Oviedo confirma el relevo: la cantera española ya compite con nombres propios

Oviedo confirma el relevo: la cantera española ya compite con nombres propios

El Campeonato de España Infantil 2026 dejó mucho más que una relación de campeones. Dejó señales. Algunas muy claras. En Oviedo no solo se repartieron medallas; se confirmaron trayectorias, se consolidaron nombres que ya venían avisando desde el año anterior y aparecieron nuevos perfiles que empiezan a pedir sitio dentro del mapa nacional del karate de base.

Durante dos días, el Palacio de los Deportes de Oviedo reunió a las categorías benjamín, alevín, infantil y juvenil en una competición que volvió a demostrar una realidad evidente: el karate español tiene cantera. Y no una cantera entendida como promesa vaga, de esas que se dicen por decir. Tiene competidores que repiten finales, deportistas que suben de categoría y siguen en el podio, campeones que defienden título, jóvenes que pasan del diploma al oro y federaciones autonómicas que mantienen un trabajo sólido en edades tempranas.

El campeonato, convocado por la Real Federación Española de Karate para los días 9 y 10 de mayo de 2026, se estructuró en tres jornadas: una primera dedicada al kata benjamín masculino, al kata y kumite alevín masculino y al kata y kumite juvenil masculino; una segunda para el bloque femenino de benjamín, alevín y juvenil; y una tercera jornada para infantil masculino y femenino, además del para-karate infantil y juvenil. No fue una competición menor ni en volumen ni en exigencia: ocho tatamis, muchas categorías, horarios ajustados y una densidad competitiva que obliga a mirar más allá del resultado final.

Porque en estas edades el podio importa, claro. Para quien compite, importa muchísimo. Pero para entender el campeonato hay que mirar también otra cosa: la continuidad. Quién venía de ganar. Quién subía de categoría. Quién no desaparece cuando cambia el peso, la edad o el contexto. Quién convierte un diploma del año anterior en una medalla. Quién sostiene el nivel cuando ya no compite contra los mismos. Ahí es donde empieza a leerse el verdadero currículo competitivo.

Y este Campeonato de España Infantil 2026 dejó varios mensajes.

El kata: continuidad, madurez temprana y nombres que empiezan a pesar

El kata volvió a ser una de las grandes ventanas del campeonato. Y lo hizo con una mezcla interesante: campeones nuevos, deportistas que repiten éxito y nombres que, al comparar con 2025, empiezan a construir una trayectoria que ya no puede verse como casualidad.

En Kata Benjamín Masculino, el oro fue para Mario García García, de Madrid, por delante de Alain Fernández Arboleda, de Navarra. Los bronces fueron para Mauro Suárez Anta, de Galicia, y Victor Dolynnyy Lytvitskyy, de Andalucía. En una categoría tan temprana, el resultado siempre debe leerse con cuidado: hablamos de deportistas muy jóvenes, todavía en pleno proceso formativo. Pero también es cierto que estas primeras medallas nacionales suelen señalar a niños que ya compiten con una concentración impropia de su edad.

En Kata Benjamín Femenino, Inés Rasero Romero, de Extremadura, se proclamó campeona de España, con Vealeria Alexandra Singh Palomo, de Andalucía, como subcampeona. Martina Feito Yedra, de Madrid, y Arai Elordui Obregón, de Asturias, completaron el podio. Extremadura, que ya venía teniendo nombres importantes en kata femenino de base, volvió a colocar una campeona en una categoría sensible para medir el trabajo de iniciación.

En Kata Alevín Masculino, el título fue para Andrés González Gómez, de Madrid. Y aquí ya aparece una de las primeras lecturas importantes del campeonato: Andrés no llega de la nada. En 2025 fue campeón de España en Kata Benjamín Masculino. En 2026, al subir a alevín, vuelve a ganar. Ese dato cambia completamente la lectura del oro. No hablamos solo de un buen campeonato, sino de una progresión sostenida en el cambio de categoría. Ganar en benjamín ya tiene mérito; subir a alevín y volver a imponerse demuestra una adaptación competitiva muy seria.

La plata fue para Romeo Suárez Rodríguez, también de Madrid, lo que refuerza el peso madrileño en esta categoría. Los bronces fueron para Iván Fernández Gómez, de Andalucía, y Alejandro Ribao Rodríguez, de Galicia. Madrid firmó aquí un doblete de mucho valor, pero el podio también dejó presencia andaluza y gallega, dos territorios que aparecen de forma constante en los resultados de kata.

En Kata Alevín Femenino, Andalucía tuvo una actuación especialmente fuerte. María Fuentes García se proclamó campeona de España, Lucía Torres Tapia fue plata y Paris González González logró el bronce, también para Andalucía. El otro bronce fue para Ana Sempere Serrano, de Valencia. Tres andaluzas entre las cuatro medallistas: no es un detalle menor.

Entre los nombres propios del campeonato aparece con fuerza el de María Fuentes García, campeona de España en Kata Alevín Femenino. Natural de Peñaflor, en Sevilla, pero residente y formada deportivamente en Marbella, Málaga, María representa muy bien esa realidad del karate actual: niños y niñas que crecen entre kilómetros, tatamis, entrenamientos y campeonatos, hasta que un día todo ese trabajo se convierte en una medalla de oro nacional. Su título no es solo un resultado; es una señal. Porque cuando una deportista tan joven sube a lo más alto en kata, lo que se premia no es únicamente la ejecución de un día, sino una forma de entrenar, de escuchar y de sostener la presión cuando el tatami se queda en silencio.

El bronce de Paris González González también merece lectura. En 2025 fue campeona de España en Kata Benjamín Femenino. En 2026, ya en alevín, vuelve a subir al podio. No repite oro, pero mantiene presencia entre las mejores en una categoría superior. Ese tipo de continuidad es importante: hay deportistas que brillan un año y desaparecen al siguiente; Paris no ha desaparecido. Sigue ahí.

La categoría Infantil Masculina dejó uno de los datos más sólidos del campeonato: Álvaro Alejandro Rodríguez, de Castilla-La Mancha, volvió a proclamarse campeón de España. Ya había ganado en 2025 en esta misma categoría y en 2026 defendió el título con éxito. Más aún: Alejandro Maldonado Carmona, de Andalucía, volvió a ser plata, repitiendo exactamente el mismo puesto del año anterior. Cuando una final o una parte alta del cuadro se repite de un año a otro, no hablamos solo de resultados aislados. Hablamos de una rivalidad deportiva, de dos competidores que han sido capaces de sostenerse durante todo un ciclo.

Los bronces fueron para Luka Fernández González, de Castilla y León, y Javier Florentino Alcaraz, de Andalucía. Y el caso de Javier también merece atención: en 2025 fue campeón de España en Kata Alevín Masculino. En 2026, ya en infantil, sube al podio con un bronce. De nuevo, cambio de categoría y continuidad competitiva. Quizá no repite oro, pero confirma que su nivel no dependía solo de un momento o de una edad concreta.

En Kata Infantil Femenino, Martina Capetillo López se proclamó campeona de España, representando a Castilla-La Mancha. Este resultado tiene una lectura especialmente potente, porque en 2025 ya había sido campeona en Kata Alevín Femenino. Es decir: sube de categoría y vuelve a ganar. Esa es una de las progresiones más claras de todo el campeonato. Carolina Sánchez Ryskova, de Andalucía, fue plata, mientras que Carmen Cruz Jaramillo y Carolina Oliveira Balbuena, ambas también de Andalucía, lograron los bronces. Otra vez, Andalucía aparece con una densidad enorme en kata femenino.

En Kata Juvenil Masculino, Zeyn Muller Mohamdi, de Andalucía, se llevó el oro, con José Luis Huerta Martínez, de Asturias, como subcampeón. Los bronces fueron para Diego Maldonado Carmona, de Andalucía, y Adrián Portal Mirón, de Madrid. Aquí hay varias capas. Zeyn ya fue plata en Kata Alevín Masculino en 2025, y en 2026 aparece como campeón juvenil. Su apellido ya venía señalado en los resultados y ahora se coloca en lo más alto. Diego Maldonado Carmona, por su parte, refuerza esa presencia andaluza en kata masculino, mientras que Adrián Portal Mirón repite presencia en la zona alta: en 2025 ya fue diploma en Kata Juvenil Masculino y en 2026 entra en medalla.

En Kata Juvenil Femenino, el oro fue para Luna Capetillo López, de Castilla-La Mancha. Y este es uno de los relatos más interesantes del campeonato. En 2025 había sido diploma en esta misma categoría; en 2026 se convierte en campeona de España. Eso habla de un salto competitivo real. No de una aparición repentina, sino de una deportista que ya estaba cerca y que un año después transforma esa cercanía en título. Valeria Rebollo Carvajal, de Extremadura, fue plata, tras haber sido campeona en Kata Infantil Femenino en 2025. También aquí hay continuidad: cambia el año, cambia la categoría, pero sigue arriba. Los bronces fueron para Inara Álvarez Fernández, de Asturias, campeona juvenil en 2025, y Amparo Garrido Camarasa, de Valencia.

El kata femenino, visto en conjunto, dejó una fotografía muy clara: Andalucía tuvo una presencia fortísima en alevín e infantil, Castilla-La Mancha colocó campeonas de enorme peso competitivo, Extremadura mantuvo nombres relevantes y Asturias, Valencia y Madrid siguieron apareciendo en la zona noble. No fue un campeonato monopolizado por una sola federación. Fue, más bien, un mapa bastante distribuido, pero con focos muy claros de trabajo continuado.

Kumite: campeones que repiten, cambios de peso y saltos competitivos

Si el kata permitió leer trayectorias con calma, el kumite ofreció una fotografía distinta: cambios de peso, adaptación física, gestión táctica y competidores que, en apenas un año, han tenido que enfrentarse a rivales y contextos muy diferentes. En categorías de base, eso es clave. A estas edades, cambiar de peso o de categoría puede alterar por completo el tipo de combate. Por eso, cuando alguien repite oro o mejora claramente su resultado, el dato tiene más valor del que parece.

En Alevín Masculino -28 kg, el oro fue para Oliver Gómez Fernández, de Castilla-La Mancha, con Pablo Ribeiro Cabal, de Asturias, como plata. Ribeiro ya había sido bronce en esta misma franja de edad y peso en 2025, así que su plata de 2026 marca una progresión clara: de tercer puesto a finalista. Los bronces fueron para Izan Cordero Capitán, de Andalucía, y Ángel Rebollo Díez, de Madrid.

En Alevín Masculino -34 kg ganó Hugo González Peralvarez, de Murcia, por delante de Enzo Berbegal Pérez, de Aragón. Lucas Tovar de Loos, de Canarias, y Mario Martínez Díez, de Asturias, completaron el podio. En Alevín Masculino +34 kg, el oro fue para Pablo Ramírez Rodríguez, de Valencia, con Thiago Naranjo Linares, de Castilla-La Mancha, como plata. Los bronces fueron para Alessandro Raúl Martínez Madrid, de Andalucía, y Éinar Hita Morato, de Madrid.

En Alevín Femenino -26 kg, María Puebla Hernández, de Castilla-La Mancha, dio un salto importante respecto al año anterior: en 2025 había sido diploma y en 2026 se proclamó campeona. Es uno de esos casos que explican muy bien cómo se construye el rendimiento en edades tempranas. No siempre se pasa de no estar a ganar; muchas veces primero se entra en la zona de diploma, se aprende a competir en el tramo final del cuadro y, al año siguiente, se llega más preparada para rematar. La plata fue para Idaira Ruiz López, de Valencia, y los bronces para Carmen Bartolomé Ramos, de Castilla y León, y María Jesús Barroso Delgado, de Extremadura.

En Alevín Femenino -32 kg, Madrid firmó doblete con Valeria Trang Lloret Martínez como campeona y Mikaela Gomes Mendes como subcampeona. Los bronces fueron para Abril Álvarez Núñez, de Cataluña, y Maya Moral Muro, de Castilla y León. En Alevín Femenino +32 kg, Cristina Stefania Ioncea, de Madrid, se llevó el oro, con Daniela Rubio Villazala, de Castilla y León, repitiendo plata por segundo año consecutivo en esta categoría. Los bronces fueron para Bárbara Trujillo Carrillo, de Ceuta, y Victoria Castro Lucena, de Andalucía.

En Infantil Masculino -30 kg aparece uno de los nombres más sólidos del kumite de base: Milan Suárez Rodríguez, de Madrid. Campeón en 2025 y campeón de nuevo en 2026. Repetir oro en una categoría de kumite infantil no es sencillo. El cuerpo cambia, los rivales te estudian, el entorno competitivo ya te reconoce y la presión aumenta. Milan no solo gana; confirma. La plata fue para Cristian González Mariscal, de Extremadura, y los bronces para Jairo Martínez Íñiguez, de Madrid, y Alejandro Maldonado Carmona, de Andalucía, que además venía de ser plata en kata infantil masculino. Competidor completo, presencia doble y lectura interesante: no todos los perfiles son especialistas cerrados desde tan jóvenes.

En Infantil Masculino -35 kg, el campeón fue Iker Cadenas Fernández, de Asturias, con Martín García Banda, de Extremadura, como plata. Los bronces fueron para Álvaro Parada Moreno de la Santa y David Naranjo Chinchilla, ambos de Castilla-La Mancha. Parada venía de ser campeón alevín -34 kg en 2025; en 2026, ya en infantil, vuelve a podio. No mantiene el oro, pero sí la presencia competitiva. Ese tipo de transición importa.

En Infantil Masculino -40 kg, Enzo Rey Contera, de Castilla-La Mancha, se proclamó campeón tras haber sido plata en Infantil -35 kg en 2025. De nuevo, una progresión directa: finalista un año, campeón al siguiente, y además en otra categoría de peso. La plata fue para Oscar López Ikuta, de Baleares, mientras que los bronces fueron para Iker Arévalo Martínez, de Castilla-La Mancha, y Joan Castillo Puig, de Cataluña.

En Infantil Masculino -45 kg, el oro fue para Martín Fernández Casanoves, de Valencia. Gonzalo Gilgado Casado, de Extremadura, fue plata, después de haber sido también plata en Infantil -40 kg en 2025. Otro nombre que se mantiene en finales pese al cambio de peso. Alex Lorenzo Constantin, de Madrid, y Maximiliano Ortega Gómez, de Murcia, lograron los bronces. Lorenzo también venía de bronce en 2025, lo que refuerza su regularidad.

En Infantil Masculino +45 kg, Leo Huertas Casamayón, de Madrid, protagonizó uno de los movimientos más llamativos del campeonato. En 2025 fue campeón en Infantil -40 kg; en 2026 aparece como campeón en +45 kg. El dato, si se mira con calma, es muy potente: no solo repite éxito, sino que lo hace en un contexto físico completamente distinto. En kumite, eso no es un matiz. Cambia la distancia, cambia el contacto, cambia la gestión del ritmo y cambia la forma de resolver. La plata fue para Adrián Castaño Díaz, de Asturias, y los bronces para Nicolás Pusztai y Joaquín Fajardo Martagón, ambos de Andalucía.

En Infantil Femenino -30 kg, Vega Resina Fuentes, de Valencia, se llevó el oro, con Vega Tinoco Quero, de Ceuta, como subcampeona. Los bronces fueron para Leia Rodrigo Ruiz, de Castilla-La Mancha, y Milagros Paredes Guerreño, de Cataluña. En Infantil Femenino -36 kg, Noelia Torrenteras Novillo, de Madrid, repitió título nacional. Otro caso claro de continuidad. Noelia ya había ganado en 2025 y en 2026 vuelve a colocarse arriba. La plata fue para Noa Gil Díaz, de Cataluña, y los bronces para Lucía Díaz García, de Andalucía, y Carolina Oana Marin Sfetcu, de Madrid.

En Infantil Femenino -42 kg, Isabel Revueltas Grancha, de Andalucía, dio otro salto competitivo de los que hay que subrayar. En 2025 fue diploma en esta misma categoría; en 2026 se proclamó campeona de España. La plata también fue andaluza, para Camino Martínez Vicente, y los bronces para Daniela Casado Fernández, de Galicia, y Patricia Gutiérrez Cuenca, de Andalucía. Tres andaluzas en el podio, igual que había ocurrido en kata alevín femenino. No es casualidad: el bloque femenino andaluz tuvo mucho peso en Oviedo.

En Infantil Femenino +42 kg, Maya Miranda Blesa, de Baleares, pasó de plata en 2025 a oro en 2026. Progresión directa y muy significativa. María Martín Espinar, de Andalucía, fue plata, y los bronces fueron para Celia Ibáñez Carrillo, de Andalucía, y Tatiana Blasco Barea, de La Rioja. La categoría tuvo además un interés especial por la presencia de nombres baleares que ya venían marcando el kumite femenino de base el año anterior.

Juvenil: donde la cantera empieza a parecer competición adulta

La categoría juvenil siempre tiene algo distinto. Ya no hablamos solo de iniciación competitiva. Empiezan a verse automatismos, lectura táctica, gestión del marcador y competidores que entienden mejor cuándo acelerar, cuándo esperar y cuándo arriesgar. En Oviedo, el bloque juvenil dejó varios campeones con lectura de trayectoria.

En Juvenil Masculino -35 kg, Darío Pastor Rubio, de Aragón, ganó el oro, con Ferran Martí Marco, de Valencia, como plata. Los bronces fueron para Izan Merchan Díez, de Cantabria, y José Ramón Barroso Delgado, de Extremadura. Merchan ya había sido bronce en 2025 en Juvenil -36 kg, lo que confirma regularidad en el podio.

En Juvenil Masculino -40 kg, Marcos Ruiz Cruz, de Castilla-La Mancha, se proclamó campeón, con Leo Torres Olmo, de Madrid, como subcampeón. Los bronces fueron para Dylan Fuentes Rodríguez, de Canarias, y Miguel Cariñena Gil, de Valencia. En Juvenil Masculino -45 kg, Aitor Ruiz López, de Valencia, pasó de diploma en 2025 a campeón en 2026. Es otro de los grandes saltos del campeonato. Daniel Pastor Parra, de Andalucía, fue plata tras haber sido campeón en Infantil -35 kg en 2025. Neizan Núñez Abreu, de Cataluña, y Alex Cadenas Fernández, de Asturias, lograron los bronces; ambos ya habían sido bronce en el campeonato anterior, lo que convierte esta categoría en una de las más cargadas de continuidad competitiva.

En Juvenil Masculino -50 kg, Gabriel Velilla da Silva, de La Rioja, fue campeón, con Eric Mateo David, de Asturias, como plata. Los bronces fueron para Alonso Sánchez Ramírez, de Murcia, campeón en Infantil -45 kg en 2025, y Gonzalo de la Torre Suárez, de Asturias, plata en esa misma categoría el año anterior. La lectura aquí es clara: varios nombres que venían dominando infantil ya han saltado a juvenil sin perder presencia en el podio.

En Juvenil Masculino -55 kg, Jorge de Sancho Cabrera, de Canarias, confirmó una transición excelente. En 2025 fue campeón en Infantil +45 kg; en 2026 gana en Juvenil -55 kg. El cambio de categoría y peso no le sacó del lugar más alto. La plata fue para Jesús Campo Martín, de Baleares, y los bronces para Gonzalo Tur García, también de Baleares, y Awen Salazar Marban, del País Vasco.

En Juvenil Masculino -60 kg, Miguel Ángel Cobo Ruiz, de Andalucía, protagonizó uno de los saltos más claros del campeonato. En 2025 había sido diploma en esta misma categoría; en 2026 se proclamó campeón de España. A veces el diploma se interpreta como “casi”. Pero en categorías de base puede ser mucho más: puede ser el aviso de que el competidor está cerca, de que ya ha pisado rondas importantes y de que solo necesita un año más de trabajo para convertir esa experiencia en oro. Sergio Enrique Bellido Vicente, de Valencia, fue plata, y Javier Sánchez Rosillo, de Ceuta, y Gabriel Curbelo Lorenzo, de Canarias, lograron los bronces.

En Juvenil Masculino +60 kg, Hugo Huertas Casamayón, de Madrid, fue campeón, con Santiago Ramírez Rodríguez, de Valencia, como plata. Los bronces fueron para Gabriel de Manuel Miranda García, de Cataluña, y Rodrigo Fernández Velázquez, de Madrid. Madrid volvió a colocar nombres fuertes en categorías de mayor peso, manteniendo una presencia amplia en el kumite masculino.

En Juvenil Femenino -37 kg, Aroa Gómez Fontaneda, del País Vasco, ganó el oro, con Claudia Tinoco Quero, de Ceuta, como plata. Los bronces fueron para Olaia González Miguel, también del País Vasco, y Belén Alzola Vilarrasa, de Andalucía.

En Juvenil Femenino -42 kg, Julia Gutiérrez Navamuel, de Cantabria, dio un salto muy significativo: bronce en 2025 en -37 kg y oro en 2026 en -42 kg. Es una progresión de manual. La plata fue para Sofía Castro Majado, de Castilla y León, y los bronces para Zaira Lirio Moya, de Baleares, y Yebel Santa Eufemia Ruiz, de Cantabria.

En Juvenil Femenino -47 kg, Alba Ribas de la Torre, de Baleares, pasó de diploma en 2025 a campeona de España en 2026. Andrea Verachtert Montoro, de Andalucía, repitió plata, aunque el año anterior la había logrado en -37 kg. Eso también tiene valor: cambia de peso y vuelve a la final. Los bronces fueron para Sofía Puebla Hernández, de Castilla-La Mancha, y Jimena Bujalance Prieto, de Andalucía, que ya había sido plata en Infantil -42 kg en 2025.

En Juvenil Femenino -52 kg, Lucía Losada Ruiz, de Andalucía, ganó el oro, con Natalia Trujillo Cubero, también de Andalucía, como plata. Natalia venía de ser campeona en Juvenil -47 kg en 2025, por lo que su plata en 2026 no debe leerse como retroceso simple, sino como continuidad en la élite de su categoría de edad tras cambio de peso. Los bronces fueron para Laura Hernández Esteve, de Valencia, y Martina Rosel Nieto, de Madrid.

En Juvenil Femenino +52 kg, Emma Hernández Castro, de Aragón, completó una progresión limpia: plata en 2025, oro en 2026. Volvió a la final y esta vez la cerró a su favor. Nara Miranda Blesa, de Baleares, fue plata tras haber sido campeona infantil +42 kg el año anterior. Otro salto de categoría con final incluida. Los bronces fueron para María Merino Coin, de Andalucía, y Blanka Nuez López, de Cataluña.

El bloque juvenil dejó una conclusión evidente: muchos competidores que en 2025 estaban en infantil o en categorías inferiores han sabido trasladar su rendimiento al siguiente escalón. Y eso, en karate de base, es probablemente más importante que ganar una medalla aislada.

Para-karate: continuidad, estructura y nombres que consolidan trabajo

El para-karate tuvo presencia propia en el campeonato y debe analizarse como parte central de la competición, no como un apéndice. La circular oficial recogía categorías infantiles y juveniles masculinas y femeninas en discapacidades visuales, intelectuales, silla de ruedas, física y auditiva, y el programa contemplaba también finales y entrega de medallas específicas dentro del desarrollo del campeonato.

En los resultados de 2026 aparecen varias continuidades muy claras respecto a 2025. Néstor Javier Martín, de Valencia, repitió oro en Kata Juvenil Masculino D.Fís.K40. Diego Rodríguez López, de Asturias, volvió a proclamarse campeón en Kata Juvenil Masculino D.Vis.K11. Norah Tena Lagoz, de Madrid, repitió oro en Kata Juvenil Femenino D.Int.K21. Lucía Gómez Amado, de Castilla y León, volvió a ganar en Kata Juvenil Femenino D.Vis.K12.

Estos nombres no deberían quedar escondidos en una tabla. Repetir título en para-karate también exige continuidad, preparación y capacidad para volver a rendir en un contexto nacional. En categorías donde a veces el foco mediático es menor, la estabilidad competitiva tiene todavía más valor.

También hubo progresiones destacables. Martina García Rodríguez, de Madrid, pasó de plata en 2025 a oro en 2026 en Kata Juvenil Femenino D.Vis.K11. Alicia Miguélez Acebes, de Castilla y León, que había sido campeona en 2025, fue plata en 2026. Ese cambio en la parte alta del podio no reduce el valor de ninguna de las dos; al contrario, muestra que hay competencia real, evolución y alternancia.

En Kata Benjamín-Infantil Masculino D.Int.K23, Gonzalo Sánchez Fernández, de Andalucía, pasó de plata en 2025 a oro en 2026. Antonio Ruano Trujillo, también de Andalucía, repitió bronce. En esa misma categoría, Galicia colocó a Ian Alejandro Pulido González como plata y a Gael Gayoso Pascual como bronce. Andalucía, Madrid, Galicia, Valencia, Asturias y Castilla y León aparecen con nombres relevantes en este bloque, lo que habla de una implantación más amplia de lo que a veces se percibe desde fuera.

Hay que decirlo con claridad: una crónica seria de un Campeonato de España Infantil no puede tratar el para-karate como un añadido. Forma parte del campeonato, forma parte del trabajo de clubes y federaciones, y forma parte de la lectura real del karate español.

Las federaciones: dominio repartido, focos muy claros

El Campeonato de España Infantil 2026 dejó un reparto amplio de títulos, pero también algunas tendencias visibles.

Madrid volvió a mostrar una enorme profundidad competitiva. Aparece con oros en kata, en kumite y en para-karate, y además con nombres que repiten o evolucionan respecto al año anterior: Andrés González Gómez, Milan Suárez Rodríguez, Leo Huertas Casamayón, Noelia Torrenteras Novillo, Hugo Huertas Casamayón, Norah Tena Lagoz o Martina García Rodríguez, entre otros. La lectura es clara: Madrid no depende de un solo perfil ni de una sola modalidad.

Andalucía tuvo una presencia muy fuerte, especialmente en kata femenino y en varios bloques de kumite. El oro de María Fuentes García en Kata Alevín Femenino, el título de Zeyn Muller Mohamdi en Kata Juvenil Masculino, el oro de Miguel Ángel Cobo Ruiz en Juvenil -60 kg, el de Isabel Revueltas Grancha en Infantil -42 kg o el de Lucía Losada Ruiz en Juvenil -52 kg muestran un volumen competitivo notable. Pero, además de los oros, Andalucía llenó podios con platas y bronces en muchas categorías. Esa densidad importa.

Castilla-La Mancha firmó un campeonato muy serio, especialmente en kata y kumite infantil. Álvaro Alejandro Rodríguez repitió oro en Kata Infantil Masculino, Martina Capetillo López ganó en Kata Infantil Femenino, Luna Capetillo López se llevó el oro juvenil femenino y Enzo Rey Contera ganó en kumite infantil -40 kg. También aparecen nombres como Oliver Gómez Fernández, María Puebla Hernández o Marcos Ruiz Cruz. No es un resultado puntual: es una federación con varios focos de rendimiento.

Valencia mantuvo una presencia importante, especialmente en kumite y kata. Pablo Ramírez Rodríguez, Martín Fernández Casanoves, Aitor Ruiz López, Néstor Javier Martín y otros nombres sostienen una línea competitiva sólida. Baleares también tuvo un campeonato muy visible en kumite femenino, con Maya Miranda Blesa, Alba Ribas de la Torre y Nara Miranda Blesa como nombres especialmente destacados. Asturias, Canarias, Extremadura, Cantabria, Galicia, Cataluña, Aragón, Murcia, Castilla y León, La Rioja, País Vasco y Ceuta también dejaron medallas y señales de trabajo.

Esa es una de las mejores noticias del campeonato: el mapa no está cerrado. Hay federaciones con más volumen, sí, pero los podios se reparten lo suficiente como para hablar de una cantera nacional viva y diversa.

No son solo medallas: son trayectorias

La gran diferencia entre leer unos resultados y entender un campeonato está en mirar el recorrido. Y este año hay muchos ejemplos de trayectoria.

Andrés González Gómez pasa de campeón benjamín a campeón alevín. Martina Capetillo López pasa de campeona alevín a campeona infantil. Álvaro Alejandro Rodríguez repite oro infantil. Alejandro Maldonado Carmona repite plata. Milan Suárez Rodríguez y Noelia Torrenteras Novillo repiten oro en kumite infantil. Leo Huertas Casamayón cambia de peso y vuelve a ganar. Jorge de Sancho Cabrera salta de infantil a juvenil y mantiene el oro. Emma Hernández Castro convierte la plata de 2025 en oro en 2026. Julia Gutiérrez Navamuel pasa del bronce al título. Miguel Ángel Cobo Ruiz transforma un diploma en campeonato. Luna Capetillo López hace lo mismo en kata juvenil femenino.

Ese tipo de nombres son los que conviene seguir. No porque haya que cargarles de expectativas antes de tiempo, sino porque el rendimiento sostenido en edades de formación dice mucho. Dice que hay talento, pero también entorno. Dice que hay entrenamiento, pero también competición acumulada. Dice que hay familias, clubes y técnicos sosteniendo procesos que no siempre se ven cuando solo miramos el podio final.

En edades benjamín, alevín, infantil y juvenil conviene ser prudente. Nadie es todavía lo que será. Pero también sería injusto no reconocer lo que ya son: competidores capaces de responder en un Campeonato de España, con presión, con rivales de todo el país y con una exigencia organizativa y deportiva que no perdona demasiado.

Oviedo dejó futuro, pero también presente

A veces se habla de la cantera como si todo lo importante estuviera por llegar. Como si estos campeonatos fueran solo una antesala. No lo son. Para quienes compiten, esto ya es presente. Para sus clubes, también. Para sus federaciones, por supuesto. Y para el karate español, debería serlo.

El Campeonato de España Infantil 2026 dejó una generación que no solo promete: ya compite. Y compite con nombres reconocibles, con trayectorias que empiezan a repetirse, con cambios de categoría superados y con una distribución territorial que habla bien del trabajo de base.

Oviedo no coronó únicamente a los mejores de un fin de semana. Confirmó que debajo del karate sénior hay una estructura competitiva en movimiento. Una estructura con niños y niñas que ya saben lo que es esperar en cámara de llamada, escuchar su nombre, entrar al tatami y sostener el momento. En kata, cuando todo se queda en silencio. En kumite, cuando el combate empieza a decidirse por detalles. En para-karate, cuando el trabajo sostenido vuelve a encontrar reconocimiento.

El futuro del karate español no apareció de golpe en Oviedo. Ya venía compitiendo. Lo que hizo este Campeonato de España fue ponerle nombres, apellidos y medallas.

Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Antonio López Mateos: “El karate es mi vida; sin él no sería quien soy”

Superó un cáncer, volvió al tatami, compite al máximo nivel andaluz y nacional, y habla del karate como algo más que un deporte: una familia, una vía de escape y una forma de seguir adelante.

Antonio López Mateos transmite algo que va más allá de los resultados. Quien lo conoce habla de su positividad, de su forma de afrontar las cosas y de una energía especial que deja huella. Esa manera de ser cobra todavía más valor cuando se conoce todo lo que ha tenido que superar en los últimos años. A pesar de haber pasado por una enfermedad muy dura, Antonio ha seguido adelante con una fortaleza admirable, construyendo al mismo tiempo una trayectoria deportiva de enorme mérito.

Antes de conocer su historia completa, Antonio ya me había llamado la atención en competición. No fue solo por su forma de pelear, sino por todo lo que se movía alrededor de él. Recuerdo verlo en el tatami y escuchar desde fuera una escena muy de familia, muy de club: “¿Quién quieres que esté contigo? ¿Me pongo yo o se pone mamá?”. En ese momento pensé que allí había algo especial. No era solo un competidor. Había un entorno, una familia y un club sosteniendo desde abajo.

Después supe mucho más. Su madre, Leticia Mateos, seleccionadora de kata de Almería, me habló de su historia, de su enfermedad, de su regreso al karate y de todo lo que había significado para él volver a entrenar y competir. Y entonces aquella primera impresión cobró mucho más sentido.

Pero esta no es solo una entrevista sobre enfermedad. Ni siquiera solo sobre superación. Es también la historia de un competidor joven, ambicioso, que entrena fuerte, que quiere seguir creciendo y que se define a sí mismo como un luchador. Un karateka que ha convertido el club, el entrenamiento y la competición en una parte esencial de su vida.

En dojodigital hablamos con él sobre el hospital, el regreso al dojo, sus compañeros, su entrenador, sus objetivos deportivos y la mentalidad con la que afronta cada combate.


Para quien todavía no te conozca bien, ¿quién es Antonio López Mateos fuera del tatami?

Tengo 19 años, vivo en Granada y siempre he estado muy ligado al mundo del deporte. Me apasiona desde pequeño y, de hecho, mis estudios van por ahí: hice un grado medio y ahora estoy con el superior de deporte.

Siempre he tenido claro que quiero dedicarme a esto y que el deporte forma parte de mi vida.


¿Cómo te definirías como persona? ¿Qué crees que te caracteriza más?

Me considero una persona humilde y trabajadora. Soy alguien que tiene sueños y que lucha por conseguirlos.

También me considero una persona amigable, con muchos amigos, y que intenta cuidar a la gente que tiene alrededor. Me gusta estar bien con los demás y que ellos estén bien conmigo. En general, pienso que soy una buena persona.


¿Qué lugar ocupa el karate en tu vida a día de hoy?

Ahora mismo el karate es mi vida. Paso más tiempo en el gimnasio que en mi casa, entreno muchas horas al día.

Sin el karate no sería quien soy. No tendría los amigos que tengo ni la vida que llevo ahora. Para mí ya no es solo un deporte, es una familia. Lo considero algo que forma parte de mí.


Antonio habla del karate como quien habla de una casa. No solo de un lugar donde se entrena, sino de un espacio al que se pertenece. Esa idea aparece muchas veces en sus respuestas: el club, el grupo, los compañeros, el entrenador. En su historia, el karate no es únicamente competición. Es identidad.


Has pasado por una etapa muy dura en los últimos años. Mirándolo hoy con perspectiva, ¿cómo recuerdas todo aquel proceso?

La verdad es que lo llevé mejor de lo que mucha gente puede pensar. Apenas lloré, dos o tres veces como mucho.

Ahora lo veo casi como una anécdota, aunque también pienso que debería tenerlo más presente para valorar más todo lo que tengo y lo que estoy consiguiendo. A veces no lo pienso tanto como debería.

Pienso que quizá debería decirme más veces: “He pasado por esto y mira dónde estoy, mira lo que estoy haciendo, mira lo que estoy logrando”. Creo que tenerlo más presente también me ayudaría a valorar más las cosas.


En los momentos más difíciles, ¿qué fue lo que más te ayudó a mantenerte fuerte y seguir adelante?

Lo más duro no fue solo la enfermedad, sino todo lo que me quitó. No podía entrenar, no podía salir con mis amigos… además era época COVID, así que tampoco podía ver a casi nadie. Me quitaron mi vida normal.

Lo que más me ayudó fue mi madre y mi familia. También mis amigos, aunque no pudiera verlos como antes. Sabía que había gente que lo estaba pasando mal por cómo lo estaba pasando yo.

Recuerdo especialmente a un amigo, Andrés Morata, que venía todos los días a verme. Y hubo un día que no se me va a olvidar nunca: cuando vinieron todos los del gimnasio a verme desde abajo del hospital. Yo estaba en la ventana y ellos abajo. Eso me dio muchísima fuerza.

También el equipo médico se portó muy bien conmigo. Recuerdo especialmente a Juanfran, mi oncólogo, que me ayudó mucho durante todo el proceso. Pero de quien más me acuerdo es de mi madre. Y también tengo que decir que en algunos momentos no la traté como debería. Ahora me arrepiento. Creo que me equivoqué en ese aspecto.


La imagen es poderosa: Antonio en una habitación de hospital, en plena época de restricciones, viendo a sus compañeros desde una ventana. Ellos abajo, él arriba. Sin poder abrazarse, sin poder entrar, pero conectados. A veces un club no se mide por las medallas que gana, sino por lo que hace cuando uno de los suyos no puede entrenar.

La historia de Antonio también habla de lo que puede llegar a ser un club de karate cuando funciona de verdad. No solo un sitio donde se entrena, se compite y se corrigen técnicas. Un club puede ser una red, una segunda casa, un lugar donde un niño o un adolescente aprende disciplina, pero también pertenencia. En el caso del club de Wenceslao Angulo, esa idea aparece una y otra vez en el relato de Antonio: compañeros que preguntan, familias pendientes, un entrenador que busca la forma de mantenerlo conectado al karate incluso en los momentos más difíciles.


En un momento en el que la enfermedad y el COVID te habían apartado de tu vida normal, ¿qué significó sentir que el club seguía pendiente de ti?

Significó mucho. Aunque no pudiera entrenar ni estar con ellos como antes, sentía que seguía formando parte del club. Estaban pendientes de mí, preguntaban a mi madre, intentaban saber cómo iba y algunas madres que trabajaban en el hospital incluso venían a verme.

Eso me hacía sentir que no estaba fuera del grupo. Seguía siendo parte de la familia del club.


¿Qué papel tuvo tu entrenador en todo ese proceso?

Tuvo una parte muy importante durante todo ese tiempo, sobre todo cuando volví después del cáncer, pero también mientras estaba en mitad del proceso.

Wenceslao fue fundamental. Yo quería seguir haciendo karate, y él consiguió que me mandasen vídeos desde la Federación Española. También consiguió una camiseta de Laura Palacio, que en ese momento estaba en la selección española. Todo eso me ayudó mucho.


Cuando volviste a entrenar, ¿cómo te recibió el club?

Cuando volví a entrenar era como si nada hubiera pasado. Todo el mundo me acogió igual, todo el mundo me esperaba. Me seguían tratando como si fuera de la familia.

No fue como algo raro, como si después de mucho tiempo volviera alguien nuevo. Todo lo contrario. Fue como si nunca me hubiera ido.


Esa frase resume muy bien una parte esencial de la historia: “fue como si nunca me hubiera ido”. Para alguien que había sentido que la enfermedad y el COVID le habían quitado su vida normal, volver al dojo no era solo volver a entrenar. Era recuperar una parte de sí mismo.

Eso dice mucho del club. Porque un deportista que se aparta durante meses por una enfermedad puede sentir que todo ha seguido sin él. Que el grupo ha avanzado, que la rutina ha cambiado, que hay una distancia difícil de salvar. Antonio, sin embargo, cuenta lo contrario: volvió y encontró su sitio intacto. Esa es quizá una de las mejores definiciones de lo que debería ser un dojo.


Tu vuelta a la competición llegó bastante pronto. ¿Cómo viviste ese primer campeonato después de todo lo que habías pasado?

La verdad es que fue pronto. No sé exactamente cuánto tiempo había pasado, pero fue pronto.

Sentía un poco de miedo, porque todavía competía con el reservorio puesto, que era donde me ponían la medicación. Mi abuela me preparó una camiseta interior con un parche de gomaespuma en la zona del reservorio, para protegerme mejor por si recibía algún golpe, pero al final no me la puse.

Iba con ese miedo de pensar: “¿Y si me dan un golpe ahí?”. No por los golpes normales del combate, sino por si me daban justo en el aparato. Pero en general fui sin miedo y volví bien.


Según recuerda su entorno, Antonio volvió a entrenar apenas unos meses después de terminar el tratamiento. Y seis meses después decidió competir, todavía con el reservorio puesto y animado por su oncólogo. Aquel regreso no fue simbólico: volvió para competir. Y terminó subcampeón de Andalucía.


¿Te esperabas volver con buenos resultados tan pronto?

No, la verdad. Cuando volví a competir no me esperaba los resultados que tuve.

Estaba flojo, había perdido mucho peso, pero mi condición física seguía ahí. Entrenando la fui recuperando rápido.


¿Tuviste miedo a recibir golpes o a cómo iba a responder tu cuerpo?

A los golpes normales, no. En la cara no he tenido miedo nunca, la verdad.

Lo único era lo que decía antes: el reservorio. Tenía miedo a que me golpearan ahí, en esa zona. Pero en general no competí con miedo.


¿Hubo algún momento en el que dijeras: “vale, ya estoy de vuelta de verdad”?

Desde el momento en que empecé a entrenar otra vez en el club, ya dije: “estoy de vuelta”.

Pero cuando de verdad sentí que volvía a mi nivel fue más adelante. Recuerdo una Liga Nacional en la que perdí un bronce, pero ese resultado me clasificó para la gran final en Pontevedra. En esa final quedé primero en el ranking, creo que fue mi primer año de sub-21.

Ahí sí pensé que estaba de vuelta, que volvía a ser el que quería ser, que podía volver a ser campeón otra vez.

También me ha pasado en algunos combates después de todo aquello. Ganar ciertos combates me hacía decir: “ya estoy de vuelta”.


La vuelta de Antonio no fue un gesto romántico ni una escena de película. Fue más larga, más real y más deportiva: recuperar peso, volver a entrenar, competir otra vez, medir el cuerpo, volver a sentirse fuerte, ganar combates, clasificarse, pelear rondas importantes. La vida no siempre vuelve de golpe. A veces vuelve por asaltos.


A nivel deportivo, ¿cómo te definirías como competidor?

Me considero un luchador. Pienso que nunca me rindo, salvo que haya una diferencia muy grande, pero siempre intento dar lo máximo de mí.

Soy un competidor que casi nunca deja de atacar. Siempre intento tirar hacia adelante y marcar muchos puntos.


¿Cuáles crees que son tus puntos fuertes en competición?

Mi punto fuerte es que marco muchos puntos, que soy muy ofensivo y que siempre voy hacia delante.

Y mi punto débil es que también me marcan mucho. Eso es algo que tengo que mejorar.


Esta respuesta dice mucho de él como competidor. No intenta vender una imagen perfecta. Se define como atacante, como alguien que suma mucho, pero también reconoce con naturalidad que esa forma de competir tiene un coste. Es una lectura honesta, y eso en un deportista joven vale bastante.


He visto que entrenas muy fuerte, incluso con gente de mucho nivel. ¿Cómo es tu día a día de entrenamiento?

Entreno fuerte y tengo la suerte de hacerlo con deportistas que están a un nivel espectacular.

Entreno con compañeros como Alejandro Jiménez, Zamoran Shotte y Abril Angulo. Me encanta seguir ese ritmo.

En el gimnasio somos una familia. Todos tiramos de todos. Hay días en los que uno viene con menos ganas y otro tira de él. Sabemos que algunos compañeros vienen siempre con muchas ganas, pero si algún día no vienen igual, los demás tiramos también de ellos.

Eso es lo importante del club: somos una familia, celebramos los resultados de todos y nos sentimos uno.


¿Cuántas horas entrenas y cómo estructuras tu preparación?

Entreno entre una hora y media y dos horas al día, de lunes a jueves. Luego viernes, sábado y domingo depende de los entrenamientos que tengamos con la federación.

Los demás días intento descansar y aprovechar al máximo los entrenamientos.


Después de todo lo que has vivido, ¿dirías que compites con una mentalidad diferente?

Sí, creo que cambia. Después de pasar por algo así, valoras más ciertas cosas.

Pero también creo que sigo siendo competitivo, que quiero ganar y que quiero seguir mejorando.


¿Qué objetivos te marcas ahora mismo dentro del karate?

Este es mi último año de sub-21, así que mi objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España y clasificarme para la gran final de la Liga Nacional en sub-21.

Este año, por desgracia, no he podido pelear las primeras rondas porque estoy lesionado del hombro. Me operaron en diciembre, después de Canarias, y ahora estoy recuperándome.

Después del verano volveremos con más fuerza. Pero el objetivo principal es hacer podio en el Campeonato de España.


¿Hasta dónde quieres llegar en este deporte?

A mí me gusta competir. Soy un friki de la competición.

Hasta dónde puedo llegar no lo decido ahora. Seguiré hasta que vea que ya no estoy al nivel o que no puedo pelear más. Mientras esté al nivel, voy a seguir peleando.


¿Tienes algún referente o alguien en quien te fijes?

Me fijo mucho en mi entrenador, Wenceslao Angulo, por la constancia que tiene y por cómo trabaja en los entrenamientos.

También me fijo mucho en Abril Angulo. Entrena muchísimo y siempre va al cien por cien, incluso los días en los que no hay tantas ganas. Creo que eso es muy importante, no solo para mí, sino para todos.


Fuera del tatami, ¿cómo te ves en el futuro? ¿Te gustaría seguir ligado al deporte?

Sí, me gustaría seguir ligado al deporte. Para eso estoy estudiando y creo que es a lo que me quiero dedicar.

El deporte es lo que me gusta y lo que quiero que forme parte de mi vida.


Antonio López Mateos habla como un chaval joven, pero en su historia hay una madurez que no se fuerza. No pretende dar lecciones. No dramatiza más de la cuenta. A veces incluso parece que le cuesta mirar hacia atrás y reconocer la magnitud de lo vivido. Pero ahí está: una enfermedad dura, una vuelta temprana al karate, un club que no lo soltó, una madre presente, un entrenador clave y un competidor que sigue mirando hacia delante.

Quizá por eso su historia funciona. Porque no se queda en el hospital. Ni tampoco solo en el podio. Se queda en ese punto intermedio donde el karate deja de ser únicamente deporte y se convierte en algo más: una forma de pertenecer, de recuperar la normalidad y de seguir peleando.

A veces hablamos del karate como deporte, como competición o como medallas. Pero en historias como la de Antonio se ve otra dimensión: la del club como espacio de pertenencia, como estructura emocional y como lugar donde muchos jóvenes encuentran disciplina, referentes y una familia deportiva. El resultado importa, claro. Pero hay cosas que se construyen antes de subir al tatami. Y, seguramente, también son las que permiten volver a él cuando la vida se pone más difícil.

Seleccionar también es dejar fuera: el debate que demuestra el nivel del karate español

Seleccionar también es dejar fuera: el debate que demuestra el nivel del karate español

Cada convocatoria de una selección nacional deja una lista de nombres. Pero también deja algo más: conversación, análisis, ilusión, decepciones contenidas y muchas lecturas posibles.

Tras la publicación de los seleccionados españoles para el Campeonato de Europa absoluto de Frankfurt 2026, en dojodigital quisimos abrir una pregunta sencilla a la comunidad: ¿a quién echas en falta?

La respuesta ha sido interesante. No tanto por la cantidad de nombres, sino por el tono. En los comentarios no ha aparecido una queja vacía ni una crítica destructiva. Lo que ha surgido ha sido algo mucho más valioso: karatekas, entrenadores, compañeros y aficionados aportando nombres de competidores que, según su criterio, también tienen nivel para representar a España.

Y esa diferencia importa.

Porque no es lo mismo discutir una lista desde el reproche que hacerlo desde el reconocimiento. Mencionar a un deportista que no está no significa quitar mérito a quien sí ha sido seleccionado. Al contrario: significa que el karate español tiene profundidad, alternativas y mucho nivel interno. Y eso, para una selección nacional, siempre es una buena noticia.

Los que van: la responsabilidad de representar a España

Lo primero debe ser reconocer a quienes estarán en Frankfurt.

Ser seleccionado para un Campeonato de Europa absoluto no es un trámite. Es el resultado de años de entrenamiento, competiciones, concentraciones, derrotas, victorias y decisiones tomadas muchas veces lejos del foco. Quienes vestirán el karategi de la selección española no solo llevan su nombre en la espalda: llevan también la responsabilidad de representar a todo un país.

En kata, en kumite, en individual o por equipos, cada deportista seleccionado ha recorrido un camino exigente para llegar ahí. Algunos lo hacen desde la experiencia internacional. Otros desde una juventud que ya empieza a pedir sitio en la élite. Algunos llegan como campeones nacionales. Otros, por trayectoria, ranking, confianza técnica o papel dentro del equipo.

Pero todos llegan con algo en común: han sido elegidos para defender a España en una de las citas más importantes del calendario europeo.

Y eso merece respeto.

Los que no van: estar fuera no significa estar lejos

Pero una convocatoria también tiene otra cara: la de quienes no aparecen en la lista.

Y aquí conviene decirlo claro: quedarse fuera de una selección no significa no tener nivel.

En un país competitivo, muchas veces ocurre justo lo contrario. Significa que hay más deportistas preparados que plazas disponibles. Significa que una categoría puede tener varios nombres con argumentos. Significa que el margen entre estar dentro y quedarse fuera puede ser mínimo.

Por eso tiene tanto valor que la comunidad haya mencionado nombres en los comentarios. No como una forma de deslegitimar la lista, sino como una manera de reconocer el trabajo de competidores que siguen empujando desde detrás, desde al lado o desde muy cerca.

Porque quienes no van también forman parte del nivel de la selección. Son los que obligan a los que están a seguir mejorando. Son los que elevan cada Campeonato de España, cada Liga Nacional, cada concentración y cada combate. Son los que hacen que nadie pueda acomodarse.

En la élite, los que se quedan fuera también construyen el nivel de los que entran.

El comentario que resume la mentalidad de élite

Entre todas las respuestas, hubo una especialmente significativa. Wenceslao Angulo, entrenador de Alex Jiménez Díaz, dejó en los comentarios una reflexión que resume muy bien lo que significa competir al máximo nivel:

“Esto es élite y @alexjimenezdiazz hará lo que debe hacer un competidor élite, aceptar, entrenar y competir mejor aún para volver a estar en esa terna de elegidos. Es la mejor manera de hacer crecer a nuestra selección española. Hacer que está nueva experiencia de no estar en una lista sea positivo para él en el futuro. Gracias por pensar en él.”

La frase tiene mucho fondo.

Porque transforma una ausencia en una tarea. No habla desde la queja ni desde el reproche, sino desde una idea muy propia del alto rendimiento: aceptar, entrenar y volver mejor.

Ese es quizá uno de los grandes aprendizajes de la élite. La decepción es humana. La respuesta, en cambio, define al deportista.

No estar en una lista puede doler. Puede frustrar. Puede incluso dejar preguntas abiertas. Pero también puede convertirse en combustible. En una razón más para volver al tatami, ajustar detalles, competir mejor y estar preparado para la próxima oportunidad.

En cierto modo, no entrar también mantiene viva la llama.

Porque el competidor que siente que podía estar y no está tiene dos caminos: apagarse o entrenar con más intención. Y en la élite, los que vuelven más fuertes suelen ser los que han sabido convertir ese golpe en dirección.

El papel invisible de los entrenadores

También hay que mirar hacia los entrenadores.

Detrás de cada deportista que va y de cada deportista que se queda fuera hay un equipo de trabajo. Hay entrenadores que corrigen, planifican, acompañan, sostienen y, muchas veces, ayudan a interpretar los momentos más difíciles.

Un entrenador no solo prepara una final. También prepara al competidor para aceptar una derrota, una lesión, una decisión complicada o una convocatoria que no llega.

Y ahí es donde se nota el verdadero trabajo formativo. Cuando el mensaje no es “nos han quitado algo”, sino “vamos a entrenar para volver”, hay alto rendimiento. Hay educación deportiva. Hay cultura competitiva.

El comentario de Wenceslao Angulo tiene valor precisamente por eso: porque no reduce la ausencia a una queja, sino que la convierte en parte del proceso.

Ese tipo de mirada también hace crecer al karate español.

Seleccionar es decidir, y decidir es dejar fuera

Pero si hablamos de convocatorias, también hay que reconocer el papel de los seleccionadores.

Desde fuera, una lista siempre parece más sencilla de lo que realmente es. Se mira un podio, un ranking, un resultado reciente o una trayectoria concreta y se sacan conclusiones rápidas. Pero seleccionar no es solo ordenar nombres en una tabla.

Un seleccionador tiene que valorar muchos factores a la vez: rendimiento nacional, experiencia internacional, estado de forma, ranking, adaptación táctica, dinámica de equipo, lesiones, proyección, regularidad, comportamiento en concentraciones, compatibilidad con otros competidores y necesidades concretas de una competición determinada.

Y después de valorar todo eso, tiene que hacer lo más difícil: elegir.

Elegir a uno casi siempre significa dejar fuera a otro que también tiene argumentos. Esa es la parte incómoda del cargo. No hay lista perfecta cuando el nivel es alto. Siempre habrá nombres defendibles fuera. Siempre habrá deportistas que podrían haber estado. Siempre habrá debate.

Precisamente por eso, cuanto mejor se expliquen los criterios generales de una convocatoria, más fácil será que la comunidad entienda el proceso. No se trata de justificar cada decisión individual ni de convertir una lista en un juicio público, sino de ayudar a que deportistas, entrenadores y aficionados comprendan qué elementos pesan en el alto nivel.

Esa comunicación también forma parte del crecimiento de una selección. Cuando el criterio se entiende, el debate no desaparece, pero gana calidad.

Pero eso no convierte necesariamente una convocatoria en equivocada. A veces simplemente confirma que el karate español tiene más nivel que plazas disponibles.

El valor de una comunidad que debate con respeto

También merece reconocimiento la gente que ha comentado.

Porque una comunidad deportiva no se construye solo a base de aplausos. Se construye también cuando sus miembros opinan, aportan nombres, argumentan y se atreven a mirar más allá de la lista oficial.

Los comentarios que mencionan a competidores ausentes tienen valor cuando nacen desde el respeto. Porque ayudan a visibilizar trayectorias. Porque recuerdan que hay deportistas trabajando muy bien aunque no estén en la convocatoria. Porque amplían la conversación y hacen que el karate tenga más voz.

Ese es uno de los objetivos de dojodigital: que el karate se hable, se piense y se debata con criterio.

No se trata de enfrentar a los que van con los que no van. Se trata de reconocer que todos forman parte del mismo ecosistema competitivo. Los seleccionados, los que se quedan cerca, los entrenadores, los seleccionadores y la comunidad que sigue cada categoría con atención.

Cuando el debate se hace con respeto, el karate gana.

Una lista no apaga la llama

Una convocatoria dura unos días en la conversación pública. Para los seleccionados, abre el camino hacia un Campeonato de Europa. Para quienes se quedan fuera, puede abrir otra etapa: la de volver al entrenamiento con más hambre.

Porque no estar hoy no significa no estar mañana.

Cada lista marca un momento, no una sentencia definitiva. El alto nivel cambia rápido. Un resultado, una temporada, una mejora táctica, una competición internacional o una nueva oportunidad pueden volver a colocar un nombre en la terna.

Por eso, quizá la lectura más valiosa de todo este debate sea esa: la llama sigue viva.

Sigue viva en quienes van a Frankfurt a representar a España.
Sigue viva en quienes se han quedado fuera y quieren volver a estar.
Sigue viva en los entrenadores que trabajan cada día para acercar a sus deportistas a ese nivel.
Sigue viva en los seleccionadores que tienen que tomar decisiones difíciles.
Y sigue viva en una comunidad que conoce a sus competidores, los sigue, los valora y los pone sobre la mesa.

Quizá el verdadero titular no sea solo quién está en la lista.

Quizá el titular sea que España tiene tantos nombres con nivel que cada convocatoria abre debate.

Y eso, aunque duela a quienes se quedan fuera, también habla muy bien del presente del karate español.

España compite, Japón impone y Turquía confirma: las claves de la Series A de A Coruña

España compite, Japón impone y Turquía confirma: las claves de la Series A de A Coruña

La delegación española cerró la Karate One – Series A de A Coruña con seis medallas: una plata y cinco bronces. El kumite femenino y el kata por equipos sostuvieron el balance nacional en una cita de enorme profundidad internacional.

A Coruña no acogió este fin de semana una competición más. El Palacio de los Deportes de Riazor fue escenario de una Karate One – Series A con dimensión mundial: 83 países, 1.195 inscripciones competitivas y más de 1.270 atletas registrados/acreditados. Un campeonato abierto, exigente y con puntos de ranking internacional en juego, dentro de un circuito donde cada ronda cuenta y donde los cuadros, por volumen y nivel, obligan a competir al límite desde el primer cruce.

España no fue solo anfitriona. Fue también una de las grandes delegaciones del campeonato. Con 111 inscripciones, se situó como el segundo país con mayor volumen competitivo, únicamente por detrás de Italia, que alcanzó las 115. Francia, Turquía, Portugal, Alemania, Ucrania, Croacia, Inglaterra y Egipto completaron el grupo de selecciones con más presencia en una cita que volvió a demostrar una realidad cada vez más evidente: una Series A no perdona. No basta con llegar bien; hay que sobrevivir a cuadros largos, rivales de estilos muy distintos y jornadas donde cualquier despiste te saca de la pelea por las medallas.

El balance español fue sólido: seis medallas, repartidas en una plata y cinco bronces. No fue una actuación de dominio absoluto, pero sí una presencia constante en zonas de podio, especialmente en el kumite femenino y en el kata por equipos. Y ahí está una de las lecturas más interesantes del campeonato: España compitió bien en casa, pero lo hizo dentro de una prueba en la que Japón, Turquía, Portugal, Ucrania, Colombia, Brasil, México o Francia dejaron claro que el karate internacional está cada vez más repartido.

El kumite femenino sostiene buena parte del medallero español

El principal apoyo del medallero nacional llegó desde el kumite femenino, donde España sumó tres de sus seis medallas.

La actuación más destacada fue la de Insaf Bentama-Serroukh Jebari, plata en kumite femenino -50 kg. La española alcanzó la final en una categoría que terminó coronando a la turca Hira Nur Temizel. Los bronces fueron para la italiana Emma Colletti y la egipcia Alaa Zeidan, mientras que Eva Rodríguez Loredo firmó también una notable quinta posición para España. Dos españolas entre las cinco mejores en una categoría internacional de este nivel no es un detalle menor: habla de profundidad competitiva y de una división nacional con recursos.

En -61 kg, Iosune Urra Beraza sumó otro bronce para España. La categoría fue ganada por Anna Rodina, registrada bajo WKF-1, con plata para la neerlandesa Ashley Kakiay y bronces para la azerbaiyana Gulay Orujova y la propia Iosune. Fue una de esas medallas que pesan más de lo que parece, porque llegó en una división muy abierta, con presencia europea, asiática y africana en los puestos altos.

La tercera medalla femenina individual llegó en -68 kg, donde Julia Just Clopes subió al podio con otro bronce. El oro fue para Behije Mustafa, de Kosovo, la plata para la egipcia Jana Hazem Elsayed y el otro bronce para la italiana Marta Buono. España también situó a Cristina Rivero Sainz en la undécima posición.

En el resto de categorías femeninas, Gema Morales Ozuna fue novena en -55 kg, mientras que Paula Ramírez Ortega terminó undécima en +68 kg. El oro en -55 kg fue para la ucraniana Olekasndra Hulavska, y en +68 kg Turquía volvió a imponer su sello con el triunfo de Fatma Uygur.

La lectura es clara: el kumite femenino español no monopolizó la competición, pero sí sostuvo buena parte del resultado nacional. En una cita tan amplia, colocar finalistas, medallistas y varias competidoras en zona alta confirma que el bloque femenino español llegó a A Coruña con capacidad real de competir.

El kata español encontró el camino en los equipos

En kata, la lectura española fue distinta. En individual, España no alcanzó el podio, pero sí dejó presencia en puestos destacados. Alba Martín fue séptima en kata femenino individual, en una categoría dominada de forma casi absoluta por Japón. Sasara Eguchi se llevó el oro, Aira Minamoto la plata y Risa Ikarashi uno de los bronces. El otro fue para la turca Keyda Nur Colak, que evitó el pleno japonés en el podio.

En kata masculino individual, Japón volvió a marcar territorio con el oro de Sena Monoi y el bronce de Kairi Nendai. La plata fue para el turco Emre Vefa Goktas y el otro bronce para el estadounidense Mason Stowell. España situó a Antonio Lozano Fernández en la novena posición y a Alejandro Galán Lacón en la undécima.

Pero donde el kata español encontró su mejor versión fue en el formato colectivo. En kata equipo femenino, España sumó un bronce con el conjunto Spain 2, formado por Irene Yao Alcaraz Carrion, Paola García Lozano, Carla Guardeño León y Sara Tabuenca Serrano. El oro fue para Portugal 2, con Ana Cruz, Natacha Fernandes, Beatriz Portal e Ines Oliveira, y la plata para Turquía 2, con un equipo en el que también estaba Keyda Nur Colak, medallista individual. Marruecos completó el podio con el otro bronce.

En kata equipo masculino, España volvió a subir al podio con el bronce del equipo formado por Raúl Martín Romero, Salvador Balbuena Cisneros, Iván Martín Montenegro y Alejandro Galán Lacón. Turquía se llevó el oro con Furkan Kaynar, Kutluhan Duran, Muhammed Efe Yurtseven y Ozan Parlak, Francia 2 fue plata y Montenegro 2 compartió el tercer puesto con España.

La conclusión es clara: España no encontró medalla en el kata individual, pero sí respondió con fuerza en los equipos. Y eso merece una lectura propia. En una Series A, el podio por equipos no se consigue solo con sincronización; exige personalidad común, solidez técnica, bunkai creíble y capacidad para competir sin fisuras en las rondas decisivas. Los dos bronces españoles no maquillan el resultado individual, pero sí apuntan a una estructura colectiva que sigue siendo competitiva en el contexto internacional.

Japón domina el kata individual

Si hubo una selección que dejó una sensación clara en kata individual, fue Japón. No solo por las medallas, sino por la impresión de profundidad. En femenino, tres japonesas terminaron entre las cuatro medallistas: oro para Sasara Eguchi, plata para Aira Minamoto y bronce para Risa Ikarashi. En masculino, oro para Sena Monoi y bronce para Kairi Nendai.

Japón no apareció en A Coruña como una delegación que pelea algunas medallas sueltas. Apareció como un bloque capaz de condicionar el nivel de toda la categoría. Cada vez que Japón coloca varios nombres arriba en kata, obliga al resto a competir contra un estándar técnico, físico y competitivo altísimo.

Y no solo en kata. En kumite masculino -75 kg, Hiroki Araki también subió a lo más alto del podio, por delante de Timofei Leontev, registrado bajo WKF-1. Los bronces fueron para el mexicano José Francisco Ávila Ibarra y el francés Hairiss Hierso. Japón, una vez más, dejó huella en más de un frente.

Turquía, la delegación más transversal

Si Japón fue la gran referencia del kata individual, Turquía fue probablemente la delegación más transversal de la cita. Ganó en kumite femenino, ganó en kata equipo masculino, fue finalista en kata masculino individual, metió equipos en finales y sumó presencia en varias categorías.

En kumite femenino -50 kg, Turquía se llevó el oro con Hira Nur Temizel. En +68 kg, repitió triunfo con Fatma Uygur. En kata equipo masculino, Turquía se proclamó campeona. En kata masculino individual, Emre Vefa Goktas fue plata. En kata equipo femenino, Turquía 2 también fue plata. Y en kumite masculino +84 kg, Kadir Furkan Genç fue plata y Umut Eren Gündoğ bronce.

No fue una presencia concentrada en una sola modalidad. Turquía compitió arriba en kata, en kumite, en masculino, en femenino, en individual y en equipos. Ese tipo de actuación no se improvisa: revela estructura.

América también golpeó fuerte

A Coruña también dejó una lectura importante para el karate americano. En kumite masculino -84 kg, el oro fue para el colombiano Rubén Darío Henao Amu, con plata para el mexicano Jesús Francisco Moreno Bautista. En +84 kg, Brasil se llevó el título con Giovani Felipin Salgado, por delante del turco Kadir Furkan Genç.

México, además, sumó un bronce en -75 kg con José Francisco Ávila Ibarra, mientras que Estados Unidos entró en el podio de kata masculino con Mason Stowell. Colombia también tuvo presencia destacada en kata masculino con Hernán Amaya Gómez, quinto, y Venezuela situó a Stephany Valentina Ferreira Vielma en séptima posición en kata femenino.

No fue una cita cerrada entre Europa, Japón y Turquía. América también encontró espacio en Riazor, y lo hizo con oros en categorías masculinas de kumite especialmente exigentes.

Portugal, otra lectura importante

Portugal también merece mención. No solo por el oro en kata equipo femenino, sino por su doble bronce en kumite masculino -60 kg, con Diogo Miguel Nunes Ribeiro y Gustavo Oliveira compartiendo podio. En kata femenino individual, Natacha Fernandes fue quinta, antes de formar parte del equipo portugués campeón.

En una competición con tantos focos, Portugal salió de A Coruña con una imagen muy sólida: presencia en kata, presencia en kumite y resultados de podio en categorías diferentes.

Medallas españolas en A Coruña

El resumen del medallero español queda así:

MedallaCategoríaDeportista/equipo
PlataKumite femenino -50 kgInsaf Bentama-Serroukh Jebari
BronceKumite femenino -61 kgIosune Urra Beraza
BronceKumite femenino -68 kgJulia Just Clopes
BronceKumite masculino -67 kgZsamoran Shotte Cabello
BronceKata equipo femeninoIrene Yao Alcaraz Carrion, Paola García Lozano, Carla Guardeño León y Sara Tabuenca Serrano
BronceKata equipo masculinoRaúl Martín Romero, Salvador Balbuena Cisneros, Iván Martín Montenegro y Alejandro Galán Lacón

Además de las medallas, España dejó varios puestos destacados: Eva Rodríguez Loredo, quinta en -50 kg; Adrián Ocio, séptimo en -67 kg; Alba Martín, séptima en kata femenino; Antonio Lozano Fernández, noveno en kata masculino; Alejandro Galán Lacón, undécimo en kata masculino; Gema Morales Ozuna, novena en -55 kg; Cristina Rivero Sainz y Paula Ramírez Ortega, undécimas en sus respectivas categorías.

Campeones de la Series A de A Coruña

CategoríaCampeón/a
Female KataSasara Eguchi — Japón
Male KataSena Monoi — Japón
Female Team KataPortugal 2
Male Team KataTurquía
Female Kumite -50 kgHira Nur Temizel — Turquía
Female Kumite -55 kgOlekasndra Hulavska — Ucrania
Female Kumite -61 kgAnna Rodina — WKF-1
Female Kumite -68 kgBehije Mustafa — Kosovo
Female Kumite +68 kgFatma Uygur — Turquía
Male Kumite -60 kgDinmukhamed Aidarbek — Kazajistán
Male Kumite -67 kgIllia Hrynenko — Ucrania
Male Kumite -75 kgHiroki Araki — Japón
Male Kumite -84 kgRubén Darío Henao Amu — Colombia
Male Kumite +84 kgGiovani Felipin Salgado — Brasil

Una cita que mide de verdad

La Series A de A Coruña dejó una idea clara: España tiene presencia, tiene medallistas y tiene margen competitivo, pero el escenario internacional exige cada vez más. El kumite femenino respondió con fuerza. El kata por equipos sostuvo el orgullo nacional en una modalidad donde el individual estuvo marcado por el dominio japonés. Y Turquía confirmó que hoy es una de las delegaciones más completas del circuito.

Riazor no fue solo una sede bonita ni una parada más del calendario. Fue un examen real. De esos que no se aprueban con buenas sensaciones, sino con resultados, profundidad y capacidad para competir cuando el cuadro se pone cuesta arriba.

España salió con seis medallas. Japón salió imponiendo nivel. Turquía salió confirmando estructura. Y el karate internacional salió, una vez más, recordando que en una Series A nadie regala nada.

Ahora queda la pregunta para la comunidad: ¿qué actuación os sorprendió más en A Coruña y qué karateka creéis que merece más foco después de esta Series A?

Ruth Lorenzo: cuando el combate se convierte en precisión

Ruth Lorenzo: cuando el combate se convierte en precisión

En un deporte donde cada centímetro de distancia decide un combate, Ruth Lorenzo Couso ha construido su lugar desde el detalle.

Gallega, formada en el Club San Francisco de Teo y parte del alto rendimiento nacional, Ruth no es una irrupción puntual. Es el resultado de años de constancia, de derrotas que enseñan más que las victorias y de una evolución silenciosa que hoy la sitúa en lo más alto: campeona de España en kumite -55 kg en 2026, número 1 del ranking nacional y competidora habitual en el circuito internacional WKF.

Pero su historia no se explica solo con medallas.

Se explica en la forma en la que entiende el combate: control de la distancia, lectura del rival, decisiones en décimas de segundo. En una categoría donde la velocidad lo es todo, Ruth ha sabido convertir la precisión en ventaja.

A eso se suma otra capa menos visible, pero igual de relevante: su papel fuera del tatami. Como entrenadora, como referente del karate gallego y como voz activa en la igualdad dentro del deporte, representa algo más que resultados. Representa una forma de estar en el karate.

En dojodigital queríamos ir más allá del titular.
No preguntarle qué ha ganado, sino cómo lo ha ganado.
No quedarnos en el resultado, sino entrar en el combate.


Ruth fuera del tatami

1. ¿Quién es Ruth fuera del tatami?
Es una pregunta complicada porque no me paso mucho tiempo fuera de él. Supongo que se podría decir que soy una persona a la que le encanta su trabajo (ser entrenadora de karate), estar al aire libre, hacer deporte, compartir tiempo con mi familia y amigos… y soñar despierta, porque siempre estoy planeando cosas (supongo que un poco como todo el mundo).

2. ¿Cómo llegaste al karate? ¿Fue casualidad o elección?
Una mezcla de ambas. Empecé en el colegio cuando tenía 5 años. Mis padres me habían apuntado a Juegos Predeportivos y la actividad se hacía en el pabellón. Por unas obras en el colegio movieron la actividad de karate al pabellón también y compartían la pista.

Fue pasando el tiempo y el monitor habló con mis padres, les dijo que no le hacía ni caso, que solo miraba para los de karate y que no era capaz de hacer nada conmigo.

Mis padres me preguntaron si quería ir a karate, yo dije que sí y, hasta hoy.

Fue amor a primera vista.

3. ¿Qué recuerdas de tus primeros entrenamientos?
Pues la verdad es que no mucho. Solo que me gustaba mucho y lo pasaba muy bien, pero me lo tomaba muy en serio. Típico niñ@ que está en modo… no sé cómo decirlo… “samurai”.


FOTOGRAFÍA: R.F.E.K.

Dudas, golpes y momentos que cambian una carrera

4. ¿Hubo algún momento en el que pensaste en dejarlo? ¿Por qué no lo hiciste?
Sí. En mi carrera deportiva ha habido momentos bastante duros (derrotas, decepciones…), pero hubo dos momentos especialmente complicados donde me cuestioné de verdad lo que estaba haciendo.

El primero fue en 2016. Hasta ese momento había conseguido dos medallas de oro en las Fases Previas (2013 y 2014), pero nunca había tenido ninguna medalla en un Campeonato de España.

Decido irme a Madrid a estudiar un Máster en Alto Rendimiento y así poder entrenar en el CAR de Madrid junto a Javier Ferreira y Óscar Martínez de Quel.

A pesar de que allí entrenaba bien y de que ambos me enseñaron y me ayudaron un montón, esas dos temporadas pierdo en el Campeonato de España y pierdo en otras competiciones… entonces empiezo a pensar que me he equivocado. Pienso que quizás no tengo el talento suficiente para conseguirlo, que quizás me equivoqué dejando mi casa, mi trabajo… para estar allí con el gasto que suponía para mi familia… y solo podía pensar cosas así…

Tenía muchas dudas y me sentía mal porque además yo ya era una deportista “mayor”. Casi todas las personas que conocía que ganaban… llevaban haciéndolo desde pequeños… y eso me hacía pensar que quizás por mucho que quisiera no sería capaz.

Es ahí, cuando estoy terminando el máster, cuando decido irme a la K1 Premier League de Rabat yo sola.

Cuando se entera mi entrenador, Óscar Lafuente (que es el que lleva conmigo desde el colegio), decide acompañarme y… no podíamos haber hecho mejor.

Al llegar allí disfrutamos muchísimo, pero es que además consigo mi primera medalla importante, una medalla de bronce.

Esa medalla fue la que me dijo que no estaba loca, que podía hacerlo y que tenía que seguir.

La verdad es que no pudo llegar en un momento más clave.

La segunda ocasión fue en 2021. La verdad es que en mi carrera ha habido convocatorias del equipo nacional en las que me hubiera gustado estar y creo que podría haber estado y, cuando no llegaron, me dolieron.

Pero en 2021 yo había estado participando con el equipo nacional en concentraciones y campeonatos de cara al preolímpico (seguramente siendo la que menos posibilidades tenía de ir de las 4 que estábamos), pero tenía un pequeño sitio.

Pasada la Olimpiada hay un entrenamiento en Madrid y entonces veo que no cuentan conmigo ni para entrenar y veo a otras deportistas de mi peso más jóvenes allí.

Buf, fue un palo muy grande para mí. Pensé que si me había costado tanto llegar a estar en las concentraciones y algún campeonato… y ahora ya no tenía ni eso… no tenía fuerzas para volver a colarme ahí y volvieron las dudas. Que si no tengo el nivel, que si voy tarde, que qué iba a hacer… era como asomarme a un abismo (aunque pueda sonar a locura, yo lo sentía así).

Seguí entrenando, pero nunca me había sentido tan mal en ese aspecto, como si hubiera perdido mi objetivo… mi sueño. Y volví a pensar en retirarme.

El tiempo fue pasando… y entonces me di cuenta de que la única persona que iba a decidir hasta dónde podía llegar y cuándo se iba a retirar era yo.

Pensé que no iba a darle el poder sobre algo tan importante para mí a alguien que no fuera yo.

Y cuando me di cuenta de esto me sentí mucho más fuerte que antes. Recuerdo que ese año gané la fase final. Cuando volví me tatué lo de guerreira. Porque realmente sentí que lo era y sentí que yo tenía el control de lo que estoy dispuesta a hacer y de dónde quiero llegar (o como mínimo intentarlo).

FOTOGRAFÍA: R.F.E.K.

5. ¿Qué ha sido lo más duro de tu camino hasta aquí?
Ha habido muchas cosas que han sido duras. Te podría hablar de épocas donde tenía unos horarios terribles de trabajo y tenía que entrenar a las 14:00 de la tarde unos días (e ir comiendo en el coche) y a las 22:00 de la noche otros (cuando no podía más); podría hablarte de pesajes y de algún que otro donde mi cuerpo no respondía y lo pasé realmente mal; de entrenamientos solitarios en Navidades o en agosto donde no dejas de preguntarte qué haces ahí; de lesiones (afortunadamente leves), pero que te obligan a entrenar con dolor; de ausencias, cuando no puedes estar en los momentos buenos o malos de la gente a la que quieres… son muchas cosas, porque el alto rendimiento es así, siempre te va a llevar al límite, al máximo… y te exige que lo des todo.

Quizás una de las cosas más complicadas o más duras en mi camino ha tenido relación con mi cabeza. Mantener de forma constante la confianza en mí, no dudar, creer que podía siempre dar algo más o mejor y que las cosas saldrían.

Y aprender a exigirme, pero de manera más “compasiva”. Entender que cuando fallas no eres “lo peor”, igual que cuando acierto no me siento la mejor del mundo. Siempre he sido y soy muy exigente, pero he cambiado mucho (y sigo intentando hacerlo) en cómo enfoco mis errores y cómo me lo planteo para que sea algo positivo, no algo que me haga daño (que parece una tontería, pero es un error muy común). Dicen que hay que hablarse como le hablarías a tu mejor amig@ y siento que es una gran verdad, aunque sea difícil de hacer.

6. ¿A qué ha tenido que renunciar Ruth para llegar a ser campeona de España?
Pues imagino que como todos los deportistas… a mucho.

Obviamente son muchos detalles: desde lo que comes, las fiestas, el tiempo con familia y amigos… (que es sin duda lo que más duele).

Pero es verdad que siempre digo que todas esas cosas son las que me han llevado a vivir cosas únicas, experiencias y emociones tan bonitas y tan intensas como las que he vivido y sigo viviendo y por las cuales repetiría cada una de ellas.


El entorno que sostiene el camino

7. ¿Quién ha sido clave en tu carrera y por qué?
Óscar Lafuente, sin duda. Es mi entrenador desde que empecé hasta hoy. Soy consciente de que en mi vida hay mucha gente sin la cual no sé qué haría (como mi hermana, mis padres, mi familia) u otros entrenadores que me han aportado y me han ayudado a crecer.

Pero él ha sido clave para mí. Primero, porque siempre me hizo sentir importante, confiando en mí desde el principio (incluso antes de que ninguno de los dos viera a dónde nos iba a llevar todo esto), me hizo sentir que era el referente para mis compañeros de club primero y de selección después, y esto me hizo dar siempre un paso al frente y buscar precisamente eso: trabajar más y mejor y apoyar e impulsar a los demás.

Y segundo porque me entrena actualmente, pero es que me lleva entrenando toda la vida y con TODA estoy hablando de esos entrenamientos a mediodía o de noche, de días festivos, de momentos alegres y tristes… de viajes por el mundo entero… no le puedo pedir más.

Es mi compañero indiscutible en este camino.

Comparte mi trabajo y mis sueños desde hace tanto tiempo… que cada cosa que consigo en verdad la CONSEGUIMOS.

8. ¿Hay alguna historia personal que la gente no conoce y que te haya marcado?
Hace 4 años falleció mi primo Antón. Tenía 23 años. Eso ha marcado un antes y un después en mi vida.

Es una herida que creo que me va a acompañar siempre.


La competidora: estilo, emoción y tatami

9. ¿Cómo definirías tu estilo de combate en tres palabras?
Me resulta un poco difícil responder a esta pregunta. Yo diría que mi estilo de combate es intenso, emocional y de no rendirme, de pelear hasta el final (sé que esto no es una palabra, pero no sé cómo definirlo).

10. ¿Qué diferencia a Ruth Lorenzo del resto de competidoras?
Pues supongo que un poco lo que hablamos en la pregunta anterior. Siempre salgo a pelear desde el principio hasta el final, nunca doy nada por perdido y… creo que peleo con toda mi alma y por eso a veces necesito gritar, saltar… creo que eso es algo un poco característico de mí, pero… supongo que estas cosas son comunes a todas.

11. ¿Qué sientes justo antes de salir al tatami?
Antes de salir a pelear lo sientes todo con muchísima intensidad. Nervios, tensión… pero también estoy enfocada en mis rutinas y en el autodiálogo que he aprendido al trabajar con el psicólogo. Enfoco mi atención y mis pensamientos para poder rendir… y cuando lo hago siento emoción y muchas ganas de pelear.


El título, el momento y la claridad competitiva

12. Acabas de ganar el campeonato de España. ¿Qué significa realmente este título para ti?
Para mí tiene un significado muy especial porque, desde que empecé a competir y entré en el camino del alto rendimiento, este ha sido el objetivo, el sueño que me marqué desde el principio.

Al comienzo era casi una locura, porque yo era una persona que llegaba a un campeonato y a lo mejor no pasaba de primera ronda. Pero, aun así, siempre tenía el deseo de estar ahí.

Con el paso del tiempo empecé a sentir que sí podía hacerlo, que tenía nivel, capacidad y que podía estar en esa pelea. Pero, por unas cosas o por otras, se me resistía.

Y llegó un momento en el que piensas: “Ostras, a lo mejor no soy capaz de conseguir este sueño que llevo persiguiendo durante tanto tiempo”.

Por eso, para mí es un título tan especial. Me hace muy feliz haberlo conseguido, porque son muchos años teniendo siempre este sueño y este objetivo en la cabeza. Y porque, precisamente, con lo complicado que es el kumite y con el alto nivel que hay, soy consciente de que a lo mejor podía haber pasado toda mi carrera sin conseguirlo.

Entonces, me siento inmensamente feliz de poder decir que por fin soy campeona de España, que es el sueño que tengo desde hace tantísimo tiempo.

13. ¿Ha habido algún momento en este campeonato donde todo cambió?
La verdad es que no. Salí a los combates desde el principio muy concentrada, teniendo muy claro el trabajo que quería hacer y lo que tenía que hacer. Soy consciente de que podía no haber salido, porque al final las rivales también van a por lo suyo, pero llevaba las cosas muy claras e iba muy decidida a por el objetivo.

Entonces, en ese sentido, no es que haya cambiado nada durante el campeonato ni tampoco después. A veces la gente te pregunta: “Bueno, ¿y ahora qué?”. Y ahora, exactamente lo mismo que siempre, solo que con una sonrisa de oreja a oreja por haberlo conseguido.

Sí que te puedo decir que ha habido momentos en mi carrera deportiva en los que cambiaron cosas de mi manera de pelear. Por ejemplo, si me voy un poco más atrás, te diría que desde el principio de temporada estoy trabajando mucho en analizar combates que había hecho y también los combates que voy haciendo, gracias a la ayuda de Javier Ferreira. Y eso me está ayudando mucho a organizar cosas, a matizar algunos aspectos de mi trabajo que me he dado cuenta de que podía mejorar.

Ese trabajo también me ha dado mucha confianza y hace que, a la hora de pelear, vea las cosas mucho más claras de lo que las veía antes. Entonces, en ese sentido, sí que te puedo decir que este trabajo nuevo que he incorporado esta temporada he notado que me ha venido muy bien.


Cómo piensa un combate

14. ¿Qué es lo primero que analizas de una rival antes de combatir?
Entiendo que te refieres al momento en el que estamos en el tatami frente a frente o cuando empieza el combate. Si te refieres a análisis previos de combate o a otro tipo de estudio más previo, también te lo puedo contestar.

Pero, en ese momento, lo primero en lo que intento fijarme es en la intención que creo que tiene esa persona en el combate. Es decir, intento predecir qué es lo que está buscando.

Y para saberlo, lo que intento es desplazarme y provocar, para ver las distintas reacciones que tiene esa persona ante los distintos estímulos que voy generando.

Un poco con esa idea de que, si veo una reacción u otra, voy interpretando qué es lo que esa persona está buscando hacerme en ese combate o en ese momento concreto del combate.

Aparte de esas reacciones que veo cuando, por ejemplo, me desplazo, cuando hago algún tipo de amago o cualquier cosa, me gusta fijarme en cómo bota, qué guardia tiene, bueno, un poco cómo se mueve, porque creo que muchas veces, en función de ese tipo de aspectos, puedes decidir si es mejor una técnica u otra o qué cosas crees que puedes aprovechar a tu favor en un momento determinado.

Y bueno, me imagino que será un poco lo que hacemos todas.

15. ¿Prefieres llevar la iniciativa o trabajar al contragolpe?
Claramente prefiero llevar la iniciativa. Me considero una persona bastante ofensiva peleando y es el trabajo en el que me siento más cómoda, a pesar de que, bueno, con los años y demás, soy capaz de trabajar a la contra y la anticipación sin problema. Pero, bueno, mi aspecto favorito es el ataque.

16. ¿Qué detalle técnico crees que marca más la diferencia en tu categoría?
Bueno, creo que, la verdad, lo que marca la diferencia en la categoría, y en las categorías de kumite absolutas en general, son los detalles tácticos.

Dentro de la categoría de -55 hay gran variedad de deportistas y cada una de nosotras tenemos nuestras técnicas más fuertes y otras menos fuertes. Hay mucha variedad y cada persona se especializa a lo mejor en algunas en concreto. Es verdad que quizás es una categoría donde hay bastante gente que trabaja a la contra, pero ya te digo que no creo que sea una cuestión de hacer una técnica concreta bien. Creo que todo el mundo está muy preparado a nivel físico, creo que ahora mismo todo el mundo tiene un nivel técnico muy alto y, al final, creo que la clave para que las deportistas consigan rendimiento en los campeonatos es hacer esas técnicas buenas que tienen en el momento adecuado.

Y creo que eso es lo que marca la diferencia: el, como digo yo, saber jugar tus cartas. Porque al final todo el mundo tiene unas técnicas o unas acciones preferidas y que le salen de maravilla, y creo que cuando tú opones esas técnicas a tus adversarias se trata más de saber buscar bien el momento, saber engañar, esperar a que esa situación en concreto aparezca y ahí hacer esa acción al 100 %.

Entonces, ya te digo que yo creo que es más que nada saber cuándo trabajar, o sea, a nivel táctico y en el momento en que haces las cosas. La determinación me parece fundamental: trabajar siempre al 100 % y, para eso, tener confianza en lo que una hace y una determinación absoluta en el momento en el que lo haces.


Lo que enseñan las derrotas y la presión de competir arriba

17. ¿Qué te ha enseñado una derrota que no te haya enseñado una victoria?
Bueno, la verdad es que siempre se dice que de las derrotas se aprende más que de las victorias y yo creo que es una verdad, porque al final muchas veces, cuando ganamos un combate o una competición, cometemos errores, pero no nos fijamos tanto en los detalles o no nos interesamos tanto en averiguar si hubo algo que estuvo mal hecho en esa competición o en ese combate.

Entonces, sí que es verdad que cuando una pierde siempre va a poner mucho más el foco en descubrir qué fue lo que falló y entender qué aspectos tiene que mejorar.

Entonces, creo que se puede aprender tanto de una derrota como de una victoria, pero todos estamos mucho más predispuestos a aprender cuando fallamos que cuando ganamos, porque quizás no ponemos tanto empeño en descubrir si todo lo que hicimos en ese combate estuvo bien o no.

Y luego, a nivel personal, creo que de una derrota se aprenden otras cosas. Como, por ejemplo, el hecho de no rendirse, de seguir trabajando, de aprender a valorar tu progreso independientemente del resultado.

Cuando tú vas a una competición y las cosas no salen, pero has sido capaz de hacer cosas nuevas en los combates, de aplicar cosas que trabajaste en el entrenamiento, cuando empiezas a valorar ese tipo de cosas y empiezas a tener esa motivación intrínseca, que es ir a una competición y notar que mejoras tú misma independientemente de que las cosas salgan o no, creo que ese es uno de los aprendizajes más importantes que te puedes llevar de una derrota y que con una victoria nunca tendrías.

Y creo que eso hace que, al final, aprendas a disfrutar de este deporte independientemente del resultado. Y eso también es importante, ya que, como decimos la mayoría de los deportistas, perdemos muchas más veces de las que ganamos, en realidad.

18. ¿Cómo gestionas la presión cuando sabes que todos esperan que ganes?
Vale, la verdad es que es fácil sentir esa presión de las expectativas y tener un poco el miedo de fallar a la gente que te rodea. Y yo creo que una de las cosas que he aprendido en todos estos años es que, al final, el hecho de que la gente tenga expectativas en ti, de que la gente confíe en que puedes ganar, en realidad es una cosa muy bonita.

Entonces, por ejemplo, una cosa que digo siempre a mis deportistas es que una persona te diga que cree que puedes ganar una competición, que espere que puedes ganarlo, en realidad es algo muy positivo. Entonces es algo que no se tiene que volver en nuestra contra, porque al final la gente que nos apoya, la gente que está en nuestro equipo, no va a pensar peor de nosotros porque una competición no nos salga, sino todo lo contrario.

Nosotros, cuando vemos a una persona pelear y nos parece que tiene un nivel, independientemente de que esa persona gane o pierda, seguimos pensando que tiene el mismo nivel, porque ni somos tan buenos cuando ganamos ni tan malos cuando perdemos.

Entonces creo que la manera de gestionar esa presión es tomárselo como lo que es: algo bueno. Que la gente te vea como una persona que tiene posibilidades de ganar significa que realmente las tienes. Y también saber que la gente que confía en ti no se va a sentir defraudada si ese resultado finalmente no llega, porque esa gente entiende que competir es algo complicado y que no todo depende de ti.

También, en mi caso, me ayuda mucho a gestionar todo ese tipo de cosas el hecho de saber que tengo, como yo digo, los deberes hechos. O sea, que he hecho el físico que tenía que hacer, que he hecho todos los entrenamientos que he podido; es decir, saber que no puedo llegar a ese evento más o mejor preparada de lo que estoy.

Saber que llego a una competición habiendo dado mi máximo, que no me he guardado nada y que he puesto toda la carne en el asador, eso me da mucha confianza. Porque creo que, independientemente del resultado, que lógicamente cuando es malo es una decepción muy grande, tienes que sentirte orgullosa.

Y creo que la gente que te conoce y ha formado parte de ese proceso es lo que va a sentir también. No va a sentir en ningún momento sensación de fraude, ni mucho menos.


Lo que viene y lo que aún necesita el karate

19. ¿Dónde se ve Ruth Lorenzo en los próximos años dentro del karate?
Pues mira, la verdad es que me veo compitiendo. Lógicamente ya soy una deportista que tiene una edad, pero me encuentro muy bien. Entonces, yo siempre digo que mientras me encuentre así de bien y siga teniendo la misma ilusión y las mismas ganas por estar ahí, pues seguiré. O sea que me veo compitiendo.

Me gustaría verme en algún podio internacional y seguir intentando ganar todas las competiciones que pueda, aunque ya sé que mis adversarias me lo van a poner súper difícil.

Y luego, a nivel profesional, me gustaría continuar trabajando con mis deportistas y pudiendo acompañarlos a nivel nacional e internacional, porque al final el karate es mi pasión, tanto como competidora como entrenadora.

Así que, bueno, digamos que me veo un poco en la misma línea que he llevado hasta ahora, por lo menos para los próximos años, y lógicamente intentando que sea al máximo nivel que pueda y seguir mejorando poco a poco en todo lo que pueda.

20. ¿Qué necesita una deportista como tú para seguir creciendo y qué apoyos institucionales o de patrocinio marcarían la diferencia?
Yo creo que principalmente el problema que tenemos en karate es que no podemos vivir de nuestra actividad deportiva.

Y eso hace que dependas de muchas cosas para poder dedicarte a ella profesionalmente, así que todo se vuelve mucho más difícil.

Sería fundamental, y marcaría la diferencia, tener apoyos institucionales o de patrocinio en el sentido económico. Si tuviésemos un respaldo que nos permitiera dedicarnos única y exclusivamente a entrenar y competir, creo que el salto cualitativo sería enorme.

Porque competir y entrenar requiere una implicación y un esfuerzo muy grandes. Y si tienes que repartir todo eso entre el trabajo, las competiciones y los entrenamientos, está claro que no vas a poder rendir igual.

Además, esa parte económica muchas veces condiciona que puedas tener un equipo multidisciplinar, trabajar con un psicólogo, con un fisioterapeuta o que tu entrenador pueda acompañarte a las competiciones. Y eso, que parece básico, muchas veces no está garantizado. A veces incluso tienes que elegir entre una competición u otra simplemente porque no tienes los recursos para afrontarlas.

Por eso creo que, si los patrocinadores apostaran no solo por apoyar con material, sino también económicamente, y si las instituciones permitieran que los karatekas pudiésemos dedicarnos de verdad a prepararnos y competir, habría una mejora muy importante. Podríamos descansar mejor, llegar a los entrenamientos al cien por cien y competir en mejores condiciones.

Y creo que eso también influye en la edad de muchos deportistas del karate español, tanto en kumite como en kata, porque compatibilizar el alto rendimiento con una vida laboral y personal es muy difícil. Llega un momento en el que muchas personas tienen que decidir entre seguir compitiendo a ese nivel o centrarse más en su trabajo y en su carrera profesional.

Yo, en ese sentido, me considero una persona afortunada, porque disfruto muchísimo de mi trabajo y además es un trabajo que me permite entrenar y competir al máximo nivel. Es verdad que a veces no descanso lo que debería, pero aun así puedo compatibilizarlo bastante bien.

Y luego también cuento con algunos apoyos, como el Concello de Teo, la Fundación Deporte Galego, Centro Falguera, PUNOK, la Federación Gallega de Karate y mi club, el Club San Francisco de Teo, que me ayudan y que valoro muchísimo.. No cubren completamente todos los gastos que requiere prepararte y competir al máximo nivel, ni tener todos los recursos necesarios para competir a nivel internacional, pero sí cubren una parte y eso ya es muy importante.

Al final, en la carrera de un deportista influyen muchos factores, y esa ayuda, aunque no lo cubra todo, también marca una diferencia y es algo que hay que valorar mucho.

21. ¿Qué le dirías a una niña que empieza y sueña con llegar a lo más alto?
Bueno, pues la verdad es que la animaría, porque yo siempre digo que hay que tener la cabeza en el cielo y los pies en la tierra.

Entonces le diría que, si es lo que sueña, luche por conseguir sus sueños, que dé el máximo y que, si trabaja muchísimo y no se rinde, a lo mejor puede llegar a conseguirlo.

Entonces, que nunca se rinda y que, si es su sueño de verdad, vaya a por él con todas sus ganas.


Al terminar esta entrevista con Ruth Lorenzo queda una sensación muy clara: detrás de la campeona de España hay una deportista con una trayectoria construida desde la constancia, la exigencia y una enorme capacidad para seguir adelante en los momentos difíciles.

A lo largo de sus respuestas ha compartido no solo su visión del combate, sino también todo lo que hay detrás: las dudas, las renuncias, el trabajo mental, la importancia del entorno y la ambición de seguir creciendo dentro del karate.

Desde dojodigital queremos agradecerle especialmente el tiempo, el cuidado y la implicación con los que ha respondido a cada pregunta. Se ha tomado esta entrevista en serio, se ha volcado en sus respuestas y eso ha permitido construir una conversación con contenido, con profundidad y con mucho valor para quienes viven el karate desde dentro.

Ruth habla como compite: con claridad, con intensidad y sin reservarse nada.

Y quizá por eso esta entrevista deja algo más que titulares. Deja una idea muy clara de lo que significa sostener un camino largo, exigente y profundamente vocacional dentro del alto rendimiento.

Gracias, Ruth, por compartirlo con esta honestidad.