombres con trayectoria competitiva real.

Otra de las categorías con mucho nivel fue el Senior Masculino -67 kg, donde Jonathan Camacho terminó llevándose el oro en un cuadro especialmente igualado. El competidor llegaba además después de subir al podio en la última Liga Nacional, confirmando en Illescas una línea competitiva muy sólida en una de las divisiones más exigentes del campeonato

Pero el open fue el gran escaparate. Y ahí Babacar Seck volvió a recordar por qué es uno de esos competidores a los que conviene seguir con calma. Hay victorias que solo rellenan una línea de palmarés. Otras abren una conversación más larga.

Laura Díaz Cano se lleva un open femenino con lectura propia

En el cuadro femenino, Laura Díaz Cano conquistó el Kumite Senior Femenino Open 18+. Lo hizo por delante de Eva López Aranda, con Paula Ramírez Ortega y Júlia Just Clopes como terceras. Julia Hernández Castilla y Carolina Nieto Sánchez también firmaron una buena competición, mientras que Alhena Romero Ortega y Alexandra Ayuso León completaron el grupo de competidoras mejor clasificadas.

La victoria de Laura Díaz Cano tiene todavía más valor si se mira el conjunto del campeonato. En Illescas no solo conquistó el Open senior femenino: también logró imponerse en su categoría de peso, firmando uno de los dobles resultados más sólidos de toda la jornada.

Laura ya venía de ser quinta en el Campeonato de España Absoluto 2026 dentro de una categoría muy competitiva. En el Daedo KMastery, sin embargo, dio un paso más: primero dominó su división y después confirmó su nivel también en el formato abierto, donde la lectura táctica cambia por completo.

El formato abierto no premia exactamente lo mismo que una división por kilos. Una competidora puede sentirse cómoda en su peso y, sin embargo, encontrarse en el open con rivales que le obligan a modificar la distancia, el tipo de entrada, el ritmo o la forma de gestionar el marcador. Por eso este tipo de cuadros tienen tanto interés: no repiten el mapa competitivo, lo reordenan.

Júlia Just Clopes fue uno de los mejores ejemplos. Campeona en Senior Femenino +61 kg en Illescas, volvió a subir al podio en el open como bronce. Su temporada ya venía marcada por resultados importantes: fue bronce en el Campeonato de España Absoluto en -68 kg y campeona en la LNK Sub21 femenina en esa misma categoría. En el Daedo KMastery confirmó esa línea de continuidad, primero imponiéndose en su bloque senior y después manteniéndose arriba en el formato abierto.

También Alexandra Ayuso León dejó una lectura llamativa. Ganó el -55 kg en Illescas, por delante de Naiara Villagrasa Bueno, con Nikte Hernández González de Tánago y María Pacheco Palomares como terceras, pero en el open terminó séptima. Ese contraste explica bien la naturaleza del formato: dominar una categoría de peso no garantiza repetir el mismo papel cuando el cuadro se abre y el combate cambia de lógica.

En +61 kg, Júlia Just se impuso por delante de Carolina Nieto Sánchez, con Erika Ramírez Grande y Barbara Moreira como bronces. Un bloque femenino con nombres repartidos, resultados cruzados y una conclusión clara: el open tiene vida propia.

Enrique Nieto y Lucía Rodríguez Bretones dan peso al kata senior

El kata senior también dejó uno de los mensajes más potentes del campeonato: Enrique Nieto Madruga ganó el Kata Senior Masculino 18+.

No es un detalle menor.

Nieto se impuso por delante de Jesús Consuegra Gómez, con David Llanos Priego y Abdel Monaem Maanaoui como terceros. Pero lo importante no es solo el oro. Lo importante es lo que significa: Enrique Nieto gana una categoría senior siendo ya competidor máster. Y después vuelve a aparecer en VetA masculino 35-39, donde fue segundo precisamente por detrás de Jesús Consuegra.

Ahí está una de las lecturas más interesantes de todo el campeonato.

Ganar en senior desde la etapa máster no es una anécdota simpática ni una curiosidad para colocar al final de un párrafo. Es una declaración deportiva. En kata, la madurez competitiva no siempre resta. A veces suma. La gestión del ritmo, la estabilidad, la limpieza técnica, la intención y la comprensión del kata pueden mantener a un competidor en la pelea mucho más tiempo del que algunos imaginan.

Y el dato gana fuerza al mirar el contexto nacional: Enrique Nieto venía de proclamarse campeón de España Máster 2026 en Kata Vet1 Masculino 35-40. En Illescas no ganó simplemente un máster que probaba en senior. Ganó un campeón de España máster compitiendo en categoría absoluta.

Eso coloca el resultado en otro lugar.

También Jesús Consuegra sostuvo una doble lectura competitiva: plata en senior y oro en VetA. Ese cruce entre ambos en senior y máster refuerza una idea que el karate debería mirar con más atención: la frontera entre senior y máster, al menos en kata, no siempre marca una retirada del primer plano. A veces solo cambia el tipo de batalla.

En Kata Senior Femenino 18+, la victoria fue para Lucía Rodríguez Bretones. Varinia Castellano Curbelo terminó segunda, con Noa Eguren Guillemat e Isabel Torres Moreno como terceras. Ruth Vizcaíno Calvo fue quinta.

Lucía Rodríguez también llegaba con recorrido reciente: fue quinta en Kata Sub21 Femenino en la LNK 2026, una categoría ganada por Carla Guardeño, con Abril Angulo como segunda. Su oro senior en Illescas confirma que el Daedo KMastery también dejó espacio para karatekas jóvenes capaces de proyectarse hacia categorías superiores.

Noa Eguren, bronce senior femenino en Illescas, también apareció en el podio junior del propio campeonato. Otro detalle que habla de una cita con mezcla generacional: jóvenes que suben, seniors que consolidan y másters que siguen discutiendo el primer plano.

El máster no fue un añadido: fue una parte central del relato

El Daedo KMastery volvió a dejar claro algo que en dojodigital venimos defendiendo desde hace tiempo: el karate máster no es una categoría decorativa. No es el lugar al que se va cuando ya no queda otra cosa. Es una parte viva del karate competitivo, con oficio, con lectura y con deportistas capaces de sostener el nivel desde otra madurez.

En kata, el bloque máster tuvo varios nombres relevantes.

En VetA Masculino 35-39, Jesús Consuegra Gómez fue campeón y Enrique Nieto Madruga segundo. La categoría resumió muy bien el mensaje del campeonato: competidores capaces de estar arriba en senior y volver a medirse en máster con plena vigencia competitiva.

En VetB Masculino 40-49, Damián Veiga Rebollo se llevó el oro por delante de Sergio Felipe de Cabo Machín. Los bronces fueron para David Aparicio Fernández y Sven Krings Lafuente, con Bruno David Lorenço Paiva y David Piñas de la Cruz en quinta posición.

El triunfo de Damián Veiga también conecta con una temporada de mucho peso en la categoría. En la LNK Máster Masculina 2026 fue campeón en Kata Vet3 Masculino 46-50, por delante de David Aparicio, Óscar Botrán y Sven Krings. En el Campeonato de España Máster 2026, además, fue quinto en Vet3, dentro de una categoría especialmente competida. Su oro en Illescas no aparece como una victoria aislada, sino como una pieza más dentro de una temporada en la que viene sosteniendo presencia en la zona alta.

En VetC Masculino 50-59, Ángel Javier Apellániz Espiga fue campeón, Fernando Fleirez Nieto segundo y Eliseo Penabad Fernández tercero. En VetC Femenino 50-59, Begoña Expósito Ramírez subió a lo más alto, con Maribel Otiña Hernández como segunda y Natalia García Galván y Ángela María Mayoral Ambros como terceras. En VetI Masculino +60, Francisco Ortega Galán fue campeón, José Juan Ramírez Trujillo segundo y Rafael Guerrero Maldonado tercero.

También ahí aparecen conexiones interesantes con el mapa nacional máster. Maribel Otiña, segunda en Illescas, venía de proclamarse campeona de España Máster en Kata Vet4 Femenino 51-55. Francisco Ortega, campeón VetI en el Daedo, fue subcampeón de España en Kata Vet6 Masculino 61-65, precisamente por detrás de Rafael Guerrero Maldonado, que en Illescas acabó tercero.

Ese tipo de cruces dan valor al resultado. Illescas no reunió solo participación veterana. Reunió karatekas con presencia real en campeonatos nacionales.

El kumite máster también reclamó espacio

El máster no se limitó al kata. En kumite también hubo competición con nombres de peso.

En VetA Femenino 35-39 Open, Belén García Fernández fue campeona. En VetB Masculino 40-49 Open, Marco Antonio Bedoya López se llevó el oro, Aitor Jiménez Conde fue segundo y David Parra Zunino y Carlos Rodríguez Alcázar completaron el podio.

La plata de Aitor Jiménez Conde merece lectura. En una categoría open, donde cada cruce puede cambiar por físico, distancia y ritmo, llegar a la final no es un simple trámite. Y más si se mira el contexto: Aitor fue bronce en el Campeonato de España Máster 2026 en Kumite VetX2 Masculino 41-50 +75 kg. En Illescas volvió a aparecer arriba, esta vez como finalista del Open VetB. No es una casualidad: es continuidad competitiva.

Marco Antonio Bedoya, campeón en Illescas, también venía de podio nacional. Fue bronce en el Campeonato de España Máster 2026 en Kumite VetX2 Masculino 41-50 <75 kg. El Daedo KMastery reunió así, también en el bloque máster de kumite, a competidores que ya habían demostrado nivel durante la temporada.

En VetC Masculino 50-59 Open, Ángel Jiménez Leira fue campeón, Isaac González García segundo, y Nuno Simões y Óscar Guzmán Robleda terceros. En VetI Masculino +60 Open, José Manuel Lara González se impuso por delante de José Juan Ramírez Trujillo, con José Jaurrieta Esparza y Juan José Chavero Sánchez como terceros.

El mensaje vuelve a ser el mismo: el máster no solo suma participación. Suma relato, continuidad e identificación. Permite que muchos karatekas vean la competición no como una etapa cerrada, sino como un camino que sigue teniendo tatami.

Un campeonato con imagen de evento

La puesta en escena del II Open Daedo KMastery fue uno de los puntos que ayudan a entender por qué esta cita puede crecer. El Escénico de Illescas ofrecía un marco distinto, más impactante que el de muchos campeonatos convencionales.

La imagen importa. No más que el nivel, pero importa.

Un campeonato bien presentado genera sensación de evento. Hace que el competidor perciba que está participando en algo cuidado. Hace que el público lo recuerde. Hace que las marcas puedan mirar con más interés. Y hace que el karate salga, aunque sea por unas horas, de esa estética demasiado habitual de pabellón frío, megafonía cansada y podio improvisado.

El Daedo KMastery todavía está en fase de crecimiento, pero parece tener claro hacia dónde quiere caminar: un open con identidad, con presencia visual, con categorías que conectan varias generaciones y con un kumite senior open capaz de generar atención propia.

Ahí también pesa el sello de Iván Leal. No solo por lo que representa su nombre dentro del karate español, sino por lo que sugiere a nivel de orientación competitiva. Cuando una figura vinculada al alto rendimiento impulsa un evento, se espera algo más que una sucesión de categorías. Se espera intención. Y esta segunda edición dejó precisamente eso: intención.

Senior, open y máster: una combinación que funciona

El campeonato tuvo un gancho claro en el Open Kumite Senior, pero su verdadero valor estuvo en la suma.

Babacar Seck y Laura Díaz Cano fueron los nombres propios del formato abierto. Cristian Alexandru Miresan, Daniel Franco Elistratov, Alexandra Ayuso y Júlia Just Clopes dieron consistencia a las categorías senior de peso. Enrique Nieto y Lucía Rodríguez Bretones elevaron el bloque de kata senior. Jesús Consuegra, Damián Veiga, Begoña Expósito, Ángel Javier Apellániz, Marco Antonio Bedoya, Aitor Jiménez, Ángel Jiménez Leira y José Manuel Lara sostuvieron un máster que merece bastante más que una mención de cierre.

La clave está en leer qué conectan esos resultados: continuidad, estado de forma, madurez competitiva y un formato open que obliga a competir de otra manera.

El II Open Daedo KMastery 2026 dejó varias señales. La primera, que el formato open funciona cuando se le da contexto y atractivo. La segunda, que el kata senior todavía puede ofrecer lecturas muy interesantes cuando se cruza con el máster. La tercera, que el máster está dejando de ser una categoría secundaria para convertirse en una de las zonas más reconocibles del karate actual. Y la cuarta, que el karate necesita campeonatos con buena organización, pero también con una imagen capaz de estar a la altura de lo que ocurre en el tatami.

Illescas respondió. El Escénico puso el marco. Los competidores pusieron los nombres.

Y el Daedo KMastery, en su segunda edición, dejó la sensación de que no quiere ser simplemente otro open más en el calendario. Quiere tener sitio propio.

Eso, en el karate actual, ya es bastante.

El II Open Daedo KMastery 2026 convierte Illescas en una cita clave para el karate nacional

El II Open Daedo KMastery 2026 convierte Illescas en una cita clave para el karate nacional

El campeonato organizado bajo el sello de Iván Leal reunirá el 16 de mayo categorías de base, senior, máster y un atractivo kumite open con premio en metálico

El II Open Daedo KMastery 2026 se celebrará el próximo 16 de mayo en Illescas con una propuesta que lo sitúa entre las citas más interesantes del calendario competitivo nacional. El evento, impulsado bajo el sello de Iván Leal, leyenda del karate español y actual seleccionador nacional de kumite, reunirá a competidores de distintas edades en una jornada que combinará cantera, senior, máster, kata y kumite.

Pero hay un punto que eleva especialmente el interés competitivo: la presencia del kumite senior open, tanto masculino como femenino, con premio en metálico. Un formato que añade tensión, atractivo y una lectura muy clara: el campeonato no quiere ser simplemente una competición más, sino un evento con identidad propia.

Illescas, escenario de un open con ambición

La competición se desarrollará en el Escénico de Illescas, un espacio multiusos que la organización presenta como una instalación de vanguardia, situada estratégicamente por sus accesos y opciones de alojamiento. El propio boletín del campeonato destaca que la versatilidad del recinto permitirá crear un ambiente deportivo, lúdico y social de primer nivel.

Illescas, ubicada en la comarca de La Sagra, al norte de Toledo y a unos 35 kilómetros de Madrid, ofrece además un entorno cómodo para clubes, deportistas y familias desplazadas. No es un detalle menor: cada vez resulta más importante que los campeonatos no solo funcionen dentro del tatami, sino también fuera de él.

El karate necesita buenos combates, buenos katas y buenos competidores. Pero también necesita eventos bien presentados, con imagen, con ritmo y con capacidad para generar expectación.

Una jornada con karate desde la base hasta máster

Aunque el foco competitivo más llamativo estará en las categorías senior y en el kumite open con premio en metálico, el II Open Daedo KMastery 2026 no será únicamente una cita para adultos. El campeonato presenta una estructura amplia, con presencia de categorías inferiores tanto en kata como en kumite.

En kumite, la competición contempla categorías desde U8 hasta U18, con divisiones masculinas y femeninas adaptadas por edad y peso. En kata, también habrá recorrido desde U8, U10, U12, U14, U16 y U18, además de senior y máster.

Este punto es importante porque habla de un campeonato con vocación de club, de cantera y de continuidad deportiva. No se trata solo de reunir a competidores senior o máster, sino de ofrecer una jornada completa donde los más jóvenes también tengan su espacio competitivo.

Y esa mezcla tiene valor. Porque en el mismo evento pueden convivir quienes están dando sus primeros pasos en el tatami, quienes ya compiten en edad senior y quienes siguen manteniendo vivo el karate en categoría máster. Esa fotografía, bien entendida, resume bastante bien lo que debería ser un open: participación, nivel y recorrido.

El gran foco competitivo: el kumite senior open

La categoría que más miradas puede atraer será, sin duda, el kumite senior open 18+. El formato open siempre tiene algo especial. Obliga a competir sin el refugio habitual de la categoría de peso, cambia la lectura táctica y exige una adaptación constante.

En un open no basta con tener buen timing. Hay que saber gestionar distancias distintas, físicos distintos y ritmos muy diferentes. Un rival más alto puede obligarte a entrar de otra forma. Uno más pesado puede condicionar el intercambio. Uno más explosivo puede romper cualquier plan en apenas unos segundos.

En el cuadro femenino aparecen nombres como Alexandra Ayuso León, Carolina Nieto Sánchez, Laura Pastora Fondevila, Erika Ramírez Grande, Ruth Vizcaíno Calvo, Julia Just Clopes, Belén García Fernández, Eva López Aranda, Paula Ramírez Ortega, Laura Díaz Cano, Khansae Fatih, Lucía Lázaro Fernández, Alhena Romero Ortega, Natalia del Pilar Soria Mena, Julia Hernández Castilla y Doae Benbousta El Boujadi.

La categoría presenta una participación amplia y con presencia de clubes como Iván Leal, C.D. Nizar, No-Kachi, Go-Pai Sport, Jade, Hikari Karate Club, Gym Sur Stylo, Club de Karate Hermanos Alemán y la Federación Española de Karate.

En masculino, el cuadro también llega cargado de nombres interesantes. Entre los inscritos figuran Babacar Seck Sakho, Antonio Torres Moreno, Redwane Ameknassi, Jean-Claude Otoniel Overman, Carlos Rodríguez Alcázar, Abdel Monaem Maanaoui, Cristian Alexandru Miresan Sechei, Carlos Morata Sánchez, David Benítez Espuela, Juan Manuel Vaz Muñoz, Jonathan Camacho Romero, Daniel Franco Elistratov, Youssef El Basraoui, Muhamadou Ceesay, Rubén Cocera Peña, Heriberto Antonio Chinchay Pinillos, Nazan Alberquilla Velázquez, Neyen Alberquilla Velázquez y Hihcam Bakkali.

Sobre el papel, no parece una categoría de trámite. El volumen de inscritos, la mezcla de perfiles y el aliciente económico pueden convertir el open en uno de los grandes focos de la jornada. Y eso, para el espectador, siempre es una buena noticia. Para el competidor, quizá no tanto.

Kata senior: cuadros cortos, exigencia máxima

El kata senior también tendrá presencia destacada en Illescas.

En kata senior masculino, competirán Jesús Consuegra Gómez, David Llanos Priego, Abdel Monaem Maanaoui, Carles Martínez Sánchez, Enrique Nieto Madruga, Sergio Palomar Mateo, Antonio Torres Moreno y Adrián Víctor Rocha.

Es un cuadro reducido, pero precisamente por eso cada ronda puede resultar decisiva. Con pocos competidores, no hay margen para entrar frío en competición ni para reservar demasiado. Cada elección de kata, cada detalle técnico y cada mínima pérdida de precisión pueden condicionar el resultado.

En kata senior femenino, la inscripción reúne a Varinia Castellano Curbelo, María Contreras Martín, Noa Eguren Guillemat, Lucía Rodríguez Bretones, Isabel Torres Moreno y Ruth Vizcaíno Calvo.

Aquí la lectura competitiva será especialmente interesante. En categorías con pocos cruces, la gestión estratégica del repertorio puede tener mucho peso. No se trata únicamente de ejecutar bien, sino de saber cuándo enseñar el kata más fuerte, cómo leer el cuadro y cómo competir cada ronda con intención.

El kata, aunque algunos todavía lo miren como una simple ejecución técnica, también se compite desde la cabeza.

El karate máster vuelve a reclamar su sitio

Otro de los elementos importantes del II Open Daedo KMastery 2026 será la presencia de categorías máster en kata.

En Kata VetB masculino 40-49, aparecen inscritos Moussa Ahalli, David Aparicio Fernández, Sergio Felipe De Cabo Machín, Gabriel de la Casa Rueda, Sven Krings Lafuente, Bruno David Lorenço Paiva, David Piñas de la Cruz y Damián Veiga Rebollo.

Es una categoría especialmente atractiva porque conecta con una realidad cada vez más evidente: el karate máster está creciendo, y no como una versión menor de la competición senior. Al contrario. En kata, la madurez competitiva puede aportar control, intención, lectura del ritmo y una forma de entender la ejecución que no siempre depende de la explosividad pura.

En Kata VetC masculino 50-59, competirán Alberto Alejandro Martínez, Ángel Javier Apellániz Espiga, Fernando Fleirez Nieto, Eliseo Penabad Fernández y Francisco Javier Villanueva Taboada.

En Kata VetC femenino 50-59, figuran Begoña Expósito Ramírez, Natalia García Galván, Ángela María Mayoral Ambros, Elena Moreno Jaramillo y Maribel Otiña Hernández.

La presencia de estas categorías refuerza una idea que el karate debería cuidar mucho más: la competición no termina en la etapa senior. El máster no es un añadido decorativo. Es una parte viva del karate competitivo y, bien trabajada, puede ser uno de los grandes activos del deporte.

Eliminatoria directa, repesca y reglamento WKF 2026

El campeonato se disputará con sistema de eliminatoria directa y repesca por el tercer puesto, según recoge el boletín oficial. Además, la organización indica que se competirá con el reglamento WKF 2026, siendo imprescindible estar federado.

Este dato también tiene interés. La entrada del reglamento 2026 está generando debate, especialmente en kata, donde se está poniendo el foco en la interpretación de la ejecución, la penalización de determinados excesos y la recuperación de una idea más combativa y menos teatralizada de la disciplina.

En kumite, habrá que observar cómo se aplica el criterio arbitral en un formato open, donde las diferencias físicas pueden influir mucho en la táctica, la distancia y la gestión del combate.

Leer el reglamento es una cosa. Verlo aplicado en competición, con medallas y premios en juego, es bastante más interesante.

Iván Leal, un nombre que pesa

El campeonato tiene además un elemento diferencial: la figura de Iván Leal.

Su nombre forma parte de la historia reciente del karate español. Como competidor fue una referencia internacional. Como técnico, ocupa actualmente una posición clave como seleccionador nacional de kumite. Que una figura de ese perfil impulse un evento de estas características le da al open una dimensión distinta.

No hablamos solo de una competición organizada por un club. Hablamos de una cita que nace alrededor de alguien que conoce el alto rendimiento, el tatami internacional y las necesidades reales del competidor.

Y eso se nota especialmente en la apuesta por el kumite open, por el premio en metálico y por una estructura que busca algo más que completar categorías.

Una previa con varios frentes abiertos

El II Open Daedo KMastery 2026 llega con varios puntos de interés.

El primero, comprobar quién impone su ley en los open senior de kumite. El segundo, ver cómo se resuelven los cuadros de kata senior, donde cada ronda tendrá mucho peso. El tercero, seguir la evolución de unas categorías máster que cada vez tienen más presencia, más nivel y más sentido competitivo. Y el cuarto, no menos importante, observar cómo responde la base en un campeonato que también da espacio a las categorías inferiores.

Illescas será el escenario. El tatami pondrá las respuestas.

Y desde dojodigital.es estaremos atentos a una cita que reúne varios ingredientes importantes: organización con nombre propio, premio económico, presencia de cantera, bloque senior, categorías máster y reglamento WKF 2026.

No está mal para un sábado de karate.

Oviedo confirma el relevo: la cantera española ya compite con nombres propios

Oviedo confirma el relevo: la cantera española ya compite con nombres propios

El Campeonato de España Infantil 2026 dejó mucho más que una relación de campeones. Dejó señales. Algunas muy claras. En Oviedo no solo se repartieron medallas; se confirmaron trayectorias, se consolidaron nombres que ya venían avisando desde el año anterior y aparecieron nuevos perfiles que empiezan a pedir sitio dentro del mapa nacional del karate de base.

Durante dos días, el Palacio de los Deportes de Oviedo reunió a las categorías benjamín, alevín, infantil y juvenil en una competición que volvió a demostrar una realidad evidente: el karate español tiene cantera. Y no una cantera entendida como promesa vaga, de esas que se dicen por decir. Tiene competidores que repiten finales, deportistas que suben de categoría y siguen en el podio, campeones que defienden título, jóvenes que pasan del diploma al oro y federaciones autonómicas que mantienen un trabajo sólido en edades tempranas.

El campeonato, convocado por la Real Federación Española de Karate para los días 9 y 10 de mayo de 2026, se estructuró en tres jornadas: una primera dedicada al kata benjamín masculino, al kata y kumite alevín masculino y al kata y kumite juvenil masculino; una segunda para el bloque femenino de benjamín, alevín y juvenil; y una tercera jornada para infantil masculino y femenino, además del para-karate infantil y juvenil. No fue una competición menor ni en volumen ni en exigencia: ocho tatamis, muchas categorías, horarios ajustados y una densidad competitiva que obliga a mirar más allá del resultado final.

Porque en estas edades el podio importa, claro. Para quien compite, importa muchísimo. Pero para entender el campeonato hay que mirar también otra cosa: la continuidad. Quién venía de ganar. Quién subía de categoría. Quién no desaparece cuando cambia el peso, la edad o el contexto. Quién convierte un diploma del año anterior en una medalla. Quién sostiene el nivel cuando ya no compite contra los mismos. Ahí es donde empieza a leerse el verdadero currículo competitivo.

Y este Campeonato de España Infantil 2026 dejó varios mensajes.

El kata: continuidad, madurez temprana y nombres que empiezan a pesar

El kata volvió a ser una de las grandes ventanas del campeonato. Y lo hizo con una mezcla interesante: campeones nuevos, deportistas que repiten éxito y nombres que, al comparar con 2025, empiezan a construir una trayectoria que ya no puede verse como casualidad.

En Kata Benjamín Masculino, el oro fue para Mario García García, de Madrid, por delante de Alain Fernández Arboleda, de Navarra. Los bronces fueron para Mauro Suárez Anta, de Galicia, y Victor Dolynnyy Lytvitskyy, de Andalucía. En una categoría tan temprana, el resultado siempre debe leerse con cuidado: hablamos de deportistas muy jóvenes, todavía en pleno proceso formativo. Pero también es cierto que estas primeras medallas nacionales suelen señalar a niños que ya compiten con una concentración impropia de su edad.

En Kata Benjamín Femenino, Inés Rasero Romero, de Extremadura, se proclamó campeona de España, con Vealeria Alexandra Singh Palomo, de Andalucía, como subcampeona. Martina Feito Yedra, de Madrid, y Arai Elordui Obregón, de Asturias, completaron el podio. Extremadura, que ya venía teniendo nombres importantes en kata femenino de base, volvió a colocar una campeona en una categoría sensible para medir el trabajo de iniciación.

En Kata Alevín Masculino, el título fue para Andrés González Gómez, de Madrid. Y aquí ya aparece una de las primeras lecturas importantes del campeonato: Andrés no llega de la nada. En 2025 fue campeón de España en Kata Benjamín Masculino. En 2026, al subir a alevín, vuelve a ganar. Ese dato cambia completamente la lectura del oro. No hablamos solo de un buen campeonato, sino de una progresión sostenida en el cambio de categoría. Ganar en benjamín ya tiene mérito; subir a alevín y volver a imponerse demuestra una adaptación competitiva muy seria.

La plata fue para Romeo Suárez Rodríguez, también de Madrid, lo que refuerza el peso madrileño en esta categoría. Los bronces fueron para Iván Fernández Gómez, de Andalucía, y Alejandro Ribao Rodríguez, de Galicia. Madrid firmó aquí un doblete de mucho valor, pero el podio también dejó presencia andaluza y gallega, dos territorios que aparecen de forma constante en los resultados de kata.

En Kata Alevín Femenino, Andalucía tuvo una actuación especialmente fuerte. María Fuentes García se proclamó campeona de España, Lucía Torres Tapia fue plata y Paris González González logró el bronce, también para Andalucía. El otro bronce fue para Ana Sempere Serrano, de Valencia. Tres andaluzas entre las cuatro medallistas: no es un detalle menor.

Entre los nombres propios del campeonato aparece con fuerza el de María Fuentes García, campeona de España en Kata Alevín Femenino. Natural de Peñaflor, en Sevilla, pero residente y formada deportivamente en Marbella, Málaga, María representa muy bien esa realidad del karate actual: niños y niñas que crecen entre kilómetros, tatamis, entrenamientos y campeonatos, hasta que un día todo ese trabajo se convierte en una medalla de oro nacional. Su título no es solo un resultado; es una señal. Porque cuando una deportista tan joven sube a lo más alto en kata, lo que se premia no es únicamente la ejecución de un día, sino una forma de entrenar, de escuchar y de sostener la presión cuando el tatami se queda en silencio.

El bronce de Paris González González también merece lectura. En 2025 fue campeona de España en Kata Benjamín Femenino. En 2026, ya en alevín, vuelve a subir al podio. No repite oro, pero mantiene presencia entre las mejores en una categoría superior. Ese tipo de continuidad es importante: hay deportistas que brillan un año y desaparecen al siguiente; Paris no ha desaparecido. Sigue ahí.

La categoría Infantil Masculina dejó uno de los datos más sólidos del campeonato: Álvaro Alejandro Rodríguez, de Castilla-La Mancha, volvió a proclamarse campeón de España. Ya había ganado en 2025 en esta misma categoría y en 2026 defendió el título con éxito. Más aún: Alejandro Maldonado Carmona, de Andalucía, volvió a ser plata, repitiendo exactamente el mismo puesto del año anterior. Cuando una final o una parte alta del cuadro se repite de un año a otro, no hablamos solo de resultados aislados. Hablamos de una rivalidad deportiva, de dos competidores que han sido capaces de sostenerse durante todo un ciclo.

Los bronces fueron para Luka Fernández González, de Castilla y León, y Javier Florentino Alcaraz, de Andalucía. Y el caso de Javier también merece atención: en 2025 fue campeón de España en Kata Alevín Masculino. En 2026, ya en infantil, sube al podio con un bronce. De nuevo, cambio de categoría y continuidad competitiva. Quizá no repite oro, pero confirma que su nivel no dependía solo de un momento o de una edad concreta.

En Kata Infantil Femenino, Martina Capetillo López se proclamó campeona de España, representando a Castilla-La Mancha. Este resultado tiene una lectura especialmente potente, porque en 2025 ya había sido campeona en Kata Alevín Femenino. Es decir: sube de categoría y vuelve a ganar. Esa es una de las progresiones más claras de todo el campeonato. Carolina Sánchez Ryskova, de Andalucía, fue plata, mientras que Carmen Cruz Jaramillo y Carolina Oliveira Balbuena, ambas también de Andalucía, lograron los bronces. Otra vez, Andalucía aparece con una densidad enorme en kata femenino.

En Kata Juvenil Masculino, Zeyn Muller Mohamdi, de Andalucía, se llevó el oro, con José Luis Huerta Martínez, de Asturias, como subcampeón. Los bronces fueron para Diego Maldonado Carmona, de Andalucía, y Adrián Portal Mirón, de Madrid. Aquí hay varias capas. Zeyn ya fue plata en Kata Alevín Masculino en 2025, y en 2026 aparece como campeón juvenil. Su apellido ya venía señalado en los resultados y ahora se coloca en lo más alto. Diego Maldonado Carmona, por su parte, refuerza esa presencia andaluza en kata masculino, mientras que Adrián Portal Mirón repite presencia en la zona alta: en 2025 ya fue diploma en Kata Juvenil Masculino y en 2026 entra en medalla.

En Kata Juvenil Femenino, el oro fue para Luna Capetillo López, de Castilla-La Mancha. Y este es uno de los relatos más interesantes del campeonato. En 2025 había sido diploma en esta misma categoría; en 2026 se convierte en campeona de España. Eso habla de un salto competitivo real. No de una aparición repentina, sino de una deportista que ya estaba cerca y que un año después transforma esa cercanía en título. Valeria Rebollo Carvajal, de Extremadura, fue plata, tras haber sido campeona en Kata Infantil Femenino en 2025. También aquí hay continuidad: cambia el año, cambia la categoría, pero sigue arriba. Los bronces fueron para Inara Álvarez Fernández, de Asturias, campeona juvenil en 2025, y Amparo Garrido Camarasa, de Valencia.

El kata femenino, visto en conjunto, dejó una fotografía muy clara: Andalucía tuvo una presencia fortísima en alevín e infantil, Castilla-La Mancha colocó campeonas de enorme peso competitivo, Extremadura mantuvo nombres relevantes y Asturias, Valencia y Madrid siguieron apareciendo en la zona noble. No fue un campeonato monopolizado por una sola federación. Fue, más bien, un mapa bastante distribuido, pero con focos muy claros de trabajo continuado.

Kumite: campeones que repiten, cambios de peso y saltos competitivos

Si el kata permitió leer trayectorias con calma, el kumite ofreció una fotografía distinta: cambios de peso, adaptación física, gestión táctica y competidores que, en apenas un año, han tenido que enfrentarse a rivales y contextos muy diferentes. En categorías de base, eso es clave. A estas edades, cambiar de peso o de categoría puede alterar por completo el tipo de combate. Por eso, cuando alguien repite oro o mejora claramente su resultado, el dato tiene más valor del que parece.

En Alevín Masculino -28 kg, el oro fue para Oliver Gómez Fernández, de Castilla-La Mancha, con Pablo Ribeiro Cabal, de Asturias, como plata. Ribeiro ya había sido bronce en esta misma franja de edad y peso en 2025, así que su plata de 2026 marca una progresión clara: de tercer puesto a finalista. Los bronces fueron para Izan Cordero Capitán, de Andalucía, y Ángel Rebollo Díez, de Madrid.

En Alevín Masculino -34 kg ganó Hugo González Peralvarez, de Murcia, por delante de Enzo Berbegal Pérez, de Aragón. Lucas Tovar de Loos, de Canarias, y Mario Martínez Díez, de Asturias, completaron el podio. En Alevín Masculino +34 kg, el oro fue para Pablo Ramírez Rodríguez, de Valencia, con Thiago Naranjo Linares, de Castilla-La Mancha, como plata. Los bronces fueron para Alessandro Raúl Martínez Madrid, de Andalucía, y Éinar Hita Morato, de Madrid.

En Alevín Femenino -26 kg, María Puebla Hernández, de Castilla-La Mancha, dio un salto importante respecto al año anterior: en 2025 había sido diploma y en 2026 se proclamó campeona. Es uno de esos casos que explican muy bien cómo se construye el rendimiento en edades tempranas. No siempre se pasa de no estar a ganar; muchas veces primero se entra en la zona de diploma, se aprende a competir en el tramo final del cuadro y, al año siguiente, se llega más preparada para rematar. La plata fue para Idaira Ruiz López, de Valencia, y los bronces para Carmen Bartolomé Ramos, de Castilla y León, y María Jesús Barroso Delgado, de Extremadura.

En Alevín Femenino -32 kg, Madrid firmó doblete con Valeria Trang Lloret Martínez como campeona y Mikaela Gomes Mendes como subcampeona. Los bronces fueron para Abril Álvarez Núñez, de Cataluña, y Maya Moral Muro, de Castilla y León. En Alevín Femenino +32 kg, Cristina Stefania Ioncea, de Madrid, se llevó el oro, con Daniela Rubio Villazala, de Castilla y León, repitiendo plata por segundo año consecutivo en esta categoría. Los bronces fueron para Bárbara Trujillo Carrillo, de Ceuta, y Victoria Castro Lucena, de Andalucía.

En Infantil Masculino -30 kg aparece uno de los nombres más sólidos del kumite de base: Milan Suárez Rodríguez, de Madrid. Campeón en 2025 y campeón de nuevo en 2026. Repetir oro en una categoría de kumite infantil no es sencillo. El cuerpo cambia, los rivales te estudian, el entorno competitivo ya te reconoce y la presión aumenta. Milan no solo gana; confirma. La plata fue para Cristian González Mariscal, de Extremadura, y los bronces para Jairo Martínez Íñiguez, de Madrid, y Alejandro Maldonado Carmona, de Andalucía, que además venía de ser plata en kata infantil masculino. Competidor completo, presencia doble y lectura interesante: no todos los perfiles son especialistas cerrados desde tan jóvenes.

En Infantil Masculino -35 kg, el campeón fue Iker Cadenas Fernández, de Asturias, con Martín García Banda, de Extremadura, como plata. Los bronces fueron para Álvaro Parada Moreno de la Santa y David Naranjo Chinchilla, ambos de Castilla-La Mancha. Parada venía de ser campeón alevín -34 kg en 2025; en 2026, ya en infantil, vuelve a podio. No mantiene el oro, pero sí la presencia competitiva. Ese tipo de transición importa.

En Infantil Masculino -40 kg, Enzo Rey Contera, de Castilla-La Mancha, se proclamó campeón tras haber sido plata en Infantil -35 kg en 2025. De nuevo, una progresión directa: finalista un año, campeón al siguiente, y además en otra categoría de peso. La plata fue para Oscar López Ikuta, de Baleares, mientras que los bronces fueron para Iker Arévalo Martínez, de Castilla-La Mancha, y Joan Castillo Puig, de Cataluña.

En Infantil Masculino -45 kg, el oro fue para Martín Fernández Casanoves, de Valencia. Gonzalo Gilgado Casado, de Extremadura, fue plata, después de haber sido también plata en Infantil -40 kg en 2025. Otro nombre que se mantiene en finales pese al cambio de peso. Alex Lorenzo Constantin, de Madrid, y Maximiliano Ortega Gómez, de Murcia, lograron los bronces. Lorenzo también venía de bronce en 2025, lo que refuerza su regularidad.

En Infantil Masculino +45 kg, Leo Huertas Casamayón, de Madrid, protagonizó uno de los movimientos más llamativos del campeonato. En 2025 fue campeón en Infantil -40 kg; en 2026 aparece como campeón en +45 kg. El dato, si se mira con calma, es muy potente: no solo repite éxito, sino que lo hace en un contexto físico completamente distinto. En kumite, eso no es un matiz. Cambia la distancia, cambia el contacto, cambia la gestión del ritmo y cambia la forma de resolver. La plata fue para Adrián Castaño Díaz, de Asturias, y los bronces para Nicolás Pusztai y Joaquín Fajardo Martagón, ambos de Andalucía.

En Infantil Femenino -30 kg, Vega Resina Fuentes, de Valencia, se llevó el oro, con Vega Tinoco Quero, de Ceuta, como subcampeona. Los bronces fueron para Leia Rodrigo Ruiz, de Castilla-La Mancha, y Milagros Paredes Guerreño, de Cataluña. En Infantil Femenino -36 kg, Noelia Torrenteras Novillo, de Madrid, repitió título nacional. Otro caso claro de continuidad. Noelia ya había ganado en 2025 y en 2026 vuelve a colocarse arriba. La plata fue para Noa Gil Díaz, de Cataluña, y los bronces para Lucía Díaz García, de Andalucía, y Carolina Oana Marin Sfetcu, de Madrid.

En Infantil Femenino -42 kg, Isabel Revueltas Grancha, de Andalucía, dio otro salto competitivo de los que hay que subrayar. En 2025 fue diploma en esta misma categoría; en 2026 se proclamó campeona de España. La plata también fue andaluza, para Camino Martínez Vicente, y los bronces para Daniela Casado Fernández, de Galicia, y Patricia Gutiérrez Cuenca, de Andalucía. Tres andaluzas en el podio, igual que había ocurrido en kata alevín femenino. No es casualidad: el bloque femenino andaluz tuvo mucho peso en Oviedo.

En Infantil Femenino +42 kg, Maya Miranda Blesa, de Baleares, pasó de plata en 2025 a oro en 2026. Progresión directa y muy significativa. María Martín Espinar, de Andalucía, fue plata, y los bronces fueron para Celia Ibáñez Carrillo, de Andalucía, y Tatiana Blasco Barea, de La Rioja. La categoría tuvo además un interés especial por la presencia de nombres baleares que ya venían marcando el kumite femenino de base el año anterior.

Juvenil: donde la cantera empieza a parecer competición adulta

La categoría juvenil siempre tiene algo distinto. Ya no hablamos solo de iniciación competitiva. Empiezan a verse automatismos, lectura táctica, gestión del marcador y competidores que entienden mejor cuándo acelerar, cuándo esperar y cuándo arriesgar. En Oviedo, el bloque juvenil dejó varios campeones con lectura de trayectoria.

En Juvenil Masculino -35 kg, Darío Pastor Rubio, de Aragón, ganó el oro, con Ferran Martí Marco, de Valencia, como plata. Los bronces fueron para Izan Merchan Díez, de Cantabria, y José Ramón Barroso Delgado, de Extremadura. Merchan ya había sido bronce en 2025 en Juvenil -36 kg, lo que confirma regularidad en el podio.

En Juvenil Masculino -40 kg, Marcos Ruiz Cruz, de Castilla-La Mancha, se proclamó campeón, con Leo Torres Olmo, de Madrid, como subcampeón. Los bronces fueron para Dylan Fuentes Rodríguez, de Canarias, y Miguel Cariñena Gil, de Valencia. En Juvenil Masculino -45 kg, Aitor Ruiz López, de Valencia, pasó de diploma en 2025 a campeón en 2026. Es otro de los grandes saltos del campeonato. Daniel Pastor Parra, de Andalucía, fue plata tras haber sido campeón en Infantil -35 kg en 2025. Neizan Núñez Abreu, de Cataluña, y Alex Cadenas Fernández, de Asturias, lograron los bronces; ambos ya habían sido bronce en el campeonato anterior, lo que convierte esta categoría en una de las más cargadas de continuidad competitiva.

En Juvenil Masculino -50 kg, Gabriel Velilla da Silva, de La Rioja, fue campeón, con Eric Mateo David, de Asturias, como plata. Los bronces fueron para Alonso Sánchez Ramírez, de Murcia, campeón en Infantil -45 kg en 2025, y Gonzalo de la Torre Suárez, de Asturias, plata en esa misma categoría el año anterior. La lectura aquí es clara: varios nombres que venían dominando infantil ya han saltado a juvenil sin perder presencia en el podio.

En Juvenil Masculino -55 kg, Jorge de Sancho Cabrera, de Canarias, confirmó una transición excelente. En 2025 fue campeón en Infantil +45 kg; en 2026 gana en Juvenil -55 kg. El cambio de categoría y peso no le sacó del lugar más alto. La plata fue para Jesús Campo Martín, de Baleares, y los bronces para Gonzalo Tur García, también de Baleares, y Awen Salazar Marban, del País Vasco.

En Juvenil Masculino -60 kg, Miguel Ángel Cobo Ruiz, de Andalucía, protagonizó uno de los saltos más claros del campeonato. En 2025 había sido diploma en esta misma categoría; en 2026 se proclamó campeón de España. A veces el diploma se interpreta como “casi”. Pero en categorías de base puede ser mucho más: puede ser el aviso de que el competidor está cerca, de que ya ha pisado rondas importantes y de que solo necesita un año más de trabajo para convertir esa experiencia en oro. Sergio Enrique Bellido Vicente, de Valencia, fue plata, y Javier Sánchez Rosillo, de Ceuta, y Gabriel Curbelo Lorenzo, de Canarias, lograron los bronces.

En Juvenil Masculino +60 kg, Hugo Huertas Casamayón, de Madrid, fue campeón, con Santiago Ramírez Rodríguez, de Valencia, como plata. Los bronces fueron para Gabriel de Manuel Miranda García, de Cataluña, y Rodrigo Fernández Velázquez, de Madrid. Madrid volvió a colocar nombres fuertes en categorías de mayor peso, manteniendo una presencia amplia en el kumite masculino.

En Juvenil Femenino -37 kg, Aroa Gómez Fontaneda, del País Vasco, ganó el oro, con Claudia Tinoco Quero, de Ceuta, como plata. Los bronces fueron para Olaia González Miguel, también del País Vasco, y Belén Alzola Vilarrasa, de Andalucía.

En Juvenil Femenino -42 kg, Julia Gutiérrez Navamuel, de Cantabria, dio un salto muy significativo: bronce en 2025 en -37 kg y oro en 2026 en -42 kg. Es una progresión de manual. La plata fue para Sofía Castro Majado, de Castilla y León, y los bronces para Zaira Lirio Moya, de Baleares, y Yebel Santa Eufemia Ruiz, de Cantabria.

En Juvenil Femenino -47 kg, Alba Ribas de la Torre, de Baleares, pasó de diploma en 2025 a campeona de España en 2026. Andrea Verachtert Montoro, de Andalucía, repitió plata, aunque el año anterior la había logrado en -37 kg. Eso también tiene valor: cambia de peso y vuelve a la final. Los bronces fueron para Sofía Puebla Hernández, de Castilla-La Mancha, y Jimena Bujalance Prieto, de Andalucía, que ya había sido plata en Infantil -42 kg en 2025.

En Juvenil Femenino -52 kg, Lucía Losada Ruiz, de Andalucía, ganó el oro, con Natalia Trujillo Cubero, también de Andalucía, como plata. Natalia venía de ser campeona en Juvenil -47 kg en 2025, por lo que su plata en 2026 no debe leerse como retroceso simple, sino como continuidad en la élite de su categoría de edad tras cambio de peso. Los bronces fueron para Laura Hernández Esteve, de Valencia, y Martina Rosel Nieto, de Madrid.

En Juvenil Femenino +52 kg, Emma Hernández Castro, de Aragón, completó una progresión limpia: plata en 2025, oro en 2026. Volvió a la final y esta vez la cerró a su favor. Nara Miranda Blesa, de Baleares, fue plata tras haber sido campeona infantil +42 kg el año anterior. Otro salto de categoría con final incluida. Los bronces fueron para María Merino Coin, de Andalucía, y Blanka Nuez López, de Cataluña.

El bloque juvenil dejó una conclusión evidente: muchos competidores que en 2025 estaban en infantil o en categorías inferiores han sabido trasladar su rendimiento al siguiente escalón. Y eso, en karate de base, es probablemente más importante que ganar una medalla aislada.

Para-karate: continuidad, estructura y nombres que consolidan trabajo

El para-karate tuvo presencia propia en el campeonato y debe analizarse como parte central de la competición, no como un apéndice. La circular oficial recogía categorías infantiles y juveniles masculinas y femeninas en discapacidades visuales, intelectuales, silla de ruedas, física y auditiva, y el programa contemplaba también finales y entrega de medallas específicas dentro del desarrollo del campeonato.

En los resultados de 2026 aparecen varias continuidades muy claras respecto a 2025. Néstor Javier Martín, de Valencia, repitió oro en Kata Juvenil Masculino D.Fís.K40. Diego Rodríguez López, de Asturias, volvió a proclamarse campeón en Kata Juvenil Masculino D.Vis.K11. Norah Tena Lagoz, de Madrid, repitió oro en Kata Juvenil Femenino D.Int.K21. Lucía Gómez Amado, de Castilla y León, volvió a ganar en Kata Juvenil Femenino D.Vis.K12.

Estos nombres no deberían quedar escondidos en una tabla. Repetir título en para-karate también exige continuidad, preparación y capacidad para volver a rendir en un contexto nacional. En categorías donde a veces el foco mediático es menor, la estabilidad competitiva tiene todavía más valor.

También hubo progresiones destacables. Martina García Rodríguez, de Madrid, pasó de plata en 2025 a oro en 2026 en Kata Juvenil Femenino D.Vis.K11. Alicia Miguélez Acebes, de Castilla y León, que había sido campeona en 2025, fue plata en 2026. Ese cambio en la parte alta del podio no reduce el valor de ninguna de las dos; al contrario, muestra que hay competencia real, evolución y alternancia.

En Kata Benjamín-Infantil Masculino D.Int.K23, Gonzalo Sánchez Fernández, de Andalucía, pasó de plata en 2025 a oro en 2026. Antonio Ruano Trujillo, también de Andalucía, repitió bronce. En esa misma categoría, Galicia colocó a Ian Alejandro Pulido González como plata y a Gael Gayoso Pascual como bronce. Andalucía, Madrid, Galicia, Valencia, Asturias y Castilla y León aparecen con nombres relevantes en este bloque, lo que habla de una implantación más amplia de lo que a veces se percibe desde fuera.

Hay que decirlo con claridad: una crónica seria de un Campeonato de España Infantil no puede tratar el para-karate como un añadido. Forma parte del campeonato, forma parte del trabajo de clubes y federaciones, y forma parte de la lectura real del karate español.

Las federaciones: dominio repartido, focos muy claros

El Campeonato de España Infantil 2026 dejó un reparto amplio de títulos, pero también algunas tendencias visibles.

Madrid volvió a mostrar una enorme profundidad competitiva. Aparece con oros en kata, en kumite y en para-karate, y además con nombres que repiten o evolucionan respecto al año anterior: Andrés González Gómez, Milan Suárez Rodríguez, Leo Huertas Casamayón, Noelia Torrenteras Novillo, Hugo Huertas Casamayón, Norah Tena Lagoz o Martina García Rodríguez, entre otros. La lectura es clara: Madrid no depende de un solo perfil ni de una sola modalidad.

Andalucía tuvo una presencia muy fuerte, especialmente en kata femenino y en varios bloques de kumite. El oro de María Fuentes García en Kata Alevín Femenino, el título de Zeyn Muller Mohamdi en Kata Juvenil Masculino, el oro de Miguel Ángel Cobo Ruiz en Juvenil -60 kg, el de Isabel Revueltas Grancha en Infantil -42 kg o el de Lucía Losada Ruiz en Juvenil -52 kg muestran un volumen competitivo notable. Pero, además de los oros, Andalucía llenó podios con platas y bronces en muchas categorías. Esa densidad importa.

Castilla-La Mancha firmó un campeonato muy serio, especialmente en kata y kumite infantil. Álvaro Alejandro Rodríguez repitió oro en Kata Infantil Masculino, Martina Capetillo López ganó en Kata Infantil Femenino, Luna Capetillo López se llevó el oro juvenil femenino y Enzo Rey Contera ganó en kumite infantil -40 kg. También aparecen nombres como Oliver Gómez Fernández, María Puebla Hernández o Marcos Ruiz Cruz. No es un resultado puntual: es una federación con varios focos de rendimiento.

Valencia mantuvo una presencia importante, especialmente en kumite y kata. Pablo Ramírez Rodríguez, Martín Fernández Casanoves, Aitor Ruiz López, Néstor Javier Martín y otros nombres sostienen una línea competitiva sólida. Baleares también tuvo un campeonato muy visible en kumite femenino, con Maya Miranda Blesa, Alba Ribas de la Torre y Nara Miranda Blesa como nombres especialmente destacados. Asturias, Canarias, Extremadura, Cantabria, Galicia, Cataluña, Aragón, Murcia, Castilla y León, La Rioja, País Vasco y Ceuta también dejaron medallas y señales de trabajo.

Esa es una de las mejores noticias del campeonato: el mapa no está cerrado. Hay federaciones con más volumen, sí, pero los podios se reparten lo suficiente como para hablar de una cantera nacional viva y diversa.

No son solo medallas: son trayectorias

La gran diferencia entre leer unos resultados y entender un campeonato está en mirar el recorrido. Y este año hay muchos ejemplos de trayectoria.

Andrés González Gómez pasa de campeón benjamín a campeón alevín. Martina Capetillo López pasa de campeona alevín a campeona infantil. Álvaro Alejandro Rodríguez repite oro infantil. Alejandro Maldonado Carmona repite plata. Milan Suárez Rodríguez y Noelia Torrenteras Novillo repiten oro en kumite infantil. Leo Huertas Casamayón cambia de peso y vuelve a ganar. Jorge de Sancho Cabrera salta de infantil a juvenil y mantiene el oro. Emma Hernández Castro convierte la plata de 2025 en oro en 2026. Julia Gutiérrez Navamuel pasa del bronce al título. Miguel Ángel Cobo Ruiz transforma un diploma en campeonato. Luna Capetillo López hace lo mismo en kata juvenil femenino.

Ese tipo de nombres son los que conviene seguir. No porque haya que cargarles de expectativas antes de tiempo, sino porque el rendimiento sostenido en edades de formación dice mucho. Dice que hay talento, pero también entorno. Dice que hay entrenamiento, pero también competición acumulada. Dice que hay familias, clubes y técnicos sosteniendo procesos que no siempre se ven cuando solo miramos el podio final.

En edades benjamín, alevín, infantil y juvenil conviene ser prudente. Nadie es todavía lo que será. Pero también sería injusto no reconocer lo que ya son: competidores capaces de responder en un Campeonato de España, con presión, con rivales de todo el país y con una exigencia organizativa y deportiva que no perdona demasiado.

Oviedo dejó futuro, pero también presente

A veces se habla de la cantera como si todo lo importante estuviera por llegar. Como si estos campeonatos fueran solo una antesala. No lo son. Para quienes compiten, esto ya es presente. Para sus clubes, también. Para sus federaciones, por supuesto. Y para el karate español, debería serlo.

El Campeonato de España Infantil 2026 dejó una generación que no solo promete: ya compite. Y compite con nombres reconocibles, con trayectorias que empiezan a repetirse, con cambios de categoría superados y con una distribución territorial que habla bien del trabajo de base.

Oviedo no coronó únicamente a los mejores de un fin de semana. Confirmó que debajo del karate sénior hay una estructura competitiva en movimiento. Una estructura con niños y niñas que ya saben lo que es esperar en cámara de llamada, escuchar su nombre, entrar al tatami y sostener el momento. En kata, cuando todo se queda en silencio. En kumite, cuando el combate empieza a decidirse por detalles. En para-karate, cuando el trabajo sostenido vuelve a encontrar reconocimiento.

El futuro del karate español no apareció de golpe en Oviedo. Ya venía compitiendo. Lo que hizo este Campeonato de España fue ponerle nombres, apellidos y medallas.

Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Superó un cáncer, volvió al tatami, compite al máximo nivel andaluz y nacional, y habla del karate como algo más que un deporte: una familia, una vía de escape y una forma de seguir adelante.

Antonio López Mateos transmite algo que va más allá de los resultados. Quien lo conoce habla de su positividad, de su forma de afrontar las cosas y de una energía especial que deja huella. Esa manera de ser cobra todavía más valor cuando se conoce todo lo que ha tenido que superar en los últimos años. A pesar de haber pasado por una enfermedad muy dura, Antonio ha seguido adelante con una fortaleza admirable, construyendo al mismo tiempo una trayectoria deportiva de enorme mérito.

Antes de conocer su historia completa, Antonio ya me había llamado la atención en competición. No fue solo por su forma de pelear, sino por todo lo que se movía alrededor de él. Recuerdo verlo en el tatami y escuchar desde fuera una escena muy de familia, muy de club: “¿Quién quieres que esté contigo? ¿Me pongo yo o se pone mamá?”. En ese momento pensé que allí había algo especial. No era solo un competidor. Había un entorno, una familia y un club sosteniendo desde abajo.

Después supe mucho más. Su madre, Leticia Mateos, seleccionadora de kata de Almería, me habló de su historia, de su enfermedad, de su regreso al karate y de todo lo que había significado para él volver a entrenar y competir. Y entonces aquella primera impresión cobró mucho más sentido.

Pero esta no es solo una entrevista sobre enfermedad. Ni siquiera solo sobre superación. Es también la historia de un competidor joven, ambicioso, que entrena fuerte, que quiere seguir creciendo y que se define a sí mismo como un luchador. Un karateka que ha convertido el club, el entrenamiento y la competición en una parte esencial de su vida.

En dojodigital hablamos con él sobre el hospital, el regreso al dojo, sus compañeros, su entrenador, sus objetivos deportivos y la mentalidad con la que afronta cada combate.


Para quien todavía no te conozca bien, ¿quién es Antonio López Mateos fuera del tatami?

Tengo 19 años, vivo en Granada y siempre he estado muy ligado al mundo del deporte. Me apasiona desde pequeño y, de hecho, mis estudios van por ahí: hice un grado medio y ahora estoy con el superior de deporte.

Siempre he tenido claro que quiero dedicarme a esto y que el deporte forma parte de mi vida.


¿Cómo te definirías como persona? ¿Qué crees que te caracteriza más?

Me considero una persona humilde y trabajadora. Soy alguien que tiene sueños y que lucha por conseguirlos.

También me considero una persona amigable, con muchos amigos, y que intenta cuidar a la gente que tiene alrededor. Me gusta estar bien con los demás y que ellos estén bien conmigo. En general, pienso que soy una buena persona.


¿Qué lugar ocupa el karate en tu vida a día de hoy?

Ahora mismo el karate es mi vida. Paso más tiempo en el gimnasio que en mi casa, entreno muchas horas al día.

Sin el karate no sería quien soy. No tendría los amigos que tengo ni la vida que llevo ahora. Para mí ya no es solo un deporte, es una familia. Lo considero algo que forma parte de mí.


Antonio habla del karate como quien habla de una casa. No solo de un lugar donde se entrena, sino de un espacio al que se pertenece. Esa idea aparece muchas veces en sus respuestas: el club, el grupo, los compañeros, el entrenador. En su historia, el karate no es únicamente competición. Es identidad.


Has pasado por una etapa muy dura en los últimos años. Mirándolo hoy con perspectiva, ¿cómo recuerdas todo aquel proceso?

La verdad es que lo llevé mejor de lo que mucha gente puede pensar. Apenas lloré, dos o tres veces como mucho.

Ahora lo veo casi como una anécdota, aunque también pienso que debería tenerlo más presente para valorar más todo lo que tengo y lo que estoy consiguiendo. A veces no lo pienso tanto como debería.

Pienso que quizá debería decirme más veces: “He pasado por esto y mira dónde estoy, mira lo que estoy haciendo, mira lo que estoy logrando”. Creo que tenerlo más presente también me ayudaría a valorar más las cosas.


En los momentos más difíciles, ¿qué fue lo que más te ayudó a mantenerte fuerte y seguir adelante?

Lo más duro no fue solo la enfermedad, sino todo lo que me quitó. No podía entrenar, no podía salir con mis amigos… además era época COVID, así que tampoco podía ver a casi nadie. Me quitaron mi vida normal.

Lo que más me ayudó fue mi madre y mi familia. También mis amigos, aunque no pudiera verlos como antes. Sabía que había gente que lo estaba pasando mal por cómo lo estaba pasando yo.

Recuerdo especialmente a un amigo, Andrés Morata, que venía todos los días a verme. Y hubo un día que no se me va a olvidar nunca: cuando vinieron todos los del gimnasio a verme desde abajo del hospital. Yo estaba en la ventana y ellos abajo. Eso me dio muchísima fuerza.

También el equipo médico se portó muy bien conmigo. Recuerdo especialmente a Juanfran, mi oncólogo, que me ayudó mucho durante todo el proceso. Pero de quien más me acuerdo es de mi madre. Y también tengo que decir que en algunos momentos no la traté como debería. Ahora me arrepiento. Creo que me equivoqué en ese aspecto.


La imagen es poderosa: Antonio en una habitación de hospital, en plena época de restricciones, viendo a sus compañeros desde una ventana. Ellos abajo, él arriba. Sin poder abrazarse, sin poder entrar, pero conectados. A veces un club no se mide por las medallas que gana, sino por lo que hace cuando uno de los suyos no puede entrenar.

La historia de Antonio también habla de lo que puede llegar a ser un club de karate cuando funciona de verdad. No solo un sitio donde se entrena, se compite y se corrigen técnicas. Un club puede ser una red, una segunda casa, un lugar donde un niño o un adolescente aprende disciplina, pero también pertenencia. En el caso del club de Wenceslao Angulo, esa idea aparece una y otra vez en el relato de Antonio: compañeros que preguntan, familias pendientes, un entrenador que busca la forma de mantenerlo conectado al karate incluso en los momentos más difíciles.


En un momento en el que la enfermedad y el COVID te habían apartado de tu vida normal, ¿qué significó sentir que el club seguía pendiente de ti?

Significó mucho. Aunque no pudiera entrenar ni estar con ellos como antes, sentía que seguía formando parte del club. Estaban pendientes de mí, preguntaban a mi madre, intentaban saber cómo iba y algunas madres que trabajaban en el hospital incluso venían a verme.

Eso me hacía sentir que no estaba fuera del grupo. Seguía siendo parte de la familia del club.


¿Qué papel tuvo tu entrenador en todo ese proceso?

Tuvo una parte muy importante durante todo ese tiempo, sobre todo cuando volví después del cáncer, pero también mientras estaba en mitad del proceso.

Wenceslao fue fundamental. Yo quería seguir haciendo karate, y él consiguió que me mandasen vídeos desde la Federación Española. También consiguió una camiseta de Laura Palacio, que en ese momento estaba en la selección española. Todo eso me ayudó mucho.


Cuando volviste a entrenar, ¿cómo te recibió el club?

Cuando volví a entrenar era como si nada hubiera pasado. Todo el mundo me acogió igual, todo el mundo me esperaba. Me seguían tratando como si fuera de la familia.

No fue como algo raro, como si después de mucho tiempo volviera alguien nuevo. Todo lo contrario. Fue como si nunca me hubiera ido.


Esa frase resume muy bien una parte esencial de la historia: “fue como si nunca me hubiera ido”. Para alguien que había sentido que la enfermedad y el COVID le habían quitado su vida normal, volver al dojo no era solo volver a entrenar. Era recuperar una parte de sí mismo.

Eso dice mucho del club. Porque un deportista que se aparta durante meses por una enfermedad puede sentir que todo ha seguido sin él. Que el grupo ha avanzado, que la rutina ha cambiado, que hay una distancia difícil de salvar. Antonio, sin embargo, cuenta lo contrario: volvió y encontró su sitio intacto. Esa es quizá una de las mejores definiciones de lo que debería ser un dojo.


Tu vuelta a la competición llegó bastante pronto. ¿Cómo viviste ese primer campeonato después de todo lo que habías pasado?

La verdad es que fue pronto. No sé exactamente cuánto tiempo había pasado, pero fue pronto.

Sentía un poco de miedo, porque todavía competía con el reservorio puesto, que era donde me ponían la medicación. Mi abuela me preparó una camiseta interior con un parche de gomaespuma en la zona del reservorio, para protegerme mejor por si recibía algún golpe, pero al final no me la puse.

Iba con ese miedo de pensar: “¿Y si me dan un golpe ahí?”. No por los golpes normales del combate, sino por si me daban justo en el aparato. Pero en general fui sin miedo y volví bien.


Según recuerda su entorno, Antonio volvió a entrenar apenas unos meses después de terminar el tratamiento. Y seis meses después decidió competir, todavía con el reservorio puesto y animado por su oncólogo. Aquel regreso no fue simbólico: volvió para competir. Y terminó subcampeón de Andalucía.


¿Te esperabas volver con buenos resultados tan pronto?

No, la verdad. Cuando volví a competir no me esperaba los resultados que tuve.

Estaba flojo, había perdido mucho peso, pero mi condición física seguía ahí. Entrenando la fui recuperando rápido.


¿Tuviste miedo a recibir golpes o a cómo iba a responder tu cuerpo?

A los golpes normales, no. En la cara no he tenido miedo nunca, la verdad.

Lo único era lo que decía antes: el reservorio. Tenía miedo a que me golpearan ahí, en esa zona. Pero en general no competí con miedo.


¿Hubo algún momento en el que dijeras: “vale, ya estoy de vuelta de verdad”?

Desde el momento en que empecé a entrenar otra vez en el club, ya dije: “estoy de vuelta”.

Pero cuando de verdad sentí que volvía a mi nivel fue más adelante. Recuerdo una Liga Nacional en la que perdí un bronce, pero ese resultado me clasificó para la gran final en Pontevedra. En esa final quedé primero en el ranking, creo que fue mi primer año de sub-21.

Ahí sí pensé que estaba de vuelta, que volvía a ser el que quería ser, que podía volver a ser campeón otra vez.

También me ha pasado en algunos combates después de todo aquello. Ganar ciertos combates me hacía decir: “ya estoy de vuelta”.


La vuelta de Antonio no fue un gesto romántico ni una escena de película. Fue más larga, más real y más deportiva: recuperar peso, volver a entrenar, competir otra vez, medir el cuerpo, volver a sentirse fuerte, ganar combates, clasificarse, pelear rondas importantes. La vida no siempre vuelve de golpe. A veces vuelve por asaltos.


A nivel deportivo, ¿cómo te definirías como competidor?

Me considero un luchador. Pienso que nunca me rindo, salvo que haya una diferencia muy grande, pero siempre intento dar lo máximo de mí.

Soy un competidor que casi nunca deja de atacar. Siempre intento tirar hacia adelante y marcar muchos puntos.


¿Cuáles crees que son tus puntos fuertes en competición?

Mi punto fuerte es que marco muchos puntos, que soy muy ofensivo y que siempre voy hacia delante.

Y mi punto débil es que también me marcan mucho. Eso es algo que tengo que mejorar.


Esta respuesta dice mucho de él como competidor. No intenta vender una imagen perfecta. Se define como atacante, como alguien que suma mucho, pero también reconoce con naturalidad que esa forma de competir tiene un coste. Es una lectura honesta, y eso en un deportista joven vale bastante.


He visto que entrenas muy fuerte, incluso con gente de mucho nivel. ¿Cómo es tu día a día de entrenamiento?

Entreno fuerte y tengo la suerte de hacerlo con deportistas que están a un nivel espectacular.

Entreno con compañeros como Alejandro Jiménez, Zamoran Shotte y Abril Angulo. Me encanta seguir ese ritmo.

En el gimnasio somos una familia. Todos tiramos de todos. Hay días en los que uno viene con menos ganas y otro tira de él. Sabemos que algunos compañeros vienen siempre con muchas ganas, pero si algún día no vienen igual, los demás tiramos también de ellos.

Eso es lo importante del club: somos una familia, celebramos los resultados de todos y nos sentimos uno.


¿Cuántas horas entrenas y cómo estructuras tu preparación?

Entreno entre una hora y media y dos horas al día, de lunes a jueves. Luego viernes, sábado y domingo depende de los entrenamientos que tengamos con la federación.

Los demás días intento descansar y aprovechar al máximo los entrenamientos.


Después de todo lo que has vivido, ¿dirías que compites con una mentalidad diferente?

Sí, creo que cambia. Después de pasar por algo así, valoras más ciertas cosas.

Pero también creo que sigo siendo competitivo, que quiero ganar y que quiero seguir mejorando.


¿Qué objetivos te marcas ahora mismo dentro del karate?

Este es mi último año de sub-21, así que mi objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España y clasificarme para la gran final de la Liga Nacional en sub-21.

Este año, por desgracia, no he podido pelear las primeras rondas porque estoy lesionado del hombro. Me operaron en diciembre, después de Canarias, y ahora estoy recuperándome.

Después del verano volveremos con más fuerza. Pero el objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España.


¿Hasta dónde quieres llegar en este deporte?

A mí me gusta competir. Soy un friki de la competición.

Hasta dónde puedo llegar no lo decido ahora. Seguiré hasta que vea que ya no estoy al nivel o que no puedo pelear más. Mientras esté al nivel, voy a seguir peleando.


¿Tienes algún referente o alguien en quien te fijes?

Me fijo mucho en mi entrenador, Wenceslao Angulo, por la constancia que tiene y por cómo trabaja en los entrenamientos.

También me fijo mucho en Abril Angulo. Entrena muchísimo y siempre va al cien por cien, incluso los días en los que no hay tantas ganas. Creo que eso es muy importante, no solo para mí, sino para todos.


Fuera del tatami, ¿cómo te ves en el futuro? ¿Te gustaría seguir ligado al deporte?

Sí, me gustaría seguir ligado al deporte. Para eso estoy estudiando y creo que es a lo que me quiero dedicar.

El deporte es lo que me gusta y lo que quiero que forme parte de mi vida.


Antonio López Mateos habla como un chaval joven, pero en su historia hay una madurez que no se fuerza. No pretende dar lecciones. No dramatiza más de la cuenta. A veces incluso parece que le cuesta mirar hacia atrás y reconocer la magnitud de lo vivido. Pero ahí está: una enfermedad dura, una vuelta temprana al karate, un club que no lo soltó, una madre presente, un entrenador clave y un competidor que sigue mirando hacia delante.

Quizá por eso su historia funciona. Porque no se queda en el hospital. Ni tampoco solo en el podio. Se queda en ese punto intermedio donde el karate deja de ser únicamente deporte y se convierte en algo más: una forma de pertenecer, de recuperar la normalidad y de seguir peleando.

A veces hablamos del karate como deporte, como competición o como medallas. Pero en historias como la de Antonio se ve otra dimensión: la del club como espacio de pertenencia, como estructura emocional y como lugar donde muchos jóvenes encuentran disciplina, referentes y una familia deportiva. El resultado importa, claro. Pero hay cosas que se construyen antes de subir al tatami. Y, seguramente, también son las que permiten volver a él cuando la vida se pone más difícil.

Seleccionar también es dejar fuera: el debate que demuestra el nivel del karate español

Seleccionar también es dejar fuera: el debate que demuestra el nivel del karate español

Cada convocatoria de una selección nacional deja una lista de nombres. Pero también deja algo más: conversación, análisis, ilusión, decepciones contenidas y muchas lecturas posibles.

Tras la publicación de los seleccionados españoles para el Campeonato de Europa absoluto de Frankfurt 2026, en dojodigital quisimos abrir una pregunta sencilla a la comunidad: ¿a quién echas en falta?

La respuesta ha sido interesante. No tanto por la cantidad de nombres, sino por el tono. En los comentarios no ha aparecido una queja vacía ni una crítica destructiva. Lo que ha surgido ha sido algo mucho más valioso: karatekas, entrenadores, compañeros y aficionados aportando nombres de competidores que, según su criterio, también tienen nivel para representar a España.

Y esa diferencia importa.

Porque no es lo mismo discutir una lista desde el reproche que hacerlo desde el reconocimiento. Mencionar a un deportista que no está no significa quitar mérito a quien sí ha sido seleccionado. Al contrario: significa que el karate español tiene profundidad, alternativas y mucho nivel interno. Y eso, para una selección nacional, siempre es una buena noticia.

Los que van: la responsabilidad de representar a España

Lo primero debe ser reconocer a quienes estarán en Frankfurt.

Ser seleccionado para un Campeonato de Europa absoluto no es un trámite. Es el resultado de años de entrenamiento, competiciones, concentraciones, derrotas, victorias y decisiones tomadas muchas veces lejos del foco. Quienes vestirán el karategi de la selección española no solo llevan su nombre en la espalda: llevan también la responsabilidad de representar a todo un país.

En kata, en kumite, en individual o por equipos, cada deportista seleccionado ha recorrido un camino exigente para llegar ahí. Algunos lo hacen desde la experiencia internacional. Otros desde una juventud que ya empieza a pedir sitio en la élite. Algunos llegan como campeones nacionales. Otros, por trayectoria, ranking, confianza técnica o papel dentro del equipo.

Pero todos llegan con algo en común: han sido elegidos para defender a España en una de las citas más importantes del calendario europeo.

Y eso merece respeto.

Los que no van: estar fuera no significa estar lejos

Pero una convocatoria también tiene otra cara: la de quienes no aparecen en la lista.

Y aquí conviene decirlo claro: quedarse fuera de una selección no significa no tener nivel.

En un país competitivo, muchas veces ocurre justo lo contrario. Significa que hay más deportistas preparados que plazas disponibles. Significa que una categoría puede tener varios nombres con argumentos. Significa que el margen entre estar dentro y quedarse fuera puede ser mínimo.

Por eso tiene tanto valor que la comunidad haya mencionado nombres en los comentarios. No como una forma de deslegitimar la lista, sino como una manera de reconocer el trabajo de competidores que siguen empujando desde detrás, desde al lado o desde muy cerca.

Porque quienes no van también forman parte del nivel de la selección. Son los que obligan a los que están a seguir mejorando. Son los que elevan cada Campeonato de España, cada Liga Nacional, cada concentración y cada combate. Son los que hacen que nadie pueda acomodarse.

En la élite, los que se quedan fuera también construyen el nivel de los que entran.

El comentario que resume la mentalidad de élite

Entre todas las respuestas, hubo una especialmente significativa. Wenceslao Angulo, entrenador de Alex Jiménez Díaz, dejó en los comentarios una reflexión que resume muy bien lo que significa competir al máximo nivel:

“Esto es élite y @alexjimenezdiazz hará lo que debe hacer un competidor élite, aceptar, entrenar y competir mejor aún para volver a estar en esa terna de elegidos. Es la mejor manera de hacer crecer a nuestra selección española. Hacer que está nueva experiencia de no estar en una lista sea positivo para él en el futuro. Gracias por pensar en él.”

La frase tiene mucho fondo.

Porque transforma una ausencia en una tarea. No habla desde la queja ni desde el reproche, sino desde una idea muy propia del alto rendimiento: aceptar, entrenar y volver mejor.

Ese es quizá uno de los grandes aprendizajes de la élite. La decepción es humana. La respuesta, en cambio, define al deportista.

No estar en una lista puede doler. Puede frustrar. Puede incluso dejar preguntas abiertas. Pero también puede convertirse en combustible. En una razón más para volver al tatami, ajustar detalles, competir mejor y estar preparado para la próxima oportunidad.

En cierto modo, no entrar también mantiene viva la llama.

Porque el competidor que siente que podía estar y no está tiene dos caminos: apagarse o entrenar con más intención. Y en la élite, los que vuelven más fuertes suelen ser los que han sabido convertir ese golpe en dirección.

El papel invisible de los entrenadores

También hay que mirar hacia los entrenadores.

Detrás de cada deportista que va y de cada deportista que se queda fuera hay un equipo de trabajo. Hay entrenadores que corrigen, planifican, acompañan, sostienen y, muchas veces, ayudan a interpretar los momentos más difíciles.

Un entrenador no solo prepara una final. También prepara al competidor para aceptar una derrota, una lesión, una decisión complicada o una convocatoria que no llega.

Y ahí es donde se nota el verdadero trabajo formativo. Cuando el mensaje no es “nos han quitado algo”, sino “vamos a entrenar para volver”, hay alto rendimiento. Hay educación deportiva. Hay cultura competitiva.

El comentario de Wenceslao Angulo tiene valor precisamente por eso: porque no reduce la ausencia a una queja, sino que la convierte en parte del proceso.

Ese tipo de mirada también hace crecer al karate español.

Seleccionar es decidir, y decidir es dejar fuera

Pero si hablamos de convocatorias, también hay que reconocer el papel de los seleccionadores.

Desde fuera, una lista siempre parece más sencilla de lo que realmente es. Se mira un podio, un ranking, un resultado reciente o una trayectoria concreta y se sacan conclusiones rápidas. Pero seleccionar no es solo ordenar nombres en una tabla.

Un seleccionador tiene que valorar muchos factores a la vez: rendimiento nacional, experiencia internacional, estado de forma, ranking, adaptación táctica, dinámica de equipo, lesiones, proyección, regularidad, comportamiento en concentraciones, compatibilidad con otros competidores y necesidades concretas de una competición determinada.

Y después de valorar todo eso, tiene que hacer lo más difícil: elegir.

Elegir a uno casi siempre significa dejar fuera a otro que también tiene argumentos. Esa es la parte incómoda del cargo. No hay lista perfecta cuando el nivel es alto. Siempre habrá nombres defendibles fuera. Siempre habrá deportistas que podrían haber estado. Siempre habrá debate.

Precisamente por eso, cuanto mejor se expliquen los criterios generales de una convocatoria, más fácil será que la comunidad entienda el proceso. No se trata de justificar cada decisión individual ni de convertir una lista en un juicio público, sino de ayudar a que deportistas, entrenadores y aficionados comprendan qué elementos pesan en el alto nivel.

Esa comunicación también forma parte del crecimiento de una selección. Cuando el criterio se entiende, el debate no desaparece, pero gana calidad.

Pero eso no convierte necesariamente una convocatoria en equivocada. A veces simplemente confirma que el karate español tiene más nivel que plazas disponibles.

El valor de una comunidad que debate con respeto

También merece reconocimiento la gente que ha comentado.

Porque una comunidad deportiva no se construye solo a base de aplausos. Se construye también cuando sus miembros opinan, aportan nombres, argumentan y se atreven a mirar más allá de la lista oficial.

Los comentarios que mencionan a competidores ausentes tienen valor cuando nacen desde el respeto. Porque ayudan a visibilizar trayectorias. Porque recuerdan que hay deportistas trabajando muy bien aunque no estén en la convocatoria. Porque amplían la conversación y hacen que el karate tenga más voz.

Ese es uno de los objetivos de dojodigital: que el karate se hable, se piense y se debata con criterio.

No se trata de enfrentar a los que van con los que no van. Se trata de reconocer que todos forman parte del mismo ecosistema competitivo. Los seleccionados, los que se quedan cerca, los entrenadores, los seleccionadores y la comunidad que sigue cada categoría con atención.

Cuando el debate se hace con respeto, el karate gana.

Una lista no apaga la llama

Una convocatoria dura unos días en la conversación pública. Para los seleccionados, abre el camino hacia un Campeonato de Europa. Para quienes se quedan fuera, puede abrir otra etapa: la de volver al entrenamiento con más hambre.

Porque no estar hoy no significa no estar mañana.

Cada lista marca un momento, no una sentencia definitiva. El alto nivel cambia rápido. Un resultado, una temporada, una mejora táctica, una competición internacional o una nueva oportunidad pueden volver a colocar un nombre en la terna.

Por eso, quizá la lectura más valiosa de todo este debate sea esa: la llama sigue viva.

Sigue viva en quienes van a Frankfurt a representar a España.
Sigue viva en quienes se han quedado fuera y quieren volver a estar.
Sigue viva en los entrenadores que trabajan cada día para acercar a sus deportistas a ese nivel.
Sigue viva en los seleccionadores que tienen que tomar decisiones difíciles.
Y sigue viva en una comunidad que conoce a sus competidores, los sigue, los valora y los pone sobre la mesa.

Quizá el verdadero titular no sea solo quién está en la lista.

Quizá el titular sea que España tiene tantos nombres con nivel que cada convocatoria abre debate.

Y eso, aunque duela a quienes se quedan fuera, también habla muy bien del presente del karate español.