En un momento donde el karate compite por mantenerse vivo entre tanta sobreinformación y formatos efímeros, hay iniciativas que apuestan por volver a lo esencial: transmitir valores, acercar el conocimiento y enseñar con honestidad.
Eso es precisamente lo que ha hecho Cristina Ortiz Correyero con su libro “Kárate, descubriendo el camino”. Y lo ha hecho a su manera, con un lenguaje propio: el de la ilustración.
Cristina es instructora de Shotokan Karate-Do, pero también es artista y divulgadora. Muchos la conocen por su perfil @karate_graphics, una cuenta de Instagram con más de 60.000 seguidores donde explica técnicas, conceptos y términos del karate de forma sencilla, visual y directa. Es una de las voces más activas en redes cuando se trata de enseñar kárate sin complicar la vida a nadie, y eso se nota en su manera de comunicar: cercana, accesible, sin pretensiones, pero con rigor.
Su libro “Kárate, descubriendo el camino” refleja exactamente ese espíritu. No es un tratado histórico, ni un manual técnico, ni un compendio para cinturones negros. Es un libro pensado para la gente que empieza, para los curiosos, para los niños y niñas que acaban de ponerse el karategi por primera vez o para los padres que quieren entender qué hace diferente a este arte marcial.
Lo más llamativo de la obra es, sin duda, su enfoque visual. Aquí las ilustraciones no son un adorno: son el eje central. Cristina ha creado más de 100 dibujos originales que acompañan cada concepto. No buscan mostrar la técnica perfecta como haría un manual de competición, sino representar momentos, actitudes, valores. El saludo, la concentración, la práctica en soledad, la superación de un obstáculo… Todo está contado a través de imágenes limpias, con trazo sencillo pero lleno de significado.
Cristina entiende el karate como un camino, no como una meta. Y eso se percibe desde la primera página. El libro no está escrito para demostrar cuánto sabe la autora, sino para invitar al lector a dar los primeros pasos en ese camino.
El libro se puede abrir por cualquier página y siempre ofrece algo: una explicación breve, un valor, una idea para reflexionar. No es un texto denso, sino un recurso práctico. Sirve para repasar conceptos, para aprender palabras japonesas, para entender por qué en el karate se insiste tanto en el respeto y la humildad.
¿Se queda corto en algunos aspectos? Puede ser. No profundiza en la historia del karate, ni entra en detalles técnicos. No es un libro para quien busca perfeccionar la ejecución de un kata o debatir sobre diferencias entre estilos. Pero probablemente eso no sea un defecto, sino una decisión consciente: Cristina ha creado una obra para acercar el karate a los principiantes, a los que quieren comprender sin agobios, a los que están dando sus primeros pasos en el Dojo.
Es un libro introductorio, pero no superficial: es sencillo, que no es lo mismo. Explica lo básico con claridad y corazón.
Y quizá ahí esté su valor real. En un mundo saturado de información y egos marciales, “Kárate, descubriendo el camino” propone algo diferente:
Sentarse, mirar, entender y disfrutar del aprendizaje.
Volver a lo esencial.
Un libro ideal para dojos, para jóvenes karatekas y para cualquier persona que quiera descubrir por qué el karate, más que un deporte, es un camino de vida.
Con solo 18 años, Abril Angulo transmite una serenidad y una determinación impropias de su edad. Habla con la claridad de quien ha entrenado cuerpo y mente con la misma intensidad. Tiene la mirada de quien ha entendido que el sacrificio no es un precio, sino parte del camino. Y lo ha demostrado: en apenas unos meses ha subido al podio mundial, ha conquistado títulos nacionales y ha demostrado que no es solo una promesa del kárate español, sino una realidad muy presente.
Su trayectoria está marcada por una constancia admirable, una autoexigencia que nace del amor por el tatami, y una mentalidad competitiva de élite. Entrena con su padre, Wenceslao Angulo, su entrenador y referente. Se forma dentro y fuera del dojo, sin excusas, sin quejas, y con un profundo respeto por este arte marcial que, como ella misma dice, le ha enseñado a luchar, a resistir… y a disfrutar.
En esta entrevista, Abril se abre con naturalidad. Nos habla de sus miedos y sus sueños, del valor de la amistad y del peso de la presión. Nos cuenta qué se siente al representar a España en un mundial, cómo se entrena con Jesús del Moral y Sandra Sánchez, qué significa para ella el flamenco… y por qué nunca deja de trabajar, ni siquiera cuando ya ha ganado.
1. Abril, lo primero: enhorabuena por ese subcampeonato mundial. ¿Qué sentiste al subir al podio mundial con el equipo español? La verdad que el sentimiento fue de felicidad plena, junto con mi equipo. Habíamos hecho un camino bastante duro hasta llegar a esa final, y fue un orgullo máximo. Sentí que todo el sacrificio y el esfuerzo que habíamos puesto en los entrenamientos había tenido sentido, y se vio reflejado en esa medalla.
2. ¿Cómo fue ese camino hasta la final en Jesolo? ¿Qué momentos recuerdas con más emoción? Fue un camino bastante duro. Recuerdo todas las concentraciones que hicimos. Hubo mucho sacrificio, mucho esfuerzo y trabajo. Lo dimos todo. Pero también fue un camino con muchas risas, emociones y nervios. Era la primera vez que representábamos a España juntas, nunca habíamos competido como equipo, y eso también daba un poco de incertidumbre, de no saber qué iba a pasar. Tengo muchos recuerdos bonitos de todo lo que vivimos antes del campeonato del mundo. Me acuerdo mucho de las habitaciones, cuando nos juntábamos por las noches, o de las comidas, porque siempre estábamos juntas. Incluso en el spa de la Residencia Blume de Madrid. Sobre todo me quedo con mis compañeras, con las que viví todo este camino. Siempre lo recordaré con mucha ilusión, porque fue algo que me marcó. Y sé que esa amistad va a seguir, porque puedo contar con ellas para lo que sea.
3. ¿Qué significa para ti representar a España en competiciones internacionales tan importantes? Practico kárate desde que tengo cuatro o cinco años, y desde pequeña siempre ha sido un sueño representar a España. Mi padre, como muchos saben, es mi entrenador, y en casa siempre veíamos competiciones: por el ordenador, la televisión, el móvil… Me pasaba el día viendo vídeos de kárate. Incluso íbamos a ver las competiciones grandes, las internacionales absolutas. Siempre he soñado con estar ahí, no solo por equipos, sino también en individual. Para mí es un orgullo máximo saber que todo el trabajo que hago con mi padre en nuestro club tiene recompensa.
4. En solo unos meses has conseguido dos medallas internacionales por equipos. ¿Cómo se vive algo así tan joven? Te mentiría si dijera que ha sido fácil. Gestionar algo así no lo es, porque tienes que sacrificar muchas cosas: quedar con amigos, tiempo libre e incluso los estudios. En mi caso, además, estaba cursando segundo de bachillerato, que todo el mundo sabe que no es un curso precisamente fácil. Hay mucha presión: la EBAU, las carreras, el futuro… Así que sí, ha sido un camino duro. Pero he estado muy motivada durante todo el año para conseguir estos títulos, como tú dices, estas dos medallas internacionales. Al final tenía un objetivo: quería ser parte del equipo nacional y quería ganar medallas con el equipo nacional, representando a España. He conseguido un sueño que tenía desde pequeña. Y aunque a veces sea complicado de llevar, siempre tienes eso en la cabeza: tienes que seguir porque esto es por lo que trabajas cada día.
5. ¿Cómo ha sido tu evolución desde las categorías cadete hasta convertirte en una de las piezas clave del equipo júnior? Como he dicho antes, hago kárate desde pequeña. Pero es verdad que cuando pasas a cadete, si de verdad quieres tener opciones en el futuro, ya tienes que tomártelo más en serio. Pasas de infantil a júnior, y el salto se nota. Cuando entré en cadete, empecé a entrenar más y a tomármelo de forma más profesional. De niña entrenaba porque me gustaba, porque me lo pasaba bien con mis amigos, en el club, en las competiciones… Pero al llegar a cadete, mi padre y yo tuvimos nuestras conversaciones para adaptarnos al programa, para mejorar y poder cumplir los objetivos que teníamos en mente. Creo que mi evolución ha sido bastante buena. He aprendido a ser constante conmigo misma, a darlo todo en cada entrenamiento, a dejarme la piel para poder cumplir ese objetivo. Ese objetivo que tenía en mente… y que ahora será otro nuevo.
6. ¿Qué katas sueles trabajar más en competición y cuál es tu favorito? Mis katas normalmente son Kururunfa —que además es mi favorito— porque siento que en él expreso todo lo que llevo dentro. Me hace sentir bien conmigo misma y creo que eso se transmite, por eso es el que más me gusta. También trabajo Papuren, Suparinpei, Chatanyara, Chibana, Anan y Anan Dai. Poco a poco voy introduciendo nuevos katas, pero esos son los que más suelo utilizar en competición.
7. En diciembre te proclamaste campeona de España júnior. ¿Qué supuso para ti ese título a nivel personal y deportivo? Desde que entré en cadete, mi objetivo era ser campeona de España júnior y poder representar a España en el Campeonato de Europa. Fueron dos años de trabajo muy intenso. Sabía que podía hacerlo, pero siempre hay dudas. Y cuando por fin lo conseguí, fue como: “Lo he logrado”. Era algo que deseaba muchísimo, algo por lo que había luchado cada día. Me acuerdo que hablaba con mi padre todos los días y le decía: “Esto es lo que quiero, lo que necesito. Sé que puedo hacerlo”. Y aunque siempre te asaltan las inseguridades, cuando lo conseguí sentí un orgullo muy grande. No tanto alivio, sino más bien eso: un orgullo intenso. Lo logré por mí misma, porque lo trabajé, porque lo luché. Es, sin duda, uno de los recuerdos más bonitos que tengo dentro del karate.
8. ¿Cómo te preparas mentalmente antes de una competición de alto nivel? Lo que intento siempre es transmitirme buena energía y mantener una mente positiva, porque creo que sin eso un deportista no puede llegar a ningún sitio. Si estás todo el tiempo diciéndote cosas negativas —“son mejores que yo”, “son superiores porque son de Croacia, Italia, Alemania…”—, entonces ya estás saliendo con una barrera mental. Si tú no confías en ti plenamente, nadie lo va a hacer. Es algo que trabajo mucho con mi padre: tener una mentalidad fuerte, positiva, y saber que soy capaz de lo que me proponga si lo trabajo. Ese es el mensaje que intento repetirme siempre: seguridad, confianza, y la tranquilidad de saber que ya lo he trabajado, que ya lo he sufrido en el gimnasio, que lo he entrenado hasta el límite… y que está hecho. Solo tengo que salir y mostrarlo como lo hago cada día. Desde que empecé a repetirme eso, salgo con mucha más confianza al tatami y con mucha más seguridad en mí misma.
9. Sabemos que entrenaste recientemente en el Elite Kata Training Camp con Sandra Sánchez, Asunta y Mora. ¿Cómo viviste esa experiencia? Pues solo puedo decir que es una experiencia fantástica. De verdad que se la recomiendo a cualquier persona a la que le guste el kárate, sobre todo el de alto nivel, porque son entrenamientos bastante duros. Y es una experiencia muy bonita. Conoces a gente de muchos lugares, de otros países, con quienes te relacionas e incluso llegas a construir relaciones casi de amistad. He estado ya dos veces, y la verdad es que con varias personas con las que he coincidido allí he creado un vínculo muy bonito. Hablamos de vez en cuando, nos preguntamos qué tal estamos… Y no solo me llevo los entrenamientos, también me llevo a esas personas. Por eso estoy tan contenta y mi intención es repetir esta experiencia siempre que pueda.
10. ¿Qué destacarías de Sandra como referente y qué aprendiste de ella en esos días? Sandra es una mujer extraordinaria. Es, literalmente, la perfección. Es súper cercana con todos nosotros, siempre tiene una sonrisa en la cara. Y eso también hace que me guste tanto entrenar allí, porque todo lo que me transmite es energía positiva, buenas vibras. Y como todo el mundo, destaco su constancia… pero sobre todo esa alegría que transmite. Por muy mal que vayan las cosas —porque como todo el mundo, también tendrá sus problemas— ella siempre está feliz, siempre transmite lo mejor de sí. Eso es lo que más me gusta de ir allí, de poder estar con ella y aprender de ella.
11. ¿Y del trabajo con Jesús del Moral? ¿Qué te llamó la atención de su forma de entrenar? De Jesús del Moral puedo decir prácticamente lo mismo: me parece una persona magnífica. Lo veo súper metódico, con una cabeza que va más allá de lo habitual. Siempre está buscando nuevas formas para que podamos mejorar. Eso se ve en el trabajo que ha hecho con Sandra. La verdad que es digno de admirar. Estoy muy agradecida de poder vivir experiencias como esta con Sandra y con Jesús. Y lo que más me llama la atención de su forma de entrenar es, sobre todo, esa capacidad de ir más allá. De pensar siempre en cómo mejorar, cómo seguir y seguir creciendo. Prácticamente eso: nunca se conforma.
12. Entrenas con tu padre, Wenceslao Angulo, que también ha sido clave en tu formación. ¿Cómo es esa relación entrenador-hija dentro y fuera del tatami? Creo que la relación que tengo con mi padre, tanto dentro como fuera del tatami, es muy buena. Él es una pieza fundamental en todo mi trabajo. Siempre buscamos juntos la mejor manera de hacer las cosas y esa evolución constante que hay que tener. Estoy muy contenta de que sea mi entrenador. Mucha gente puede pensar que es algo duro, pero yo le veo muchísimas cosas positivas. Puedo entrenar prácticamente en cualquier lugar, incluso si estoy de vacaciones, porque entreno con él. Nunca tengo que hacerlo sola. Tengo una muy buena relación con mi padre, y sinceramente, pienso que nadie me va a comprender tan bien como él. Que sea mi entrenador también es un punto a favor para mi evolución en el kárate.
13. ¿Qué crees que te ha enseñado él que va más allá del kárate, como persona y como competidora? Mi padre me ha enseñado sobre todo la constancia y la disciplina: si me propongo algo, tengo que lucharlo hasta el final. Y también que conseguir las cosas muchas veces implica sufrir un poco… o bastante. Hay que luchar por los objetivos que nos ponemos, porque al final la vida es un reto constante. Él me ha ayudado mucho a gestionar todo, especialmente mis sentimientos y lo que me ha ido pasando este año y en los anteriores. Para mí, mi padre es un referente. Como persona, como entrenador y como padre. Estoy muy feliz de poder compartir todo este camino con él.
14. ¿Qué valor tiene para ti que todo tu recorrido deportivo haya estado guiado por alguien que además de entrenador es familia? Pues como he dicho, para mí eso tiene un valor enorme. Ojalá todas las personas pudieran tener esa oportunidad, porque sinceramente es una felicidad constante. Soy muy feliz de poder compartir algo que me gusta tanto con mi padre. Y además sé que a él le gusta incluso más que a mí. Es una alegría y un orgullo saber que siempre cuento con alguien de mi familia que me apoya continuamente.
15. ¿Qué importancia tiene en tu preparación la parte física frente a la técnica pura del kata? Desde mi punto de vista, el aspecto físico —no solo en el kárate, sino en cualquier deporte— es fundamental. Si no tienes un buen estado físico, no vas a poder aguantar entrenamientos duros ni estar al nivel que requieren las competiciones. Para mí, es muy importante y le doy mucha prioridad. Por supuesto que trabajo la técnica, trabajo todo por igual, pero siempre introduzco físico en los entrenamientos. Prácticamente en todos, aunque sea un poco. Porque si no, no puedes mantenerte. Los katas son muy exigentes: requieren fuerza, velocidad y una ejecución muy precisa. Y si no tienes una buena condición física, es imposible mantener eso, imposible hacerlo a la perfección.
16. Hemos leído que vienes de una familia muy ligada al baile. ¿Crees que esa conexión con el flamenco te ha ayudado a mejorar tu expresión en el kata? Sí, yo creo que sí. Igual que empecé con el kárate a los cuatro o cinco años, también empecé a bailar flamenco con mi madre desde pequeña. Y creo que el flamenco me ha ayudado mucho, no solo en la expresión, sino también en la postura corporal. Creo que me caracteriza bastante el tener una postura elegante, la espalda recta, rígida, una buena colocación. Trabajo mucho la expresión y la elegancia en el kata, y eso viene del flamenco. Pero también me ayuda a desconectar. A veces, con la presión de competir a alto nivel, se pierde un poco la parte de disfrutar. El baile me sirve para evadirme, relajarme, pensar en otras cosas que no tengan que ver con el kárate. Y eso también es muy importante.
17. ¿Cuál es tu mayor objetivo ahora? ¿Te ves en unos años compitiendo a nivel absoluto, siguiendo los pasos de Sandra? Mi objetivo ahora es seguir mejorando, seguir evolucionando junto a mi padre y seguir creando trabajos que me ayuden a crecer. También quiero disfrutar de todo lo que estoy viviendo y de lo que ya he conseguido, porque sé que todo suma. Me encantaría formar parte del equipo nacional. Ese siempre va a ser mi objetivo, aunque ahora mismo sea algo complicado. Pero hay que pensar en el futuro y mantener una mentalidad positiva, como he dicho antes. Y sí, me encantaría seguir los pasos de Sandra. Si es posible, lucharé por ello. Seguir compitiendo, seguir ganando medallas y tener esa oportunidad de representar a España siempre que pueda. Seguiré trabajando muy duro para conseguir lo máximo posible.
La historia de Abril Angulo es la de una joven que no espera a que las cosas pasen: trabaja para que sucedan. Con una mentalidad firme, una energía serena y un talento en constante evolución, Abril representa todo lo que admiramos en los grandes deportistas. Porque no se trata solo de ganar medallas, sino de cómo se consiguen. Y Abril lo hace con pasión, humildad y una madurez que impresiona.
En Dojo Digital creemos en historias como la suya. Porque son estas voces las que inspiran a la nueva generación de karatekas. Si te ha gustado esta entrevista, te invitamos a seguir descubriendo más contenido como este en nuestra webdojodigital.es y a seguirnos en Instagram para no perderte ninguna novedad. Desde aquí seguiremos acercándote al corazón del kárate, con entrevistas, reportajes, opinión y toda la pasión por nuestro deporte.
Gracias, Abril. Y sobre todo, gracias por recordarnos que con trabajo, constancia y amor por lo que haces, cualquier tatami puede convertirse en el escenario de un sueño cumplido.
Logroño acogerá el próximo 20 de septiembre un campeonato histórico que reunirá a los mejores parakaratekas del mundo. España, potencia internacional en esta disciplina, ejercerá de anfitriona con una selección repleta de campeones mundiales y europeos.
Por Redacción DojoDigital
La ciudad de Logroño se prepara para acoger un evento sin precedentes: la Primera Copa Internacional de España de Parakarate, que tendrá lugar el próximo 20 de septiembre en el Palacio de los Deportes. No se trata solo de un campeonato: es una cita que celebra el deporte sin barreras, donde la inclusión, el talento y la superación personal se funden con el máximo nivel técnico del kárate mundial.
Este evento, impulsado por la Real Federación Española de Kárate (RFEK), reunirá por primera vez todas las categorías oficiales reconocidas por la WKF, incluyendo modalidades individuales, por edad y clase de discapacidad, así como el innovador Kata Dúo —que une a deportistas con y sin discapacidad en una sola ejecución.
“Es una celebración del esfuerzo, la integración y la excelencia. Todos los karatekas, independientemente de sus capacidades, merecen un espacio donde demostrar su talento”, señaló Antonio Moreno Marqueño, presidente de la RFEK.
España, referencia mundial en Parakarate
España llega a esta cita con el orgullo de ser una de las grandes potencias del Parakarate internacional. En el último Campeonato del Mundo celebrado en Budapest, nuestros parakaratekas lograron dos oros, una plata y un bronce, posicionando a la selección entre las mejores del planeta.
Entre los grandes nombres que podrían pisar el tatami riojano destacan:
Isabel Fernández (Toledo), triple campeona del mundo en silla de ruedas, que se despidió de la alta competición en 2023 dejando un legado histórico.
Carlos Huertas (Valencia), actual bicampeón del mundo en la categoría de discapacidad intelectual.
Lucía Sánchez (Madrid), subcampeona del mundo y oro en los Global Games 2023, una de las grandes promesas del Parakarate femenino.
Vicente Yangüez (Madrid), campeón de Europa y bronce mundial en silla de ruedas masculina.
Francisco J. Lozano (Elche), pionero del kárate para ciegos en España y campeón de Europa en 2018.
Ellos y muchos otros conforman una selección que no solo acumula títulos, sino que encarna los valores más puros del kárate: respeto, constancia, humildad y superación.
Un campeonato que rompe moldes
La Copa Internacional de España de Parakarate será también la primera competición del mundo en incluir oficialmente la categoría de discapacidad auditiva (K50) y el Kata Dúo como modalidad reglada. La RFEK apuesta así por una inclusión real, total y sin excepciones.
Participarán competidores de todos los rincones del país y de selecciones internacionales. En juego estarán no solo medallas, sino el prestigio y el impulso de una modalidad que ha demostrado que el kárate puede ser practicado por todos.
“En este tatami no se trata solo de ganar. Se trata de demostrar que el espíritu del karate está más vivo que nunca. Cada técnica es una lección de vida”, destacan desde el Departamento Nacional de Para-Karate.
Logroño: más que sede, símbolo
La ciudad de Logroño ha sido elegida como sede por su compromiso con el deporte inclusivo. Coincidiendo con las fiestas de San Mateo y la vendimia, el ambiente será perfecto para recibir a los parakaratekas, sus familias, técnicos y aficionados.
El evento cuenta con el apoyo del Gobierno de La Rioja, la Fundación Rioja Deporte y la Federación Riojana de Karate. Se espera una importante afluencia de público y cobertura mediática.
El futuro del Parakarate se escribe aquí
La I Copa Internacional de España de Parakarate será más que una competición. Será una declaración de intenciones: el deporte adaptado no es una categoría aparte, sino parte esencial del kárate moderno. Un kárate que mira al futuro con ambición, empatía y orgullo.
Desde DojoDigital estaremos presentes para contar cada momento. Porque este septiembre, en Logroño, no solo se repartirán medallas: se escribirán páginas memorables de la historia del kárate español.
Por David Lozano (Entrenador en FisioRecovery) El kumite actual no se gana solo con técnica ni con fondo físico. Hoy, quien marca es quien llega antes. Quien lanza el ataque en el momento justo, con la potencia necesaria y en el menor tiempo posible. Esa capacidad explosiva no es cuestión de suerte ni de genética: se entrena. Y una de las herramientas más eficaces para desarrollarla es la pliometría.
Sí, hablamos de saltos. Pero no de saltar por saltar. Hablamos de movimientos específicos que preparan tu cuerpo para reaccionar más rápido, para desplazarse mejor, para frenar con control y salir como un resorte en el momento decisivo. En este artículo vamos a explicarte qué es la pliometría, por qué es clave en el kumite y, sobre todo, por qué no debes lanzarte a hacerla sin antes preparar bien tu cuerpo.
La pliometría se basa en el ciclo de estiramiento-acortamiento (CEA). Es decir, el músculo se alarga rápidamente (fase excéntrica) y luego se contrae con fuerza (fase concéntrica). Esto genera un movimiento explosivo, muy útil en acciones como un desplazamiento, un contraataque o una combinación ofensiva. Todo eso que ves cada fin de semana en competiciones de alto nivel se apoya en este tipo de mecánica.
Pero hay un detalle que casi nadie te cuenta: antes de aprender a acelerar, hay que aprender a frenar. En el kumite, la capacidad de desacelerar con control es tan importante como la de explotar hacia adelante. Y eso no se entrena haciendo saltos directamente. Se entrena construyendo una base sólida de fuerza, especialmente fuerza excéntrica. Trabajos como sentadillas lentas, zancadas con control en la bajada, ejercicios de estabilización del tronco o aterrizajes con técnica son fundamentales. Todo esto debería formar parte de tu rutina varias semanas antes de introducir cualquier tipo de salto reactivo.
Porque saltar sin saber aterrizar es como lanzar sin saber bloquear: puede salir bien una vez, pero a la larga, te la estás jugando. Una buena fase de aterrizaje, con control del tronco, de la rodilla y del tobillo, es la diferencia entre avanzar o acabar con molestias (o algo peor). Y hablando de aterrizar: hablemos del pie. Sí, del pie. Ese gran olvidado que, en realidad, es el primer y último punto de contacto con el tatami. Un aterrizaje mal hecho, plano o con el talón, transfiere toda la carga al resto del cuerpo. Pero un aterrizaje correcto, con el metatarso activo y el tobillo alineado, permite absorber mejor el impacto y preparar la siguiente acción. Lo mismo ocurre con la propulsión: un pie reactivo y fuerte es el que te lanza hacia adelante con más potencia. Así que si quieres mejorar de verdad tu desplazamiento, empieza también por entrenar el pie.
¿Y qué nos dice la ciencia sobre todo esto? Pues que no es solo teoría. Hay estudios con karatekas juveniles que muestran mejoras del 10 al 14 % en salto vertical y tiempo de reacción después de seis semanas de entrenamiento pliométrico. También se ha comprobado que los competidores que obtienen mejores resultados en kumite suelen tener una mayor potencia de salto, mejor capacidad de desaceleración y tiempos de contacto con el suelo más cortos. En resumen: si mejoras cómo pisas, cómo aterrizas y cómo saltas, mejoras tu kumite.
Entonces, ¿cómo lo integramos en un entrenamiento real? No necesitas montar un circuito de crossfit. Basta con sesiones de 15 a 20 minutos, dos o tres veces por semana, siempre después del calentamiento y antes del trabajo técnico. Un ejemplo básico podría ser: 2 series de 8 drop-jumps desde 30 cm, 3 series de 6 saltos laterales sobre valla combinados con un gyaku-zuki reactivo, 2 series de 5 skater bounds integrados con desplazamiento, y para terminar, 1 serie de 10 saltos en profundidad con salida a mawashi-geri. Siempre con atención al control del movimiento, al gesto técnico y a la calidad por encima de la cantidad.
¿Y las lesiones? Claro que existen riesgos, como en cualquier tipo de entrenamiento. Pero si se hace bien, con progresión, técnica y sentido común, la pliometría no solo no lesiona, sino que protege. Fortalece articulaciones, mejora la coordinación y reduce el riesgo de sobrecargas o esguinces. Especialmente en competidoras femeninas y en veteranos que están volviendo al tatami tras años de inactividad.
En resumen: no basta con repetir técnicas si tu cuerpo no está preparado para ejecutarlas a la velocidad que exige el kumite actual. La pliometría es el puente entre tu fuerza y tu acción. Es lo que convierte tu entrenamiento físico en puntos reales sobre el tatami.
Lo fácil sería decirte que empieces mañana a hacer saltos. Pero en DojoDigital no vamos de eso. Sabemos que para sacar partido a la pliometría, primero hay que entenderla, construir una base, saber aterrizar y controlar el cuerpo. Por eso, este artículo es solo el comienzo. Vamos a publicar más contenido sobre cómo trabajar la fuerza excéntrica, cómo entrenar la desaceleración, cómo activar el pie, y cómo diseñar rutinas progresivas desde cero (o desde -5, como decimos nosotros).
Si quieres entrenar como un competidor de kumite, sin saltarte etapas y sin jugártela a una lesión, quédate con nosotros. Síguenos en DojoDigital.es y no te pierdas los próximos artículos. Aquí hablamos de karate en serio. Del que se entrena. Del que evoluciona. Porque en kumite, quien llega primero… no siempre es el mejor. Pero casi siempre gana.
Damián Veiga (44 años) es hoy uno de los nombres más sólidos del kata veterano en España. En junio de 2025 se colgó la plata en el Campeonato de España Máster (categoría 41-45), consolidándose como subcampeón nacional. Unos meses antes ya había cerrado 2024 como Grand Winner de la Liga Nacional en su categoría y, a nivel autonómico, venía de proclamarse campeón de Castilla-La Mancha.
Pero más allá de las medallas, hay un dato que lo retrata: cuando enviamos mensajes a varios competidores por Instagram, él fue el primero en contestar y lo hizo con un “¡contad conmigo!” que desbordaba ganas de ayudar. Esa disposición abierta y cercana es la misma que muestra en su perfil @karatedamian, donde combina resultados, entrenamientos y mensajes motivacionales.
Con este contexto sobre la mesa, arrancamos una charla directa con Damián para conocer cómo entrena, qué le mueve y qué significa para él seguir compitiendo al máximo nivel mientras enseña y motiva a otros.
1. Damián, para quien todavía no te conozca: ¿cómo te describirías en tres palabras y por qué esas?
¡Pasión, actitud, superación!
Creo que, para un deportista, lo primero es que te guste lo que estás haciendo, que es la pasión por ese deporte. Lo siguiente es la actitud, las ganas que uno le pone y el sacrificar muchas cosas para llegar a esa meta. Y superación a nivel personal: el yo puedo.
2. Viajemos al Damián niño: ¿qué chispa encendió tu pasión por el karate y qué persona—sea sensei, familiar o ídolo deportivo—te hizo decir “quiero llegar tan lejos como él”?
¡Bua! Empecé con el karate cuando tenía tan solo 5 años. Fue un gran descubrimiento en aquel entonces. En esa época el karate era más tradicional: muchas armas, pegar mucho al saco… ¡hasta que no te hicieras daño en los nudillos no parábamos! Era muy duro. Tuve al mejor sensei de Uruguay, Leonardo Fernández, y para mí, hasta ahora, sigue siendo el mejor. Nos enseñaba mucho el respeto, la disciplina, la familia… Cuando me tuve que venir a España fue muy duro dejarle, además de dejar mis estudios.
3. ¿Siempre sentiste esa afinidad por el kata o en algún momento te tentó el kumite, ya fuera para competir o simplemente por disfrute personal?
Desde que empecé con el karate, me gustaron desde el primer momento los katas, por la forma de entender e imaginar una pelea imaginaria. Al principio cuesta mucho… es como aprender a caminar, tus primeros pasos. Está claro que te tiene que gustar. Yo, cuando hago mis katas, es mi momento de gloria, es mi desfogue, es cuando suelto todas mis malas energías… y me quedo como nuevo. Aunque después termino agotado, jajajaja.
4. Desde que empezaste de niño, ¿has tenido alguna etapa en la que te alejaste del karate, o ha sido una constante en tu vida? ¿Hubo algún momento clave en el que decidiste retomarlo con más fuerza que nunca?
Sí, lo dejé con 28 años porque mi padre enfermó de cáncer. Él era como mi pilar, y no tenía energías para continuar. Pero antes de que mi padre se fuera, me miró a la cara y me dijo que, por favor, no lo dejara. Que tengo algo que casi nadie tiene: el disfrute y la pasión por el karate. Lo retomé 10 años después, cuando sentí que estaba preparado para volver. Y volvimos a las competiciones como Shotokan.
5. Hemos visto que además del karate, te dedicas profesionalmente al mundo del fitness y das clases de Zumba con muchísima energía y pasión. ¿Has practicado algún otro deporte de forma seria a lo largo de tu vida, más allá del karate y el baile, o siempre han sido esas dos tus grandes pasiones?
Sí, tengo mi propia escuela de Zumba. Conocí la Zumba en un momento muy duro de mi vida, que fue la pérdida de mis padres. Necesitaba algo que me ayudara a sacar esa rabia que tenía dentro, y me dije a mí mismo: si a mí me ayudó en ese momento en el que lo estaba pasando tan mal, puedo ayudar a otras personas también. Además, soy entrenador personal, llevo a gente del famoseo. Siempre me gustaron el karate y el baile… ¡es loco, porque son totalmente opuestos!
6. ¿Cómo influye tu faceta de instructor de Zumba en tu preparación y rendimiento como competidor de kata, y qué te aporta cada disciplina —en lo físico y en lo mental— que la otra no puede darte?
Bueno, tengo que decir que me organizo muy bien. Tengo las mañanas libres, y las aprovecho para entrenar dos horas diarias, más la parte física, como CrossFit y mis entrenamientos pliométricos para la competición. El mundo del competidor te exige mucho tiempo, tanto en la preparación física como en el trabajo técnico del kata. Cuando me ven los rivales, me dicen: “¡Madre mía, siempre ganas!”, y no saben todo el esfuerzo que hay detrás, todas las horas de entrenamiento, más los entrenamientos en el Club Paco Mayoral. No es fácil, la vida de competición es muy dura. Pero me gusta, y disfruto de ello.
Los fines de semana trato de sacar un hueco para crear nuevas coreografías de Zumba. Me tengo que organizar bien y hacer un esfuerzo para poder compaginar todo. ¡Tengo mucha disciplina! Y cuando estoy muy cansado, me digo a mí mismo: si quieres algo, ve a por ello. La actitud es un factor muy importante. Yo entreno de lunes a viernes, siempre.
7. Hemos visto que tus inicios fueron en Shotokan —lo cuentas en tu propia web— y recientemente te llevaste una Copa de Estilos Shito-Ryu. ¿Qué te ha aportado cada estilo a nivel técnico y mental, y cómo se refleja esa mezcla en tu kata actual?
La verdad, empecé con Shotokan en mi país. Cuando me fui a vivir a otro país, tuve la suerte de que cerca de mi casa había un club que practicaba Shotokan: el Club Herca de Torrent, en Valencia. Empecé a competir y, la verdad, obtuve muy buenos resultados. ¡Hasta salía en los periódicos de Levante!
Cuando decidí mudarme a Madrid y fui a ver una competición, vi que casi todos en aquel entonces practicaban Shito-Ryu, y pensé: qué bonito estilo. Lo confirmé en una competición donde vi a Sandra Sánchez y me dije: quiero practicar este estilo.
Claro, para mí no fue nada fácil. Es empezar desde cero, es totalmente diferente. Sobre todo, se trabaja mucho la respiración y todo es más pausado. Me costó entenderlo… estuve dos años entrenando muy duro. Pero no me arrepiento. Cada vez me gusta más este estilo de karate. Y sí, mi motivación fue Sandra Sánchez.
8. ¿Cómo es un día “normal” de entrenamiento en tu vida? ¿Cuántas horas dedicas a la preparación física y cuántas a la técnica?
Como bien te vengo contando, caliento bien antes de empezar a prepararme físicamente. Me preparo un circuito grande: escaleras, pesas, TRX… Hago una parte física más técnica y, al finalizar cada circuito, escojo una parte del kata que más me cuesta, y ahí trabajo la velocidad y la potencia. A veces me paso hasta 3 horas haciendo físico más técnica.
Además, durante la semana me gusta ir a clases de CrossFit. Trabajan mucho la fuerza y la resistencia, y eso me ayuda muchísimo a mejorar mi explosividad.
9. ¿Qué importancia le das a la preparación física en tu rendimiento dentro del tatami? ¿Hay algún aspecto que cuidas especialmente (como la explosividad, el equilibrio, la resistencia)?
Bueno, creo que se ha notado el cambio que he dado a la hora de competir. Trabajar el físico es muy importante, es tu herramienta, es todo. Te ayuda a prevenir lesiones, y más ahora que el nivel del kata es otro. Cada vez nos exigen más. Sé que somos veteranos, pero para los árbitros tenemos que rendir como si fuéramos senior.
Trabajo mucho con gomas elásticas y bosu para lograr un buen equilibrio a la hora de plasmarlo en el tatami.
10. Compites en una categoría máster y estás en lo más alto. ¿Notas que necesitas adaptar el entrenamiento físico a tu edad o a la recuperación entre sesiones? ¿Cómo lo gestionas?
Bueno, compito en máster, pero alguna vez también me presento en senior… ¡y no se me da nada mal! En el Karate Playa quedé segundo clasificado en senior. Tengo buen rendimiento físico. Además de mis entrenos, al impartir clases de Zumba trabajo mucho a nivel cardiovascular. Nunca me he dicho “eso no lo puedo hacer”. Esta es una edad muy buena para practicar cualquier tipo de deporte o ejercicio.
Por ejemplo, entreno por la mañana y, para gestionar mi descanso, me tomo unas dos horas de recuperación. Aprovecho ese tiempo para ponerme la presoterapia y relajar las piernas, que son las que más sufren.
11. Sabemos que en toda buena historia de competición hay siempre un “rival clásico”, ese nombre que aparece en los cuadros y te hace pensar: “vale, esto va en serio”. ¿Tienes algún “archienemigo” deportivo —con cariño, claro—? Ese competidor con el que siempre te acabas cruzando, que te exige dar lo mejor y con el que hay una rivalidad sana pero intensa… ¿A quién estás siempre vigilando de reojo en el tatami?
¡Yo siempre digo que soy mi propio rival! Trato de superarme cada vez más, porque sé que puedo dar más de mí. En mi categoría, claro que tenemos a José Mateo. Es muy bueno, y me gusta mucho cómo trabaja. Para mí, es una motivación, un referente para mejorar y superarme en cada competición. Pero con él no tengo rivalidad: nos llevamos muy bien.
Es más, en la última competición fuimos los dos a la final, y fue un 3-2. Y eso que al finalizar mi kata tuve un pequeño deslizamiento del pie, y los árbitros no me lo perdonaron. Yo hice un kata con mucha dificultad, agregando un plus con un salto y una patada en el aire que, por ahora, nadie más lo hace. La mayoría de los competidores van a lo seguro, y yo creo que hay que arriesgar.
Y el mismo Mateo, al saludarme, me dijo: “¡Dami, qué lástima ese desplazamiento, porque si no me ganabas!”
Créditos: Cheffotto
12. ¿Tienes alguna manía o ritual antes de competir? (Pisar siempre con el mismo pie, repetir mentalmente algo, usar un karategui “de la suerte”… )
Sí. En mi casa tengo un Buda tailandés y un bonsái. Siempre, antes de salir de casa, les pongo incienso y una vela.
13. Has vivido muchas etapas dentro y fuera del tatami, pero sabemos que aún queda mucho por contar. ¿Qué planes tienes para el futuro? ¿Algún nuevo reto en competición, metas personales…? Lo que quieras compartir, este es tu espacio.
Me estoy planteando empezar a dar clases de karate. Primero, porque todo lo que yo sé me gustaría enseñarlo. Es una meta que tengo pendiente. Y segundo, estoy mirando la posibilidad de competir fuera de España. También tengo en mente irme un mes a Japón a entrenar allí. Tengo la suerte de tener amigos que viven en Tokio, y seguro que en breve voy. Sé que allí voy a aprender muchísimo, y además… es el sueño de cualquier karateka.
Quiero darte las gracias por preocuparte y tomar esta iniciativa para los deportistas, que a veces estamos un poco abandonados. Y si esto puede ayudar y aportar a otros competidores, ¡genial!
Oss.
Con Damián Veiga, uno entiende que el tatami no solo es un lugar de combate, sino un espacio de transformación. Su historia es la de alguien que ha sabido convertir las dificultades en energía, la rutina en pasión y el esfuerzo en motivación para otros. Mientras prepara su viaje a Japón y contempla la posibilidad de enseñar, ya está dejando huella: no solo en las clasificaciones, sino también en la comunidad que lo rodea. Porque si algo queda claro tras hablar con él, es que el verdadero triunfo no está en ganar medallas, sino en inspirar a quien viene detrás.
¡Gracias, Damián, por compartir tu camino con nosotros!
Entrevista: DojoDigital.es (Síguenos para más historias de quienes dan sentido a este arte marcial.)