Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Superó un cáncer, volvió al tatami, compite al máximo nivel andaluz y nacional, y habla del karate como algo más que un deporte: una familia, una vía de escape y una forma de seguir adelante.

Antonio López Mateos transmite algo que va más allá de los resultados. Quien lo conoce habla de su positividad, de su forma de afrontar las cosas y de una energía especial que deja huella. Esa manera de ser cobra todavía más valor cuando se conoce todo lo que ha tenido que superar en los últimos años. A pesar de haber pasado por una enfermedad muy dura, Antonio ha seguido adelante con una fortaleza admirable, construyendo al mismo tiempo una trayectoria deportiva de enorme mérito.

Antes de conocer su historia completa, Antonio ya me había llamado la atención en competición. No fue solo por su forma de pelear, sino por todo lo que se movía alrededor de él. Recuerdo verlo en el tatami y escuchar desde fuera una escena muy de familia, muy de club: “¿Quién quieres que esté contigo? ¿Me pongo yo o se pone mamá?”. En ese momento pensé que allí había algo especial. No era solo un competidor. Había un entorno, una familia y un club sosteniendo desde abajo.

Después supe mucho más. Su madre, Leticia Mateos, seleccionadora de kata de Almería, me habló de su historia, de su enfermedad, de su regreso al karate y de todo lo que había significado para él volver a entrenar y competir. Y entonces aquella primera impresión cobró mucho más sentido.

Pero esta no es solo una entrevista sobre enfermedad. Ni siquiera solo sobre superación. Es también la historia de un competidor joven, ambicioso, que entrena fuerte, que quiere seguir creciendo y que se define a sí mismo como un luchador. Un karateka que ha convertido el club, el entrenamiento y la competición en una parte esencial de su vida.

En dojodigital hablamos con él sobre el hospital, el regreso al dojo, sus compañeros, su entrenador, sus objetivos deportivos y la mentalidad con la que afronta cada combate.


Para quien todavía no te conozca bien, ¿quién es Antonio López Mateos fuera del tatami?

Tengo 19 años, vivo en Granada y siempre he estado muy ligado al mundo del deporte. Me apasiona desde pequeño y, de hecho, mis estudios van por ahí: hice un grado medio y ahora estoy con el superior de deporte.

Siempre he tenido claro que quiero dedicarme a esto y que el deporte forma parte de mi vida.


¿Cómo te definirías como persona? ¿Qué crees que te caracteriza más?

Me considero una persona humilde y trabajadora. Soy alguien que tiene sueños y que lucha por conseguirlos.

También me considero una persona amigable, con muchos amigos, y que intenta cuidar a la gente que tiene alrededor. Me gusta estar bien con los demás y que ellos estén bien conmigo. En general, pienso que soy una buena persona.


¿Qué lugar ocupa el karate en tu vida a día de hoy?

Ahora mismo el karate es mi vida. Paso más tiempo en el gimnasio que en mi casa, entreno muchas horas al día.

Sin el karate no sería quien soy. No tendría los amigos que tengo ni la vida que llevo ahora. Para mí ya no es solo un deporte, es una familia. Lo considero algo que forma parte de mí.


Antonio habla del karate como quien habla de una casa. No solo de un lugar donde se entrena, sino de un espacio al que se pertenece. Esa idea aparece muchas veces en sus respuestas: el club, el grupo, los compañeros, el entrenador. En su historia, el karate no es únicamente competición. Es identidad.


Has pasado por una etapa muy dura en los últimos años. Mirándolo hoy con perspectiva, ¿cómo recuerdas todo aquel proceso?

La verdad es que lo llevé mejor de lo que mucha gente puede pensar. Apenas lloré, dos o tres veces como mucho.

Ahora lo veo casi como una anécdota, aunque también pienso que debería tenerlo más presente para valorar más todo lo que tengo y lo que estoy consiguiendo. A veces no lo pienso tanto como debería.

Pienso que quizá debería decirme más veces: “He pasado por esto y mira dónde estoy, mira lo que estoy haciendo, mira lo que estoy logrando”. Creo que tenerlo más presente también me ayudaría a valorar más las cosas.


En los momentos más difíciles, ¿qué fue lo que más te ayudó a mantenerte fuerte y seguir adelante?

Lo más duro no fue solo la enfermedad, sino todo lo que me quitó. No podía entrenar, no podía salir con mis amigos… además era época COVID, así que tampoco podía ver a casi nadie. Me quitaron mi vida normal.

Lo que más me ayudó fue mi madre y mi familia. También mis amigos, aunque no pudiera verlos como antes. Sabía que había gente que lo estaba pasando mal por cómo lo estaba pasando yo.

Recuerdo especialmente a un amigo, Andrés Morata, que venía todos los días a verme. Y hubo un día que no se me va a olvidar nunca: cuando vinieron todos los del gimnasio a verme desde abajo del hospital. Yo estaba en la ventana y ellos abajo. Eso me dio muchísima fuerza.

También el equipo médico se portó muy bien conmigo. Recuerdo especialmente a Juanfran, mi oncólogo, que me ayudó mucho durante todo el proceso. Pero de quien más me acuerdo es de mi madre. Y también tengo que decir que en algunos momentos no la traté como debería. Ahora me arrepiento. Creo que me equivoqué en ese aspecto.


La imagen es poderosa: Antonio en una habitación de hospital, en plena época de restricciones, viendo a sus compañeros desde una ventana. Ellos abajo, él arriba. Sin poder abrazarse, sin poder entrar, pero conectados. A veces un club no se mide por las medallas que gana, sino por lo que hace cuando uno de los suyos no puede entrenar.

La historia de Antonio también habla de lo que puede llegar a ser un club de karate cuando funciona de verdad. No solo un sitio donde se entrena, se compite y se corrigen técnicas. Un club puede ser una red, una segunda casa, un lugar donde un niño o un adolescente aprende disciplina, pero también pertenencia. En el caso del club de Wenceslao Angulo, esa idea aparece una y otra vez en el relato de Antonio: compañeros que preguntan, familias pendientes, un entrenador que busca la forma de mantenerlo conectado al karate incluso en los momentos más difíciles.


En un momento en el que la enfermedad y el COVID te habían apartado de tu vida normal, ¿qué significó sentir que el club seguía pendiente de ti?

Significó mucho. Aunque no pudiera entrenar ni estar con ellos como antes, sentía que seguía formando parte del club. Estaban pendientes de mí, preguntaban a mi madre, intentaban saber cómo iba y algunas madres que trabajaban en el hospital incluso venían a verme.

Eso me hacía sentir que no estaba fuera del grupo. Seguía siendo parte de la familia del club.


¿Qué papel tuvo tu entrenador en todo ese proceso?

Tuvo una parte muy importante durante todo ese tiempo, sobre todo cuando volví después del cáncer, pero también mientras estaba en mitad del proceso.

Wenceslao fue fundamental. Yo quería seguir haciendo karate, y él consiguió que me mandasen vídeos desde la Federación Española. También consiguió una camiseta de Laura Palacio, que en ese momento estaba en la selección española. Todo eso me ayudó mucho.


Cuando volviste a entrenar, ¿cómo te recibió el club?

Cuando volví a entrenar era como si nada hubiera pasado. Todo el mundo me acogió igual, todo el mundo me esperaba. Me seguían tratando como si fuera de la familia.

No fue como algo raro, como si después de mucho tiempo volviera alguien nuevo. Todo lo contrario. Fue como si nunca me hubiera ido.


Esa frase resume muy bien una parte esencial de la historia: “fue como si nunca me hubiera ido”. Para alguien que había sentido que la enfermedad y el COVID le habían quitado su vida normal, volver al dojo no era solo volver a entrenar. Era recuperar una parte de sí mismo.

Eso dice mucho del club. Porque un deportista que se aparta durante meses por una enfermedad puede sentir que todo ha seguido sin él. Que el grupo ha avanzado, que la rutina ha cambiado, que hay una distancia difícil de salvar. Antonio, sin embargo, cuenta lo contrario: volvió y encontró su sitio intacto. Esa es quizá una de las mejores definiciones de lo que debería ser un dojo.


Tu vuelta a la competición llegó bastante pronto. ¿Cómo viviste ese primer campeonato después de todo lo que habías pasado?

La verdad es que fue pronto. No sé exactamente cuánto tiempo había pasado, pero fue pronto.

Sentía un poco de miedo, porque todavía competía con el reservorio puesto, que era donde me ponían la medicación. Mi abuela me preparó una camiseta interior con un parche de gomaespuma en la zona del reservorio, para protegerme mejor por si recibía algún golpe, pero al final no me la puse.

Iba con ese miedo de pensar: “¿Y si me dan un golpe ahí?”. No por los golpes normales del combate, sino por si me daban justo en el aparato. Pero en general fui sin miedo y volví bien.


Según recuerda su entorno, Antonio volvió a entrenar apenas unos meses después de terminar el tratamiento. Y seis meses después decidió competir, todavía con el reservorio puesto y animado por su oncólogo. Aquel regreso no fue simbólico: volvió para competir. Y terminó subcampeón de Andalucía.


¿Te esperabas volver con buenos resultados tan pronto?

No, la verdad. Cuando volví a competir no me esperaba los resultados que tuve.

Estaba flojo, había perdido mucho peso, pero mi condición física seguía ahí. Entrenando la fui recuperando rápido.


¿Tuviste miedo a recibir golpes o a cómo iba a responder tu cuerpo?

A los golpes normales, no. En la cara no he tenido miedo nunca, la verdad.

Lo único era lo que decía antes: el reservorio. Tenía miedo a que me golpearan ahí, en esa zona. Pero en general no competí con miedo.


¿Hubo algún momento en el que dijeras: “vale, ya estoy de vuelta de verdad”?

Desde el momento en que empecé a entrenar otra vez en el club, ya dije: “estoy de vuelta”.

Pero cuando de verdad sentí que volvía a mi nivel fue más adelante. Recuerdo una Liga Nacional en la que perdí un bronce, pero ese resultado me clasificó para la gran final en Pontevedra. En esa final quedé primero en el ranking, creo que fue mi primer año de sub-21.

Ahí sí pensé que estaba de vuelta, que volvía a ser el que quería ser, que podía volver a ser campeón otra vez.

También me ha pasado en algunos combates después de todo aquello. Ganar ciertos combates me hacía decir: “ya estoy de vuelta”.


La vuelta de Antonio no fue un gesto romántico ni una escena de película. Fue más larga, más real y más deportiva: recuperar peso, volver a entrenar, competir otra vez, medir el cuerpo, volver a sentirse fuerte, ganar combates, clasificarse, pelear rondas importantes. La vida no siempre vuelve de golpe. A veces vuelve por asaltos.


A nivel deportivo, ¿cómo te definirías como competidor?

Me considero un luchador. Pienso que nunca me rindo, salvo que haya una diferencia muy grande, pero siempre intento dar lo máximo de mí.

Soy un competidor que casi nunca deja de atacar. Siempre intento tirar hacia adelante y marcar muchos puntos.


¿Cuáles crees que son tus puntos fuertes en competición?

Mi punto fuerte es que marco muchos puntos, que soy muy ofensivo y que siempre voy hacia delante.

Y mi punto débil es que también me marcan mucho. Eso es algo que tengo que mejorar.


Esta respuesta dice mucho de él como competidor. No intenta vender una imagen perfecta. Se define como atacante, como alguien que suma mucho, pero también reconoce con naturalidad que esa forma de competir tiene un coste. Es una lectura honesta, y eso en un deportista joven vale bastante.


He visto que entrenas muy fuerte, incluso con gente de mucho nivel. ¿Cómo es tu día a día de entrenamiento?

Entreno fuerte y tengo la suerte de hacerlo con deportistas que están a un nivel espectacular.

Entreno con compañeros como Alejandro Jiménez, Zamoran Shotte y Abril Angulo. Me encanta seguir ese ritmo.

En el gimnasio somos una familia. Todos tiramos de todos. Hay días en los que uno viene con menos ganas y otro tira de él. Sabemos que algunos compañeros vienen siempre con muchas ganas, pero si algún día no vienen igual, los demás tiramos también de ellos.

Eso es lo importante del club: somos una familia, celebramos los resultados de todos y nos sentimos uno.


¿Cuántas horas entrenas y cómo estructuras tu preparación?

Entreno entre una hora y media y dos horas al día, de lunes a jueves. Luego viernes, sábado y domingo depende de los entrenamientos que tengamos con la federación.

Los demás días intento descansar y aprovechar al máximo los entrenamientos.


Después de todo lo que has vivido, ¿dirías que compites con una mentalidad diferente?

Sí, creo que cambia. Después de pasar por algo así, valoras más ciertas cosas.

Pero también creo que sigo siendo competitivo, que quiero ganar y que quiero seguir mejorando.


¿Qué objetivos te marcas ahora mismo dentro del karate?

Este es mi último año de sub-21, así que mi objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España y clasificarme para la gran final de la Liga Nacional en sub-21.

Este año, por desgracia, no he podido pelear las primeras rondas porque estoy lesionado del hombro. Me operaron en diciembre, después de Canarias, y ahora estoy recuperándome.

Después del verano volveremos con más fuerza. Pero el objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España.


¿Hasta dónde quieres llegar en este deporte?

A mí me gusta competir. Soy un friki de la competición.

Hasta dónde puedo llegar no lo decido ahora. Seguiré hasta que vea que ya no estoy al nivel o que no puedo pelear más. Mientras esté al nivel, voy a seguir peleando.


¿Tienes algún referente o alguien en quien te fijes?

Me fijo mucho en mi entrenador, Wenceslao Angulo, por la constancia que tiene y por cómo trabaja en los entrenamientos.

También me fijo mucho en Abril Angulo. Entrena muchísimo y siempre va al cien por cien, incluso los días en los que no hay tantas ganas. Creo que eso es muy importante, no solo para mí, sino para todos.


Fuera del tatami, ¿cómo te ves en el futuro? ¿Te gustaría seguir ligado al deporte?

Sí, me gustaría seguir ligado al deporte. Para eso estoy estudiando y creo que es a lo que me quiero dedicar.

El deporte es lo que me gusta y lo que quiero que forme parte de mi vida.


Antonio López Mateos habla como un chaval joven, pero en su historia hay una madurez que no se fuerza. No pretende dar lecciones. No dramatiza más de la cuenta. A veces incluso parece que le cuesta mirar hacia atrás y reconocer la magnitud de lo vivido. Pero ahí está: una enfermedad dura, una vuelta temprana al karate, un club que no lo soltó, una madre presente, un entrenador clave y un competidor que sigue mirando hacia delante.

Quizá por eso su historia funciona. Porque no se queda en el hospital. Ni tampoco solo en el podio. Se queda en ese punto intermedio donde el karate deja de ser únicamente deporte y se convierte en algo más: una forma de pertenecer, de recuperar la normalidad y de seguir peleando.

A veces hablamos del karate como deporte, como competición o como medallas. Pero en historias como la de Antonio se ve otra dimensión: la del club como espacio de pertenencia, como estructura emocional y como lugar donde muchos jóvenes encuentran disciplina, referentes y una familia deportiva. El resultado importa, claro. Pero hay cosas que se construyen antes de subir al tatami. Y, seguramente, también son las que permiten volver a él cuando la vida se pone más difícil.

Seleccionar también es dejar fuera: el debate que demuestra el nivel del karate español

Seleccionar también es dejar fuera: el debate que demuestra el nivel del karate español

Cada convocatoria de una selección nacional deja una lista de nombres. Pero también deja algo más: conversación, análisis, ilusión, decepciones contenidas y muchas lecturas posibles.

Tras la publicación de los seleccionados españoles para el Campeonato de Europa absoluto de Frankfurt 2026, en dojodigital quisimos abrir una pregunta sencilla a la comunidad: ¿a quién echas en falta?

La respuesta ha sido interesante. No tanto por la cantidad de nombres, sino por el tono. En los comentarios no ha aparecido una queja vacía ni una crítica destructiva. Lo que ha surgido ha sido algo mucho más valioso: karatekas, entrenadores, compañeros y aficionados aportando nombres de competidores que, según su criterio, también tienen nivel para representar a España.

Y esa diferencia importa.

Porque no es lo mismo discutir una lista desde el reproche que hacerlo desde el reconocimiento. Mencionar a un deportista que no está no significa quitar mérito a quien sí ha sido seleccionado. Al contrario: significa que el karate español tiene profundidad, alternativas y mucho nivel interno. Y eso, para una selección nacional, siempre es una buena noticia.

Los que van: la responsabilidad de representar a España

Lo primero debe ser reconocer a quienes estarán en Frankfurt.

Ser seleccionado para un Campeonato de Europa absoluto no es un trámite. Es el resultado de años de entrenamiento, competiciones, concentraciones, derrotas, victorias y decisiones tomadas muchas veces lejos del foco. Quienes vestirán el karategi de la selección española no solo llevan su nombre en la espalda: llevan también la responsabilidad de representar a todo un país.

En kata, en kumite, en individual o por equipos, cada deportista seleccionado ha recorrido un camino exigente para llegar ahí. Algunos lo hacen desde la experiencia internacional. Otros desde una juventud que ya empieza a pedir sitio en la élite. Algunos llegan como campeones nacionales. Otros, por trayectoria, ranking, confianza técnica o papel dentro del equipo.

Pero todos llegan con algo en común: han sido elegidos para defender a España en una de las citas más importantes del calendario europeo.

Y eso merece respeto.

Los que no van: estar fuera no significa estar lejos

Pero una convocatoria también tiene otra cara: la de quienes no aparecen en la lista.

Y aquí conviene decirlo claro: quedarse fuera de una selección no significa no tener nivel.

En un país competitivo, muchas veces ocurre justo lo contrario. Significa que hay más deportistas preparados que plazas disponibles. Significa que una categoría puede tener varios nombres con argumentos. Significa que el margen entre estar dentro y quedarse fuera puede ser mínimo.

Por eso tiene tanto valor que la comunidad haya mencionado nombres en los comentarios. No como una forma de deslegitimar la lista, sino como una manera de reconocer el trabajo de competidores que siguen empujando desde detrás, desde al lado o desde muy cerca.

Porque quienes no van también forman parte del nivel de la selección. Son los que obligan a los que están a seguir mejorando. Son los que elevan cada Campeonato de España, cada Liga Nacional, cada concentración y cada combate. Son los que hacen que nadie pueda acomodarse.

En la élite, los que se quedan fuera también construyen el nivel de los que entran.

El comentario que resume la mentalidad de élite

Entre todas las respuestas, hubo una especialmente significativa. Wenceslao Angulo, entrenador de Alex Jiménez Díaz, dejó en los comentarios una reflexión que resume muy bien lo que significa competir al máximo nivel:

“Esto es élite y @alexjimenezdiazz hará lo que debe hacer un competidor élite, aceptar, entrenar y competir mejor aún para volver a estar en esa terna de elegidos. Es la mejor manera de hacer crecer a nuestra selección española. Hacer que está nueva experiencia de no estar en una lista sea positivo para él en el futuro. Gracias por pensar en él.”

La frase tiene mucho fondo.

Porque transforma una ausencia en una tarea. No habla desde la queja ni desde el reproche, sino desde una idea muy propia del alto rendimiento: aceptar, entrenar y volver mejor.

Ese es quizá uno de los grandes aprendizajes de la élite. La decepción es humana. La respuesta, en cambio, define al deportista.

No estar en una lista puede doler. Puede frustrar. Puede incluso dejar preguntas abiertas. Pero también puede convertirse en combustible. En una razón más para volver al tatami, ajustar detalles, competir mejor y estar preparado para la próxima oportunidad.

En cierto modo, no entrar también mantiene viva la llama.

Porque el competidor que siente que podía estar y no está tiene dos caminos: apagarse o entrenar con más intención. Y en la élite, los que vuelven más fuertes suelen ser los que han sabido convertir ese golpe en dirección.

El papel invisible de los entrenadores

También hay que mirar hacia los entrenadores.

Detrás de cada deportista que va y de cada deportista que se queda fuera hay un equipo de trabajo. Hay entrenadores que corrigen, planifican, acompañan, sostienen y, muchas veces, ayudan a interpretar los momentos más difíciles.

Un entrenador no solo prepara una final. También prepara al competidor para aceptar una derrota, una lesión, una decisión complicada o una convocatoria que no llega.

Y ahí es donde se nota el verdadero trabajo formativo. Cuando el mensaje no es “nos han quitado algo”, sino “vamos a entrenar para volver”, hay alto rendimiento. Hay educación deportiva. Hay cultura competitiva.

El comentario de Wenceslao Angulo tiene valor precisamente por eso: porque no reduce la ausencia a una queja, sino que la convierte en parte del proceso.

Ese tipo de mirada también hace crecer al karate español.

Seleccionar es decidir, y decidir es dejar fuera

Pero si hablamos de convocatorias, también hay que reconocer el papel de los seleccionadores.

Desde fuera, una lista siempre parece más sencilla de lo que realmente es. Se mira un podio, un ranking, un resultado reciente o una trayectoria concreta y se sacan conclusiones rápidas. Pero seleccionar no es solo ordenar nombres en una tabla.

Un seleccionador tiene que valorar muchos factores a la vez: rendimiento nacional, experiencia internacional, estado de forma, ranking, adaptación táctica, dinámica de equipo, lesiones, proyección, regularidad, comportamiento en concentraciones, compatibilidad con otros competidores y necesidades concretas de una competición determinada.

Y después de valorar todo eso, tiene que hacer lo más difícil: elegir.

Elegir a uno casi siempre significa dejar fuera a otro que también tiene argumentos. Esa es la parte incómoda del cargo. No hay lista perfecta cuando el nivel es alto. Siempre habrá nombres defendibles fuera. Siempre habrá deportistas que podrían haber estado. Siempre habrá debate.

Precisamente por eso, cuanto mejor se expliquen los criterios generales de una convocatoria, más fácil será que la comunidad entienda el proceso. No se trata de justificar cada decisión individual ni de convertir una lista en un juicio público, sino de ayudar a que deportistas, entrenadores y aficionados comprendan qué elementos pesan en el alto nivel.

Esa comunicación también forma parte del crecimiento de una selección. Cuando el criterio se entiende, el debate no desaparece, pero gana calidad.

Pero eso no convierte necesariamente una convocatoria en equivocada. A veces simplemente confirma que el karate español tiene más nivel que plazas disponibles.

El valor de una comunidad que debate con respeto

También merece reconocimiento la gente que ha comentado.

Porque una comunidad deportiva no se construye solo a base de aplausos. Se construye también cuando sus miembros opinan, aportan nombres, argumentan y se atreven a mirar más allá de la lista oficial.

Los comentarios que mencionan a competidores ausentes tienen valor cuando nacen desde el respeto. Porque ayudan a visibilizar trayectorias. Porque recuerdan que hay deportistas trabajando muy bien aunque no estén en la convocatoria. Porque amplían la conversación y hacen que el karate tenga más voz.

Ese es uno de los objetivos de dojodigital: que el karate se hable, se piense y se debata con criterio.

No se trata de enfrentar a los que van con los que no van. Se trata de reconocer que todos forman parte del mismo ecosistema competitivo. Los seleccionados, los que se quedan cerca, los entrenadores, los seleccionadores y la comunidad que sigue cada categoría con atención.

Cuando el debate se hace con respeto, el karate gana.

Una lista no apaga la llama

Una convocatoria dura unos días en la conversación pública. Para los seleccionados, abre el camino hacia un Campeonato de Europa. Para quienes se quedan fuera, puede abrir otra etapa: la de volver al entrenamiento con más hambre.

Porque no estar hoy no significa no estar mañana.

Cada lista marca un momento, no una sentencia definitiva. El alto nivel cambia rápido. Un resultado, una temporada, una mejora táctica, una competición internacional o una nueva oportunidad pueden volver a colocar un nombre en la terna.

Por eso, quizá la lectura más valiosa de todo este debate sea esa: la llama sigue viva.

Sigue viva en quienes van a Frankfurt a representar a España.
Sigue viva en quienes se han quedado fuera y quieren volver a estar.
Sigue viva en los entrenadores que trabajan cada día para acercar a sus deportistas a ese nivel.
Sigue viva en los seleccionadores que tienen que tomar decisiones difíciles.
Y sigue viva en una comunidad que conoce a sus competidores, los sigue, los valora y los pone sobre la mesa.

Quizá el verdadero titular no sea solo quién está en la lista.

Quizá el titular sea que España tiene tantos nombres con nivel que cada convocatoria abre debate.

Y eso, aunque duela a quienes se quedan fuera, también habla muy bien del presente del karate español.

España compite, Japón impone y Turquía confirma: las claves de la Series A de A Coruña

España compite, Japón impone y Turquía confirma: las claves de la Series A de A Coruña

La delegación española cerró la Karate One – Series A de A Coruña con seis medallas: una plata y cinco bronces. El kumite femenino y el kata por equipos sostuvieron el balance nacional en una cita de enorme profundidad internacional.

A Coruña no acogió este fin de semana una competición más. El Palacio de los Deportes de Riazor fue escenario de una Karate One – Series A con dimensión mundial: 83 países, 1.195 inscripciones competitivas y más de 1.270 atletas registrados/acreditados. Un campeonato abierto, exigente y con puntos de ranking internacional en juego, dentro de un circuito donde cada ronda cuenta y donde los cuadros, por volumen y nivel, obligan a competir al límite desde el primer cruce.

España no fue solo anfitriona. Fue también una de las grandes delegaciones del campeonato. Con 111 inscripciones, se situó como el segundo país con mayor volumen competitivo, únicamente por detrás de Italia, que alcanzó las 115. Francia, Turquía, Portugal, Alemania, Ucrania, Croacia, Inglaterra y Egipto completaron el grupo de selecciones con más presencia en una cita que volvió a demostrar una realidad cada vez más evidente: una Series A no perdona. No basta con llegar bien; hay que sobrevivir a cuadros largos, rivales de estilos muy distintos y jornadas donde cualquier despiste te saca de la pelea por las medallas.

El balance español fue sólido: seis medallas, repartidas en una plata y cinco bronces. No fue una actuación de dominio absoluto, pero sí una presencia constante en zonas de podio, especialmente en el kumite femenino y en el kata por equipos. Y ahí está una de las lecturas más interesantes del campeonato: España compitió bien en casa, pero lo hizo dentro de una prueba en la que Japón, Turquía, Portugal, Ucrania, Colombia, Brasil, México o Francia dejaron claro que el karate internacional está cada vez más repartido.

El kumite femenino sostiene buena parte del medallero español

El principal apoyo del medallero nacional llegó desde el kumite femenino, donde España sumó tres de sus seis medallas.

La actuación más destacada fue la de Insaf Bentama-Serroukh Jebari, plata en kumite femenino -50 kg. La española alcanzó la final en una categoría que terminó coronando a la turca Hira Nur Temizel. Los bronces fueron para la italiana Emma Colletti y la egipcia Alaa Zeidan, mientras que Eva Rodríguez Loredo firmó también una notable quinta posición para España. Dos españolas entre las cinco mejores en una categoría internacional de este nivel no es un detalle menor: habla de profundidad competitiva y de una división nacional con recursos.

En -61 kg, Iosune Urra Beraza sumó otro bronce para España. La categoría fue ganada por Anna Rodina, registrada bajo WKF-1, con plata para la neerlandesa Ashley Kakiay y bronces para la azerbaiyana Gulay Orujova y la propia Iosune. Fue una de esas medallas que pesan más de lo que parece, porque llegó en una división muy abierta, con presencia europea, asiática y africana en los puestos altos.

La tercera medalla femenina individual llegó en -68 kg, donde Julia Just Clopes subió al podio con otro bronce. El oro fue para Behije Mustafa, de Kosovo, la plata para la egipcia Jana Hazem Elsayed y el otro bronce para la italiana Marta Buono. España también situó a Cristina Rivero Sainz en la undécima posición.

En el resto de categorías femeninas, Gema Morales Ozuna fue novena en -55 kg, mientras que Paula Ramírez Ortega terminó undécima en +68 kg. El oro en -55 kg fue para la ucraniana Olekasndra Hulavska, y en +68 kg Turquía volvió a imponer su sello con el triunfo de Fatma Uygur.

La lectura es clara: el kumite femenino español no monopolizó la competición, pero sí sostuvo buena parte del resultado nacional. En una cita tan amplia, colocar finalistas, medallistas y varias competidoras en zona alta confirma que el bloque femenino español llegó a A Coruña con capacidad real de competir.

El kata español encontró el camino en los equipos

En kata, la lectura española fue distinta. En individual, España no alcanzó el podio, pero sí dejó presencia en puestos destacados. Alba Martín fue séptima en kata femenino individual, en una categoría dominada de forma casi absoluta por Japón. Sasara Eguchi se llevó el oro, Aira Minamoto la plata y Risa Ikarashi uno de los bronces. El otro fue para la turca Keyda Nur Colak, que evitó el pleno japonés en el podio.

En kata masculino individual, Japón volvió a marcar territorio con el oro de Sena Monoi y el bronce de Kairi Nendai. La plata fue para el turco Emre Vefa Goktas y el otro bronce para el estadounidense Mason Stowell. España situó a Antonio Lozano Fernández en la novena posición y a Alejandro Galán Lacón en la undécima.

Pero donde el kata español encontró su mejor versión fue en el formato colectivo. En kata equipo femenino, España sumó un bronce con el conjunto Spain 2, formado por Irene Yao Alcaraz Carrion, Paola García Lozano, Carla Guardeño León y Sara Tabuenca Serrano. El oro fue para Portugal 2, con Ana Cruz, Natacha Fernandes, Beatriz Portal e Ines Oliveira, y la plata para Turquía 2, con un equipo en el que también estaba Keyda Nur Colak, medallista individual. Marruecos completó el podio con el otro bronce.

En kata equipo masculino, España volvió a subir al podio con el bronce del equipo formado por Raúl Martín Romero, Salvador Balbuena Cisneros, Iván Martín Montenegro y Alejandro Galán Lacón. Turquía se llevó el oro con Furkan Kaynar, Kutluhan Duran, Muhammed Efe Yurtseven y Ozan Parlak, Francia 2 fue plata y Montenegro 2 compartió el tercer puesto con España.

La conclusión es clara: España no encontró medalla en el kata individual, pero sí respondió con fuerza en los equipos. Y eso merece una lectura propia. En una Series A, el podio por equipos no se consigue solo con sincronización; exige personalidad común, solidez técnica, bunkai creíble y capacidad para competir sin fisuras en las rondas decisivas. Los dos bronces españoles no maquillan el resultado individual, pero sí apuntan a una estructura colectiva que sigue siendo competitiva en el contexto internacional.

Japón domina el kata individual

Si hubo una selección que dejó una sensación clara en kata individual, fue Japón. No solo por las medallas, sino por la impresión de profundidad. En femenino, tres japonesas terminaron entre las cuatro medallistas: oro para Sasara Eguchi, plata para Aira Minamoto y bronce para Risa Ikarashi. En masculino, oro para Sena Monoi y bronce para Kairi Nendai.

Japón no apareció en A Coruña como una delegación que pelea algunas medallas sueltas. Apareció como un bloque capaz de condicionar el nivel de toda la categoría. Cada vez que Japón coloca varios nombres arriba en kata, obliga al resto a competir contra un estándar técnico, físico y competitivo altísimo.

Y no solo en kata. En kumite masculino -75 kg, Hiroki Araki también subió a lo más alto del podio, por delante de Timofei Leontev, registrado bajo WKF-1. Los bronces fueron para el mexicano José Francisco Ávila Ibarra y el francés Hairiss Hierso. Japón, una vez más, dejó huella en más de un frente.

Turquía, la delegación más transversal

Si Japón fue la gran referencia del kata individual, Turquía fue probablemente la delegación más transversal de la cita. Ganó en kumite femenino, ganó en kata equipo masculino, fue finalista en kata masculino individual, metió equipos en finales y sumó presencia en varias categorías.

En kumite femenino -50 kg, Turquía se llevó el oro con Hira Nur Temizel. En +68 kg, repitió triunfo con Fatma Uygur. En kata equipo masculino, Turquía se proclamó campeona. En kata masculino individual, Emre Vefa Goktas fue plata. En kata equipo femenino, Turquía 2 también fue plata. Y en kumite masculino +84 kg, Kadir Furkan Genç fue plata y Umut Eren Gündoğ bronce.

No fue una presencia concentrada en una sola modalidad. Turquía compitió arriba en kata, en kumite, en masculino, en femenino, en individual y en equipos. Ese tipo de actuación no se improvisa: revela estructura.

América también golpeó fuerte

A Coruña también dejó una lectura importante para el karate americano. En kumite masculino -84 kg, el oro fue para el colombiano Rubén Darío Henao Amu, con plata para el mexicano Jesús Francisco Moreno Bautista. En +84 kg, Brasil se llevó el título con Giovani Felipin Salgado, por delante del turco Kadir Furkan Genç.

México, además, sumó un bronce en -75 kg con José Francisco Ávila Ibarra, mientras que Estados Unidos entró en el podio de kata masculino con Mason Stowell. Colombia también tuvo presencia destacada en kata masculino con Hernán Amaya Gómez, quinto, y Venezuela situó a Stephany Valentina Ferreira Vielma en séptima posición en kata femenino.

No fue una cita cerrada entre Europa, Japón y Turquía. América también encontró espacio en Riazor, y lo hizo con oros en categorías masculinas de kumite especialmente exigentes.

Portugal, otra lectura importante

Portugal también merece mención. No solo por el oro en kata equipo femenino, sino por su doble bronce en kumite masculino -60 kg, con Diogo Miguel Nunes Ribeiro y Gustavo Oliveira compartiendo podio. En kata femenino individual, Natacha Fernandes fue quinta, antes de formar parte del equipo portugués campeón.

En una competición con tantos focos, Portugal salió de A Coruña con una imagen muy sólida: presencia en kata, presencia en kumite y resultados de podio en categorías diferentes.

Medallas españolas en A Coruña

El resumen del medallero español queda así:

MedallaCategoríaDeportista/equipo
PlataKumite femenino -50 kgInsaf Bentama-Serroukh Jebari
BronceKumite femenino -61 kgIosune Urra Beraza
BronceKumite femenino -68 kgJulia Just Clopes
BronceKumite masculino -67 kgZsamoran Shotte Cabello
BronceKata equipo femeninoIrene Yao Alcaraz Carrion, Paola García Lozano, Carla Guardeño León y Sara Tabuenca Serrano
BronceKata equipo masculinoRaúl Martín Romero, Salvador Balbuena Cisneros, Iván Martín Montenegro y Alejandro Galán Lacón

Además de las medallas, España dejó varios puestos destacados: Eva Rodríguez Loredo, quinta en -50 kg; Adrián Ocio, séptimo en -67 kg; Alba Martín, séptima en kata femenino; Antonio Lozano Fernández, noveno en kata masculino; Alejandro Galán Lacón, undécimo en kata masculino; Gema Morales Ozuna, novena en -55 kg; Cristina Rivero Sainz y Paula Ramírez Ortega, undécimas en sus respectivas categorías.

Campeones de la Series A de A Coruña

CategoríaCampeón/a
Female KataSasara Eguchi — Japón
Male KataSena Monoi — Japón
Female Team KataPortugal 2
Male Team KataTurquía
Female Kumite -50 kgHira Nur Temizel — Turquía
Female Kumite -55 kgOlekasndra Hulavska — Ucrania
Female Kumite -61 kgAnna Rodina — WKF-1
Female Kumite -68 kgBehije Mustafa — Kosovo
Female Kumite +68 kgFatma Uygur — Turquía
Male Kumite -60 kgDinmukhamed Aidarbek — Kazajistán
Male Kumite -67 kgIllia Hrynenko — Ucrania
Male Kumite -75 kgHiroki Araki — Japón
Male Kumite -84 kgRubén Darío Henao Amu — Colombia
Male Kumite +84 kgGiovani Felipin Salgado — Brasil

Una cita que mide de verdad

La Series A de A Coruña dejó una idea clara: España tiene presencia, tiene medallistas y tiene margen competitivo, pero el escenario internacional exige cada vez más. El kumite femenino respondió con fuerza. El kata por equipos sostuvo el orgullo nacional en una modalidad donde el individual estuvo marcado por el dominio japonés. Y Turquía confirmó que hoy es una de las delegaciones más completas del circuito.

Riazor no fue solo una sede bonita ni una parada más del calendario. Fue un examen real. De esos que no se aprueban con buenas sensaciones, sino con resultados, profundidad y capacidad para competir cuando el cuadro se pone cuesta arriba.

España salió con seis medallas. Japón salió imponiendo nivel. Turquía salió confirmando estructura. Y el karate internacional salió, una vez más, recordando que en una Series A nadie regala nada.

Ahora queda la pregunta para la comunidad: ¿qué actuación os sorprendió más en A Coruña y qué karateka creéis que merece más foco después de esta Series A?

Ruth Lorenzo: cuando el combate se convierte en precisión

Ruth Lorenzo: cuando el combate se convierte en precisión

En un deporte donde cada centímetro de distancia decide un combate, Ruth Lorenzo Couso ha construido su lugar desde el detalle.

Gallega, formada en el Club San Francisco de Teo y parte del alto rendimiento nacional, Ruth no es una irrupción puntual. Es el resultado de años de constancia, de derrotas que enseñan más que las victorias y de una evolución silenciosa que hoy la sitúa en lo más alto: campeona de España en kumite -55 kg en 2026, número 1 del ranking nacional y competidora habitual en el circuito internacional WKF.

Pero su historia no se explica solo con medallas.

Se explica en la forma en la que entiende el combate: control de la distancia, lectura del rival, decisiones en décimas de segundo. En una categoría donde la velocidad lo es todo, Ruth ha sabido convertir la precisión en ventaja.

A eso se suma otra capa menos visible, pero igual de relevante: su papel fuera del tatami. Como entrenadora, como referente del karate gallego y como voz activa en la igualdad dentro del deporte, representa algo más que resultados. Representa una forma de estar en el karate.

En dojodigital queríamos ir más allá del titular.
No preguntarle qué ha ganado, sino cómo lo ha ganado.
No quedarnos en el resultado, sino entrar en el combate.


Ruth fuera del tatami

1. ¿Quién es Ruth fuera del tatami?
Es una pregunta complicada porque no me paso mucho tiempo fuera de él. Supongo que se podría decir que soy una persona a la que le encanta su trabajo (ser entrenadora de karate), estar al aire libre, hacer deporte, compartir tiempo con mi familia y amigos… y soñar despierta, porque siempre estoy planeando cosas (supongo que un poco como todo el mundo).

2. ¿Cómo llegaste al karate? ¿Fue casualidad o elección?
Una mezcla de ambas. Empecé en el colegio cuando tenía 5 años. Mis padres me habían apuntado a Juegos Predeportivos y la actividad se hacía en el pabellón. Por unas obras en el colegio movieron la actividad de karate al pabellón también y compartían la pista.

Fue pasando el tiempo y el monitor habló con mis padres, les dijo que no le hacía ni caso, que solo miraba para los de karate y que no era capaz de hacer nada conmigo.

Mis padres me preguntaron si quería ir a karate, yo dije que sí y, hasta hoy.

Fue amor a primera vista.

3. ¿Qué recuerdas de tus primeros entrenamientos?
Pues la verdad es que no mucho. Solo que me gustaba mucho y lo pasaba muy bien, pero me lo tomaba muy en serio. Típico niñ@ que está en modo… no sé cómo decirlo… “samurai”.


FOTOGRAFÍA: R.F.E.K.

Dudas, golpes y momentos que cambian una carrera

4. ¿Hubo algún momento en el que pensaste en dejarlo? ¿Por qué no lo hiciste?
Sí. En mi carrera deportiva ha habido momentos bastante duros (derrotas, decepciones…), pero hubo dos momentos especialmente complicados donde me cuestioné de verdad lo que estaba haciendo.

El primero fue en 2016. Hasta ese momento había conseguido dos medallas de oro en las Fases Previas (2013 y 2014), pero nunca había tenido ninguna medalla en un Campeonato de España.

Decido irme a Madrid a estudiar un Máster en Alto Rendimiento y así poder entrenar en el CAR de Madrid junto a Javier Ferreira y Óscar Martínez de Quel.

A pesar de que allí entrenaba bien y de que ambos me enseñaron y me ayudaron un montón, esas dos temporadas pierdo en el Campeonato de España y pierdo en otras competiciones… entonces empiezo a pensar que me he equivocado. Pienso que quizás no tengo el talento suficiente para conseguirlo, que quizás me equivoqué dejando mi casa, mi trabajo… para estar allí con el gasto que suponía para mi familia… y solo podía pensar cosas así…

Tenía muchas dudas y me sentía mal porque además yo ya era una deportista “mayor”. Casi todas las personas que conocía que ganaban… llevaban haciéndolo desde pequeños… y eso me hacía pensar que quizás por mucho que quisiera no sería capaz.

Es ahí, cuando estoy terminando el máster, cuando decido irme a la K1 Premier League de Rabat yo sola.

Cuando se entera mi entrenador, Óscar Lafuente (que es el que lleva conmigo desde el colegio), decide acompañarme y… no podíamos haber hecho mejor.

Al llegar allí disfrutamos muchísimo, pero es que además consigo mi primera medalla importante, una medalla de bronce.

Esa medalla fue la que me dijo que no estaba loca, que podía hacerlo y que tenía que seguir.

La verdad es que no pudo llegar en un momento más clave.

La segunda ocasión fue en 2021. La verdad es que en mi carrera ha habido convocatorias del equipo nacional en las que me hubiera gustado estar y creo que podría haber estado y, cuando no llegaron, me dolieron.

Pero en 2021 yo había estado participando con el equipo nacional en concentraciones y campeonatos de cara al preolímpico (seguramente siendo la que menos posibilidades tenía de ir de las 4 que estábamos), pero tenía un pequeño sitio.

Pasada la Olimpiada hay un entrenamiento en Madrid y entonces veo que no cuentan conmigo ni para entrenar y veo a otras deportistas de mi peso más jóvenes allí.

Buf, fue un palo muy grande para mí. Pensé que si me había costado tanto llegar a estar en las concentraciones y algún campeonato… y ahora ya no tenía ni eso… no tenía fuerzas para volver a colarme ahí y volvieron las dudas. Que si no tengo el nivel, que si voy tarde, que qué iba a hacer… era como asomarme a un abismo (aunque pueda sonar a locura, yo lo sentía así).

Seguí entrenando, pero nunca me había sentido tan mal en ese aspecto, como si hubiera perdido mi objetivo… mi sueño. Y volví a pensar en retirarme.

El tiempo fue pasando… y entonces me di cuenta de que la única persona que iba a decidir hasta dónde podía llegar y cuándo se iba a retirar era yo.

Pensé que no iba a darle el poder sobre algo tan importante para mí a alguien que no fuera yo.

Y cuando me di cuenta de esto me sentí mucho más fuerte que antes. Recuerdo que ese año gané la fase final. Cuando volví me tatué lo de guerreira. Porque realmente sentí que lo era y sentí que yo tenía el control de lo que estoy dispuesta a hacer y de dónde quiero llegar (o como mínimo intentarlo).

FOTOGRAFÍA: R.F.E.K.

5. ¿Qué ha sido lo más duro de tu camino hasta aquí?
Ha habido muchas cosas que han sido duras. Te podría hablar de épocas donde tenía unos horarios terribles de trabajo y tenía que entrenar a las 14:00 de la tarde unos días (e ir comiendo en el coche) y a las 22:00 de la noche otros (cuando no podía más); podría hablarte de pesajes y de algún que otro donde mi cuerpo no respondía y lo pasé realmente mal; de entrenamientos solitarios en Navidades o en agosto donde no dejas de preguntarte qué haces ahí; de lesiones (afortunadamente leves), pero que te obligan a entrenar con dolor; de ausencias, cuando no puedes estar en los momentos buenos o malos de la gente a la que quieres… son muchas cosas, porque el alto rendimiento es así, siempre te va a llevar al límite, al máximo… y te exige que lo des todo.

Quizás una de las cosas más complicadas o más duras en mi camino ha tenido relación con mi cabeza. Mantener de forma constante la confianza en mí, no dudar, creer que podía siempre dar algo más o mejor y que las cosas saldrían.

Y aprender a exigirme, pero de manera más “compasiva”. Entender que cuando fallas no eres “lo peor”, igual que cuando acierto no me siento la mejor del mundo. Siempre he sido y soy muy exigente, pero he cambiado mucho (y sigo intentando hacerlo) en cómo enfoco mis errores y cómo me lo planteo para que sea algo positivo, no algo que me haga daño (que parece una tontería, pero es un error muy común). Dicen que hay que hablarse como le hablarías a tu mejor amig@ y siento que es una gran verdad, aunque sea difícil de hacer.

6. ¿A qué ha tenido que renunciar Ruth para llegar a ser campeona de España?
Pues imagino que como todos los deportistas… a mucho.

Obviamente son muchos detalles: desde lo que comes, las fiestas, el tiempo con familia y amigos… (que es sin duda lo que más duele).

Pero es verdad que siempre digo que todas esas cosas son las que me han llevado a vivir cosas únicas, experiencias y emociones tan bonitas y tan intensas como las que he vivido y sigo viviendo y por las cuales repetiría cada una de ellas.


El entorno que sostiene el camino

7. ¿Quién ha sido clave en tu carrera y por qué?
Óscar Lafuente, sin duda. Es mi entrenador desde que empecé hasta hoy. Soy consciente de que en mi vida hay mucha gente sin la cual no sé qué haría (como mi hermana, mis padres, mi familia) u otros entrenadores que me han aportado y me han ayudado a crecer.

Pero él ha sido clave para mí. Primero, porque siempre me hizo sentir importante, confiando en mí desde el principio (incluso antes de que ninguno de los dos viera a dónde nos iba a llevar todo esto), me hizo sentir que era el referente para mis compañeros de club primero y de selección después, y esto me hizo dar siempre un paso al frente y buscar precisamente eso: trabajar más y mejor y apoyar e impulsar a los demás.

Y segundo porque me entrena actualmente, pero es que me lleva entrenando toda la vida y con TODA estoy hablando de esos entrenamientos a mediodía o de noche, de días festivos, de momentos alegres y tristes… de viajes por el mundo entero… no le puedo pedir más.

Es mi compañero indiscutible en este camino.

Comparte mi trabajo y mis sueños desde hace tanto tiempo… que cada cosa que consigo en verdad la CONSEGUIMOS.

8. ¿Hay alguna historia personal que la gente no conoce y que te haya marcado?
Hace 4 años falleció mi primo Antón. Tenía 23 años. Eso ha marcado un antes y un después en mi vida.

Es una herida que creo que me va a acompañar siempre.


La competidora: estilo, emoción y tatami

9. ¿Cómo definirías tu estilo de combate en tres palabras?
Me resulta un poco difícil responder a esta pregunta. Yo diría que mi estilo de combate es intenso, emocional y de no rendirme, de pelear hasta el final (sé que esto no es una palabra, pero no sé cómo definirlo).

10. ¿Qué diferencia a Ruth Lorenzo del resto de competidoras?
Pues supongo que un poco lo que hablamos en la pregunta anterior. Siempre salgo a pelear desde el principio hasta el final, nunca doy nada por perdido y… creo que peleo con toda mi alma y por eso a veces necesito gritar, saltar… creo que eso es algo un poco característico de mí, pero… supongo que estas cosas son comunes a todas.

11. ¿Qué sientes justo antes de salir al tatami?
Antes de salir a pelear lo sientes todo con muchísima intensidad. Nervios, tensión… pero también estoy enfocada en mis rutinas y en el autodiálogo que he aprendido al trabajar con el psicólogo. Enfoco mi atención y mis pensamientos para poder rendir… y cuando lo hago siento emoción y muchas ganas de pelear.


El título, el momento y la claridad competitiva

12. Acabas de ganar el campeonato de España. ¿Qué significa realmente este título para ti?
Para mí tiene un significado muy especial porque, desde que empecé a competir y entré en el camino del alto rendimiento, este ha sido el objetivo, el sueño que me marqué desde el principio.

Al comienzo era casi una locura, porque yo era una persona que llegaba a un campeonato y a lo mejor no pasaba de primera ronda. Pero, aun así, siempre tenía el deseo de estar ahí.

Con el paso del tiempo empecé a sentir que sí podía hacerlo, que tenía nivel, capacidad y que podía estar en esa pelea. Pero, por unas cosas o por otras, se me resistía.

Y llegó un momento en el que piensas: “Ostras, a lo mejor no soy capaz de conseguir este sueño que llevo persiguiendo durante tanto tiempo”.

Por eso, para mí es un título tan especial. Me hace muy feliz haberlo conseguido, porque son muchos años teniendo siempre este sueño y este objetivo en la cabeza. Y porque, precisamente, con lo complicado que es el kumite y con el alto nivel que hay, soy consciente de que a lo mejor podía haber pasado toda mi carrera sin conseguirlo.

Entonces, me siento inmensamente feliz de poder decir que por fin soy campeona de España, que es el sueño que tengo desde hace tantísimo tiempo.

13. ¿Ha habido algún momento en este campeonato donde todo cambió?
La verdad es que no. Salí a los combates desde el principio muy concentrada, teniendo muy claro el trabajo que quería hacer y lo que tenía que hacer. Soy consciente de que podía no haber salido, porque al final las rivales también van a por lo suyo, pero llevaba las cosas muy claras e iba muy decidida a por el objetivo.

Entonces, en ese sentido, no es que haya cambiado nada durante el campeonato ni tampoco después. A veces la gente te pregunta: “Bueno, ¿y ahora qué?”. Y ahora, exactamente lo mismo que siempre, solo que con una sonrisa de oreja a oreja por haberlo conseguido.

Sí que te puedo decir que ha habido momentos en mi carrera deportiva en los que cambiaron cosas de mi manera de pelear. Por ejemplo, si me voy un poco más atrás, te diría que desde el principio de temporada estoy trabajando mucho en analizar combates que había hecho y también los combates que voy haciendo, gracias a la ayuda de Javier Ferreira. Y eso me está ayudando mucho a organizar cosas, a matizar algunos aspectos de mi trabajo que me he dado cuenta de que podía mejorar.

Ese trabajo también me ha dado mucha confianza y hace que, a la hora de pelear, vea las cosas mucho más claras de lo que las veía antes. Entonces, en ese sentido, sí que te puedo decir que este trabajo nuevo que he incorporado esta temporada he notado que me ha venido muy bien.


Cómo piensa un combate

14. ¿Qué es lo primero que analizas de una rival antes de combatir?
Entiendo que te refieres al momento en el que estamos en el tatami frente a frente o cuando empieza el combate. Si te refieres a análisis previos de combate o a otro tipo de estudio más previo, también te lo puedo contestar.

Pero, en ese momento, lo primero en lo que intento fijarme es en la intención que creo que tiene esa persona en el combate. Es decir, intento predecir qué es lo que está buscando.

Y para saberlo, lo que intento es desplazarme y provocar, para ver las distintas reacciones que tiene esa persona ante los distintos estímulos que voy generando.

Un poco con esa idea de que, si veo una reacción u otra, voy interpretando qué es lo que esa persona está buscando hacerme en ese combate o en ese momento concreto del combate.

Aparte de esas reacciones que veo cuando, por ejemplo, me desplazo, cuando hago algún tipo de amago o cualquier cosa, me gusta fijarme en cómo bota, qué guardia tiene, bueno, un poco cómo se mueve, porque creo que muchas veces, en función de ese tipo de aspectos, puedes decidir si es mejor una técnica u otra o qué cosas crees que puedes aprovechar a tu favor en un momento determinado.

Y bueno, me imagino que será un poco lo que hacemos todas.

15. ¿Prefieres llevar la iniciativa o trabajar al contragolpe?
Claramente prefiero llevar la iniciativa. Me considero una persona bastante ofensiva peleando y es el trabajo en el que me siento más cómoda, a pesar de que, bueno, con los años y demás, soy capaz de trabajar a la contra y la anticipación sin problema. Pero, bueno, mi aspecto favorito es el ataque.

16. ¿Qué detalle técnico crees que marca más la diferencia en tu categoría?
Bueno, creo que, la verdad, lo que marca la diferencia en la categoría, y en las categorías de kumite absolutas en general, son los detalles tácticos.

Dentro de la categoría de -55 hay gran variedad de deportistas y cada una de nosotras tenemos nuestras técnicas más fuertes y otras menos fuertes. Hay mucha variedad y cada persona se especializa a lo mejor en algunas en concreto. Es verdad que quizás es una categoría donde hay bastante gente que trabaja a la contra, pero ya te digo que no creo que sea una cuestión de hacer una técnica concreta bien. Creo que todo el mundo está muy preparado a nivel físico, creo que ahora mismo todo el mundo tiene un nivel técnico muy alto y, al final, creo que la clave para que las deportistas consigan rendimiento en los campeonatos es hacer esas técnicas buenas que tienen en el momento adecuado.

Y creo que eso es lo que marca la diferencia: el, como digo yo, saber jugar tus cartas. Porque al final todo el mundo tiene unas técnicas o unas acciones preferidas y que le salen de maravilla, y creo que cuando tú opones esas técnicas a tus adversarias se trata más de saber buscar bien el momento, saber engañar, esperar a que esa situación en concreto aparezca y ahí hacer esa acción al 100 %.

Entonces, ya te digo que yo creo que es más que nada saber cuándo trabajar, o sea, a nivel táctico y en el momento en que haces las cosas. La determinación me parece fundamental: trabajar siempre al 100 % y, para eso, tener confianza en lo que una hace y una determinación absoluta en el momento en el que lo haces.


Lo que enseñan las derrotas y la presión de competir arriba

17. ¿Qué te ha enseñado una derrota que no te haya enseñado una victoria?
Bueno, la verdad es que siempre se dice que de las derrotas se aprende más que de las victorias y yo creo que es una verdad, porque al final muchas veces, cuando ganamos un combate o una competición, cometemos errores, pero no nos fijamos tanto en los detalles o no nos interesamos tanto en averiguar si hubo algo que estuvo mal hecho en esa competición o en ese combate.

Entonces, sí que es verdad que cuando una pierde siempre va a poner mucho más el foco en descubrir qué fue lo que falló y entender qué aspectos tiene que mejorar.

Entonces, creo que se puede aprender tanto de una derrota como de una victoria, pero todos estamos mucho más predispuestos a aprender cuando fallamos que cuando ganamos, porque quizás no ponemos tanto empeño en descubrir si todo lo que hicimos en ese combate estuvo bien o no.

Y luego, a nivel personal, creo que de una derrota se aprenden otras cosas. Como, por ejemplo, el hecho de no rendirse, de seguir trabajando, de aprender a valorar tu progreso independientemente del resultado.

Cuando tú vas a una competición y las cosas no salen, pero has sido capaz de hacer cosas nuevas en los combates, de aplicar cosas que trabajaste en el entrenamiento, cuando empiezas a valorar ese tipo de cosas y empiezas a tener esa motivación intrínseca, que es ir a una competición y notar que mejoras tú misma independientemente de que las cosas salgan o no, creo que ese es uno de los aprendizajes más importantes que te puedes llevar de una derrota y que con una victoria nunca tendrías.

Y creo que eso hace que, al final, aprendas a disfrutar de este deporte independientemente del resultado. Y eso también es importante, ya que, como decimos la mayoría de los deportistas, perdemos muchas más veces de las que ganamos, en realidad.

18. ¿Cómo gestionas la presión cuando sabes que todos esperan que ganes?
Vale, la verdad es que es fácil sentir esa presión de las expectativas y tener un poco el miedo de fallar a la gente que te rodea. Y yo creo que una de las cosas que he aprendido en todos estos años es que, al final, el hecho de que la gente tenga expectativas en ti, de que la gente confíe en que puedes ganar, en realidad es una cosa muy bonita.

Entonces, por ejemplo, una cosa que digo siempre a mis deportistas es que una persona te diga que cree que puedes ganar una competición, que espere que puedes ganarlo, en realidad es algo muy positivo. Entonces es algo que no se tiene que volver en nuestra contra, porque al final la gente que nos apoya, la gente que está en nuestro equipo, no va a pensar peor de nosotros porque una competición no nos salga, sino todo lo contrario.

Nosotros, cuando vemos a una persona pelear y nos parece que tiene un nivel, independientemente de que esa persona gane o pierda, seguimos pensando que tiene el mismo nivel, porque ni somos tan buenos cuando ganamos ni tan malos cuando perdemos.

Entonces creo que la manera de gestionar esa presión es tomárselo como lo que es: algo bueno. Que la gente te vea como una persona que tiene posibilidades de ganar significa que realmente las tienes. Y también saber que la gente que confía en ti no se va a sentir defraudada si ese resultado finalmente no llega, porque esa gente entiende que competir es algo complicado y que no todo depende de ti.

También, en mi caso, me ayuda mucho a gestionar todo ese tipo de cosas el hecho de saber que tengo, como yo digo, los deberes hechos. O sea, que he hecho el físico que tenía que hacer, que he hecho todos los entrenamientos que he podido; es decir, saber que no puedo llegar a ese evento más o mejor preparada de lo que estoy.

Saber que llego a una competición habiendo dado mi máximo, que no me he guardado nada y que he puesto toda la carne en el asador, eso me da mucha confianza. Porque creo que, independientemente del resultado, que lógicamente cuando es malo es una decepción muy grande, tienes que sentirte orgullosa.

Y creo que la gente que te conoce y ha formado parte de ese proceso es lo que va a sentir también. No va a sentir en ningún momento sensación de fraude, ni mucho menos.


Lo que viene y lo que aún necesita el karate

19. ¿Dónde se ve Ruth Lorenzo en los próximos años dentro del karate?
Pues mira, la verdad es que me veo compitiendo. Lógicamente ya soy una deportista que tiene una edad, pero me encuentro muy bien. Entonces, yo siempre digo que mientras me encuentre así de bien y siga teniendo la misma ilusión y las mismas ganas por estar ahí, pues seguiré. O sea que me veo compitiendo.

Me gustaría verme en algún podio internacional y seguir intentando ganar todas las competiciones que pueda, aunque ya sé que mis adversarias me lo van a poner súper difícil.

Y luego, a nivel profesional, me gustaría continuar trabajando con mis deportistas y pudiendo acompañarlos a nivel nacional e internacional, porque al final el karate es mi pasión, tanto como competidora como entrenadora.

Así que, bueno, digamos que me veo un poco en la misma línea que he llevado hasta ahora, por lo menos para los próximos años, y lógicamente intentando que sea al máximo nivel que pueda y seguir mejorando poco a poco en todo lo que pueda.

20. ¿Qué necesita una deportista como tú para seguir creciendo y qué apoyos institucionales o de patrocinio marcarían la diferencia?
Yo creo que principalmente el problema que tenemos en karate es que no podemos vivir de nuestra actividad deportiva.

Y eso hace que dependas de muchas cosas para poder dedicarte a ella profesionalmente, así que todo se vuelve mucho más difícil.

Sería fundamental, y marcaría la diferencia, tener apoyos institucionales o de patrocinio en el sentido económico. Si tuviésemos un respaldo que nos permitiera dedicarnos única y exclusivamente a entrenar y competir, creo que el salto cualitativo sería enorme.

Porque competir y entrenar requiere una implicación y un esfuerzo muy grandes. Y si tienes que repartir todo eso entre el trabajo, las competiciones y los entrenamientos, está claro que no vas a poder rendir igual.

Además, esa parte económica muchas veces condiciona que puedas tener un equipo multidisciplinar, trabajar con un psicólogo, con un fisioterapeuta o que tu entrenador pueda acompañarte a las competiciones. Y eso, que parece básico, muchas veces no está garantizado. A veces incluso tienes que elegir entre una competición u otra simplemente porque no tienes los recursos para afrontarlas.

Por eso creo que, si los patrocinadores apostaran no solo por apoyar con material, sino también económicamente, y si las instituciones permitieran que los karatekas pudiésemos dedicarnos de verdad a prepararnos y competir, habría una mejora muy importante. Podríamos descansar mejor, llegar a los entrenamientos al cien por cien y competir en mejores condiciones.

Y creo que eso también influye en la edad de muchos deportistas del karate español, tanto en kumite como en kata, porque compatibilizar el alto rendimiento con una vida laboral y personal es muy difícil. Llega un momento en el que muchas personas tienen que decidir entre seguir compitiendo a ese nivel o centrarse más en su trabajo y en su carrera profesional.

Yo, en ese sentido, me considero una persona afortunada, porque disfruto muchísimo de mi trabajo y además es un trabajo que me permite entrenar y competir al máximo nivel. Es verdad que a veces no descanso lo que debería, pero aun así puedo compatibilizarlo bastante bien.

Y luego también cuento con algunos apoyos, como el Concello de Teo, la Fundación Deporte Galego, Centro Falguera, PUNOK, la Federación Gallega de Karate y mi club, el Club San Francisco de Teo, que me ayudan y que valoro muchísimo.. No cubren completamente todos los gastos que requiere prepararte y competir al máximo nivel, ni tener todos los recursos necesarios para competir a nivel internacional, pero sí cubren una parte y eso ya es muy importante.

Al final, en la carrera de un deportista influyen muchos factores, y esa ayuda, aunque no lo cubra todo, también marca una diferencia y es algo que hay que valorar mucho.

21. ¿Qué le dirías a una niña que empieza y sueña con llegar a lo más alto?
Bueno, pues la verdad es que la animaría, porque yo siempre digo que hay que tener la cabeza en el cielo y los pies en la tierra.

Entonces le diría que, si es lo que sueña, luche por conseguir sus sueños, que dé el máximo y que, si trabaja muchísimo y no se rinde, a lo mejor puede llegar a conseguirlo.

Entonces, que nunca se rinda y que, si es su sueño de verdad, vaya a por él con todas sus ganas.


Al terminar esta entrevista con Ruth Lorenzo queda una sensación muy clara: detrás de la campeona de España hay una deportista con una trayectoria construida desde la constancia, la exigencia y una enorme capacidad para seguir adelante en los momentos difíciles.

A lo largo de sus respuestas ha compartido no solo su visión del combate, sino también todo lo que hay detrás: las dudas, las renuncias, el trabajo mental, la importancia del entorno y la ambición de seguir creciendo dentro del karate.

Desde dojodigital queremos agradecerle especialmente el tiempo, el cuidado y la implicación con los que ha respondido a cada pregunta. Se ha tomado esta entrevista en serio, se ha volcado en sus respuestas y eso ha permitido construir una conversación con contenido, con profundidad y con mucho valor para quienes viven el karate desde dentro.

Ruth habla como compite: con claridad, con intensidad y sin reservarse nada.

Y quizá por eso esta entrevista deja algo más que titulares. Deja una idea muy clara de lo que significa sostener un camino largo, exigente y profundamente vocacional dentro del alto rendimiento.

Gracias, Ruth, por compartirlo con esta honestidad.

El Campeonato de España Máster 2026 confirmó que el kata veterano vive un momento muy serio

El Campeonato de España Máster 2026 confirmó que el kata veterano vive un momento muy serio

Si algo volvió a demostrar el Campeonato de España Máster 2026 es que el kata veterano en España ya no admite lecturas condescendientes. No es una competición simpática, ni un apéndice emocional del calendario, ni una reunión de nombres con pasado. Es presente competitivo. Es nivel real. Y, en varias categorías, es una pelea abierta entre karatekas que siguen compitiendo con hambre, oficio y una capacidad técnica que obliga a mirar el cuadro con respeto.

La Nucía volvió a ser escenario de un campeonato cargado de nombres fuertes, cruces duros y finales que, en algunos casos, confirmaron la lógica previa y, en otros, la rompieron. Hubo categorías donde el favorito cumplió. Otras en las que apareció una campeona o un campeón con autoridad inesperada. Y algunas, como Vet3 masculino y femenino, donde el nivel del cuadro ya anunciaba que no iba a haber ni una sola ronda cómoda.

Vet2 masculino: Valentín Marcos cumplió como un campeón grande

Había categorías con mucha igualdad y otras con mucho ruido competitivo. Vet2 masculino pertenecía a otro tipo: la categoría de los nombres pesados.

Y dentro de ese cuadro, Valentín Marcos Nieto volvió a hacer lo que se espera de los competidores que ya no llegan solo con cartel, sino con jerarquía. Su campeonato fue sólido y su final, contundente. El 5-0 sobre Rui Jorge Ferreira-Teixeira Jerónimo no deja demasiado espacio para la discusión: Valentín fue superior y se llevó el oro con autoridad.

Pero su victoria no reduce el mérito del recorrido. En semifinales superó con claridad a Alejandro Gil Díaz, que acabaría colgándose el bronce, mientras que por el otro lado del cuadro Rui fue creciendo hasta frenar la muy buena actuación de Álvaro Rosales Pérez, otro de los nombres que dejó sensaciones serias y que terminó también en el podio.

Fue, en definitiva, una categoría importante por lo que pasó y por cómo pasó: el gran nombre previo respondió como gran nombre y convirtió su presencia en una confirmación.

FOTOGRAFÍA: RFEK.

Vet3 masculino: la categoría que prometía todo… y explotó demasiado pronto

Si hubo una categoría marcada desde antes de empezar, fue esta.

Por nombres, por antecedentes y por profundidad, Vet3 masculino llegaba a La Nucía como una de las categorías más esperadas del campeonato. Y no decepcionó. Pero dejó una sensación inevitable: el encuentro entre Damián Veiga y José Mateos llegó demasiado pronto.

FOTOGRAFÍA: RFEK.

Y fue una pena.

Porque ese enfrentamiento tenía algo que pocas veces se consigue fabricar: historia previa, tensión competitiva y el peso de dos nombres que, por nivel, podían haber sostenido perfectamente una final. Pero el cuadro quiso otra cosa. Y en ese cruce temprano, José Mateos se impuso 4-1 a Damián Veiga, dejando muy pronto fuera del camino principal a uno de los grandes referentes de la categoría.

Ese detalle cambió todo el campeonato.

Porque a partir de ahí, la lectura de Vet3 ya no fue la de una final esperada, sino la de un cuadro reordenado a golpes. Y ahí José Mateos no se limitó a sobrevivir al gran cruce: construyó un campeonato de campeón. En cuartos derrotó con claridad a Jesús Rodríguez Conejero, en semifinales pasó por encima de David Aparicio Fernández con otro 5-0, y en la final cerró el oro con un 4-1 sobre Óscar Botrán de Castro.

FOTOGRAFÍA: RFEK.

Fue una actuación seria, firme y sin concesiones.

Botrán, por su parte, volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los perfiles más técnicos y fiables del panorama máster. Se abrió paso por una mitad muy dura del cuadro, fue avanzando con solvencia y acabó llevándose una plata de muchísimo mérito. Su semifinal ante David Saorín Morote, resuelta con un claro 5-0, reforzó esa sensación de competidor que cuando entra en zona de medalla se mueve como en casa.

Los bronces fueron para David Saorín y David Aparicio, dos nombres que sostuvieron también mucho nivel competitivo durante toda la jornada. Saorín se rehízo en la repesca tras caer ante Botrán y derrotó a Sergio Felipe De Cabo Machín para subirse al podio. Aparicio, por su parte, encontró en la repesca un cruce de enorme valor simbólico ante Damián Veiga, al que terminó superando por 3-2 para cerrar el otro bronce.

Y ahí queda otra imagen potente de la categoría: Veiga fuera de las medallas en un cuadro que, sencillamente, no permitía un segundo error.

También merecen mención nombres como Sven Krings, Jesús Ruiz Alcolea, Rafael Fernández Luna, José Miguel Giráldez, Oumar Fall Ndao o el propio De Cabo, porque todos ellos contribuyeron a que Vet3 volviera a ser lo que parecía en la previa: una categoría de profundidad real, no de dos o tres nombres aislados.

Vet3 femenino: una de las categorías más densas del campeonato confirmó su dureza

Si Vet3 masculino traía cartel, Vet3 femenino traía densidad.

Y eso se notó en el desarrollo del cuadro.

Antes de competir ya era una de esas categorías que, al mirarla, obligaba a levantar la ceja. Diana Bagan llegaba fuerte, con muy buenos antecedentes recientes. Esther García venía encadenando crecimiento y podios. Rosario Álvaro Higueras regresaba con peso competitivo. Marta González mantenía nombre propio en la categoría. Teresa Muñoz de Galdéano subía después de haber sido campeona en la anterior. Y además faltaba la vigente campeona de España, un detalle que abría aún más el escenario.

No faltaban tampoco quienes, antes de empezar, señalaban Vet3 femenino como una de las categorías más densas y exigentes del campeonato. Entre ellas, Leticia Mateos, cuya lectura previa del cuadro resultó especialmente certera. El desarrollo de la categoría terminó confirmándolo.

La campeona fue Diana Bagan Manzanet, que firmó un campeonato excelente y remató el oro con un clarísimo 5-0 en la final ante Rosario Álvaro Higueras. Fue una victoria incontestable en el encuentro por el título y una demostración de que llegaba en un momento fuerte de verdad, no solo sobre el papel.

FOTOGRAFÍA: RFEK.

La plata de Rosario también tiene mucho valor. No solo por la medalla, sino por cómo sostuvo su lado del cuadro en una categoría llena de rivales peligrosas.

Los bronces fueron para Esther García González y Teresa Muñoz de Galdéano. En el caso de Esther, el podio confirma una tendencia: sigue apareciendo donde están las medallas. En el de Teresa, el resultado tiene un mérito añadido, porque llega al podio en una categoría nueva después de subir desde la anterior, y eso siempre exige una adaptación competitiva importante.

Detrás del podio quedaron también nombres de muchísimo nivel como Nuria López Molla, Maider Noguera, Mercedes Moreno Segarra o Alicia Balaguer Planelles, lo que refuerza todavía más la idea de que Vet3 femenino fue una de las categorías más duras y más completas de todo el campeonato.

Vet4 masculino: la categoría que rompió el guion

Si había una categoría que parecía llegar con una dirección bastante clara, esa era Vet4 masculino. Y, sin embargo, fue una de las que dejó una de las grandes sorpresas del campeonato.

Porque el oro no fue para el nombre que más miradas concentraba antes de empezar, sino para Carlos Antonio García Hernández, que firmó una actuación enorme y cerró la final con un 5-0 sobre Fernando Ruiz Hurtado.

La final se resolvió con ese 5-0, aunque el encuentro quedó condicionado por un desequilibrio que, en una categoría de este nivel, pesa muchísimo. Aun así, más allá de ese detalle, la final reunió a dos competidores de enorme nivel. Carlos Antonio supo competir con solidez y aprovechar su momento, mientras que Fernando Ruiz Hurtado volvió a demostrar por qué es una de las grandes referencias de la categoría: técnico, fiable y siempre competitivo. Fue, en cualquier caso, una final entre dos nombres fuertes de Vet4 masculino.

Los bronces fueron para David Toquero Alonso y José Ángel Rodríguez Castro, ambos después de recorridos muy serios en una categoría donde también aparecían nombres como José Antonio González Magadán, Edorta García Vega, Alejandro Cardona Mena, Fernando Fleírez Nieto o Pablo Aparicio Antón. Vet4 no fue una categoría estridente, pero sí una de esas en las que el oficio, la calma y la precisión marcaron diferencias enormes.

Vet2 femenino: Patricia Alonso Retamar se quedó con el oro

En una categoría donde el foco previo podía irse fácilmente hacia nombres de mucho historial, el oro terminó cayendo del lado de Patricia Alonso Retamar, que firmó una final impecable y derrotó 5-0 a Lidia Díez Herrero.

La victoria tiene peso porque no llegó en un cuadro sencillo. Paula Rodríguez Nieto, por ejemplo, aparecía como uno de los grandes nombres de la categoría, pero cayó antes de las medallas ante Irene Rotger Alzina, que acabaría subiendo al podio. Por el otro lado, Silvia Esther Reyes Hernández completó también un gran campeonato para cerrar el doble bronce.

Fue una de esas categorías donde el nombre más grande no bastó para gobernar el cuadro y donde la competición terminó premiando a quien mejor supo sostener cada ronda.

Vet1 masculino y femenino: dos aperturas con buen nivel y finales claras

En Vet1 masculino, el oro fue para Enrique Nieto Madruga, que se impuso 3-2 a Rubén González de Fez en una final ajustada. Fue una categoría con muy buenas señales desde el principio, con Jesús Consuegra Gómez y Damián Esquivel Sigut completando el podio. El recorrido de ambos confirma que Vet1 no fue solo una categoría de apertura, sino una de las que mejor nivel medio dejó entre los primeros cuadros.

En Vet1 femenino, la campeona fue Lucía García Gutiérrez, que cerró la final con un muy claro 5-0 ante Lara Herrero Merino. Los bronces de Alexandra Ledesma Alonso y Patricia Martínez Quintero completaron un podio sólido y dieron a la categoría una lectura clara: Lucía llegó, compitió y mandó.

Vet4 femenino y Vet5: campeonas y campeones con autoridad

En Vet4 femenino, la campeona fue Maribel Otiña Hernández, que superó con claridad 5-0 a Susana Beltrán Pérez en la final. Los bronces fueron para Marian Fiol Pastor y María del Rosario Peña Martín, en una categoría bien trabajada y con recorrido competitivo serio.

En Vet5 masculino, Miguel Ángel González Lozano se llevó el oro tras imponerse 5-0 a Agustín Tomás García Cuesta, confirmando una actuación muy sólida de principio a fin. Carlos Moltó Penche y Carlos León Mariezcurrena completaron el podio.

Y en Vet5 femenino apareció otra lectura interesante del campeonato: Gemma Rodríguez Pardo se llevó el oro, con Mónica Uriol Herrero como plata, en una categoría donde también subieron al podio Yolanda de la Roca Pascual y Carmen López Mena. Fue un cuadro con mucho nivel y una final que confirmó el gran momento competitivo de Gemma.

De Vet6 a Vet8: el máster no se apaga, se afila

Las categorías más altas volvieron a dejar una imagen muy valiosa del campeonato: el nivel no cae con la edad; cambia de forma.

Rafael Guerrero Maldonado se llevó el oro en Vet6 masculino, con Francisco Ortega Galán como plata. En Vet6 femenino, doblete madrileño con Rosa Cuevas González y Ángeles Cárdenas Mata.

En Vet7 masculino, el oro fue para Jesús Consuegra Peñuelas, con Ricardo Tapia Ramos como plata, mientras que en Vet7 femenino el título fue para María José Sanz Sánchez.

En Vet8 masculino, José Luis Cubería Martínez volvió a imponerse, con Gustavo Adolfo Reque CereiJo como plata. Y en Vet8 femenino, el oro fue para Hortensia Durán Ortiz.

Dúo y para-karate: otro nivel de atención y de respeto

El campeonato también dejó espacio para el kata dúo, donde Asturias y Euskadi firmaron actuaciones destacadas en +35, y Madrid y Euskadi se repartieron protagonismo en +51.

Y, como siempre, el para-karate volvió a aportar una dimensión imprescindible al campeonato. Félix Escribano Azabarte, Francisco Javier Berenguer Ruiza y Vicente Yángüez Santalla se llevaron los oros en sus respectivas categorías, recordando que el Campeonato de España Máster no se entiende solo por la profundidad del kata veterano tradicional, sino también por su capacidad para reunir diferentes realidades competitivas bajo el mismo respeto.

Un campeonato que deja algo más que podios

La lectura final es bastante clara: el Campeonato de España Máster 2026 de kata dejó campeones esperados, sí, pero también cuadros rotos antes de tiempo, categorías especialmente densas y algunas finales que cambiaron por completo la fotografía previa.

Vet3 masculino fue, seguramente, la categoría que más tensión traía desde antes de empezar, y el temprano encuentro entre Veiga y Mateos le dio un giro decisivo. Vet3 femenino confirmó que su nivel previo no era un espejismo. Vet2 masculino vio a Valentín Marcos cumplir como gran referencia. Y Vet4 masculino dejó una de las imágenes más llamativas del campeonato con el oro incontestable de Carlos Antonio García Hernández.

Eso es, seguramente, lo mejor que puede decirse de un Campeonato de España Máster: que no se limita a repartir medallas. Obliga a leerlo. Obliga a interpretarlo. Obliga a contarlo bien.

Y este, desde luego, lo merecía.